El ciego de nacimiento

Escrito por Teodoro Hernández. Publicado en Estudios Bíblicos

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El maravilloso capítulo 9 del evangelio según Juan está tan lleno de riquezas espirituales que he sentido en esta mañana compartir algunas de ellas, y es por eso que recomiendo en primer lugar leer previamente todo el capítulo.

Para empezar debo decirles que este pasaje solo aparece en el evangelio de Juan y no en los otros evangelios. Como ya les he comentado en otras oportunidades el evangelio de Juan está básicamente centrado en demostrar la deidad de Jesucristo y si bien acá narra el hecho de un milagro creativo, lo que hay detrás de cada palabra tiene una aplicación espiritual inmensa.- El capítulo comienza diciendo que Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.- Aquí hay dos hechos importantes: 1.- El que vio al ciego fue Jesús.- 2.- Era ciego de nacimiento.- En otros pasajes de los evangelio existían ciegos que clamaban por Jesús para que este los sanara, pero acá está un hombre que no clama por sanidad, sino que está entregado a su ceguera y no sabe absolutamente nada de quien es Jesús.

No es lo mismo haber tenido alguna vez la visión y perderla, a no haberla nunca tenido, como es este caso.- Pueden existir personas que alguna vez han escuchado quien es Jesús, mientras que existen otras que jamás han sabido quien es Jesús. Pero lo maravilloso de este pasaje es que Jesús ve al ciego y se detiene. Y así es Dios con nosotros. A él no le importa que no sepamos absolutamente nada de él. El se acerca a nosotros con el propósito de darse a conocer. La iniciativa partió de Jesús y no del ciego. En Lucas 18: 35 al 43 hay un ciego que clamó a Jesús por sanidad, pero acá hay un ciego que no tenía ninguna esperanza, porque ignoraba quien era Jesús. Y así éramos muchos de nosotros, no sabíamos quien era Jesús o le atribuíamos otras cualidades y no lo identificábamos como Dios. Hoy día, también existen sectas que no reconocen la deidad de Jesucristo.- Lo creen un gran maestro, un profeta, un santo, en fin, con cualquier cualidad buena pero no lo identifican como Dios mismo. Son ciegos de nacimiento. No han tenido la revelación de la deidad de Jesús.

Según varios comentaristas, un ciego de nacimiento es aquel que nace sin los globos oculares. Es decir, con las cuencas totalmente vacías. Es una malformación congénita. Para la época en que esta historia es narrada, se tenía entendido que las enfermedades, y especialmente las congénitas estaban relacionadas con el pecado, y de allí la pregunta de sus discípulos en el verso 2, pero la respuesta de Jesús fue tajante: Este defecto congénito no tiene ninguna relación con el pecado, sino que él nació así para que ustedes vean quien soy yo. Es decir, para que la obra creativa que voy a realizar les demuestren que yo soy Dios. Y añadió: Mientras tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo (Verso5).

Aquí como en muchas porciones del evangelio de Juan Jesús se identifica como la luz que vino a este mundo.- La ceguera está relacionada con las tinieblas, mientras que la visión está relacionada con la luz.- Este ciego viene a representar la condición de muchos de nosotros antes de que la luz del evangelio resplandeciese en nuestros corazones. Vivíamos en tinieblas. El vio nuestra condición y se acercó con la finalidad de hacer un acto creativo en nosotros (el nuevo nacimiento).

Y ahora viene algo de lo más asombroso: Escupió en tierra e hizo lodo con la saliva y llenó las cuencas de los ojos del ciego con barro y le dio una orden: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (Verso 6 y 7) que quiere decir el estanque del enviado.

Aquí me quiero detener, porque la Palabra de revelación que él me dio hace varios años en este pasaje vale la pena que yo la comparta con ustedes. ¿Por qué Jesús tuvo que hacer lodo con su saliva?. Por qué no lo tocó y lo sanó instantáneamente como lo había hecho con otros en otras oportunidades?

Sencillamente porque él quería demostrar que era Dios, porque solo Dios podía realizar un acto creativo. Si avanzamos hacia el verso 32 leemos: Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego.

Cuando leí este versículo, especialmente la palabra "desde el principio" fue que a mi se me abrieron los ojos, porque el Espíritu Santo me envió al Génesis 2: 7 (el principio) donde leemos que Dios formó al hombre del POLVO DE LA TIERRA y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. Pude comprender entonces por qué Jesús tomó tierra e hizo lodo para formar unos ojos, porque ese milagro solo lo podía hacer Dios. El tomó lodo para que ellos y nosotros supiéramos que El era y es Dios; es decir ,Dios es el único que podía hacer un milagro creativo como está escrito "desde el principio" (en el Génesis) como acabamos de leer. Todos nosotros venimos del polvo de la tierra. Es decir todos nuestros órganos internos y externos, incluyendo nuestros ojos físicos fueron formados del polvo de la tierra.

Otra de las cosas que me llama poderosamente la atención es que la sanidad no ocurrió instantáneamente sino que ocurrió una vez que el ciego obedeció y fue a lavarse al estanque de Siloé. No antes. Y aquí hay otra enseñanza: La luz del evangelio llega a aquellos que obedecen la palabra de Dios contra cualquier obstáculo. Se imaginan el espectáculo del ciego con las cuencas oculares llenas de lodo y caminando hacia el estanque de Siloé. Cuantos tropiezos tendría? La Biblia no dice que alguien lo ayudara a ir al estanque. El empezó a andar hacia el estanque con lo que tenía sano: sus pies. Y nada lo detuvo. Venció todos los obstáculos. Y así nosotros, cuando caminamos en obediencia a lo que Jesús ordena, solo con lo que tenemos (con lo poco que nos ha sido revelado) es cuando vamos camino hacia nuestro milagro, a una mayor revelación (luz) de quien es Jesús, porque cosas que ojo no vio ni oído oyó, ni ha subido a corazón de hombre, son las que Dios tiene reservadas para aquellos que le aman (es decir, le obedecen). Aquellos que conforme a su propósito hemos sido llamados (1 Corintios 2: 9).

Pero sigamos: El testimonio de este milagro, provocó una serie de situaciones en los testigos del mismo que nos traen otras gloriosas enseñanzas. Leemos en los versos 8 y 9 que los vecinos no podían creer lo que había ocurrido. Unos se preguntaban: ¿No es este el que se sentaba y mendigaba?. Unos decían: El es; y otros: A él se parece. Pero él decía: Yo soy. Y eso es lo que el mundo dice cuando nos ven transformados por la Palabra de revelación. Un cambio rotundo en nuestra vida que a ellos le dificulta creer que seamos realmente nosotros. Somos tan diferentes a como éramos, que nosotros mismos le debemos testificar a ellos: Si, yo soy. El ex drogadicto, el ex borracho, el ex adúltero, el ex blasfemo, el ex homosexual, en fin, el ex ciego de nacimiento.

Y de seguro habrá que alguien nos pregunte: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? (Verso 10) y la respuesta contundente será la misma que dio este ciego: Lo hizo aquel hombre que se llama Jesús. Obedecí su Palabra (fui al estanque del enviado), y me lavé, y recibí la vista.

Fue tanta la incredulidad de los religiosos (Fariseos) que tuvieron que llamar a los padres del ciego para que dijeran si este era o no su hijo. Y ellos temerosos de los religiosos solo dijeron: Sabemos que este es nuestro hijo que nació ciego, pero cómo vea ahora no lo sabemos, y tampoco sabemos quien le abrió los ojos (versos 19, 20 y 21). Aquí la ceguera no solo era de los religiosos sino de los mismos familiares, porque a menos que Jesús le abra los ojos, todo hombre seguirá siendo ciego.

Los padres dijeron: El es ya grandecito (edad tiene), preguntadle a él. Y ellos fueron y le dijeron al ex ciego que Jesús era un hombre pecador cualquiera, y que no podía haber hecho ese milagro. Y la respuesta que él les dio ha quedado como la mayor evidencia de que Jesús es Dios: Una cosa se, que habiendo yo sido ciego ahora veo, y ese es el testimonio que debe dar todo hijo de Dios que ha nacido de nuevo. Nadie, absolutamente nadie, podrá robarnos la bendición gloriosa de haber sido llamados de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2: 9). Una vez que hemos tenido un encuentro personal con Jesucristo, es imposible que volvamos a tener la ceguera que teníamos. No me vengan con religiones ni con filosofías humanas. Una sola cosa se, que habiendo yo sido ciego ahora veo.

Las religiones y las sectas que carecen de revelación ignoran el poder transformador de Jesucristo. Todos aquellos que tienen solo información bíblica pero carecen de una vivencia real de su poder transformador actuarían como estos fariseos. Ellos, como muchos hoy día, no saben nada acerca de Jesús. Solo poseen información, pero se mantienen ciegos. Y esto es lo maravilloso (verso 30): ustedes no saben de donde viene Jesús, y a mí me abrió los ojos.

El ex ciego de nacimiento fue expulsado de la sinagoga y muchos de nosotros que testificamos del poder transformador de Jesús seremos también expulsados hasta de nuestra propia familia y amistades. Pero cuando el mundo nos expulsa, se acerca Jesús (Verso 35) para darnos una nueva y mayor revelación.

Me acuerdo perfectamente cuando El me preguntó : ¿Crees tu en el Hijo de Dios? Y yo le dije: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Y El me dijo: Pues le has visto y el que habla contigo, El es (Versos 35 al 37). Así que, cualquiera que entienda que es Dios el que ahora mismo le está hablando a través de estas palabras, tendrá la misma respuesta: Le has visto y el que habla contigo, El es......el eterno YO SOY, TU CREADOR.

Nuestra visón evangélica

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