La resurrección de Cristo

Escrito por Emmanuel Díaz. Publicado en Estudios Bíblicos

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Hechos 2:32-36

Introducción.

La resurrección de Cristo no es un acto independiente, desconectado de la cruz. La cruz y la resurrección no deben ser considerados como dos eventos salvíficos separados sino como dos aspectos de un solo acto redentor en Cristo Jesús.

Su relación es clara por el hecho de que los evangelistas presentan los sufrimientos y muerte de Cristo íntimamente conectados con su resurrección, son un evento inseparable (Mt. 16:21; 20:19; Mr. 8:31; 9:31; 10:34; Lc. 9:22; 18:33; 24:7,46). Para el apóstol San Pablo era necesario que el Cristo muriese y que fuese resucitado de los muertos (Hch. 17:3) para ser Señor de los vivos y los muertos (Ro. 14:9). Este evento doble constituye el contenido de la fe de los creyentes (1 Ts. 4:14; 1 Co. 15:3,4). Consideremos el significado de la resurrección y exaltación de Cristo.

I. La resurrección de Cristo no fue un evento que él mismo realizó, sino el resultado de la intervención dinámica del Padre a favor del Hijo.

A. Por lo menos veintitrés veces se dice de Dios que El levantó a Jesús de entre los muertos haciendo la resurrección una acción que Dios el Padre llevó a cabo en la persona de Jesús (véase, por ejemplo, Hechos 2:24,32; 3:15,26; 4:10, etc.).

B. Ocho veces Dios es llamado "el que resucitó", con su gloria (Ro. 6:4) y poder (Ef. 1:19-20; Col. 2:12) a Cristo de los muertos de acuerdo a un plan eterno por el cual se propuso reconciliar consigo mismo todas las cosas (Col. 1:18-20).

II. La importancia de la resurrección de Cristo se evidencia por lo que significó para él en su función salvífica.

A. No importase cuán impresionante y dramática hubiese sido su crucifixión, si hubiera permanecido en la tumba, hubiera sido simplemente otro maestro piadoso.

B. Sus credenciales divinas fueron anticipadas cuando dijo a los judíos: "Destruid este templo, y en tres días lo levantaré" (Jn. 2:19). San Juan añade que Jesús habló del templo de su cuerpo y que cuando resucitó de los muertos, sus discípulos recordaron que él había dicho esto y creyeron (Jn. 2:21-22).

III. Para los evangelistas era necesario no sólo que Cristo sufriese y muriese sino también que se levantase de los muertos (Mt. 16:21; Lc. 9:22).

A. Aunque es cierto que para Mateo y Lucas Cristo era el Hijo de Dios desde el momento de su nacimiento, y para Juan Cristo era el Hijo preexistente, filiación que según Marcos fue anunciada en su bautismo (Mr. 1:11), para Pablo fue a través de su resurrección que Cristo fue declarado Hijo de Dios con poder (Ro. 1:14; Hch. 13:33).

B. Hubiera sido muy difícil creer en la filiación preexistente de Cristo si no hubiera resucitado de los muertos.

IV. El señorío de Cristo también está conectado con su resurrección.

A. Para Pablo, uno de los propósitos de la muerte y resurrección de Cristo fue para que viniese a ser Señor de los vivos y los muertos (Ro. 14:9), señorío que debe ser confesado por toda lengua (Fil. 2:11).

B. Este señorío de Cristo por causa de su resurrección es parte de su exaltación por el Padre por la cual pudo derramar el Espíritu sobre la iglesia (Hch. 2:32-33), llegando a ser su cabeza (Ef. 1:22; Col. 1:18).

C. Pero esta exaltación es más que ser el dispensador del Espíritu y la cabeza de la iglesia: lo coloca sobre todo principado y autoridad, poder y señorío en este siglo y en el venidero (Ef. 1:21; 1 Co. 15:27; 1 P. 3:22; Mt. 28:18; Fil. 2:9-11).

V. La resurrección garantiza la presencia permanente del completo sacrificio de Cristo delante de Dios como una obra intercesora para beneficio de los que creen.

A. En Romanos 8:34, la seguridad de que ninguna acusación cuenta contra los hijos de Dios es afirmada por el hecho dinámico de la triple obra redentora de Cristo, a saber: su muerte, resurrección e intercesión.

B. Por lo tanto, el ministerio sacerdotal de Cristo no se limita a su ofrenda sacrificial en la cruz; continúa para siempre manteniendo un sacerdocio permanente (He. 7:24), que lo habilita, en todo tiempo, para salvar a aquellos que por medio de él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos (He. 7:25).

C. En este texto (He. 7:25) el poder de la función intercesora de Cristo se indica con el tiempo presente del participio "viviendo" y con el adverbio "siempre", los cuales denotan una operación continua y permanente.

D. Es de observarse que el tiempo presente también se usa en 1 Juan 2:1 en referencia al abogado: "Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo."

VI. Por causa de su resurrección Cristo es el juez.

A. Por causa de su resurrección, Cristo es no sólo Señor de los vivos y los muertos (Ro. 14:9), sino también su juez Hch. 10:41-42).

B. La función de Cristo en la economía de la salvación no se limita al perdón de los pecados y la intercesión por aquellos que creen en él, sino que se extiende para demandar una respuesta de aquellos que rechazan su gracia; por lo tanto, es él quien juzgará a los vivos y a los muertos (Hch. 10:41-42) en el día que Dios ha establecido para este fin (Hch. 17:31).

VII. La resurrección de Cristo es muy significativa para el creyente porque es la garantía de su propia resurrección.

A. Al creyente, a quien por causa de la resurrección de Cristo se le ofrece bendición y conversión (Hch. 3:26), luz espiritual (Hch. 26:23), un nuevo nacimiento (1 P. 1:3), arrepentimiento y perdón de pecados (Hch. 5:30), y la seguridad de un intercesor (Ro. 8:34), le es asegurada también su propia resurrección por causa de la resurrección de Cristo.

B. Además de los beneficios redentores que pertenecen a la edad presente está el escatológico de la resurrección final, porque Cristo es la primicia de los que durmieron (1 Co. 15:20), y aquellos que han sido unidos a él en su muerte ciertamente serán unidos a él en su resurrección (Ro. 6:5; 2 Co. 4:14; 1 Ts. 4:14).

Conclusión.

Por lo que hemos visto, entonces, la resurrección de Cristo es importante porque declara el carácter especial de Cristo como Hijo de Dios; lo hace Señor de todo, en esta era y en la por venir; lo confirma como Salvador que puede interceder por aquellos que creen en él, y como el que habrá de juzgar a los vivos y a los muertos. La resurrección de Cristo, además, es muy importante para el creyente porque es la garantía de su propia resurrección.

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"...Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo..." Mateo 28:19