He aquí el Tabernáculo de Dios con los hombres

Escrito por Teodoro Hernández. Publicado en Estudios Bíblicos

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PROLOGO

Quisiera narrarles brevemente como nació la inquietud de escribir acerca del Tabernáculo. Desde hace varios años, ministro la Palabra de Dios en mi iglesia local, donde Dios me ha bendecido grandemente. Hace varios años escuché un estudio acerca de este tema. Aquel estudio me impactó de tal manera, que comencé a escudriñar todo lo que se había escrito acerca de la tipología de Jesucristo en el Tabernáculo.

Pero no todo quedó allí. Dios me fue revelando otras áreas de mi vida cristiana a través del Tabernáculo. Como era algo tan personal, nunca pensé que El me impulsara a escribir acerca de tales revelaciones. Cada vez que el Señor quería hablarme acerca de algún asunto importante en mi vida, me lo revelaba a través del Tabernáculo.

Comencé a guardar en mi corazón todas estas cosas y de repente comenzó a nacer en mí un deseo de escribir acerca de ellas, que en un principio no podía discernir si serían mis emociones o si era Dios mismo quien me estaba impulsando a hacerlo. Comencé a orar al respecto y a esperar en El. Para que puedan entender lo que sucedió luego, debo decirles, que además de médico, soy docente de post-grado en el área de la Hematología en el Banco Municipal de Sangre de Caracas.

El 23 de Agosto de 1988 tuve un sueño muy llamativo (cosa extraña, porque yo casi nunca recuerdo mis sueños). Eran las 4 y 20 a.m. cuando desperté del sueño que voy a narrarles. En el mismo me encontraba en un gran salón de clases donde había muchos estudiantes. En dicho salón había un gran pizarrón y frente al mismo un profesor que comenzó a dibujar el esquema gráfico del Tabernáculo. Para mi mayor asombro, el profesor se detiene, se voltea y mirándome fijamente a los ojos me dice: " Explícalo tu, porque yo sé que lo harás muy bien". Emocionado paso al frente y comienzo a hablar efusivamente acerca del Tabernáculo ante la mirada atenta de muchos estudiantes. En ese momento me desperté con la imagen muy viva de lo que había soñado. Comencé a orar, y mientras oraba, la imagen del sueño venía una y otra vez. Abro la Biblia y mis ojos se posan en Job 5:1..... "Ahora, pues, da voces: ¿habrá quien te responda?" Entendí, que era Dios mismo quien me impulsaba a escribir acerca del Tabernáculo, y así me dispuse a hacerlo, confiando en que El me guiaría a toda la verdad.

Considero que toda revelación divina debe tener una utilidad práctica en nuestra vida cristiana, y oro para que todo lo que voy a exponer a continuación cumpla con ese objetivo. Sé que hay mucha literatura acerca del Tabernáculo, y muchos lectores estarán familiarizados con ella, pero para aquellas personas que por primera vez escuchan de este tema, es de vital importancia que lean cuidadosamente en la Biblia los capítulos relacionados con el tema. Para ellos, recomiendo leer en el libro de ÉXODO (Antiguo Testamento) desde los capítulos 25 al 27; del 36 al 38; y el capítulo 40. En el libro de HEBREOS (Nuevo Testamento) los capítulos 8 y 9.

INTRODUCCIÓN

El Tabernáculo o Tienda, conocido en la Biblia como la Casa de Dios, tuvo su origen en el corazón de Dios; es decir, no fue inventado por hombre alguno. Todo su diseño, tanto externo como interno le fue revelado a Moisés por Dios mismo (Éxodo 26:30).

En Éxodo 25:9, la Palabra de Dios dice: "conforme a todo lo que te muestre, el diseño del Tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis". Esto quiere decir, que incluso todos los utensilios y la forma como estos iban a ser colocados fueron ideados por Dios mismo, y cuando es ideado por Dios, ese algo siempre involucra un propósito eterno, y por lo tanto es de orden espiritual.

Dios no solo quiso que se construyera un Tabernáculo para que se realizaran cultos religiosos temporales. El quiso, que nosotros, los creyentes, aprendiéramos acerca de El, de su naturaleza, de su perfecta voluntad para con nosotros. En otras palabras, el Tabernáculo revela la voluntad de Dios para con los hombres.

Siendo Cristo la manifiesta voluntad de Dios para con los hombres, el Tabernáculo nos revela a Cristo mismo, como veremos posteriormente. El Tabernáculo fue mandado a construir en medio de un pueblo que andaba en el desierto. La belleza y pulcritud de su diseño contrasta con las sucias y descuidadas tiendas que lo rodeaban, y es así como Dios se ha revelado al hombre. El vino en la persona de Jesucristo con el propósito de ocupar el centro de nuestras vidas. El vino a morar en medio de nuestras tiendas inmundas, para que cada tienda se acerque a El y le conozca. Para que cada tienda llegue a ser como la tienda de Dios. Haré un enfoque práctico de todas estas verdades a través de esquemas generales del Tabernáculo, tal y como se me fue revelado, obviando los detalles, no porque estos no sean importantes, sino porque considero que existe abundante literatura al respecto.

Dios nos compara a cada uno de nosotros como templo (Tabernáculo) de Dios (1 Corintios 3: 16 y 2 Corintios 5:1). Es decir, que somos morada de Dios porque el Espíritu Santo vino a morar dentro de nosotros. Por lo tanto el estudio del Tabernáculo nos ayuda a examinar cómo está la morada de Dios, y por encima de todo nos revela cómo está la condición espiritual de nuestra relación con Dios.

Así como el pueblo de Israel recibió instrucciones por medio de Moisés para la construcción del Tabernáculo, hoy día los creyentes asistimos a la iglesia a recibir las instrucciones de Dios para la construcción de nuestro Tabernáculo. En 1 Corintios 3: 10-15, la Palabra de Dios nos exhorta a que pongamos mucho cuidado en la edificación de nuestro templo.

CAPITULO 1

LA TRINIDAD DEL HOMBRE Y EL TABERNÁCULO

"Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra (CUERPO), y sopló en su nariz aliento de vida (ESPÍRITU) y fue el hombre un ser viviente (ALMA)."  Génesis 2: 7

Desde el Génesis, la Biblia nos revela que el hombre fue creado como una trinidad, y al mismo tiempo nos dice que fue creado a la imagen de Dios (Génesis 1: 26).

Cuando comenzamos a estudiar el Tabernáculo, vemos de nuevo la idea o concepto de la trinidad:

1. ATRIO
2. LUGAR SANTO
3. LUGAR SANTÍSIMO

EL ATRIO:

Es la parte exterior del Tabernáculo. Es la más visible y la más grande a "los ojos de los hombres". El Atrio viene a representar nuestro cuerpo físico. Es lo que los demás ven.  Es lo que mostramos al mundo. Es lo que más cuidamos, lavamos, embellecemos, y tratamos en lo posible de que luzca atractivo.

Pero el Atrio es un lugar sin techo, es decir, sin cobertura; y esto nos habla de nuestra condición delante de Dios. Es nuestro cuerpo desnudo ante los ojos de Dios. Es nuestra condición pecadora a los ojos de Dios según Génesis 3: 7-10.

Desde que el hombre cayó de la gracia de Dios (en Adán), ha venido cubriendo su desnudez con diversas "hojas de higuera" (Génesis 3:7), que no son valederas a los ojos de Dios. "Las hojas de higuera" representan nuestras auto justificaciones, las cuales no nos pueden salvar, ya que no hay ningún hombre justo ante los ojos de Dios (Romanos 3:10). Las vestiduras del Atrio eran blancas y de lino torcido (Éxodo 27: 9-18) lo cual nos habla de pureza y de justicia (Apocalipsis 19:8).

Hubo un solo hombre que fue blanco y puro como las vestiduras del Atrio, y ese hombre fue Jesucristo. Si comparamos las vestiduras de las tiendas que estaban alrededor del Tabernáculo con las vestiduras del Atrio, notaríamos un gran contraste. Eran tiendas sucias, de tamaños y diseños variables, hecha conforme a la voluntad de los hombres, y por lo tanto muy diferente al diseño original que Dios creó. Nuestras vestiduras son viles delante de los ojos de Dios, y como dice el profeta Isaías, todas nuestras justicias son como trapo de inmundicia (Isaías 64:6).

Jesucristo vino, no solo a redimirnos del pecado, sino que también nos ha revestido de su justicia, y nos ha dado vestiduras de gala, tal y como profetizó Zacarías en el Antiguo Testamento (Zacarías 3: 1-10).

EL LUGAR SANTO:

Es junto al Lugar Santísimo lo que la Biblia describe como el Santuario. Tanto el Lugar Santo como el Lugar Santísimo se encuentran en el interior del Atrio. Sus dimensiones son más pequeñas que las del Atrio, pero tienen una particularidad: "ambas están cubiertas". Es decir, tienen techo. El Lugar Santo contiene utensilios de gran valor comparados con los utensilios del Atrio.

Aunque el Lugar Santo es más pequeño, y no visible a los ojos humanos, su contenido es de incalculable valor eterno. El Lugar Santo representa nuestra ALMA.  Veamos ahora lo que Dios desea que contenga nuestra alma. Es decir, veamos los utensilios que contiene el Lugar Santo:

1. Un Candelero de oro con siete lámparas de aceite continuamente encendidas como símbolo de la plenitud del Espíritu Santo (Éxodo 25: 31-40). El Espíritu Santo debería ser la única luz de nuestra alma, luz que según la Biblia debe alumbrar hacia delante (Éxodo 25:37). Sin esta luz, no podemos ver los demás utensilios preciosos del lugar santo. Esta luz está cubierta a los ojos del mundo, pero no a los ojos del creyente redimido por la sangre de Jesucristo (Juan 14:15-17).

Un creyente lleno de la luz del Espíritu Santo puede ver, no solo lo que hay en su propia alma, sino, lo más importante, puede ver lo que Dios quiere que haya en su alma. El que aún no ha conocido a Jesucristo anda en tinieblas; no hay luz en su alma y por lo tanto no puede ver su propia inmundicia. Es un ciego ante los ojos de Dios.

El hombre no redimido anda con la luz de sus ojos físicos , es decir, anda con la luz de su Atrio porque no tiene otra alternativa. La luz del Atrio es luz solar, es decir, es la misma luz que alumbra los cuerpos físicos, ya que el Atrio no tiene techo.

La luz Atrial es terrenal, es una luz pasajera, que dura pocas horas, es temporal y desaparece en la noche, y es por ello que el hombre no redimido se angustia y desespera cuando la noche llega a su vida, pues no tiene otra luz en quien confiar.

La luz del Lugar Santo nos guía aún en las tinieblas de la noche, y por ello que para el cristiano lleno del Espíritu Santo no existe la noche, ya que somos del día (1 Tesalonicenses 5: 4-11).

Si nuestra alma está en tinieblas, no nos queda más recurso que confiar en la luz atrial que ilumina nuestra carne. Jesucristo dice que ese tipo de luz para nada aprovecha (Juan 6:63).

2. En el lugar santo también hay una mesa con los panes de la proposición, que representa la comunión de Dios para con sus hijos. Esta comunión no es posible visualizarla sin la luz del candelero.

3. Finalmente en el Lugar Santo está el Altar del Incienso, que representa la adoración y la oración intercesora del hombre redimido para con Dios. Dios desea que seamos adoradores e intercesores delante de El. El hombre redimido entiende, gracias a la luz del candelero, que Dios lo ha llamado para que interceda por aquellos que aún no le conocen, y también por aquellos que aún están en el Atrio, y que aún no han entrado a una comunión más íntima con El.

EL LUGAR SANTÍSIMO:

Representa al espíritu del hombre como era en el principio. Es aquí donde radica la verdadera vida que proviene de Dios. Fue en el Lugar Santísimo donde Adán rompió su comunión con Dios. Fue aquí donde el velo se cerró, y la raza humana perdió su relación espiritual con su creador.

Antes de la caída, Adán tenía una íntima comunión con Dios a través de su espíritu. El corazón de Adán era conforme al corazón de Dios, y por lo tanto no había ninguna discrepancia entre la voluntad del hombre y la voluntad de Dios.

Adán perdió lo que había en el Lugar Santísimo, es decir, el Arca del pacto que contenía las tablas de la Ley, la vara de Aarón y el maná. Veamos ahora lo que estos símbolos representan:

1. Las Tablas de la Ley:

Adán se rebeló contra la Ley de Dios que El había escrito en su mente o conciencia. Es la misma ley de la conciencia con la que todo descendiente de Adán nace. De tal manera que todos los hombres nacemos con una rebelión contra la ley de la conciencia, lo que conocemos como "pecado original". Es por ello que la Biblia afirma que todos hemos sido engendrados en pecado (Romanos 5:12). Heredamos la conciencia rebelde de Adán.

2. La Vara de Aarón:

Simboliza la autoridad que Dios delegó al hombre para que señoreara sobre la tierra (Génesis 1: 26-28). El hombre perdió dicha autoridad, y la misma creación se rebeló contra él.  De ahí que la Biblia dice que la creación misma gime a una, con anhelo ardiente, aguardando la manifestación gloriosa de los hijos de Dios (Romanos 8: 19-23; 1 Corintios 15:20-20, 45-50).

3. El Maná:

Es el simbolismo de la vida que proviene de Dios. Al perder Adán su comunión con Dios, el hombre comenzó a morir biológicamente hablando. Para nadie es extraño el cortamiento del promedio de vida física del hombre actual comparado con los hombres del principio de la creación. Todo lo que Adán perdió ha sido restaurado gracias a Jesucristo, el póstrer Adán (1 Corintios 15:45).

Si bien el Tabernáculo original fue construido de adentro hacia fuera (Éxodo 40), veamos a continuación como es que Dios restaura hoy día su Tabernáculo en el hombre. Es decir, la obra redentora de Jesucristo. Es aquí precisamente, donde radica el centro de la revelación dada por Dios a los hombres: DIOS MISMO SE HACE HOMBRE.

CAPITULO 2

LA OBRA REDENTORA DE JESUCRISTO EN EL TABERNÁCULO

"Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por la sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez y para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo tenido eterna redención"

Hebreos 9: 11-12

Sé que existe excelente literatura acerca de Cristo en el Tabernáculo, por lo que no pretendo repetir acá lo que ya ampliamente se conoce en los círculos cristianos acerca del tema.

Lo que quisiera hacer más bien, es un enfoque práctico de la obra redentora de Jesús, y cómo tal obra se nos revela en el Tabernáculo.

El Tabernáculo nos revela el propósito por el cual el eterno Hijo de Dios se hace hombre con la única finalidad de que los hombres llegásemos a ser hijos de Dios. Desde el Atrio

hasta el Lugar Santísimo, incluyendo los utensilios y la disposición de los mismos, nos hablan de la obra redentora de Jesús. Como vimos en el capítulo anterior, el Atrio representa nuestra carne o cuerpo físico visible a los ojos humanos. Pues bien, el Dios eterno se hizo visible (se hizo carne) en la persona de Jesucristo, con el único propósito de redimir al hombre caído, y que por medio de la redención, éste volviera a la comunión con su creador.

El evangelio según San Juan nos dice, que aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como el unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.......la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo (Juan 1: 14-18). Jesús dijo que El era el Camino, la Verdad y la Vida. Veamos como todo esto se nos revela en el Tabernáculo.

JESÚS EN EL ATRIO: EL CAMINO

Una de las cosas que más nos llama la atención en el Atrio es la puerta de entrada. Era una puerta amplia, de bellísimos colores y colocada hacia el oriente, que es por donde nace el sol, y también en el oriente colocó Dios a la Tribu de Judá, de donde vino el Mesías (Número 2: 3 y 4). La amplitud de esta puerta nos habla del gran amor de Dios para con los hombres (Juan 3:16). Cuando Jesús habita en nuestro corazón es que podemos comprender cual es la anchura, longitud y profundidad de esta puerta ( Efesios 3: 17-19).

Otra de las cosas que nos llama la atención es que para entrar al Atrio, hay una sola puerta, de tal manera que no hay muchas puertas para entrar a la casa de Dios, sino una sola, y esa puerta es Jesucristo mismo. El es el que nos da acceso a las moradas de Dios (Juan 10:9). Veamos ahora cómo estaba adornada esta puerta.

La puerta estaba adornada con cortinas de cuatro colores que son: Blanco, Azúl, Escarlata (rojo) y Púrpura. Todos estos colores nos hablan acerca de la persona de Jesucristo. El lino fino de color blanco nos habla de la pureza y justicia de Jesucristo. El es el único justo ante los ojos de Dios, y solo a través de su justicia es que somos nosotros justificados delante del Padre. El lino fino simboliza las acciones justas según Apocalipsis 19:8.

El color azúl es el símbolo del cielo, y Jesucristo es el Señor del cielo (1 Corintios 15:47), el que vino del cielo (Juan 3:31), el que está en el cielo (Juan 3:13), y lo más importante:

Jesucristo es el Reino de los Cielos que se ha acercado a nosotros (Mateo 3:2).

El color escarlata (rojo) nos habla de la sangre que Jesucristo derramó en la cruz del calvario para nuestra redención.

Finalmente el color púrpura. El púrpura es un color mixto. Es una mezcla entre el azúl y el rojo. Esto nos habla de que el cielo (azúl) vino a participar de sangre (rojo) en la persona de Jesucristo. El Dios del cielo se hizo carne.

Jesucristo es el púrpura que una a los hombres (sangre) con el Dios del cielo (azúl).

Veamos ahora los utensilios del Atrio.

Todos los utensilios del Atrio eran de bronce. El bronce simboliza fortaleza. Jesucristo fue probado con fuego (como el bronce) y es por eso que El es nuestra fortaleza hoy día en nuestro andar cristiano. Lo primero que observamos al pasar la puerta del Atrio es el Altar de Bronce o Altar del Holocausto. Aquí las víctimas (ovejas o corderos) eran sacrificadas como ofrenda por el pecado del pueblo. La palabra Altar significa "matadero". Era aquí donde la víctima era sacrificada y su sangre derramada para remisión de pecados (Hebreos 9:22).

La oveja o cordero eran inocentes, pero era el único sacrificio que Dios aceptaba, ya que ningún culpable puede ocupar el lugar de otro culpable. Muerto el cordero y derramada su sangre inocente, el pecador quedaba libre de culpa. Dios entonces miraba al pecador como inocente (Juan 1:29). Es así, como el Altar de Bronce nos habla acerca de la obra expiatoria de Jesucristo en la cruz del calvario. El derramó su sangre inocente, para que nosotros los culpables, fuésemos liberados de la culpa del pecado (1 Juan 1:7).

La Biblia dice en Romanos 8:1 que....."Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús".

Pero la obra redentora de Nuestro Señor Jesucristo va mucho más allá del Altar de Bronce. Aceptar el sacrificio de Jesús es apenas el primer paso en su obra redentora. Muchos de nosotros aceptamos con gozo este sacrificio expiatorio en la cruz y hasta allí llegamos.

La Biblia nos revela que debemos ir más allá del Altar de Bronce. El Evangelio nunca es estacionario. Siempre hay un algo más que hay que buscar. El Señor Jesús lo comparó como "rios de agua viva"(Juan 7:38), y un río siempre avanza, no se detiene. Un evangelio estacionario, no es evangelio, es un mar muerto, y el Señor Jesús se movió por el mar de galilea y no por el mar muerto.

La Biblia dice que si le seguimos a El seremos transformados de gloria en gloria, por el Espíritu del Señor (2 Corintios 3:18). Quedarse en el Altar de Bronce, sin ir más allá, nos traerá problemas serios. La Palabra de Dios nos revela en Hebreos 6:1....."por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas". En el versículo 8 del mismo capítulo de Hebreos, leemos las consecuencias que tendremos al quedarnos en los rudimentos. Al quedarnos estacionados, nuestra tierra (nuestra alma) producirá "espinos y abrojos", y según la Biblia estaría próxima a ser maldecida, y su fin es que será quemada.

En la parábola del sembrador, Jesús nos habla de una tierra donde la semilla de la palabra de Dios fue sembrada entre pedregales, y aunque hubo gozo al aceptar a Cristo, al venir las pruebas y aflicciones, dejan el camino de Dios. Es por eso que los cristianos debemos ir mucho más allá del Altar de Bronce. Veamos ahora hacia donde debemos dirigirnos después de aceptar el sacrificio expiatorio de nuestro Señor Jesucristo. Otro de los utensilios del Atrio además del Altar de Bronce es la Fuente de Bronce o Lavatorio. Es allí donde el sacerdote se lavaba después del sacrificio.

El Lavatorio simboliza la Palabra de Dios (la Biblia), y es precisamente la Palabra de Dios la que hace renovar nuestro entendimiento (Romanos 12:1) y la que limpia nuestros pies en el andar cristiano. Todo el capítulo 13 del evangelio según San Juan nos habla del verdadero lavado de los pies. En Juan 13:7 el Señor nos dice: "Lo que yo hago ahora, lo entenderás después".

Hoy podemos entender perfectamente lo que Jesús quiso decir. En el antiguo Testamento, el sacerdote no podía ir más allá del Altar de Bronce sin pasar por la Fuente de Bronce.

Es el agua de la Fuente de Bronce (La Palabra de Dios) la que nos purifica como individuos (Juan 15:3) y como iglesia (Efesios 5:26).  Esta fuente fue hecha de los espejos de bronce de las mujeres, quienes los entregaron para que fuesen fundidos (Éxodo 38:8). Jesucristo, como nuestra Fuente de Bronce es la Palabra o Verbo de Dios (Juan 1:1) donde cada creyente debe mirarse y examinarse día a día. Cada uno de nosotros debiera entregar nuestros propios espejos (como lo hicieron las mujeres) para poder examinarnos en el espejo del Señor que es la Palabra de Dios y ser llenos de la misma (Colosenses 3:16).  Pero recordemos que tanto el Altar de Bronce como La Fuente de Bronce están en el Atrio, y este lugar tiene dimensiones mayores comparadas con el Santuario. Esto nos revela que en el Atrio se encuentran la gran mayoría de los creyentes que han entrado por la puerta. Si el cristiano en lugar de pasar al Santuario, se queda en el Atrio, al poco tiempo comienza a aburrirse. Comienza a ir de un lugar a otro sin rumbo fijo. Comienza a cambiarse de una iglesia a otra, y por supuesto, empieza a sentir deseos de salirse definitivamente del Atrio.

El cristiano atrial, aunque confiesa haber sido salvo, nadie ve el fruto de su salvación. Al cristiano atrial no le gusta leer la Palabra de Dios (más bien le aburre y no la entiende). No tiene discernimiento espiritual. Se encuentra plantado en una tierra sin mucha profundidad, y por lo tanto no podrá echar raíces profundas. Cuando vengan las tentaciones caerá con facilidad, porque no posee las armas que Dios le ha dado para defenderse. El creyente que no escudriña las escrituras es un creyente que no posee la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios.

JESÚS EN EL LUGAR SANTO: LA VERDAD

Jesús le dijo a la mujer samaritana: "Dios busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad" (Juan 4:24).

Veamos ahora como Jesús se nos revela en el Lugar Santo. Lo primero que nos llama la atención del Lugar Santo (aparte de sus dimensiones) es que tiene techo. Es decir, tiene una cobertura. En el Lugar Santo el creyente está mucho más cerca de Dios. El Lugar Santo es un lugar de refugio, y esto nos recuerda lo que profetizó Isaías: ....."Y habrá un abrigo para sombra contra el calor del día, para refugio y escondedero contra el turbión y el aguacero" (Isaías 4:6).

Jesucristo es nuestro refugio contra las tormentas del Atrio, pero el hecho de que el Lugar Santo esté cubierto nos revela otro aspecto importantísimo en cuanto a nuestra relación con Dios. Estar bajo cobertura es estar bajo autoridad. El hecho de que pasemos del Atrio al Lugar Santo implica que pasamos a estar bajo la autoridad de Dios. Pero desde el punto de vista práctico, en nuestra vida terrenal esto implica que pasamos a estar bajo una autoridad delegada por Dios, es decir bajo una autoridad apostólica. Entender esto es de suma importancia, porque un cristiano de atrio no entiende lo que es estar bajo autoridad, pero un cristiano que obedece a lo que Dios le demanda, no se queda en los atrios, sino que pasa al Lugar Santo para estar bajo cobertura ( bajo obediencia apostólica) como señal de estar sujeto a Dios. Quedarse en los atrios implica desobediencia a Dios.

Pasar al Lugar Santo implica obedecer a Dios.

Jesucristo como LA VERDAD es el más fiel ejemplo de obediencia al Padre. Veamos que dice la Biblia al respecto:"y estando en la condición de hombre, se humilló a si mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre" ( Filipenses 2: 8 y 9).  En el Nuevo Testamento el apóstol Santiago nos dice...."someteos, pues, a Dios....acérquense a Dios, y El se acercará a vosotros" (Santiago 4: 7 y 8).

Ahora estudiaremos la calidad de los utensilios del Lugar Santo. Todos eran de oro refinado (Éxodo 38:24). El oro, como metal precioso es símbolo de pureza y de realeza.

Los tres utensilios de oro que encontramos en el Lugar Santo son: 1. El candelero de oro.... 2. La mesa de los panes de la proposición, y.... 3. El altar del incienso.  Veamos ahora a Jesús en el "candelero de oro".

La luz de este candelero está oculta para aquél que se niega a entrar al Lugar Santo, pero también es importante que para permanecer en el Lugar Santo hay que tener encendida permanentemente la luz del candelero. Jesús dijo que El era la luz del mundo, pero también dijo que todo aquél que lo siguiera tendría la luz de la vida (Juan 8:12).

Esta luz de la vida se encuentra en el Lugar Santo que es hacia donde debemos seguir a Jesús. La luz del candelero estaba colocada en tal posición, que alumbraba hacia delante, es decir hacia la mesa de los panes de la proposición.

Veamos ahora a Jesús en "la mesa de los panes".

En Éxodo 25: 23-30 se describe cual era el propósito de la mesa de los panes, y en el versículo 30 leemos que el pan en la mesa debía estar continuamente delante del candelero de oro. La mesa de los panes nos habla no solo de la institución de la Cena del Señor (Mateo 26: 17-29) sino de algo muy importante como es la comunión. La luz de Cristo nos hace "ver" como está nuestra comunión con Cristo y con su iglesia (nuestros hermanos) . Si no existe una verdadera comunión con Cristo y su iglesia, de nada sirve que sigamos hacia el altar del incienso, pues nuestras ofrendas en el altar no serán aceptas ante el Señor.

El Espíritu Santo en primer lugar tiene el propósito de examinar nuestra condición espiritual delante de Dios, y en el examen de nuestra condición, es fundamental que El nos revele cómo está nuestra comunión con su iglesia, es decir, con nuestros hermanos en Cristo. Si resistimos al Espíritu Santo en ésta área, comenzamos a apagar su luz en nuestra vida, y sin la luz de Cristo (la luz de su Espíritu Santo) no nos queda más remedio que salir hacia el Atrio, con las consecuencias que ya hemos visto.

Ahora veamos a Jesús en el "altar del incienso"

El altar del incienso simboliza la oración intercesora por excelencia. Jesús mismo hizo esta oración maravillosa en Juan 17, y esta oración fue tan poderosa que hasta hoy día sigue siendo contestada después de dos mil años. Todo el Lugar Santo está lleno de la Verdad de Dios: Verdad en obediencia, verdad en adoración, verdad en la comunión, verdad en la oración. Para permanecer en el Lugar Santo hay que permanecer en la Verdad de Dios. Un corazón sincero e íntegro delante de Dios no tiene tropiezo para obtener el fluir de la vida que proviene del Lugar Santísimo.

JESÚS EN EL LUGAR SANTÍSIMO: LA VIDA

La verdadera vida es la vida espiritual y ese tipo de vida proviene solo y exclusivamente de Dios. Todos los seres humanos tenemos vida biológica (vida BIO), pero no todo el mundo tiene vida espiritual (vida ZOE).

En el capítulo anterior vimos como Adán rompió su comunión con Dios en el Lugar Santísimo. Esto quiere decir que Adán perdió la vida ZOE que proviene de Dios, y de esta manera fue como la muerte entró a toda la humanidad. Jesucristo vino precisamente a restaurar la vida que proviene de Dios, y que la Biblia llama vida eterna (Juan 3:16). Todo aquél que en El cree tiene esa clase de vida (Juan 3:36, 6:47, 54, 68). Es una vida abundante (Juan 10:10). Pero es importantísimo saber que es: "creer en EL". Muchas personas creen que Dios existe. y lamentablemente les tengo que decir que eso no les servirá de nada. La Biblia dice que los demonios también creen eso y siguen siendo demonios (Santiago 2:19).

Tampoco sirve de nada creer que Jesucristo es Dios hecho carne. Cuando la Biblia habla de "creer en Dios" lo que quiere decir es "creerle a EL". Es decir, creer lo que El dice en su Palabra. Y creer lo que El dice en su Palabra implica obedecer a lo que El dice. Así que Dios considera creyente sólo a aquellas personas que "obedecen" lo que su Palabra dice y punto. Obedecer a Dios es fundamental para tener una "vivencia real" de su existencia. Esa es la Vida Eterna que se inicia, no en el cielo, sino acá en la tierra cuando decidimos "voluntariamente" obedecerle, o lo que es lo mismo "creerle a El".

La Biblia dice que si obedecemos a Dios cada uno de nosotros tiene la plena libertad de entrar al Lugar Santísimo por el camino que Jesús nos abrió a través del velo que se rompió de arriba hacia abajo, siendo este velo su propia carne que fue molida por nuestros pecados (Hebreos 10: 19 y 20). Jesucristo en nuestro sumo sacerdote que pudo entrar al Lugar Santísimo de una vez y para siempre (Hebreos 9: 11-15). Estos versículos nos hablan no solo de Jesús como nuestro sumo sacerdote, sino también como el cordero de Dios, cuya sangre preciosa fue derramada sobre el propiciatorio que estaba sobre el arca del pacto en el Lugar Santísimo. La misma sangre que hoy día nos limpia de todo pecado, porque sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados (Hebreos 9:10).

Jesucristo en nuestra propiciación perfecta (Romanos 3:25).

En Cristo Jesús, Dios nos ha devuelto todo lo que habíamos perdido en Adán, y nos ha restaurado en el mismo lugar donde el pacto fue roto (El Lugar Santísimo).

Ahora poseemos todo lo que simbólicamente contenía el arca del pacto, esto es:

1. La vara de Aarón que es la autoridad delegada sobre toda potestad (Marcos 16: 17 y 18)..... 2. Las tablas de la ley, pero esta vez escritas en un nuevo corazón como profetizó

Jeremías 31:33.... y finalmente 3. El maná o Pan de Vida que es Jesucristo mismo (Juan 6:32-35).

CAPITULO 3

LA ORACIÓN Y EL TABERNÁCULO

"Otro ángel vino entonces y se paró en el altar, con un incensario de oro; y se dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono"

Apocalipsis 8:3

El misterio de la oración es otro aspecto que el Tabernáculo nos revela. Como ya hemos visto, existen tres lugares en el Tabernáculo que difieren entre sí en dimensiones, coberturas, calidad de los utensilios, etc. El Tabernáculo nos revela las tres dimensiones de nuestras oraciones al Señor, pero más bien me gustaría decir que nos revela las tres dimensiones de nuestra relación con Dios, porque la oración es la herramienta bíblica más importante que Dios ha establecido para que nos relacionemos con El. Orar no es simplemente "hablar con Dios", sino que hay que " oir lo que Dios nos dice" y para ello es importante lo que el Tabernáculo nos revela al respecto.

LA ORACIÓN ATRIAL

El Atrio es el lugar más grande en cuanto a dimensiones físicas se refiere. Esto nos habla, que es en esta dimensión de oración donde lamentablemente la mayoría de los cristianos nos encontramos.

En el Atrio soplan muchos vientos, ya que es un lugar sin techo. Nuestras oraciones atriales son aquellas que continuamente son interrumpidas por pensamientos que vienen del exterior. Estos pensamientos pueden provenir de entidades espirituales de maldad (demonios) que viven según la Biblia en "los aires"(Efesios 2:2; 6:12) o de nosotros mismos cuando tenemos una mente indisciplinada.

En el Atrio hay turbación y vientos contrarios, por lo que difícilmente podemos escuchar la voz de Dios en esta dimensión de la oración. En el Atrio estamos muy cargados y preocupados por nosotros mismos. Si bien nuestras oraciones pueden comenzar en el Atrio, no necesariamente deben quedarse ahí. En el Atrio debemos descargar toda opresión

que nos agobia. El Atrio es un lugar de arrepentimiento ante los pies de la cruz (el altar de bronce) según Mateo 5:23, pero también es un lugar de sacrificios de alabanzas (Salmo 107:22); sacrificios que son agradables a Dios (Salmo 119:108). Fruto de labios que confiesen su nombre (Hebreos 13:15). Al publicar nuestra alabanza se esparcen los enemigos de Dios (entidades espirituales de maldad) según el Salmo 68:1, y se despejan los aires del Atrio. El enemigo huye ante nuestras alabanzas sinceras. La alabanza prepara nuestro corazón para una mayor intimidad con Dios. La Biblia dice: "Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre" (Salmo 100:4). El que sacrifica alabanza honra a Dios (Salmo 50:23).

La Biblia no dice que debemos "sentir" alabar a Dios. Simplemente nos "ordena" hacerlo. "Presentad sacrificios y alabanzas en la casa del Señor" (2 Crónicas 29:31).

Una de las revelaciones que más me ha bendecido es conocer, que cuando yo alabo a Dios, no necesariamente tengo que "sentir" hacerlo. Antes pensaba que alabar a Dios sin sentir hacerlo era como una hipocresía, pero Dios me reveló que cuando yo lo alabo, lo que hago es publicar lo que El es, su grandeza, su poder, su verdad, y nada de esto tiene que ver con lo que yo sienta o no. Así que comencé a obedecerle en ésta área, y después de estarle alabando por varios minutos (cantando o diciendo todo lo que la Biblia dice acerca de lo que El es) empecé a "sentir" las ganas de continuar haciéndolo. Si obedecemos a Dios y le ofrecemos sacrificios de alabanza comenzaremos a ver su gloria aunque el diablo nos diga que somos unos hipócritas.

Como hemos visto los sacrificios se hacen en el Atrio y sobre todo en el altar de bronce. Muchos de nosotros llegamos sólo hasta acá. No avanzamos más allá. Nos conformamos con una oración atrial. En los atrios es muy difícil oir la voz de Dios. Recordemos que Dios se escucha en "el viento apacible" (1 Reyes 19:12y 13).

Si bien nuestra oración comienza en el Atrio, nunca debe quedarse en este lugar, hay que avanzar al Lugar Santo donde no soplen vientos adversos, pues es sólo en la intimidad con Dios cuando podemos oir su voz. Cuando comenzamos a sacrificar alabanzas a Dios, se comienzan a despejar los aires de toda influencia maligna y nuestros pensamientos se dirigen sin obstáculos hacia Dios, y es entonces que nuestro corazón comienza a sentir la presencia de Dios. Pero sentir la presencia de Dios es apenas el principio de nuestra oración, y lamentablemente es aquí donde muchos de nosotros dejamos de orar, cuando en realidad apenas hemos comenzado.

Cuando comenzamos a sentir la presencia de Dios, es que el Espíritu Santo nos está tocando para despertar nuestro espíritu. En el altar de bronce como símbolo de la cruz del calvario es donde se inicia nuestra oración. Es aquí donde nace el verdadero arrepentimiento y la humildad necesaria para continuar. Es a los pies de la cruz donde somos librados de nuestras cargas, donde recibimos consuelo y donde llevamos cautivo todo pensamiento a Cristo Jesús. Es aquí donde pagamos el precio para poder avanzar en nuestra oración. Es en el altar de bronce donde nosotros le ministramos a Dios y donde El "comienza" a ministrarnos a nosotros una vez que nuestro sacrificio es aceptado. Es entonces cuando el Espíritu Santo nos conduce a la fuente de bronce o lavatorio para que nos examinemos delante de Dios. En el lavatorio no solo somos examinados, sino (lo más importante) somos lavados por la Palabra de Dios. Es aquí donde el Espíritu Santo pone en nuestra mente la Palabra de Dios adecuada para nosotros. De ahí la importancia de conocer la Palabra de Dios. El creyente debe conocer la Biblia porque es la materia prima que el Espíritu Santo usa para revelar nuestra condición delante de Dios y para recibir respuestas a nuestras oraciones.

La oración es como la respiración del alma. Cuando nuestro cuerpo físico inspira oxígeno está tomando vida. Cuando espiramos o exhalamos estamos botando bióxido de carbono que es muerte. De modo que cuando confesamos nuestros pecados delante de Dios estamos botando el veneno que nos mata, pero cuando pronunciamos la Palabra de Dios estamos tomando vida, ya que la Biblia dice que su Palabra es Espíritu y es Vida (Juan 5:24). Las aguas del lavatorio nos hacen ver nuestra condición. El Hecho de ver nuestra condición nos mueve a la confesión de pecados y al arrepentimiento. Al confesar nuestro pecado estamos botando lo que nos mata en la oración. Una vez que botamos lo que nos mata, nos sumergimos en las aguas de su Palabra para nuestra limpieza. A partir de este momento nuestros pensamientos se van estrechando y los pensamientos de Dios se van ensanchando, para así pasar a otro nivel o dimensión en nuestra oración: La oración en el Lugar Santo.

LA ORACIÓN SANTA

Este es un nivel de oración mucho más elevado que la oración atrial. El lugar Santo tiene menores dimensiones que el Atrio, y esto implica que no son muchos los cristianos que se mantienen en este nivel de oración. Al Lugar Santo no pueden llegar pensamientos ajenos a los pensamientos de Dios porque es un lugar con cubierta. Satanás no puede tener acceso al Lugar Santo porque en el Lugar Santo está el candelero de oro encendido y él no resiste la luz del candelero (la plenitud del Espíritu Santo) porque él es de las tinieblas y no de la luz.

La oración en el Lugar Santo es la oración en el Espíritu y por lo tanto totalmente conforme a la voluntad de Dios. En el Lugar Santo, el Espíritu intercede por nosotros con gemidos indecibles (Romanos 8:26) y es Jesús mismo orando a través de nosotros, porque ya nosotros hemos muerto en el Atrio. En el Lugar Santo percibimos la voz de Dios incluso a través de nuestros propios labios. Es el tipo de oración que Jesús describe en Mateo 6: 5-18. Veamos lo que El dijo:

"No seáis como los hipócritas". Es decir que debemos ser sinceros y orar con y en la verdad, es decir, en el Lugar santo.

"Entra en tu aposento y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto". Es decir, entra al Lugar Santo y cerrada la puerta a pensamientos del Atrio, habla con tu Padre que está en lo secreto (bajo la cobertura del Lugar Santo), y tu Padre que en el Lugar Santo "ve" tu oración sincera, te recompensará en los atrios cada vez que quieras acercarte a El.  "Y orando no uses vanas repeticiones". Dios no escucha palabrerías de la carne. El escucha lo que su Espíritu Santo nos inspira. En el Lugar Santo se ora no con palabras de la carne sino con la Palabra de Dios.

"Vuestro Padre sabe de que cosas tenéis necesidad". Nuestras necesidades ya Dios las conoce. El ya las escuchó en el Atrio. Serían vanas repeticiones volverlas a hacer en el Lugar Santo. En el Lugar Santo no oramos por cosas atriales o necesidades de la carne. Aquí se ora por necesidades espirituales más profundas, bien sea nuestras o de otros. Aquí las cargas espirituales de otros las sentimos como si fueran nuestras ya que es Dios mismo quien nos las pone sobre nosotros y somos verdaderos intercesores espirituales y libertadores de aquellos que no han alcanzado aún la gracia y el conocimiento de Dios. Es en el Lugar Santo donde recibimos instrucciones precisas en cuanto a situaciones específicas.

El eterno Hijo de Dios durante nuestra oración se vuelve por así decirlo hijo de hombre, a fin de que nosotros los hijos de los hombres lleguemos a orar como Hijos de Dios a través de El. Este es un misterio maravilloso que El me ha revelado y que deseo compartir tal y como El me ha dicho: "En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en el Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros" (Juan 14:20) . "Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber" (Juan 16: 13 y 14).

LA ORACIÓN EN EL LUGAR SANTÍSIMO

El apóstol Pablo en 2 Corintios 12: 2-4 dice textualmente refiriéndose a él mismo: "Conozco a un hombre en Cristo, que hace 14 años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado hasta el tercer cielo....donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar".

El tercer cielo viene a representar el Lugar Santísimo, donde el hombre había perdido su comunión con Dios. Lo que Pablo quiere decir es que él fue arrebatado por Dios al tercer cielo mientras se encontraba en oración. La misma experiencia la tuvo el apóstol Juan en la isla de Patmos (Apocalipsis 1:10-19). Aquí Juan dice que él estaba en el Espíritu, es decir que oraba en el Lugar Santo.

Lo que la Biblia nos revela es que Dios mismo es capaz de hacernos entrar a su propia presencia (El Lugar Santísimo) cuando estamos orando en el Lugar Santo. Esta experiencia no necesariamente fue exclusiva para Pablo y Juan, pues puede ocurrir a cualquier creyente que se mantenga en oración en el Lugar Santo. Cuando estamos en oración en el Lugar Santo y Dios nos hace pasar a su misma presencia prácticamente es imposible mantenerse en pie debido al peso de la gloria de Dios. En el Lugar Santísimo nuestros labios enmudecen y solo Dios habla. El profeta Isaías ante tal experiencia dice: "Ay de mí, que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos" (Isaías 6:5). La visión que describe Isaías en todo el capítulo 6, es una experiencia profética de lo que hoy día podemos experimentar si permanecemos en el Lugar Santo durante la oración.

Muchas de las experiencias en el Lugar Santísimo son casi imposibles transmitirlas en un lenguaje comprensible para la mente humana. Son palabras inefables que no le es dado al hombre expresar (2 Corintios 12: 4). Se entienden solo en el espíritu y carecerían de lógica humana. Las visiones y revelaciones en el Lugar Santísimo trascienden tiempo y espacio. Muchos libros proféticos del Antiguo Testamento y el mismo Apocalipsis es el intento humano de sus autores de describir con palabras humanas sus experiencias en el tercer cielo, y de ahí que muchas de ellas sean confusas e incomprensibles para nuestra mente finita o limitada. Sólo con la ayuda del Espíritu Santo es que algunas de estas revelaciones pueden llegar a ser comprendidas para el cristiano espiritual, y solo los que son espirituales las comprenderían cuando él tratara de trasmitírselas (1 Corintios 2: 14-16).  En este texto de 1 Corintios 2: 14-16 dice la Palabra de Dios que para la mente natural las revelaciones espirituales son "locura".

Finalmente, antes de pasar al próximo capítulo, quiero dejarles una porción de la escritura que está en 1 Corintios 13: 12...." Si bien ahora vemos por espejo, oscuramente; más entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fuí conocido"..........Le pregunté al Señor, que me dijera donde fui conocido........y El me respondió......en Adán........

CAPITULO 4

LA IGLESIA Y EL TABERNÁCULO

"Y vino todo varón a quien su corazón estimuló, y aquel a quien su espíritu le dio voluntad, con ofrenda a Jehová para la obra del Tabernáculo de reunión y para toda su obra, y para las sagradas vestiduras.....y lo ha llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para proyectar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, y en la talla de piedras de engaste, y en la obra de madera, para trabajar en toda labor ingeniosa. Y ha puesto en su corazón el que pueda enseñar,.....y los ha llenado de sabiduría de corazón, para que hagan toda obra de arte y de invención, y de bordado en azul, en púrpura, en carmesí, en lino fino y en telar, para que hagan toda labor e inventen todo diseño. Así pues, todo hombre sabio de corazón a quien Jehová dio sabiduría e inteligencia para saber hacer toda la obra del servicio del santuario, harán todas las cosas que ha mandado Jehová"

Éxodo 35: 21, 31-35, 36:1

"Cada cual ayudó a su vecino, y a su hermano dijo: Esfuérzate. El carpintero animó al platero, y el que alisaba con martillo al que batía en el yunque diciendo: Buena está la soldadura; y lo afirmó con clavos, para que no se moviese".

Isaías 41: 6 y 7

"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, para que siguiendo la verdad en amor crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor"

Efesios 4: 11-13, 16

Vamos a continuación a estudiar uno de los aspectos doctrinales más importantes del cristianismo, y cómo se nos revela en el Tabernáculo: La Iglesia.

La Iglesia es vista espiritualmente por el apóstol Pablo como "el cuerpo de Cristo". Esta revelación nos enseña, que así como los miembros del cuerpo humano se relacionan entre sí con el propósito de preservar el cuerpo, así también los miembros de la Iglesia de Jesucristo deben estar unidos en propósito y servicio a la cabeza que es Cristo. La Biblia también nos revela que nuestro cuerpo es Templo del Espíritu Santo, es decir, que cada miembro es morada de Dios mismo. Vamos a estudiar a continuación, cómo es esta morada, no como miembros aislados sino como un cuerpo, ya que debemos entender que la Iglesia de Jesucristo es un organismo vivo, formado por varios miembros cooperativos, cuyo objetivo es preservar la vida del cuerpo.

LOS UTENSILIOS DE DIOS

En Romanos 9:23 la Biblia nos dice que Dios ha querido hacer notorias las riquezas de su gloria a través de vasos de misericordia, que El preparó de antemano. Es decir, que somos vasos de misericordia, donde Dios muestra su gloria.

Todo creyente lleno del Espíritu Santo anhela ser usado por Dios; pero la Biblia nos revela que antes de poder ser usados por Dios, debemos ser moldeados para que podamos ser utensilios útiles. Si el creyente no permite ser moldeado por Dios mismo, jamás podrá ser de utilidad para El. En la Iglesia cada miembro debe ser moldeado por Dios mismo, antes de poderle ser útil. Es por ello que Dios ha puesto en su Iglesia : Apóstoles, Pastores, Maestros, a fin de perfeccionarnos para el servicio a Dios (Efesios 4: 11-13).

En la construcción del Tabernáculo vemos cómo es que Dios realiza esta obra. En Éxodo 35: 31-36, leemos que Dios llenó a hombres de su Espíritu, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para proyectar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, y en la talla de piedras de engaste, y en la obra de madera, para trabajar en toda obra ingeniosa. Lo primero que vemos acá, es que Dios utilizó diversos materiales para la construcción del Tabernáculo, pero también preparó a "especialistas" para que trabajaran "específicamente" y "coordinadamente" en su obra.

Cuando llegamos a los caminos del Señor somos toscos, rudimentarios, y nuestro estado natural necesita ser transformado a un estado espiritual.  Seamos oro, plata, bronce o madera, todos llegamos como materia prima rudimentaria que necesita ser moldeada por y para Dios. Ni la plata ni el oro sirven para nada, a menos que sean tallados y transformados en utensilios útiles para el santuario, y esto es tan importante, que para Dios es más útil una madera que se ha dejado tallar que un oro o plata que se resista a ser labrada. Un creyente que se deje trabajar como piedra de engaste es más útil para Dios que un oro impuro y deforme que se niegue a ser purificado y labrado.

Como materia prima, ninguno de nosotros somos de utilidad para Dios, a menos que nos consagremos para que El nos moldee según su voluntad. Esta es la única manera de llegar a ser un verdadero vaso de honra para su servicio, es por ello que debemos renovar nuestro entendimiento, a fin de corroborar cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta (Romanos 12:2).

De nada sirve el lino si no se deja bordar en azul, púrpura y carmesí. El profeta Jeremías dice que debemos ser "como barro en las manos del alfarero" (Jeremías 18: 1-6).

En nuestra forma natural no podemos ser utensilios útiles en la Casa de Dios. Tampoco podemos ser cortinas, ni puertas, ni candelero, ni mesa, ni nada de eso, ya que nuestro Yo natural debe ser quebrantado, porque en su forma natural carece de valor para Dios. Los medios que Dios usa para producir este quebrantamiento varían, ya que cada material es tratado de forma diferente a otro dependiendo de su naturaleza y del propósito que Dios tenga con tal material. La Biblia nos lo revela en Isaías 28: 27-29...."ya que el eneldo no se trilla con trillo, ni sobre el comino se pasa rueda de carreta; sino que con un palo se sacude el eneldo, y el comino con una vara. El grano se trilla, pero no lo trillará para siempre, ni lo comprime con la rueda de su carreta, ni lo quebranta con los dientes de su trillo. También esto salió de Jehová de los ejércitos, para hacer maravilloso el consejo y engrandecer la sabiduría".

Antes de conocer a Cristo cada uno de nosotros tenía un cierto valor natural, ya que Dios nos ha creado con talentos naturales y potencialidades diversas. Alguno de nosotros  éramos simples barros, otros serían oro y otros bronce o plata, pero ninguno de nosotros les éramos útiles a Dios en la condición natural en que estábamos. Cuando Dios nos llamó, lo hizo sin tomar en cuenta nuestra condición natural; es decir, nos salvó tal y como éramos. El no nos puso condición alguna. Pero una vez que nos salvó, comenzó a realizar en nosotros una obra de perfeccionamiento conocida como "santificación". El no desechó nuestra condición natural, sino que la limpió y perfeccionó para su servicio. Santificación significa: "apartado para el servicio a Dios". La santificación es el proceso en la que nos trasformamos en herramientas útiles para el servicio a Dios. Esta obra de santificación no  depende de que seamos más o menos inteligentes. Tampoco depende de que seamos más o menos fuertes, ya que su poder mas bien se perfecciona en nuestra debilidad (2 Corintios 12:9). Depende casi exclusivamente de nuestra obediencia a El. Conocer lo que somos en nuestra forma natural nos ayuda a que colaboremos con Dios en su obra transformadora. No estoy hablando acá de nuestra condición pecadora, ya que como sabemos la sangre de Jesucristo es más que suficiente para limpiarnos de todo pecado (Romanos 5:9; 1 Juan 1:7). Estoy hablando del hecho de que una vez limpios de todo pecado, podemos ver con claridad lo que realmente somos y lo que Dios nos dio cuando nos creó. De esta manera descubrimos la materia prima en la que Dios va a trabajar hasta lograr ser vasos de honra para su servicio. En la construcción del Tabernáculo, Dios usó diversos materiales, pero a todos los perfeccionó, los talló, los labró, los fundió, etc. El usó para ello instrumentos adecuados a la naturaleza del material a perfeccionar, y el Tabernáculo se construyó conforme al modelo que Dios le dio a Moisés en el monte.

Cada individuo tiene su propio temperamento, así como sus propios talentos dados por Dios mismo. Estos talentos debemos descubrirlos, y una vez descubiertos, ponerlos delante de Dios para que El los santifique, los perfeccione y los use para su gloria. Uno de los propósitos de asistir a la congregación de los creyentes (iglesia) es ir a recibir instrucciones de parte de Dios en cuanto al proceso transformador (santificación) que El quiere hacer en nosotros. Nuestra total obediencia a dichas instrucciones es la que produce esta maravillosa obra de transformación. Es en la iglesia donde aprendemos a conocer a Dios y a nosotros mismos. Es en la iglesia donde Dios nos instruye "en toda obra ingeniosa". En la iglesia Dios nos llena de sabiduría para que hagamos "toda obra de arte y de invención, y de bordado en azul, en púrpura, en carmesí, en lino fino y en telar; para saber hacer toda la obra del santuario" (Éxodo 35: 31-36).

Dios se complace en la obediencia de sus hijos. En la iglesia aprendemos acerca de la obediencia, ya que Dios nos manda que obedezcamos a las autoridades delegadas por El (Hebreos 13:17) , porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay por Dios han sido establecidas. De modo de quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para si mismos (Romanos 13: 1 y 2).

Resistir a que Dios nos moldee a través de las autoridades en la iglesia, daña al cuerpo de Cristo. Mucho se ha hablado de la importancia del amor cristiano, pero el amor cristiano jamás se desarrollará en un corazón rebelde, porque el amor cristiano solo es posible cultivarlo en un terreno de humildad y mansedumbre. La humildad es lo que permite que Dios pueda realizar su obra en nosotros, y el fruto de esa obra es el amor. El amor es lo que mantiene unidas a las partes del Tabernáculo, así como las lazadas de azul mantenían unidas a las cortinas del santuario (Éxodo 36:11).

LAS CORTINAS DE LINO TORCIDO

"Todos los sabios de corazón de entre los que hacían la obra, hicieron el Tabernáculo de diez cortinas de lino torcido, azul, púrpura y carmesí; las hicieron con querubines de obra primorosa"  Éxodo 36:8

El Arca del Testimonio o Arca del Pacto es el símbolo de la presencia de Dios, y en la Biblia leemos que el Arca estaba bajo una cubierta de cortinas multicolores, las cuales estaban bordadas con querubines primorosos. Sabemos que la Iglesia de Jesucristo es actualmente la morada de Dios. Dios mora en el pueblo que le sabe hacer morada, tal y como nos los revela el Tabernáculo. Las cortinas de la cobertura que guardaban el pacto tenían ciertas características, y hoy día cada creyente como cortina primorosa debe reunir las mismas características a fin de mantener el Arca del Pacto en su tienda. La condición precaria de nuestra cortina es la que impide que la vida de Dios pueda manifestarse a través de nuestra vida. Cualquier tipo de cortina no sirve para guardar el pacto. La vida de Dios se manifiesta a través de nuestra vida cuando nuestras cortinas están tejidas de querubines primorosos. Veamos a continuación lo que esto significa:

En primer lugar, las cortinas eran de lino torcido, es decir, de lino fino, que son las acciones justas de los santos según Apocalipsis 19:8. Las vestiduras sacerdotales también tenían que ser de lino torcido como símbolo de la justicia divina reflejada en nuestras vidas (1 Pedro 2:9). El creyente que comete injusticias no posee las vestiduras de lino torcido, y por lo tanto Dios no puede tejer su voluntad sobre dichas cortinas. El fondo blanco de la justicia es fundamental para que resalten los tejidos en azul, carmesí y púrpura en forma de querubines primorosos.

LOS QUERUBINES PRIMOROSOS

En Éxodo 37 se describe la construcción del Arca del Pacto y del Propiciatorio. En este capítulo leemos que Dios mandó a hacer dos querubines de oro a los extremos del Propiciatorio. Aquí la Palabra de Dios nos dice que los querubines debían de ser hechos de una pieza con el Propiciatorio" y "labrados a martillo" (Éxodo 37: 7 y 8).

Los querubines en el Antiguo Testamento son los seres creados por Dios que están más cerca de El (Ezequiel 10). Son una especie de guardianes de la presencia divina. Estos seres alados extendían sus alas por encima del Propiciatorio, que era el lugar donde la sangre del cordero inmolado era derramada.

Cristo es la propiciación por nuestros pecados (Romanos 3: 15; 1 Juan 2:2; 4:10), pero también la Biblia nos dice que cada uno de nosotros reinará con El si somos participantes de sus padecimientos (1 Pedro 4:13, Filipenses 1:29). La voluntad divina es que el hombre redimido esté delante de su presencia, de la misma manera que lo están los querubines primorosos, y es por eso que los querubines que cubrían el Propiciatorio debían ser hechos con la misma pieza de oro con la que se hizo el Propiciatorio.

Otras de las condiciones era que los querubines debían ser labrados con martillo. Esto produce dolor, y no necesariamente es un dolor físico. Todos los que hemos sido labrados por Dios sabemos cuanto dolor nos ha costado dejar cosas que amábamos, pero que eran necesario dejar para que Dios se glorificara en nuestra vida. Una mujer durante el trabajo de parto tiene dolor, pero éste se olvida una vez que ha nacido el niño. Así cada uno de nosotros tendremos dolor cuando Dios nos esté martillando, pero todo se olvidará cuando veamos su gloria en nuestra vida y podamos ver el maravilloso querubín primoroso que El ha hecho de la misma pieza de oro con la que hizo nuestra propiciación, es decir, Cristo Jesús. La Biblia dice que si en verdad ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados (Hebreos 12:11). Así que no menospreciemos la disciplina del Señor, porque el señor a quien ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos (Hebreos 12:5-8). Así como los querubines miraban continuamente el propiciatorio con sus alas extendidas, cada creyente debe miran continuamente a Cristo que fue la propiciación por nuestros pecados.

LA VOLUNTAD DE DIOS TEJIDA EN NUESTRA VIDA

Los querubines primorosos también debían ser tejidos en las cortinas que cubrían el Arca del Pacto, pero debían ser tejidos con tres colores, a saber:

AZUL, que es el símbolo de las cosas celestiales. Cristo vino del cielo para darnos una ciudadanía celestial, de tal manera que si habéis resucitado con cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios....vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados por él en gloria (Colosenses 3: 1-4).

Todo cristiano que hace tesoros en el cielo, y trabaja para el reino de los cielos, está tejiendo querubines primorosos conforme a la voluntad de Dios.

CARMESÍ, es decir, el color rojo. Es el símbolo de la sangre que Cristo derramó en la cruz del calvario. Es la provisión gloriosa de Dios para nosotros hoy día. Todo creyente redimido está bajo la sangre de Cristo, la cual no solo nos limpia de todo pecado, sino que es poderosa contra toda fuerza del mal. Sabemos que somos justicia de Dios a través de la sangre de Cristo (Romanos 5:9), pero así como Dios nos ve a través de la sangre de Cristo, nosotros debemos continuamente mirar hacia la sangre del propiciatorio como lo hacían los querubines sobre el Arca del Pacto. Solo bajo la sangre de Cristo y mirando hacia ella, es que podemos ser tejidos en carmesí conforme a la voluntad de Dios.

PÚRPURA. Como ya hemos dicho el púrpura es un color mixto, que se obtiene combinando el azul con el carmesí. Simboliza al intercesor entre Dios y los hombres. Es decir, que somos junto con Cristo sacerdotes del Dios altísimo, porque el púrpura es el color sacerdotal, y el sacerdote tenía el deber de interceder por el pueblo. La voluntad de Dios es que cada creyente sea un verdadero intercesor, como una prolongación del ministerio de Cristo.

Resumiendo decimos que la voluntad de Dios es que seamos querubines primorosos tejidos sobre lino blanco en azul, carmesí y púrpura, tal y como nos lo revela el Tabernáculo.

CAPITULO 5

LOS MINISTERIOS Y EL TABERNÁCULO

"Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire como sobreedifica"  1 Corintios 3: 9 y 10

La Biblia nos dice que hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo (1 Corintios 12:5). Vamos a continuación a escudriñar lo que el Tabernáculo nos revela en cuanto a los ministerios o dones ministeriales. Ministrar a Dios es sinónimo de "servir a Dios", y servir a Dios implica también servir al hombre. Cuando Dios nos llama a sus caminos, su propósito va mucho más allá que la salvación de nuestra alma. Dios nos llama a su servicio, es decir, nos llama para que seamos ministros de El. El Espíritu Santo inspira a cada creyente para que descubra su ministerio o dones ministeriales dentro del reino de Dios. Tanto en la fundación como en la edificación de su Iglesia, Dios ha usado a hombres llenos del Espíritu Santo. Son hombres que han descubierto el verdadero llamado de Dios. Hombres consagrados a Dios. Hombres comprometidos que conocen profundamente el propósito de su llamado. Son hombres que ven el fruto de su ministerio cuando la vida de Dios es engendrada y desarrollada en otros hombres, y ver la casa de Dios edificada en otros es una experiencia gloriosa.

Aunque hay innumerables dones ministeriales, la Biblia señala en Efesios 4:11 cinco ministerios: "Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros evangelistas; a otros, pastores y maestros".

Antes de hablar de los ministerios domésticos esenciales en la edificación funcional del Tabernáculo, quisiera hablar unas breves palabras acerca de lo que yo llamo macroministerios desde el punto de vista funcional, y no porque tales ministerios sean mayores que otros ante los ojos de Dios.

El simbolismo del ministerio apostólico en el Antiguo Testamento lo vemos en la persona de Moisés. Este no era un ministerio doméstico sino que es un macroministerio rector de naciones. El ministerio apostólico es un ministerio de "visión". Un apóstol hoy día es un varón de Dios con visión de conquista de naciones. En el Nuevo Testamento el prototipo del ministerio apostólico lo vemos en Pablo de Tarso, y hoy día en pleno siglo XXI lo vemos en numerosos ministros internacionales con visión de conquista a las naciones. Repito, el ministerio apostólico no es un ministerio doméstico, es un llamado de Dios para ministrar a las naciones.  El simbolismo del ministerio profético en el Antiguo Testamento lo vemos en Aarón, hermano de Moisés, y esto nos habla de que el ministerio apostólico como el ministerio profético deben ser ministerios "hermanados", es decir, íntimamente ligados, y no puede existir un apostolado sin profecía. Esto no quiere decir que necesariamente estos ministerios se manifiesten en personas diferentes, ya que una misma persona puede hoy día poseer más de un ministerio (apóstol y profeta, pastor y maestro, evangelista y pastor, etc).  Si bien los ministerios apostólicos y proféticos son importantes para la extensión del reino, son los ministerios domésticos los fundamentales para la edificación del cuerpo de Cristo.

Los tres ministerios domésticos (Evangelista, Pastor y Maestro) se nos revelan funcionalmente en el Tabernáculo por los oficios que ejercían los levitas en la custodia del Arca del Pacto como veremos a continuación.

En el Antiguo Testamento el Arca del Pacto era guardado y cuidado por sus ministros, y la gloria de Jehová se manifestaba en su Tabernáculo. Hoy día el Arca del Pacto como símbolo de la presencia divina debe ser también manifestada en nuestras vidas, y por lo tanto Dios en nuestros días también ha escogido ministros del nuevo pacto que saben guardar y cuidar la Casa de Dios ( su Iglesia). Veamos a continuación cómo las funciones ministeriales domésticas nos son reveladas en el Tabernáculo.

LOS MERARITAS

......"Este será el servicio de las familias de los hijos de Merari para todo su ministerio en el Tabernáculo de reunión: las tablas del tabernáculo, sus barras, sus columnas y sus basas, las columnas del atrio alrededor y sus basas, sus estacas y sus cuerdas, con todo los instrumentos y todo su servicio"  Número 4: 29-33

Merari fue el último de los hijos de Leví, y llegó a ser cabeza de una de las tres familias de levitas. Sus descendientes, los meraritas estaban encargados durante la peregrinación por el desierto de la armadura o esqueleto del Tabernáculo (las tablas, barras, columnas, estacas, cuerdas, etc). Sin este esqueleto fundamental no se podía armar el Tabernáculo. Era lo primero que se ponía, porque sin él todo lo demás se venía abajo. De nada sirven las cortinas ni los utensilios si el fundamento del Tabernáculo no está bien puesto. Los meraritas representan hoy en día al ministerio evangelístico. El evangelista es el responsable de poner el fundamento. Es el responsable de poner las tablas de madera de acacia. Es el responsable de predicar el evangelio de la cruz y no otro evangelio (Gálatas 1: 6-10). "No con sabiduría de palabras para que no se haga vana la cruz de Cristo. Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, es poder de Dios; porque el Cristo crucificado podrá ser tropezadero para algunos, y locura para otros; más a los que hemos sido llamados, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios"(1 Corintios 1: 17-24).

Sobre este fundamento es que podemos edificar para Dios, "porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo" (1 Corintios 3: 11).

Los meraritas debían poner el fundamento del Tabernáculo exactamente igual dondequiera que éste se moviera. No debía añadirle más madera, ni poner basas donde debía ir barras, ni colocar estacas donde fuesen cuerdas o viceversa. Debían además cuidar celosamente todos los materiales del fundamento que Dios les había encargado. Hoy día, el evangelista debe hacer lo mismo. Debe predicar exactamente el mismo mensaje en cualquier lugar hacia donde Dios lo mueva. Es su responsabilidad no tergiversar la Palabra del Evangelio para complacer a los oyentes.

Si el creyente carece de fundamentos verdaderos no puede edificar casa para Dios, porque al tratar de colocar cortinas en las tablas que le han dado, se le viene el Tabernáculo al suelo. Jesús lo expresó con estas palabras:

"Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia ,y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina" (Mateo 7: 24-27).

Guardar celosamente todas las columnas, tablas y barras, es tener celo por la doctrina santa de nuestro fundamento. Es la leche no adulterada (1 Pedro 2:2). Todo ministro de Dios debe vivir lo que predica. No existe cristianismo sin una vida crucificada. Quizás esta doctrina no sea muy atractiva, pero es la que sostiene todo lo que sobre ella se edifica. Hace cierto tiempo Dios me dio una ilustración para que yo pudiera entender bien esto, y quiero compartirla con el lector. El esqueleto humano está formado por una serie de huesos que en su conjunto no son nada atractivos. Cualquier persona que vea un esqueleto desnudo siente algo de repulsión; y sin embargo, es el esqueleto lo que permite que el cuerpo del hombre permanezca en pie. Si se nos quita el esqueleto nos arrugamos como una esponja. Es gracias al esqueleto que podemos soportar grandes cargas físicas. El hueso por ser el único material duro en el cuerpo, posee una fuerza extraordinaria, suficiente para sostener todas las demás partes blandas de nuestro cuerpo. La fuerza del hueso es callada y confiable. Los huesos nos sirven sin hacer alarde de sus funciones. El esqueleto está oculto en un cuerpo vivo, revestido por tejidos blandos, que si se quiere son más bonitos y atractivos que él, pero ninguna parte blanda de nuestro cuerpo luciría atractiva si no fuera por nuestro esqueleto, ya que es él y únicamente él, el que sostiene todo nuestro cuerpo.

El esqueleto del cristianismo es el evangelio de la cruz. Es la predicación del Cristo crucificado. Debe ser una realidad en nuestras vidas para que lo sea en otras. Jesús, al morir en la cruz, no solo lo hizo como substituto perfecto por nuestros pecados (expiación), sino que nos mostró un camino hacia Dios, y El mismo dijo que nadie va al Padre sino por el camino que El mostró.

Ese camino es el camino de la cruz. Jesús no solo murió por el hombre sino que también murió "para"el hombre, es decir, para que nosotros tomemos nuestra propia cruz cada día y le sigamos a El (Lucas 9: 23). Cuando nuestra vida cristiana es un fracaso, generalmente el problema radica en el fundamento. A veces se trata de tablas sueltas en el Tabernáculo que no tienen estacas firmes y que nos hacen bajar de la cruz, pero otras veces se trata de las barras que no han sido bien colocadas. Pero sea lo que sea, el problema está en el fundamento mal puesto. Una vida crucificada va en contra de los anhelos de un alma caída, y estos anhelos son engañosos más que cualquier otra cosa (Jeremías 17: 9). La vida abundante de la resurrección solo es impartida en una vida crucificada.

Finalmente quiero decirles que si bien las tablas, basas, barras, estacas, cuerdas etc. no son atractivas, es sobre ellas que Dios coloca las cortinas de su templo, que es precisamente el ministerio que estudiaremos a continuación.

LOS GERSONITAS

....."Este será el oficio de las familias de Gersón, para ministrar y para llevar: Llevarán las cortinas del Tabernáculo, su cubierta, la cubierta de pieles de tejones que está encima de él, la cortina de la puerta del Tabernáculo, las cortinas del atrio, las cortinas de la puerta del atrio, que está cerca del Tabernáculo y cerca del altar alrededor, sus cuerdas, y todos los instrumentos de su servicio y todo lo que será hecho para ellos; así servirán"

Números 4: 24-26

Gersón era el hijo mayor de los tres de Leví, y sus descendientes recibieron el nombre de gersonitas. Asaf, el famoso cantor y profeta, era de su linaje. Los gersonitas fueron nombrados para llevar "las cortinas del Tabernáculo". Una vez que la estructura básica se ha puesto (el fundamento), es que se pueden colocar las cortinas (tanto las del atrio como las del santuario). Esta labor correspondía a los gersonitas.  Los gersonitas representan hoy día el ministerio de la enseñanza, es decir, los maestros de la Palabra de Dios. Hoy día, puede ser ejercido como un ministerio único, o como un don ministerial en pastores y evangelistas. Por razones prácticas lo vamos a estudiar como si se tratara de un ministerio diferente a los otros.

El cristiano no debe conformarse con tener sólo el fundamento, debe ir más allá en el conocimiento de Dios. No debe quedarse en los rudimentos, sino que debe revestir dichos rudimentos con las cortinas del conocimiento de la Palabra de Dios, a fin de que la sabiduría de Dios pueda manifestarse en su vida. En Hebreos 6 se nos exhorta a que vayamos más allá de los rudimentos, a fin de poseer el pleno conocimiento de Dios. En 1 Corintios 3: 4-7 la Palabra de Dios dice que "uno es el que siembra (evangelista) y otro es el que riega (maestro) pero el crecimiento lo da Dios".

El conocimiento dado por Dios es un conocimiento espiritual y por lo tanto viene por revelación del Espíritu Santo. La Palabra de Dios, tal y como está expresada en la Biblia, es la materia prima que el Espíritu Santo usa para revelar los profundos misterios de Dios. Para que veamos "cosas que ojo no vio, no oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, pero que Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios" (1 Corintios 2: 9 y 10). Sin el Espíritu Santo sería imposible descubrir lo que hay detrás de la letra.

Los maestros, deben en primer lugar ser llenos del Espíritu Santo y verdaderos buscadores de Dios, quienes continuamente escudriñan su Palabra, pidiéndole a Dios Espíritu de revelación y sabiduría en el conocimiento de El (Efesios 1: 17).

El maestro debe estar dispuesto a enseñar a todo creyente que posea el fundamento, es decir, a todo aquel que haya nacido de nuevo. Las cortinas de la revelación son sostenidas solamente en fundamentos sólidos (Lucas 6: 46-49). El maestro debe estar dispuesto a ministrar desde la leche no adulterada hasta el alimento sólido, y también debe discernir quien está preparado para recibir uno u otro alimento. El verdadero conocimiento de Dios viene por revelación de su Palabra, y eso sólo lo da el Espíritu Santo, es decir, que es algo que no se aprende en institutos bíblicos, ni en cursos especiales, sino a los pies del verdadero Maestro (Jesús). No quiero decir con esto que los institutos bíblicos no sean importantes. Ellos imparten una serie de disciplinas muy importantes para cualquier ministerio, pero lo que quiero dejar claro es que ningún ministerio se desarrolla por estudios académicos.

Los ministerios son dados por Dios, y solo aquellos que han sido llamados para determinado ministerio son los que aprovechan las instrucciones académicas. La instrucción de los maestros es las que nos da crecimiento espiritual, pero insisto, sin un buen fundamento toda la instrucción es vana.

En Números 4 leemos que los gersonitas llevaban todas las cortinas del Tabernáculo: las del atrio, la de la puerta del atrio, las cubiertas del santuario, la cortina de la puerta del santuario, etc. Los gersonitas debían conocer muy bien cual cortina correspondía al atrio y su puerta, y cual correspondía al Lugar Santo y al Lugar Santísimo. No podían colocar una cortina fuera del lugar que Dios hubiese designado. Todo esto nos habla del cuidado que deben tener los maestros en cuanto a la instrucción que se imparte en la iglesia. El debe conocer que tipo de cortina necesita el cristiano de acuerdo a la posición que éste tenga en el Tabernáculo. El cristiano atrial requiere de una cortina diferente al cristiano que está en el Lugar Santo. Existe un tipo de conocimiento espiritual que solo es comprendido por creyentes maduros en el Señor, y cuando impartimos tal conocimiento a un cristiano atrial le puede producir más daño que beneficio.

El maestro debe cuidarse de dar el pasto adecuado a la oveja, ya que el mismo Señor prometió darnos pastos en todas las alturas (Isaías 49:9). El maestro debe saber atar muy bien las cuerdas de las cortinas, y por lo tanto debe conocer muy bien las escrituras. Debe escudriñarlas con diligencia, pues un conocimiento que no sea atado con la Palabra de Dios, no proviene de Dios. La firmeza con que las cortinas son atadas al fundamento depende del conocimiento que se tenga de la Palabra de Dios. Por lo tanto debemos procurar diligentemente presentarnos delante de Dios como siervos aprobados y que usamos bien la Palabra de verdad (2 Timoteo 2: 15).

Finalmente, toda enseñanza de parte de Dios debe glorificar a Cristo, ya que Jesucristo es el centro de toda la revelación divina, y toda revelación divina debe tener una utilidad práctica para nosotros. La enseñanza ministrada, bien sea de leche o de alimento sólido, siempre debe revelarnos algo nuevo del Cristo glorioso, sin desechar o contradecir los rudimentos previos.

LOS COATITAS

....."El oficio de los hijos de Coat en el Tabernáculo de reunión, en el lugar santísimo será este: Cuando haya de mudarse el campamento, desarmarán el velo de la tienda, y cubrirán con él el arca del testimonio, y pondrán sobre ella la cubierta de pieles de tejones, y extenderán encima un paño todo de azul, y le pondrán sus varas. Sobre la mesa de la proposición extenderán un paño azul, y pondrán sobre ellas las escudillas, las cucharas, las copas y los tazones para libar; y el pan continuo estará sobre ella. Y extenderán sobre ella un paño carmesí, y lo cubrirán con la cubierta de pieles de tejones; y le pondrán sus varas. Tomarán un paño azul y cubrirán el candelero y el alumbrado, sus lámparas, sus despabiladeras, sus platillos, y todos sus utensilios del aceite con que se sirve.........quitarán las cenizas del altar, y extenderán sobre él un paño de púrpura.......estas serán las cargas de los hijos de Coat en el Tabernáculo de reunión" Números 4:4-15

Los coatitas representan hoy en día el ministerio del pastorado. Los coatitas eran los responsables de cuidar lo más valioso del Tabernáculo, es decir, el Arca del Pacto. El pastor debe cuidar y cubrir el arca con "paño todo en azul" para que la doctrina que nos ministre sea de origen celestial y no terrenal. El pastor debe cuidar que la presencia de Dios en cada creyente sea realmente cubierta con paño "todo en azul".

El pastor debe ser vigilante a fin de que los meraritas y gersonitas cumplan sus funciones a cabalidad, de manera que las ovejas puedan comer y digerir bien la Palabra de Dios (a fin de que cada utensilio valioso sea puesto sobre paño azul).

Los coatitas debían estar pendientes de quitar las cenizas del altar, para luego cubrirlo con un paño púrpura. Un altar con cenizas no es lo que Dios quiere que seamos, de ahí que cada creyente debe permitir que sus cenizas sean quitadas por el pastor, y luego cubiertas con paño púrpura, que como ya vimos simboliza la intercesión sacerdotal. Es la misma función de esquilar a las ovejas para que den más lana.

Cuando asistimos a los servicios de la iglesia, también venimos a examinar las condiciones de nuestro altar, y por lo tanto debemos aceptar las correcciones que al respecto nos hagan nuestros pastores. Las cenizas siempre implican residuos de algo que pasó, pero que ahora estorban. Las cenizas es algo del pasado que ahora estorba nuestro presente.

Las cenizas son vestigios de una adoración pasada (señales de que algo estuvo encendido, pero que ahora está apagado) y debemos permitir que el pastor limpie las cenizas de nuestro altar para que se encienda nuevamente una real adoración a Dios cada día. El que está en Cristo nueva criatura es, las cosas viejas pasaron y ahora todas son hechas de nuevo (2 Corintios 5: 17).

El creyente no debe permitir que las cenizas se acumulen sobre el altar ya que Dios nos exhorta a que renovemos nuestro entendimiento para que podamos comprobar cual es la voluntad de Dios agradable y perfecta (Romanos 12:2). De manera que el evangelio siempre debe tener algo nuevo y refrescante para todo creyente, y no debemos vivir con los recuerdos de las glorias pasadas porque son cenizas ante los ojos de Dios. Debemos proseguir hacia delante olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndonos a lo que está delante (Filipenses 3: 13).

El pastor debe estar pendiente de renovar continuamente el estado del altar. Debe estar pendiente del mover de Dios. La Biblia dice que estas serán las cargas de los hijos de Coat en el Tabernáculo. El pastor también debe vigilar la condición de su propio altar, pues un altar con cenizas no puede discernir cual altar requiere ser renovado . El pastor debe ser un varón de discernimiento, pues debe discernir las necesidades de su pueblo para que éstas sean suplidas.

Oremos para que en nuestras iglesias los pastores comprendan la gran responsabilidad de renovar sus altares llenos de cenizas.

Finalmente, no quiero terminar este manuscrito sin decirle que he tratado de expresar no todo lo que el Tabernáculo nos revela, sino aquellos aspectos que personalmente me han sido revelados, esperando que Dios pueda usarlos para la edificación de su pueblo, mucho más de lo que ha sido para mí. Tan infinito es Dios como lo es su revelación, así que exhorto a mis hermanos en Cristo para que escudriñen las escrituras, pues El ha prometido que nos dará los tesoros escondidos, y los secretos muy guardados, para que sepamos que El es Jehová, que nos ha puesto nombre (Isaías 45: 3).

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