La Deidad de Cristo - Estudio Biblico

Escrito por Francisco Antonio Martinez. Publicado en Estudios Bíblicos

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LA DOCTRINA DELA DEIDAD de Cristo ha sido y sigue siendo uno de los pilares fundamentales de la Iglesia Cristiana. Esta doctrina ha sido creída por la mayoría de los cristianos a lo largo de los siglos por considerarla como una enseñanza de profunda raigambre bíblica e indiscutiblemente apostólica.

Las Escrituras dan testimonio de Cristo (Jn. 5:39). Escudriñarlas, por lo tanto, debe de ser la tarea primordial de todo aquel que desea saber a cabalidad quién es Jesucristo. Es, pues, el propósito de este estudio investigar lo que la Biblia dice tocante a Cristo y en la base de dicha investigación establecer algunas diferencias entre la llamada «nueva cristología» y la cristología de las Escrituras.

Las Primeras Herejías Cristológicas

DESDE MUY TEMPRANO en su historia la iglesia ha sufrido ataques de corrientes contrarias a la fe que profesa. Es cierto que el cristianismo ha vivido siempre en medio de gran oposición. Con todo eso, el mayor daño que la iglesia ha sufrido no ha sido causado por ataques externos, aunque sin duda éstos han sido grandes, sino más bien producidos por la infiltración de doctrinas contrarias a la Palabra de Dios y a los postulados del Evangelio.

Los ebionitas

Estos consideraban  a Cristo como una criatura y además negaban Su concepción virginal. Aquellos de tendencia filosófica especulativa que consideraban a Jerusalén como el centro del mundo religioso, practicaban un ascetismo estricto, consideraban a Cristo como una criatura pero como el Señor de los ángeles y al Espíritu Santo como un ángel de sexo femenino que acompañaba a Cristo.

Esta corriente del cristianismo primitivo  tenían una cristología "baja", es decir que los cristianos primitivos afirmaban que Jesús era el Mesías ("Cristo"), pero rechazaban su preexistencia, que tuviera naturaleza divina y también negaban su nacimiento virginal.

Los gnósticos

El gnosticismo era una filosofía racionalista con tendencia intelectualmente exclusivista que pretendía dar una respuesta a la interrogante de la existencia del mal y al origen del universo. Los gnósticos consideraban la fe como algo inferior. La gnosis por ser un alto nivel de conocimiento era el canal de la salvación. Para los gnósticos, sin embargo, la gnosis no era un conocimiento intelectual adquirido mediante un esfuerzo  mental, sino que era algo de origen sobrenatural. La gnosis era en sí producto de la revelación divina. Para los gnósticos, ese conocimiento adquirido, supuestamente por revelación, es en sí redención perfecta.

En cuanto a Cristo, los gnósticos decían que era una emanación o eón salido de Dios. Por medio de ese eón (el más perfecto de todos) se efectúa el regreso del mundo material sensible al mundo ideal que está más allá de los sentidos. Los gnósticos lograron introducirse en la iglesia cristiana porque aparentaban tener una alta estimación hacia Cristo, pero en el último análisis creían que el Señor vino sólo a disipar la ignorancia. Los maestros de esta secta ponían el énfasis sobre las enseñanzas de Cristo, dándole poca importancia a la Persona y la obra de Jesús.

Los docetas

Los docetas afirmaban que el nacimiento, el cuerpo, los sufrimientos y la muerte de Cristo fueron solamente una apariencia ilusoria. Cristo sólo asumió forma visible como una visión transitoria para revelarse a Sí mismo a los sentidos naturales del hombre.

Los docetas afirmaban que el nacimiento, el cuerpo, los sufrimientos y la muerte de Cristo fueron solamente una apariencia ilusoria. Cristo sólo asumió forma visible como una visión transitoria para revelarse a Sí mismo a los sentidos naturales del hombre.

En resumen, el Redentor no era ni hombre real ni Dios absoluto, según la herejía de los docetas. Ni murió en la cruz ni resucitó de los muertos. Como es de esperarse, los docetas también negaban una segunda venida corporal y judi‐cial de Cristo a la tierra. Estos conceptos paganos de cristología se infiltraron en la iglesia cristiana a principios del siglo II de nuestra era, si no antes, y causaron gran confusión en la mente de muchos. Sólo la apologética y la exposición bíblica de hombres como  Ireneo, Justino  Mártir, Tertuliano, Hipólito, y otros lograron ahuyentar el peligro que se cernía sobre la iglesia en aquella etapa temprana de su historia.

Arrianismo

Arrio enfáticamente sostenía que Cristo era de una sustancia diferente a la del Padre y, por lo tanto, no era Dios en el sentido estricto de la Palabra. Es más, para Arrio, el Logos, es decir, Cristo no poseía un alma humana, de modo que no era verdadero hombre. Tampoco era verdadero Dios, ya que no poseía ni la esencia ni los atributos que pertenecen a la absoluta deidad.

LA CRISTOLOGIA DELOS REFORMADORES

La teología de Martín Lutero era eminentemente cristo céntrica. El gran reformador abrazó el dogma cristológico de la iglesia primitiva. Para él no había otro Dios fuera de Cristo. Lutero afirmó que Jesucristo es verdadero Dios, nacido del Padre en la eternidad, y también verdadero hombre, nacido de la virgen María. Reconoció la coexistencia de las dos naturalezas en la Persona de Cristo. Lutero enfatizaba el hecho de que Cristo es una sola persona y que no  sólo Su naturaleza humana sufrió en la cruz, sino la totalidad de Su persona.  Martín Lutero enfatizaba, además, la verdadera humanidad de Cristo. El gran reformador reconocía la existencia de una estrecha relación entre la Persona y la Obra de Cristo. Tal vez, su comentario sobre el texto de Juan 1:14 expresa de manera elocuente el pensamiento de Lutero mejor que cualquier otra cosa que pudiese decirse

Comentando Juan 1:1, Lutero expresa:

Cuando Dios creaba a los ángeles, el cielo, la tierra y todo lo que contiene, y todas las cosas comenzaron a existir, el Verbo ya existía. ¿Cuál era su condición? ¿Dónde estaba El? A eso San Juan da una respuesta tan buena como lo permite el tema: «El era con Dios, y El era Dios.» Eso equivale a decir: El era con Dios y por Dios; El era Dios en sí mismo; El era el Verbo de Dios. El Evangelista claramente distingue entre el Verbo y la Persona del Padre. Hace énfasis en el hecho de que el Verbo es una Persona distinta de la Persona del Padre.

La cristología de Calvino

Juan Calvino fue, sin duda, el gran teólogo de la Reforma. Su obra cumbre, Institución de la Religión Cristiana, dio expresión a la teología reformada y ha servido de base para muchos estudios posteriores

Respecto a la afirmación que «el Verbo fue hecho carne» (Jn. 1:14), no hay que entenderla como si se hubiera convertido en carne, o mezclado confusamente con ella; sino que en el seno de María ha tomado un cuerpo humano como templo en el que habitar; de modo que el que era Hijo de Dios se hizo también hijo del hombre; no por confusión de la sustancia, sino por unidad de la Persona. Porque nosotros afirmamos que de tal manera se ha asumido, que cada una de estas dos naturalezas retiene íntegramente su propiedad, y sin embargo ambas constituyen a Cristo.

Evidencias Bíblicas Tocante a la Deidad de Cristo

LA BIBLIA PRESENTAA JESUCRISTO COMO EL HIJO DE DIOS

El testimonio de las Escrituras tocante al uso de la expresión «hijo de Dios» (Mt. 3:16–17). Indudablemente la voz que fue escuchada por el bautizador fue la del Padre celestial quien se refiere a Jesús, llamándolo «mi Hijo, el amado». La misma expresión ocurre en Mateo 17:5, cuando en el monte de la Transfiguración el Padre habla de nuevo para decir: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd». Es evidente que la expresión «mi Hijo amado», usada en Mateo 3:17 y 17:5, guarda una relación muy estrecha con el Salmo 2:7, donde Jehová dice: «Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: «Mi hijo eres Tú; Yo te he engendrado hoy.»» La referencia a Jesús en el Salmo 2:7 es confirmada por los escritores  del Nuevo Testamento (véanse Hch. 13:33 y He. 1:5). El énfasis en dicha expresión tiene que ver con la relación especial entre Jesús y el Padre.

No sólo el Padre Celestial reconoce a Jesús como «el Hijo amado», sino que el mismo Satanás está consciente de esa relación. En Mateo 4:3, 6

LA BIBLIA PRESENTAA CRISTO COMO EL HIJO DEL HOMBRE

La expresión «el Hijo del Hombre» aparece unas 55 veces en los evangelios y una vez en Hechos 7:56. Con la excepción de Juan 12:34 y Hechos 7:56, sólo Jesús usa dicha frase, siempre con referencia a Sí mismo y en la tercera persona.

La expresión «el Hijo del Hombre» ha sido clasificada en tres categorías distintas, según aparece en los evangelios sinópticos:

1. Referencias relacionadas con las actividades del ministerio terrenal del Hijo del Hombre (Mr. 2:8, 28; Lc. 7:34; 9:58; 19:10).

2. Referencias tocante a los sufrimientos, muerte y resurrección del Hijo del Hombre (Mr. 8:31; 10:45; 14:21, 41).

3. Referencias relacionadas con la venida futura, la exaltación y los juicios del Hijo del Hombre (Mr. 8:38; 13:26; 14:62; Lc. 12:8–12, 35–40; 17:22–30, 18:8; Mt. 10:23; 19:28)

LA BIBLIA CONFIEREA CRISTO EL NOMBRE DE DIOS

La Bibliapresenta a Jesús como el Hijo de Dios lo cual constituye una declaración de Su absoluta deidad. También lo presenta como «el Hijo del Hombre», identificándolo, por un lado, con la autoridad soberana que como Mesías ha de ejercer cuando venga por segunda vez a la tierra con poder y gran gloria. La Palabra de Dios, además, confiere a Jesús el  nombre de Dios. En el relato de la anunciación del nacimiento de Cristo, San Mateo cita al profeta Isaías: (Mt. 1:23) La persona en quien se cumple la profecía de Isaías es concebido virginalmente en el vientre de María, es llamado el Unigénito Hijo de Dios, el Hijo del Hombre, Enmanuel, es decir, Dios con nosotros

Uno de los pasajes más significativos referente al tema de la deidad de Cristo es, sin duda, Filipenses 2:5–11. En este pasaje, Pablo escribe acerca del origen celestial de Cristo, Su relación con la deidad en la eternidad, Su encarnación, Su humillación y muerte en la cruz, y Su subsecuente exaltación a la gloria. Pablo comienza diciendo:

De quienes son los patriarcas y de los cuales, según la carne, vino el Cristo, el cual es Dios sobre  todas las cosas, bendito por los siglos. Amén (Ro. 9:5).

Un pasaje de indiscutible importancia relacionado con el tema de la deidad de Cristo aparece en el libro de los Salmos 45:6. En este texto, Dios el Padre se dirige al Hijo, llamándolo «Dios»: «Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre, cetro de justicia es el centr0 de tu reino.» Este mismo pasaje es citado por el escritor de la epístola a los Hebreos para demostrar la preeminencia de Cristo. Según el autor de la mencionada epístola, Jesús es preeminente por las siguientes razones:

1) Es el heredero de todo,

2) es el creador del universo,

3) es la revelación absoluta de Dios,

4) ha purificado a Su pueblo de pecado,

5) ha sido exaltado a la diestra del Padre,

 6) como Hijo, tiene que ser de la misma naturaleza con el Padre celestial, y

7) es específicamente llamado Dios por el Padre Celestial: «Mas del Hijo dice: «Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino»» (He. 1:8)

Cristo es omnipotente

Solamente Dios puede poseer ese atributo.  Apocalipsis 1:7–8, Jesús tiene autoridad y soberanía sobre todo el universo (Ap. 4:8; He. 1:3; Col. 1:7).

Cristo es omnisciente

Otro atributo de deidad que Cristo posee es el de omnisciencia, es decir, nada escapa a Su conocimiento. Colosenses 2:3: La mujer samaritana confesó:

Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo? (Jn. 4:29).  Jesús jamás había visto a la mujer samaritana hasta el día en que se encontró con ella junto al pozo de Jacob.. Este es un ejemplo singular de que Jesús poseía el atributo de la omnisciencia. Esta verdad se hace evidente también en las palabras de Juan 2:25: «… y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre». Jesús sabía las dudas de Tomás (Jn. 20:24–28); sabía que Lázaro había muerto (Jn. 11) y conocía perfectamente los pensamientos secretos de Sus adversarios (Mt. 9:4). ¿Cómo podría cosa semejante ser posible si el Señor no fuera omnisciente?

Cristo es omnipresente

Otro atributo que Cristo posee es el de omnipresencia. Cristo tiene el poder de estar en todas partes al mismo tiempo en la absoluta intensidad de Su Persona. En Juan 3:13, Jesús declara Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del Hombre que está en el cielo. El Señor confiesa que El está simultáneamente en la tierra y en el cielo. En Mateo 18:20, Cristo prometió a Sus discípulos, estas siempre con ellos. De igual modo, Jesús prometió estar con los suyos «todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt. 28:20).

Cristo es inmutable

La Bibliaatribuye a Cristo la característica de inmutabilidad. Dios el Padre es inmutable (Stg. 1:17).  El no cambia en Su esencia, es decir, lo intrínseco de Su ser permanece inalterable. Dios el Hijo también es inmutable. En hebreos 1:10–12 dice:

El contexto de este pasaje gira alrededor de la Persona de Cristo. La superioridad del Hijo es presentada por el autor de la epístola. El Hijo es superior a los ángeles, porque El es Dios (He. 1:7, 8). También es superior a la creación, porque El es el Creador de todas las cosas (1:9, 10). La creación cambia y se envejece, pero el Hijo, siendo Dios, es inmutable. Su esencia jamás cambia.

La misma Epístola a los hebreos 13:8, dice: Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.

Cristo es impecable

Uno de los aspectos de la vida de Jesús que más ha asombrado a los hombres ha sido Su absoluta santidad e impecabilidad. La Biblia afirma repetidas veces que Jesús es santo. En hebreos 7:26–27, El mismo escritor subraya la impecabilidad de Cristo, diciendo: Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado (He. 4:15).

Del mismo modo el apóstol Juan escribió: «Y sabéis que El [Cristo] apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en El» (1.a Jn. 3:5)

Durante su ministerio terrenal, Jesús retó a los líderes religiosos de Israel, diciéndoles: «¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?» (Jn. 8:46). Aún los demonios reconocieron que Jesús era el «Santo de Dios» (Mr. 1:24).

El apóstol Pablo afirma que «al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él» (2.a Co. 5:21). Sólo un Cristo impecable podía ofrecerse a sí mismo como expiación por hombres pecadores. Así como el cordero pascual tenía que ser absolutamente santo y sin mancha (1.a P. 1:18–20; 2:22).

El apóstol Juan, refiriéndose a la visión del profeta Isaías (6:1–3), afirma que Aquel de quien los serafines hablaron, diciendo: «Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos», era nada menos que el propio  Señor Jesucristo. Juan dice: «Isaías dijo esto cuando vio su gloria y habló acerca de El» (Jn. 12:41). En resumen, el testimonio de las Escrituras es enfático. Cristo fue y sigue siendo impecable (He. 13:8). Su santidad es incuestionable. Tal característica es una demostración de que Jesús es una Persona divina.

Cristo es eterno

Cristo no comenzó Su existencia el día de Su nacimiento en Belén de Judea. Como la segunda persona de la Trinidad, Jesucristo ya era desde la eternidad. El profeta Miqueas, al hablar de la venida del Mesías al mundo, dice:

Pero tú Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti saldrá el que será Señor en Israel, y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad (Mi. 5:2).

El profeta Miqueas enfatiza el hecho de que el Mesías que nacería de la tribu de Judá, no sólo sería el Señor de Israel sino alguien que existe desde el principio, es decir, desde la eternidad. Esa profecía de Miqueas fue citada por los escribas, cuando Herodes les preguntó dónde nacería el Cristo (Mt. 2:4–6).

Los judíos rehusaban creer en el Señor, afirmando que por ser hijos de Abraham serían bendecidos detodas maneras (Jn 8:33). Jesús les responde que en realidad son hijos del diablo (Jn 8:44) y que morirán en sus pecados si no creen en El (Jn 8:45). Fue a raíz de esa discusión que Jesús dijo a los judíos: «De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy» (Jn. 8:58).

Los judíos reclamaban que Abraham era el padre espiritual así como el progenitor de la nación judía. Jesús les señala que «Abraham se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó» (Jn. 8:56). Al escuchar esas palabras, los judíos se asombraron de que Jesús pudiese haber visto a Abraham ya que, según ellos, Jesús aún no tenía 50 años (Jn 8:57). Fue ahí donde Jesús afirma Su carácter eterno, usando una frase que sólo corresponde a Dios. El Señor no indica meramente que Su existencia precedía a la de Abraham, sino que El tiene existencia eterna en el mismo sentido en que Dios la tiene

El apóstol Pablo escribió en Colosenses 1:17 que «El es antes de todas las cosas, y todas las cosas en El subsisten». El apóstol Juan, en el prólogo de su evangelio, afirma que el Verbo (Cristo) era en el principio con Dios (Jn. 1:2). Cristo hizo referencia a la gloria que tuvo con el Padre antes de que el mundo fuese (Jn. 17:5). El profeta Isaías, escribiendo tocante a la venida del Mesías, dice que «un niño nos es nacido, Hijo nos es dado» (Is. 9:6). El niño nace, pero el Hijo es dado. El Hijo existía con el Padre antes de Su venida al mundo. Es por eso que Pablo dice que, «cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo…» (Gá. 4:4). El Hijo existía desde la eternidad.

CRISTO POSEE PRERROGATIVAS QUE SOLO PERTENECEN A DIOS

La Bibliano sólo otorga a Cristo los atributos de la deidad, sino que también le concede prerrogativas que son exclusivas de Dios.

Cristo tiene autoridad para perdonar pecados

En el capítulo 2 del Evangelio según San Marcos, se relata que Jesús sanó a un paralítico. Antes de efectuar la sanidad, Cristo dijo al enfermo: Hijo, tus pecados te son perdonados (Mr. 2:5).

Los judíos presentes se asombraron al oír aquella declaración, y dijeron:

¿Por qué habla este hombre así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios? (Mr. 2:7).

Los judíos reconocieron que Jesús estaba ejerciendo una prerrogativa que sólo corresponde a Dios. En Marcos 2:10, Jesús declara que El posee esa autoridad:

Cristo es adorado como Dios

Lo cierto es que Jesús aceptó el ser adorado como solamente Dios debe ser adorado. Los sabios del Oriente, cuando vinieron a ver al rey que había nacido «postrándose lo adoraron» (Mt. 2:11). Los discípulos que estaban a punto de perecer en el mar de Galilea y fueron rescatados por el Señor «… vinieron y le adoraron, diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios»» (Mt. 14:33). El ciego de nacimiento a quien Jesús sanó, también se postró y adoró al Señor (Jn. 9:38). Las mujeres a las que Jesús se manifestó  después de Su resurrección, «… abrazaron sus pies y le adoraron» (Mt. 28:9). Antes de Su ascensión a la gloria, Jesús se reunió con Sus discípulos en el monte de los Olivos y ellos le adoraron (Lc. 24:52).

Cristo es el Creador y Sustentador de todas las cosas

La Bibliadice que: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (Gn. 1:1). De modo que, para el estudiante de las Escrituras, el universo es el resultado del poder creador de Dios. En Juan 1:3, esa obra es atribuida al Verbo, es decir, a Jesucristo: «Todas las cosas por él fueron hechas, y sin El nada de lo que ha sido hecho fue hecho.» El Verbo es el Creador, de otro modo se caería en el absurdo de pensar que el Verbo se creó a sí mismo.

También, en Colosenses 1:17, dice: «Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.» Cristo no es tan sólo el Creador, sino también el sustentador de todas las cosas. «El sustenta todas las cosas con la palabra de su poder» (He. 1:3). Cristo es el sustentador por cuanto as el preservador de todo lo que El mismo creó.

Los poderes divinos ejercidos por Cristo:

1. Poder sobre las fuerzas de la naturaleza (Mt. 14:26–29; 15:34–36; 21:19).

2. Poder sobre las fuerzas del mal (Mt. 8:32; 12:28).

3. Poder sobre las fuerzas del cielo (Mt. 13:41).

4. Poder para sanar a los enfermos (Mt. 4:23; 8:3, 7).

5. Poder para resucitar a los muertos (Mt. 9:25; 20:19; 26:61).

6.  Poder para juzgar a la humanidad (Mt. 7:21; 12:31–32; 13:30; 23:2–8).

7. Poder para perdonar pecados (Mt. 9:2).

8. Poder para condenar y dictar sentencia sobre los pecadores no arrepentidos (Mt. 23:13–16, 27).

9. Poder para dar galardones cuando venga otra vez a la tierra (Mt. 5:11–12; 10:42; 13:43; 19:29; 25:34–36).

10. Poder para dar poder (Mt. 10:1, 8; 28:20).

11. Poder para proveer completo y perfecto acceso al Padre (Mt. 11:27).

12. Poseedor de todo poder (Mt. 28:18).

Al leer estos pasajes, es inevitable reconocer con el apóstol Juan que: «Este es el verdadero Dios y la vida eterna» (1.a Jn 5:20). Jesús se auto identificó como la vida (Jn. 11:25; 14:6). Afirmó, además, tener la autoridad para dar vida eterna a otros (Jn. 10:28) y ser el único camino de acceso al Padre (Jn. 14:6). También, Jesús afirmó tener autoridad para resucitar a los muertos en el día postrero (Jn. 6:40). Todas estas prerrogativas y poderes sólo pueden ser ejercidos por alguien que sea Dios.

Cristo se presenta a la iglesia en Laodicea como el «Amén», porque El es el cumplimiento de todas las promesas de Dios. Cristo es el «testigo fiel y verdadero» en contraste con todo lo que es falso y vano. Cristo es «el principio [soberano] de la creación de  Dios» porque El es la causa originadora de todo lo creado y El tiene soberanía y potestad sobre toda la creación. Cristo no es el primero (protos) en haber sido creado, sino que El es el regidor (arche) de toda la creación.

A través de la Biblia encontramos un gran número de frases y de títulos usados para describir a Cristo. Pero todas esas frases y títulos enfatizan de una manera clara la deidad de nuestro Señor. He aquí algunos ejemplos:

1. El primogénito de entre los muertos (Ap. 1:8).

2. El Alfa y la Omega (Ap. 1:8).

3. El principio y fin (Ap. 1:8).

4. El Todopoderoso (Ap. 1:8).

5. El que tiene las llaves de la muerte y del Hades (Ap. 1:18).

6. El primero y el último (Ap. 2:8).

7. El que estuvo muerto y vivió (Ap. 2:8).

8. El que tiene la espada aguda de dos filos (Ap. 2:12).

9. El Hijo de Dios (Ap. 2:18).

10. El que tiene los siete espíritus de Dios (Ap. 3:1).

11. El Santo (Ap. 3:7).

12. El Verdadero (Ap. 3:7).

13. El que tiene la llave de David (Ap. 3:7).

14. El que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre (Ap. 3:7).

15. El Amén (Ap. 3:14).

16. El Testigo Fiel y Verdadero (Ap. 3:14).

17. El principio (Soberano) de la creación de Dios (Ap. 3:14). 89

18. El Verbo de Dios  (Ap. 13:19)

19. El Sustentador de todas las cosas (He. 1:3).

20. El Heredero de todo (He. 1:3).

21. El Autor de la vida (Hch. 3:15).

22. La Luz Verdadera (Jn. 1:9).

23. La imagen del Dios invisible (Col. 1:15).

24. El Rey de reyes y Señor de señores (Ap. 19:16).

25. Dios (He. 1:8; Jn. 1:1; 20:28).

Bibliografía.

La deidad de Cristo, de Evis Carballosa,  1982 por Editorial Portavoz,

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