Debilidades del Alma - La ira y el enojo

Escrito por Moreiba Cabrera. Publicado en Estudios Bíblicos



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INTRODUCCIÓN.

Vamos a estudiar a continuación una de las debilidades del alma que más afecta a las personas en la actualidad, esta es la ira y el enojo.

Creo que este tema que voy a compartirles a continuación es un tema muy, pero que muy actual, porque vivimos en un tiempo y en una sociedad, donde es muy común ver a las personas enojadas, con ira, peleando por todo y usando como cosa normal un lenguaje brusco, lleno de palabrotas y ausente de amabilidad, personas amargadas, enfadadas con todo el que pasa por su lado, enojadas con la vida misma; pero, no sólo que las vemos, sino que... ¿Cuántos de nosotros no se ha enojado y airado alguna vez?... Creo que si somos sinceros tenemos que contestar......Todos.

Por eso, hace falta que conozcamos ¡Qué es la ira? ¿Cuáles son las causas por las que nos enojamos y nos llenamos de ira?, ¿Cuáles son sus consecuencias?, ¿Qué dice la Biblia en cuanto a la ira y al enojo?, ¿Una persona iracunda puede cambiar?.

Primeramente conoceremos lo que significa IRA:

I. CONCEPTO DE IRA

¿Qué es la ira?

La ira es un problema que afecta a toda la humanidad donde quieras que tú vayas, encontrarás personas que están llenas de ira o enojo.

La palabra Ira, procede del latín ira, es esa pasión violenta del alma que causa indignación y enojo, o bien, es el apetito o deseo de venganza, o, es la causa de violencia contra los demás o contra uno mismo.

Es una emoción fuerte de nuestro organismo que nos lleva al descontrol, incluso a no pensar y actuar impulsivamente, hasta llegar muchas veces a desconocernos a nosotros mismos por las cosas que hacemos.

Hay quienes opinan que la ira, al igual que otras emociones, es innata y congénita, pero estudios más recientes apuntan hacia el hecho de que lo único innato y congénito es la respuesta de los individuos ante las situaciones desagradables que, a través de procesos de maduración y de aprendizaje, se van haciendo diferentes en cada persona. Por eso decimos que la ira es una respuesta agresiva, aprendida de nuestro entorno. En muchos casos aprendida en la niñez. Vemos el ejemplo del niño que se da cuenta de que si tiene un berrinche, obtiene de sus padres o de quienes le rodean su objetivo. A partir de allí, (si no se le corrige a tiempo) cada vez que quiera algo lo hará airándose, y formara la ira y el enojo como parte de su vida.

Hay dos palabras griegas para describir el significado de la palabra ira o enojo en el Nuevo Testamento:

1. Thumos. Es una condición agitada desagradable de los sentimientos; es una explosión de ira, un arrebato de enojo debido a la indignación interna. Se caracteriza porque se inflama súbitamente y se apaga pronto: es un momento de ira. Puede incitar a la venganza, aunque no necesariamente la lleve a cabo.

2. Orge. Es una condición de ira continua, más permanente en la mente y el corazón, sugiere un estado mental más estable, el cual se acompaña frecuentemente de ensañamiento, de una tendencia a tomar venganza. Es menos explosiva, menos súbita, pero más duradera. Este tipo de ira es una de las más peligrosas.

Aunque la ira y el enojo se manifiesten una manera u otra; sea de forma de Thumos u Orge, siempre aparecen por causas comunes.

II. CAUSAS DE LA IRA Y EL ENOJO.

Se ha dicho que el remedio de una enfermedad consiste en eliminar la causa de la misma.

Por eso si reconocemos que la ira es un mal, que es una debilidad del alma, que nos daña en gran manera, necesitamos saber el por qué nos airamos y nos enojamos.

Las causas de la ira pueden ser:

A. Internas, Sucede cuando tenemos recuerdos del pasado, los cuáles llevamos dentro y que nos producen dolor. Es la ira que dirigimos hacia nosotros mismos, en la que:

o Nos atacamos,
o insultamos,
o devaluamos,
o o reprimimos, con lo que se convierte en depresión.

A. Externas. Es la ira relacionada con lo que sucede a nuestro alrededor. Es la que dirigimos hacia los demás.

Las causas que dan lugar a la ira y la hacen crecer son muy variadas y cada persona manifiesta su enojo y su ira por causas también muy diferentes.

1. Una de estas causas es el antagonismo. La palabra ira significa un sentimiento de profundo disgusto y generalmente de antagonismo. ¿Qué es Antagonismo? Es esa incompatibilidad u oposición entre personas, opiniones o ideas. Es el enfrentamiento o enemistad entre dos o más personas que aspiran a lograr una misma cosa; éste puede ser real o imaginario.

2. Otra causa por la que viene la ira y el enojo es Cuando hemos sufrido una injuria o creemos sufrirla.

3. Cuando somos heridos.

4. Cuando sentimos el rechazo.

5. Cuando nos impiden conseguir lo que queremos.

6. Cuando nos menosprecian por causas indebidas.

7. También son causas de la ira, el orgullo, la adulación a uno mismo, las bromas y el ridículo, las discusiones, la traición, y el deseo de fama y fortuna desmedidas.

Si estos males están presentes en una persona, su conducta se envilece y no puede evitar la ira y el enojo.

Esta actitud de enojo y de ira constante, cuando sucede, causa problemas en la persona y afecta todo lo que le rodea. Tiene problemas en los estudios, en su trabajo, en sus relaciones personales, en sus relaciones matrimoniales, y aún afecta en la manera de pensar; afecta en la manera de ver las cosas.

Las personas airadas se convierten en criticones, rebeldes, hacen comentarios indebidos, buscan vengarse, no pueden controlar sus lenguas, dicen cosas inaceptables, tienen resentimientos, pierden las ganas de vivir, su mente se encuentra dividida, el enojo y la ira están en su corazón y muestran odio contra las personas; en otras palabras, se habitúan a una conducta inaceptable, destruyente.

¿Qué dijo Jesús acerca de la ira o el enojo?

En Mateo 5.21, 22, dice: "0ísteis que fue dicho a los antiguos: "No matarás", cualquiera que mate será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga "Necio" a su hermano, será culpable ante el Concilio; y cualquiera que le diga "Fatuo", quedará expuesto al infierno de fuego".

Jesús dijo que la ira o el enojo son lo mismo que el asesinato delante de los ojos de Dios. Una persona que asesina a otra será juzgada; y si no se arrepiente, irá al infierno. Lo mismo sucede con aquella persona que se enoja con un hermano y no busca la reconciliación.

En la Biblia amplificada, dice de la siguiente manera. "Pero yo digo que cualquiera que continuamente esté enojado contra su hermano o abrigue malicia (esto es enemistad del corazón contra de Él), será responsable, y no podrá escapar del castigo impuesto por la corte. Y cualquiera que hable de manera despreciativa o insultante a su hermano, será responsable y no podrá escapar al castigo impuesto por la corte; Cualquiera que diga: "tú necio", "maldito", "tú cabeza hueca", idiota", será culpable de juicio y no podrá escapar del infierno".

¿Será pecado enojarse o airarse?

No es pecado. De acuerdo a lo que nos enseña la palabra de Dios, lo que no debemos tener, es la ira como un patrón de conducta que nos lleve a vengamos, a guardar falta de perdón, amargura y odio.
" Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro Enojo, ni deis lugar al diablo". Efesios 4.26 La ira es una emoción heredada de Dios. Él se aíra, Él se enoja, pero la ira del Señor es santa; como la que Jesús sintió en el templo, la cual lo llevó a tirar las mesas de los cambistas que habían convertido la casa de Jehová en una cueva de ladrones Su ira era justificable y santa.

"...cuando te enojes, no peques. Nunca dejes que tu ira, tu exasperación, tu furia o indignación dure hasta que el sol se oculte" no dejes que el día pase, sin arreglar tu situación Efesios 4.26 (Biblia amplificada) Hay personas que guardan ofensas, heridas y maltratos en su corazón por días, semanas, meses y años; y cuanto más tiempo pasa, más ira se va acumulando. Entonces, se les hace muy difícil perdonar y hablar con la persona para llegar a una reconciliación. Durante este tiempo, el enemigo hará todo lo posible para que esa persona no pueda hablar con su hermano porque mientras esté enojada, habrá lugar para que él entre a su vida con derecho legal sobre ella, su familia y sus finanzas.

Veamos lo que dice la Biblia en cuanto a la ira y el enojo y cuáles son las consecuencias:

III. CONSECUENCIAS DE LA IRA Y EL ENOJO.

Cuáles son las consecuencias de no controlar la ira y el enojo.

1. La ira nos llevará a hacer locuras.

"El que fácilmente se enoja comete locuras; y el hombre perverso es aborrecido". Proverbios 14.17 En momentos de ira, una persona maldice a su esposo, a sus hijos, a sus hermanos, y como resultado, marca a esas personas para siempre. Después de que se termina ese momento de enojo, tú dices: ¿qué locura hice? ¿Por qué reaccioné de esa manera? Tal vez divulgaste un secreto que sabías, algo interno, algo blasfemo, alguna mentira. Y después te preguntas ¿Por qué le dije eso?

2. La ira nos traerá males.

"El que se deja arrebatar por la ira llevará el castigo, y si usa de violencias, añadirá nuevos males". Proverbios 19.19 Aquí se le puede dar lugar a un espíritu de violencia y, entonces, El daño será mayor.
La Biblia amplificada dice:

"... el hombre de grande ira sufrirá la pena porque si usted, lo libra de las consecuencias, él se sentirá libre de causarle hacerle lo mismo de nuevo". Proverbios 19.19

3. La ira nos hace maldecir.

• La ira y las palabras van juntas.

"Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse... "Santiago 1.19 ¿Qué sucede? Empezamos con un enojo en el corazón, pero esperamos mucho tiempo para arreglarlo; entonces, comenzamos a despreciar al hermano, a no saludarlo, a negarle Bendición, empezamos a jugar con pensamientos de venganza y como resultado, terminamos por maldecir y hablar mal del hermano. Jesús dijo que eso nos puede llevar al infierno. La manera de expresar la ira que tenemos en el corazón es través de las palabras sucias, deshonestas y mal habladas.

¿Cómo lidiar con una persona que está enojada o airada?

Respuesta suave aplaca la ira, pero la palabra áspera hace subir el furor". Proverbios 15.7 Cuando vemos a una persona airada, no podemos contestarle el mismo enojo, porque eso va a aumentar su ira. Lo que vamos hacer, es darle una respuesta blanda.

¿Cuáles son las consecuencias de dejarse llevar por la ira o el enojo?

La persona iracunda tiene falta de entendimiento.

"El que tarda en airarse es grande de entendimiento... "Proverbios 14.29 La ira causa contiendas y, muchas veces, nos lleva a pecar.

"El hombre iracundo provoca contiendas; el furioso, a menudo, peca". Proverbios 29.22 He notado que la mayor parte de las personas iracundas, provocan contiendas dondequiera que van, y también son personas que pecan muy a menudo con su mente, su corazón y su boca.

4. La ira es contagiosa.

"No te unas al iracundo ni te acompañes del irascible, no sea que aprendas sus costumbres y pongas trampa a tu propia vida". Proverbios 22.24, 25 ¿Ha notado usted que, cuando una pareja se casa y uno de los cónyuges es iracundo y el otro no, eventualmente. El cónyuge que no era iracundo termina modelando el mismo carácter? La ira es contagiosa.

5. La ira estorba nuestras oraciones.

"Quiero pues, que los hombres oren en todo lugar levantando manos santas, sin ira ni contienda". I Timoteo 2.8

5. La ira afecta nuestro cuerpo.

La ira y el enojo reprimido pueden afectarnos física y mentalmente. Cuando nos airamos el organismo se prepara para un cambio: Aumenta la presión arterial, se aceleran los latidos cardíacos, se produce una gran cantidad de adrenalina, se dilatan las pupilas y se movilizan otras funciones físicas, según se requiera. Si reprimimos nuestra ira y no la expresamos, podemos afectar a nuestro organismo. Además del daño físico, también sufrimos daño mental y psicológico, en el caso de enfermedad mental, arranques de ira, frustración, ansiedad, etc.

La ira es una reacción repentina de tipo violento-agresivo. El acceso de ira produce trastornos neurovegetativos que pueden manifestarse en forma de sudor, palidez, o por el contrario, enrojecimiento del rostro, temblores, gestos desproporcionados con gritos y violencias, sentimientos apasionados de odio que disminuyen momentáneamente el raciocinio. Por lo general, la persona iracunda sufre una contracción del rostro, acompañada de una mímica que manifiesta estupor y rabia a la vez. Cuando habla aumenta el tono de la voz, esta conducta emocional -más comúnmente- va acompañada de una tendencia exagerada a la gesticulación.

La sensación de enojo y las emociones no constituyen un problema ni un factor negativo. Lo que importa es cómo hacemos frente y expresamos nuestro enojo.

En muchos casos el enojo nos fortalece y nos motiva para solucionar los problemas. Y por el otro lado, el enojo nos puede volver irracionales y así decir cosas que jamás tuvimos la intención de expresar.

Como podemos ver, el enojo no es un problema en sí mismo y lo más importante es cómo le hacemos frente.

IV. ¿CUALES SON LOS ESTRAGOS CAUSADOS POR LA IRA?

A. Sufre nuestra hechura física. Cuando alguien se encoleriza se producen reacciones dañinas en el laboratorio físico de su cuerpo. Hemos visto a hombres llorar o empalidecer cuando la ira les domina. Estas lágrimas y la palidez son causadas por una reacción química que ocurre en el cuerpo por el disturbio emocional, y esto es dañino. El enojo produce noches de insomnio, malas digestiones, y tensión nerviosa.

B. Otro de los daños causados por la ira es un profundo pesar y grandes remordimientos.
Cuando se ha recobrado la calma y se ha restablecido el debido equilibrio emocional y se piensa con tranquilidad, dándose cuenta de lo que se ha dicho y hecho, puede entonces medirse el terrible estrago que ha producido la pérdida del dominio propio.

C. Más aun, la ira trae aparejada la inestabilidad emocional, una forma de locura. Cuando uno está muy enojado dice y hace cosas que no diría o haría si no estuviera arrebatado por la ira. Cuando una persona está encolerizada en grado sumo, a menudo la razón queda destronada; no puede pensar claramente; pierde su aplomo y el sentido de equidad; está decidida a destruir a la persona o cosa que la ha ofendido o lastimado. Hay muchos casos de hombres y mujeres que han hecho locuras en un momento de furor.

D. Otra consecuencia dañina de la ira es el descontento y la tristeza. Uno no puede sentirse contento y enojado al mismo tiempo.

V. ¿ES PERMISIBLE ENOJARSE ALGUNA VEZ?

Jesús enseñó que hay momentos cuando un hombre tiene razón en airarse cuando echó los mercaderes del templo sin contemplaciones, indignado por su conducta (Jn 2:13).

Alrededor nuestro y por todas partes ocurren cosas contra las cuales deberíamos indignarnos. Los hombres son cobardes al no tomar medidas contra los males que nos rodean hoy en día.

El Dios Santo a menudo se indigna. Entonces se torna en el adversario de hombres y naciones. El no puede excusar ni pasar por alto lo que está mal. Puede perdonar el pecado si lo confesamos, pero no lo pasará por alto. Su santa ira lo lleva a castigar, a corregir, a disciplinar al desobediente.

VI. SOLUCIÓN DE LA IRA

¿Cómo vencemos la ira o el enojo?

Un hombre muy famoso dijo: "El hombre fuerte no es aquel que vence a su contrincante en la lucha, sino aquel que se controla cuando siente ira."

Paremos de echarle la culpa a otros por nuestros fracasos derrotas, y empecemos a tomar responsabilidad por nuestros propios actos. A veces damos excusas como: "El me hizo enojar" Pero la verdad es que usted decidió enojarse. No tuvo dominio propio la Ira lo controló.

1. Tome la decisión de desechar la ira. Renuncie a todo espíritu de ira.

''Deja la ira y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo... "Salmos 37.8 Yo decido en mi corazón que la ira o el enojo no me van a controlar más. Yo decido ser tardo para hablar y tardo para airarme.

"... quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia", Efesios 4.37 Biblia amplificada: "quítense de vosotros toda amargura, indignación e ira, mal temperamento", Nótese que, en los versículos que hemos leído, se pone de manifiesto que Dios no quita la ira de nosotros si no tomamos la decisión de dejarla, de quitarla de nuestra vida. Depende de nosotros, que la ira se vaya o se quede en nuestros corazones.

2. Ceda sus derechos a Dios.

Seguramente, ha habido momentos en que lo han herido o lo han ofendido; y usted aún teniendo el derecho de defenderse, de contestar, no lo ha hecho. Algunas veces, el enemigo nos tentará con el derecho a usar la venganza como alternativa para responder a las ofensas. Ceda sus derechos de juzgar a aquel que juzgará justamente.

"Bendecid a los que os persiguen; bendecid y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: (Mía es le venganza, yo pagaré, dice el Señor". No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien, el mal". Romanos 12.14, 15, 19, 21 Así que esto es lo que tienes que hacer con aquellos que te ofenden, te hieren, te hacen mal, te están maldiciendo o criticando. Si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer. Si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza".

3. Busque liberación y sanidad interior.

Debido a los traumas y a las heridas del pasado, muchas personas tienen una ira almacenada y son una bomba caminando. Si usted ha estado airándose a menudo, o ha estado enojado durante mucho tiempo, le ha dado lugar a un espíritu de ira y necesita ser ministrado y liberado. La liberación es necesaria porque algunas veces, la ira en una persona, es un espíritu de ira y de violencia que opera en ella; el cual se ha practicado por mucho tiempo y se ha convertido en un hábito.

4. Desarrolle la mansedumbre.

La palabra mansedumbre, en el idioma griego, es "praotes", que significa aquella disposición tranquila y equilibrada de espíritu, que mantiene las pasiones bajo control. Que una persona tenga mansedumbre, "praotes", no significa que sea débil y tonta; al contrario, es una persona que posee la cualidad para perdonar, corregir las faltas, y gobernar su propio espíritu.

Sí, es posible vencer la ira o el enojo. Simplemente, hay que buscar la solución o tomar la decisión de quitar la ira de nosotros. Ceda sus derechos de venganza a Dios. Busque liberación si es algo demoníaco. Desarrolle mansedumbre para gobernar su espíritu correctamente. No culpe más a la gente por sus fracasos. Tome la decisión, ahora mismo, de vivir libre de la ira o el enojo. Según las palabras de Jesús, la ira es como el pecado de asesinato.

VII. ¿COMO PODEMOS CONTROLAR NUESTRA IRA?

A. Una de las maneras de controlar la ira es arreglar nuestras diferencias antes de que se ponga el sol (Ef 4:26).

B. Otra forma de controlar la ira es controlar nuestro genio, nuestro ser. La Biblia dice:

"Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte, y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad" (Pr 16:32).

C. Otra forma de controlar el enojo es cultivar la mansedumbre. "La blanda respuesta quita la ira" (Pr 15:1). Si tiendes a enojarte fácilmente trata de ser humilde y manso.

D. Otro modo de controlar la ira es dejar de ser demasiado susceptible. ¿Te sientes despreciado o herido fácilmente? ¿Llevas tus sentimientos a flor de piel? ¿Te indignas fácilmente? ¿Pierdes los estribos por quítame allá estas pajas? ¿Tienes exagerados arranques emocionales? Avergüénzate y deja de ser tan quisquilloso.

E. Hay algo más. Otra forma de sujetar la ira es usar del sentido común y de la sabiduría.

La Biblia dice: "Los hombres escarnecedores ponen la ciudad en llamas; mas los sabios apartan la ira" (Pr 29:8).

Pregunta: "¿Qué dice la Biblia acerca de la ira?"

Pero la ira se vuelve pecado cuando es motivada por el egoísmo (Santiago 1:20), cuando el objetivo de Dios es distorsionado (1 Corintios 10:31), o cuando se deja que la ira persista (Efesios 4:26-27). En vez de utilizar la energía generada por la ira para atacar el problema en sí, es la persona quien es atacada en su lugar. Efesios 4:15, 29 dice que debemos hablar la verdad en amor y usar nuestras palabras para edificar a otros, y que no permitir que salgan de nuestra boca palabras corrompidas o destructivas.

Desafortunadamente, esta venenosa manera de hablar es una característica común del hombre caído (Romanos 3:13-14).

La ira se vuelve pecado cuando se le permite desbordarse sin restricción, dando como resultado un escenario en el que todos a su alrededor resultan lastimados (Proverbios 29:11), dejando devastación a su camino, usualmente con consecuencias irreparables. La ira también se vuelve pecado cuando el airado rehúsa ser tranquilizado, guarda rencor, o lo guarda todo en su interior. Esto puede causar depresión e irritabilidad ante cualquier cosita, con frecuencia con cosas sin relación alguna con el problema subyacente.

Podemos manejar la ira bíblicamente mediante:

1) Reconocer y admitir nuestra ira egoísta y el erróneo manejo del enojo como un pecado (Proverbios 28:13; 1 Juan 1:9). Esta confesión debe ser hecha tanto a Dios como ante aquellos a quienes hemos herido con nuestra ira. Tampoco debemos minimizar ese pecado llamándolo "me alteré un poco el otro día" o transfiriendo la culpa: "bueno, si no hubieras actuado como lo hiciste..."

4) No regresando mal por bien (Génesis 50:21; Romanos 12:21). Esta es la clave para convertir nuestra ira en amor. Todas nuestras acciones fluyen de nuestro corazón, así que también nuestros corazones pueden ser alterados por nuestras acciones (Mateo 5:43-48). Así que, podemos cambiar nuestros sentimientos hacia otros, cambiando la manera en que decidimos actuar hacia esa persona.

5) Comunicándonos para resolver el problema. Hay cuatro reglas básicas de comunicación que se nos comparten en Efesios 4:15, 25-32.

a) Ser honestos y hablar (Efesios 4:15,25). La gente no puede leer nuestra mente, sino hablar la verdad EN AMOR.

b) Ser oportunos (Efesios 4:26-27). No debemos permitir que lo que nos está molestando, crezca hasta perder el control. Es importante manejar y compartir lo que nos molesta antes que llegue hasta ese punto.

c) Atacar el problema, no a la persona (Efesios 4:29, 31). Junto con esto, debemos recordar la importancia de mantener bajo el volumen de nuestra voz (Proverbios 15:1). Gritar es usualmente percibido como una forma de ataque.

d) Actuar, no reaccionar (Efesios 4:31-32). A causa de nuestra naturaleza caída, generalmente nuestro primer impulso es uno pecaminoso (verso 31).

El tiempo utilizado para "contar hasta diez" debe ser usado para reflexionar sobre la manera amable de responder (verso 32) y recordarnos a nosotros mismos, cómo la ira debe ser usada para resolver problemas y no para crear unos mayores.

6) Por último, debemos actuar para resolver nuestra parte del problema (Hechos 23:5). No podemos controlar la manera en que los demás actúen o respondan, pero sí podemos hacer los cambios necesarios para hacerlo por nuestra parte. Conquistar nuestro temperamento no es algo que suceda de la noche a la mañana. Pero a través de la oración pidiendo ayuda, el estudio de la Biblia, y la confianza en el Espíritu Santo de Dios, puede ser conquistado. Así como hemos permitido que la ira se haya atrincherado en nuestras vidas por la práctica habitual, también debemos practicar responder correctamente hasta que se convierta en un hábito que reemplace a las viejas actitudes.

El mantener dentro de nosotros la ira no solo acarrea consecuencias psicológicas como la depresión y espirituales como el pecado, sino que también tiene dañinas consecuencias físicas: ataques al corazón, todo tipo de enfermedades debido a un sistema inmunológico debilitado y según algunos estudios, predisposición al cáncer. Inclusive, la ira reprimida causa depresión y hasta podría llevar al suicidio o al homicidio. Afirma el Dr. Frank Minirth, quien es un psiquiatra: "La ira es probablemente el mayor riesgo a la salud y la principal causa de muertes." * Es imposible que una persona pueda lidiar con un problema y resolverlo, si se niega a admitir que este existe. Si no somos honestos con nosotros mismos, admitimos que sentimos ira, buscamos en nuestro interior la causa, y lidiamos con ella; no podremos tener verdadera paz. Aún peor: nos costará mucho más trabajo crecer en santidad y convertirnos en la persona que Dios nos llama a ser.

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