El poder de la justicia - Parte I

Escrito por José N. Briceño Aldana. Publicado en Estudios Bíblicos

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INTRODUCCIÓN

Romanos 3:21.31.  1ª Corintios 6:9.11. 

“Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. ¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? Ciertamente, también de los gentiles. Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión. ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley”. (Romanos 3:21.31)

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él”. (2ª Corintios 5:21)

Es muy poco lo que la Iglesia sabe acerca de la justicia y de lo que se relaciona con ella. Muchos confunden la justicia con la santidad; otros piensan que la justicia, desde el punto de vista teológico, tiene que ver con la vida de integridad o de equidad, concepción totalmente contraria a la que registran las Escrituras.

Otros admiten que la justicia en el hombre regenerado se mide y tiene que ver con el motivo del corazón, lo cual es totalmente falso; el motivo juzga las obras de pecado, pero no juzga ni pone en tela de juicio el estado de justicia que hay en el hombre regenerado. No son los buenos motivos o malos motivos los que les dan propiedad o cercenan la justicia de Dios en un hombre justificado.

La justicia es un estado o posición que el hombre llega a alcanzar y a obtener por gracia en la fe que depositó en el sacrificio de Jesús, por esta razón, nunca debemos usar el concepto de justicia desde el punto de vista secular para definir teológicamente la Justicia Divina.

Analizando la posición que hay en el seno de la Iglesia concerniente a la Justicia Divina, creo que necesitamos volver al tiempo de la Reforma,  que se levanten reformadores para defender y darle ubicación a la justicia de Dios dentro de la Iglesia Cristiana. El pensamiento y la posición que tiene el liderazgo concerniente a la justicia divina en nuestros tiempos es vago,   superfluo, tradicional, muy apegado al pensamiento y a las creencias de la iglesia católica, por ende es totalmente anti bíblico.

El tema de la Justicia y lo relacionado con ella fue lo que defendieron los reformadores tales como: Juan Huss, Martín Lutero, Juan Calvino, entre otros. Sus luchas estuvieron enfocadas sobre todo en contra de las indulgencias, las beatificaciones, los credos, las adoraciones a las imágenes, el estado de inmaculado a las vírgenes, el bautismo en el estado de la inocencia, el acto de transustanciación con los elementos de la cena, entre otros. Parte de estas creencias están dentro del seno de la Iglesia Cristiana, las cuales hay que erradicar. Pasemos e analizar algunas de ellas para que notemos la semejanza.

Las indulgencias: Esta enseñanza emergió de la disciplina o de penitencia que se hacían como pagos por culpas de los pecados cometidos; se hacía distinción entre la culpa y el pecado. El castigo temporal se requería para una completa absolución de la culpa entendiendo que el pecado era perdonado por Dios mediante Jesús, pero de la culpa se libraba por castigo temporal denominado “penitencia”.

Esto está en contra de la verdad bíblica cuando registra: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte”. (Romanos 8:1.3)

Las indulgencia llegaron a un estado de exageración tal, que se daban por escrito como un documento que te calificaba absuelto de la condenación del infierno estando en vida; era tanta la exageración que a causas de ellas podía librar a un familiar difunto del conocido “purgatorio”. Tales cosas están en contra de la verdad de Dios cuando las Sagradas Escrituras expresan:

“Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que éstos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan”. (Hebreos 9:23.28)

En nuestra época, se está cayendo en el terreno de indulgencias con diferentes prácticas. Pasemos a dar ejemplo del caso:

Pactos como indulgencias: Las Escrituras afirman que Dios es un Dios de pacto, pero Él es el que hace pacto con los hombres, el hombre no está en un nivel para hacer pacto con Dios, el hombre puede hacerle una proposición a Dios y Él es quien decide si dicha proposición pasa hacer un pacto entre Él y la persona que hizo la proposición. Los hombres pactan con sus dioses es en el paganismo, satanismo, politeísmo e idolatría (Jueces 8:33). Según los principios bíblicos, los hombres pueden proponerle a Dios algo pero es Él el que decide si dicha proposición pasa hacer un pacto. Esto fue lo que hizo Jacob ante Dios: propuso en su corazón entregar el diez por ciento de sus bienes, y Dios tomó dicha proposición y la estableció como pacto entre Él y Jacob. Pero se debe tomar en cuenta que dicha proposición, denominada “voto”, la hizo Jacob teniendo como fundamento una palabra que recibió de Dios en sueño, pero Jacob no se inventó un pacto y con él compro el favor de Dios; el favor de Dios ya estaba anticipado y Jacob en agradecimiento levanto un altar, adoró e hizo un compromiso en su proposición en agradecimiento ante Dios.   

“E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti”. (Génesis 28:20.22)

Hacer pactos con Dios, tratando de comprar el favor de Él, es un tipo de soborno y, a su vez, es negar la eficacia de la gracia que se dio mediante la justicia que recibiste por fe en el sacrificio de Jesús. Nuestras bendiciones, desde el punto posesional, están adjudicadas a la capacidad que tengas para recibirlas. Dios conoce la medida de capacidad que tienes para recibir tu herencia, tu legado; de modo que si no hay capacidad, por mucho que pactes ante Él,  de Dios no vas a recibir nada aunque seas heredero de las cosas.

Los pactos se han convertido en un tipo de indulgencia que te da el derecho a recibir de Dios las cosas aunque no haya capacidad para recibir lo que demandaste en el pacto que hiciste. Tratar de comprar el favor de Dios o lo relacionado a Él, es aborrecido por Dios hasta el punto que te puede llevar a vivir lejos del favor de Él. Esto fue lo que quiso hacer Simón el mago: trató de comprar el don del Espíritu, acto que fue aborrecido por el apóstol Pedro, y sin lugar a dudas también lo fue por Dios.

“Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; 15los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; 16porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. 17Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. 18Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, 19diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. 20Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. 21No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. 22Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; 23porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás. 24Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí. (Hechos 8:14.24)

Lo que se recibe de Dios en un acto de gracia no se paga ni antes ni después de recibirlo, gracia es un don inmerecido que se dio por misericordia, y lo que se recibe por gracia ni se compra ni se vende. Por querer ser recompensado por los hombres a causa de un favor recibido por Dios, Giezi -el criado de Eliseo- cayó en un terreno de desgracia, él quiso ponerle precio a lo que se recibe por gracia. Este fue un acto aborrecido por el profeta, ya que a Él se le ofreció un pago por el milagro y él, conociendo la misericordia de Dios que se manifestó en gracia para con Naamán, descartó dicha posibilidad.

“Y volvió al varón de Dios, él (Naamán) y toda su compañía, y se puso delante de él (Eliseo), y dijo: He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Te ruego que recibas algún presente de tu siervo. 16Mas él dijo: Vive Jehová, en cuya presencia estoy, que no lo aceptaré. Y le instaba que aceptara alguna cosa, pero él no quiso…”  (2º Reyes 5:15:17)

“…Entonces Giezi, criado de Eliseo el varón de Dios, dijo entre sí: He aquí mi señor estorbó a este sirio Naamán, no tomando de su mano las cosas que había traído. Vive Jehová, que correré yo tras él y tomaré de él alguna cosa. 21Y siguió Giezi a Naamán; y cuando vio Naamán que venía corriendo tras él, se bajó del carro para recibirle, y dijo: ¿Va todo bien? 22Y él dijo: Bien. Mi señor me envía a decirte: He aquí vinieron a mí en esta hora del monte de Efraín dos jóvenes de los hijos de los profetas; te ruego que les des un talento de plata, y dos vestidos nuevos. 23Dijo Naamán: Te ruego que tomes dos talentos. Y le insistió, y ató dos talentos de plata en dos bolsas, y dos vestidos nuevos, y lo puso todo a cuestas a dos de sus criados para que lo llevasen delante de él. 24Y así que llegó a un lugar secreto, él lo tomó de mano de ellos, y lo guardó en la casa; luego mandó a los hombres que se fuesen. 25Y él entró, y se puso delante de su señor. Y Eliseo le dijo: ¿De dónde vienes, Giezi? Y él dijo: Tu siervo no ha ido a ninguna parte. 26El entonces le dijo: ¿No estaba también allí mi corazón, cuando el hombre volvió de su carro a recibirte? ¿Es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas? 27Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu descendencia para siempre. Y salió de delante de él leproso, blanco como la nieve”. (2º Reyes 5:20.27)

Si recibir las bendiciones de Dios en el aspecto posicional fuera cuestión de pacto, violaríamos el principio que está en la Palabra que dice que lo mucho que vas a recibir de Dios, se debe a lo fiel que fuiste en lo poco. Por lo consiguiente, no son los pactos o lo que pactes con Dios, lo que determina que seas bendecido posicionalmente, es la fidelidad o lo fiel que hayas sido ante Dios.

Lo otro que hay que tomar en cuenta es que el que pacta pone condiciones al sujeto con quien se hace el pacto, condiciones que se deben cumplir al pactante para que el pacto quede ratificado y se pueda recibir así las promesas del pacto. Si soy yo, como persona, el que pacta con Dios, sería yo quien tendría que ponerle a Dios las condiciones que Él tendría que cumplir para que a su vez Él me bendijera. Todo esto es contra producente, porque el menor no pacta con el mayor, es Dios quien pacta.

Lo otro que hay que tomar en cuenta es lo dicho por el apóstol Pablo cuando dijo que nunca demos por necesidad, porque Dios bendice al dador alegre. Si al pactar lo hago con el fin de alcanzar el favor de Dios para que mis necesidades sean resueltas, se quebrantaría este principio que presentó el Apóstol.

“Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. 7Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”. (2ª Corintios 9:6.7)

La justicia y los beneficios de ella se dan por pura gracia y no por obras. Mi bendición posicional no depende de lo que haga, aunque mi posesión está adjudicada al motivo correcto del corazón producto de la formación que he tenido en el conocimiento de la Palabra. Que la bendición llegue  no es cuestión de pactos, sino de la formación de un carácter.

El acto de hacer pactos con Dios se deriva de algunos pasajes que en nuestras traducciones se transcribieron en una forma incorrecta, y es el caso del Salmo 50:5 y Esdras 10:3. Pasemos analizar.

“Mientras oraba Esdras y hacía confesión, llorando y postrándose delante de la casa de Dios, se juntó a él una muy grande multitud de Israel, hombres, mujeres y niños; y lloraba el pueblo amargamente. 2Entonces respondió Secanías hijo de Jehiel, de los hijos de Elam, y dijo a Esdras: Nosotros hemos pecado contra nuestro Dios, pues tomamos mujeres extranjeras de los pueblos de la tierra; mas a pesar de esto, aún hay esperanza para Israel. 3Ahora, pues, hagamos pacto con nuestro Dios, que despediremos a todas las mujeres y los nacidos de ellas, según el consejo de mi señor y de los que temen el mandamiento de nuestro Dios; y hágase conforme a la ley…”. (Esdras 10:1.3)

En el caso que está registrado en Esdras, el texto en su original dice: “Ahora pues volvamos a los pactos de nuestro Dios” de no tomar mujeres extranjeras como nos los dijo en su pactos dándonos mandamientos. Este pacto que violó Israel como pueblo, de lo cual hace mención el libro de Esdras, está registrado en Deuteronomio 7:1.9. Leamos y analicemos el pasaje.

“Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra en la cual entrarás para tomarla, y haya echado de delante de ti a muchas naciones, al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, siete naciones mayores y más poderosas que tú, 2y Jehová tu Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás del todo; no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia. 3Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo…Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones;…”

En el caso del Salmo 50:5 que dice: “Los que hicieron conmigo pacto con sacrificio…” 

En el caso escrito en este Salmo se le da el mismo sentido, pero en el aspecto positivo de lo que está escrito en Esdras. Lo que registra el Salmo en su original es: “Los que cumplieron mis pactos en medio del sacrificio”

Otro tipo de indulgencia es lo que tradicionalmente se conoce en nuestras congregaciones como las llamadas “disciplinas”. Este acto dentro de la Iglesia Cristiana se conoce como “el purgatorio protestante”. En nuestra mentalidad está el pensamiento católico de que el pecado es perdonado por Dios mediante su hijo, pero la culpa de la restauración de ese pecado está en el tiempo que tenga el transgresor en penalidad, inactivo, a merced del testimonio delante de la audiencia cristiana, divulgando de alguna manera una falta que ante el tribunal de Dios fue perdonada y no es tomada en cuenta.

Entiendo que por causas éticas y morales para guardar el testimonio del Evangelio y los principios de la Iglesia, si el pecado de un creyente fue a luz pública, a vox populi, a dicho creyente se debe negar la participación en la administración y ministración en el seno de la congregación de los santos, pero debe hacerse por causa de principios, y no como penalidad por dicha falta.

Otro tipo de indulgencia es tratarse de ganar el cielo o evitar ir al infierno, después de ser justificado, por obras o prácticas de santidad. Las Escrituras dicen que la obra de regeneración en el hombre en Cristo fue completa y no hay obras de justicia que podamos hacer para complementar el acto de regeneración. Cuando hagamos un estudio de los incidentes que se dieron por causa de la obra vicaria en el misterio del cambio, daremos mayores detalles del asunto.

“porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”.  (Hebreos 10:14)

El estado de Justicia es tan completo en el hombre regenerado, que en nivel de justicia es tan justo como lo es Dios, es decir “Es tan justo que ni siquiera Dios es más justo que él”. Muy pocos entienden esta verdad, por desconocer el tema de la justicia, verdad que estoy dispuesto a demostrar en este estudio. 

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"...Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo..." Mateo 28:19