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El fruto del espíritu santo

Introducción

En este estudio, el Espíritu Santo nos guiará a ver más bien lo que somos que lo que hacemos. A través de la obra del Espíritu, Dios nos guiará para que lleguemos a ser la expresión de su gloria. Él desea imprimir en nosotros su carácter, lo que Él es, en y a través nuestro.

Dios desea usar los dones y talentos que nos ha otorgado:

“Podemos ser mucho por lo que hacemos pero podemos ser deficientes por lo que somos”.

Necesitamos aprender a vivir lo que creemos, poner en práctica la Palabra de Dios y así llevar fruto y llegar a ser como Él en la vida diaria.

El fruto es el carácter de Cristo producido en nosotros, para que podamos demostrarle al mundo como Él es.

El fruto del Espíritu se compone de varias cualidades de carácter, pero es un fruto; no puede ser separado, es una sola cosa. Puede resumirse en la palabra AMOR.

Así como una naranja está cubierta y protegida por una cáscara exterior, el amor es la dimensión unificadora del fruto espiritual.

El fruto es entonces el carácter de Cristo: SU AMOR, SU BONDAD, SU PUREZA, SU PAZ, SU MANSEDUMBRE, SU TEMPLANZA, SU PACIENCIA, SU GOZO Y SU PAZ.

Todas estas características van siendo reproducidas a medida que el cristiano se somete a la guía del Espíritu Santo que vive en él.

Cristo crucificado es la vid verdadera, y obtuvo nuestra justicia y vida eterna para todos aquellos que le aceptan como su Salvador viviente.

Y en esa cruz Él sepultó las características de nuestra vieja naturaleza, (Las obras de la carne, Gálatas 5:19-20), y conquistó con su muerte y resurrección una nueva vida en Cristo Jesús (el fruto del Espíritu, Gálatas 5:22-23).

Nuestra vida es como un huerto o un jardín

Lecturas

(Gálatas 6:7-8; Mateo 7:16-20).

¿Si plantas una rosa que crecerá?
¿Si plantas una semilla de maíz, qué cosecharás?
¿Si plantas una papa?

Es una ley natural, pero es una lección que nos puede hacer ver qué clase de semilla estamos sembrando.

Si descuidamos el huerto o el jardín, comenzarán a crecer las malezas, y entonces puede ocurrir que no sólo las dejemos crecer sino también las fertilizamos.

¿Qué significa esto?

Hablamos de practicar las obras de la carne. Pidámosle a Dios que él nos ayude a llevar fruto, porque dice (Gálatas 5:21); que los que practican tales cosas no heredarán el Reino de Dios.

 Hay una lucha espiritual, una batalla que se libra entre nuestra vieja naturaleza carnal y la naturaleza divina (Gálatas 5:16-17).

Muchas veces vemos en nuestra vida como si Dios hubiera pasado con sus tijeras de podar y queda nuestra planta sin hojas, ni ramas, nada, solo el tronco; más nuestro sabio Dios sabe que es necesario, pues una cuidadosa poda producirá abundante fruto.

Compare estos pasajes:

Gálatas 5:19-21 // Gálatas 5:22-23
Romanos 1:29-31 // 1 Corintios 13:4-7
Efesios 4:17-32 // 2 Pedro 1:5-7
Gálatas 5:15

Es un contraste entre la vieja naturaleza y la nueva.

Jesús nos trajo su muerte y su vida, las dos cosas.

Así como él murió al pecado y ahora vive para Dios, nosotros debemos aceptar por fe que estamos muertos al pecado y que vivimos para Dios.

El poder de su muerte puede manifestarse en nosotros en tanto que el Espíritu Santo mortifica constantemente las obras de la carne.

Acerca Melvin de Jesús Santos

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