Decisiones que determinan su éxito o
fracaso
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Salió airado con su esposa. Había tenido una
discusión comenzando la mañana. No esperaba
que fuera así. Todo por una trivialidad: lo
caliente que estaba el café en el desayuno.
“¿No pudiste siquiera ponerlo a enfriar? Por
si acaso, digo.” |
Esas pocas palabras, diez para ser más
exactos, desencadenaron una tremenda
discusión. Jamás imaginó que pasaría. Y
Ricardo, presa de la ira, tomó una maleta,
empacó sus pertenencias y ahí estaba, en el
carro, sin rumbo fijo. Estaba arrepentido.
Su decisión había sido totalmente
equivocada…
En otro lugar, distante de allí, Raúl se
tomaba la cabeza entre las manos, con
lágrimas de rabia surcando su rostro. En
medio de un rapto de ira tras discutir con
su jefe inmediato, había decidido renunciar.
El hombre—también dominado por la
rabia—recibió la carta y le dijo: “Listo. Te
vas de la empresa. Pasa por la oficina de
administración a recibir tu liquidación”.
Ahora enfrentaba la dolorosa situación de
tener que buscar un nuevo empleo.
Decisiones. ¿Ha pensado en cuantos errores
hemos incurrido por tomar malas decisiones?
Decidir juega un papel importante en nuestra
existencia.
Las decisiones son determinantes
Nuestras decisiones determinan la victoria o
el fracaso. Es un principio que aplica a
nuestra vida personal como espiritual.
Recuerdo la historia de una joven con cuatro
meses de embarazo. Estaba arrepentida de su
situación. “No puedo hacer nada porque
abortar sería ir contra los principios que
he aprendido desde niña”, explicó.
Cursaba tercer semestre de ingeniería civil
en la universidad. De lo que se arrepentía
Marcela era de la decisión que tomó al ceder
a un deseo—natural—pero de la carne al fin,
y que concluyó con una noche de pasión y el
hijo que venía en camino.
“Si tan solo hubiese pensado antes de
actuar—se lamentó--, ahora no estaría en
esta situación”.
Alrededor de la cruz de Cristo nuestro amado
Salvador, hay cuatro escenas que comparto
con usted, porque arrojan principios que son
esenciales en la meta de seguir el camino
apropiado al decidir algo. En todo momento,
y es el primer consejo que le doy, es clave
que usted pida la dirección a Dios (Cf.
Salmo 37:5)
1. La decisión de arrepentirse y emprender
el cambio
El problema no está en fallar porque todos
los seres humanos de una u otra manera
erramos. El meollo del asunto está en no
arrepentirnos y seguir por el mismo sendero
de equivocación.
Veamos el primer caso, el del impulsivo
apóstol Pedro. Siguió al Señor Jesús en el
camino al juicio. “Mientras tanto, Pedro
estaba sentado afuera, en el patio, y una
criada se le acercó. —Tú también estabas con
Jesús de Galilea —le dijo. Pero él lo negó
delante de todos, diciendo: —No sé de qué
estás hablando. Luego salió a la puerta,
donde otra criada lo vio y dijo a los que
estaban allí: —Éste estaba con Jesús de
Nazaret. Él lo volvió a negar, jurándoles: —
¡A ese hombre ni lo conozco! Poco después se
acercaron a Pedro los que estaban allí y le
dijeron: —Seguro que eres uno de ellos; se
te nota por tu acento. Y comenzó a echarse
maldiciones, y les juró: — ¡A ese hombre ni
lo conozco! En ese instante cantó un gallo.
Entonces Pedro se acordó de lo que Jesús
había dicho: «Antes de que cante el gallo,
me negarás tres veces.»”(Mateo 26:69-75 a.
Nueva Versión Internacional)
La primera decisión, fue desacertada. Negó a
su maestro. Muy similar a lo que pudo
ocurrirnos alguna vez o quizá en el momento
en que está leyendo este mensaje. Ha
fallado. Pero a algo malo, puede seguir algo
positivo, si se arrepiente, reconoce su
error y se decide por el cambio.
Después de errar, Pedro se arrepintió.
Identificó que había cometido un error al
traicionar a Su Señor, y reorientó su
camino. La Biblia nos indica que Pedro: “Y
saliendo de allí, lloró amargamente.”(Mateo
26:75 b. Nueva Versión Internacional)
¿Ha fallado? Si reconoce su caída,
cualquiera que sea, debe añadir algo más:
arrepentirse y cambiar. Sólo cuando damos
estos dos pasos, todo comienza a ser
diferente, con ayuda de Dios.
2. La decisión de renunciar a todo y darse
por vencido
Una joven esposa, Verónica, me escribió
desde República Dominicana. Había decidido
separarse de su marido. “No lo soporto más.
He intentado todo, pero nada resulta.”,
decía. ¿Sabe cuál fue mi respuesta? No
renuncie. Siga dando la batalla, pero no en
sus fuerzas sino en oración, para recibir el
poder de lo alto.
Con frecuencia y ante situaciones de crisis,
optamos por echar todo por la borda. No
razonamos, simplemente nos dejamos arrastrar
por las emociones. ¿A qué conduce esta
inclinación? Al fracaso.
Le invito para que me acompañe a ver a
Judas. Acaba de reconocer su error por
entregar al Señor Jesús. Está arrepentido. Y
lo vemos ante el concilio de ancianos en
Jerusalén. Su rostro está desencajado.
Sufre. Sus ojos revelan angustia: “Muy de
mañana, todos los jefes de los sacerdotes y
los ancianos del pueblo tomaron la decisión
de condenar a muerte a Jesús. Lo ataron, se
lo llevaron y se lo entregaron a Pilato, el
gobernador. Cuando Judas, el que lo había
traicionado, vio que habían condenado a
Jesús, sintió remordimiento y devolvió las
treinta monedas de plata a los jefes de los
sacerdotes y a los ancianos.—He pecado —les
dijo— porque he entregado sangre
inocente.—¿Y eso a nosotros qué nos importa?
—respondieron—. ¡Allá tú!. ”(Mateo 27:1-4.
Nueva Versión Internacional)
La decisión de arrepentirse fue apropiada,
oportuna, la mejor. Sin embargo acompañó su
primer paso, con uno segundo que lo condujo
a la perdición: “Entonces Judas arrojó el
dinero en el santuario y salió de allí.
Luego fue y se ahorcó.”(Mateo 27:5. Nueva
Versión Internacional)
Las circunstancias no pueden gobernarnos. Si
estamos en medio de la crisis, quizá presos
de la desesperación, es fundamental que
doblemos rodilla en oración delante de
nuestro amado Padre celestial. Los
cristianos no renuncian porque comprenden
que renunciar es la palabra preferida de los
fracasados, y recuérdelo: usted y yo fuimos
concebidos para vencer.
3. La decisión de reconocer el error y
aceptar el perdón de Dios
Pienso en Ana Milena. Una mujer dinámica,
entusiasta, con muchas ideas. Pese a ello
entra en constantes depresiones. ¿La razón?
No habían transcurrido dos años después de
su matrimonio, cuando cayó en adulterio.
Tenía entonces veintiséis años y creyó que
era la forma de vengarse de su marido, que
caía en constantes aventuras fuera del
hogar. Pasados treinta y dos años, a pesar
de ser una cristiana fiel y consagrada a su
hogar, no se había perdonado.
Lo invito nuevamente a la escena del Señor
Jesús en la cruz. Dos hombres están junto a
él sufriendo el martirio. “Uno de los
criminales allí colgados empezó a
insultarlo: — ¿No eres tú el Cristo?
¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!”(Lucas
23:39. Nueva Versión Internacional)
Una decisión errada, sin duda. Tuvo la
oportunidad de haber alcanzado la eternidad
con Dios, pero la desechó. Se dejó arrastrar
por las emociones, la incredulidad y –en
cierta medida—por la autosuficiencia.
No obstante, el otro reo actuó diferente:
“Pero el otro criminal lo reprendió: — ¿Ni
siquiera temor de Dios tienes, aunque sufres
la misma condena? En nuestro caso, el
castigo es justo, pues sufrimos lo que
merecen nuestros delitos; éste, en cambio,
no ha hecho nada malo. Luego dijo: —Jesús,
acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.
—Te aseguro que hoy estarás conmigo en el
paraíso —le contestó Jesús. .”(Lucas
23.40-43. Nueva Versión Internacional)
No importa cuán malo haya sido este hombre:
reconoció su error, pidió perdón a Dios
mismo quien en Jesús estaba compartiendo el
sufrimiento por los pecados de la humanidad,
y aseguró la eternidad en Él. Recibir perdón
de Dios y perdonarnos a nosotros mismos. Dos
pasos fundamentales que acompañan la
mentalidad de un triunfador.
4. La decisión de rendirse a la voluntad de
Dios
Cambiar en nuestras fuerzas no es posible,
pero sí con el poder de Dios. Lo peor que
podemos hacer es resistirnos al obrar de
Dios. Aceptarlo, por el contrario, es un
cimiento para el éxito y la realización
personal y espiritual.
Han transcurrido algunos meses desde la
muerte, resurrección y ascensión del Señor
Jesús. Y vemos a Saulo de
Tarso—posteriormente conocido como
Pablo—camino de una ciudad cercana para
proseguir la persecución contra los
cristianos: “Mientras tanto, Saulo,
respirando aún amenazas de muerte contra los
discípulos del Señor, se presentó al sumo
sacerdote y le pidió cartas de extradición
para las sinagogas de Damasco. Tenía la
intención de encontrar y llevarse presos a
Jerusalén a todos los que pertenecieran al
Camino, fueran hombres o mujeres. En el
viaje sucedió que, al acercarse a Damasco,
una luz del cielo relampagueó de repente a
su alrededor. Él cayó al suelo y oyó una voz
que le decía: — Saulo, Saulo, ¿por qué me
persigues? ” (Hechos 9:1-4. Nueva Versión
Internacional)
¿Está cansado de una vida de fracaso que
cada vez se torna más caótica? No siga
luchando contra Dios. Él tiene para usted y
para mi, mis planes maravillosos. Resta que
nos rindamos a Él y le permitamos obrar
poderosamente en nuestro ser.
La mejor determinación en toda la vida de
Saulo (Pablo) fue permitirle a Dios que
obrara en todo su ser: “— ¿Quién eres,
Señor? —preguntó. —Yo soy Jesús, a quien tú
persigues —le contestó la voz—. Levántate y
entra en la ciudad, que allí se te dirá lo
que tienes que hacer.”(Hechos 9:5, 6. Nueva
Versión Internacional)
Puedo asegurarle que su vida puede ser
diferente, si tan solo le da una oportunidad
a Dios. Él espera a la puerta y le llama,
como dice el libro de Apocalipsis: “Mira que
estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi
voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con
él, y él conmigo.”(Apocalipsis 3.20)
No puede dejar pasar la oportunidad de
recibir hoy a Jesucristo en su corazón.
Decídase hoy por el Señor Jesús
La mejor decisión de todo ser humano que se
apresta a librar la lucha contra Satanás es
recibir a Jesucristo en el corazón. Es muy
fácil. Basta que le diga: “Señor Jesús, te
recibo en el corazón como mi único y
suficiente Salvador. Gracias por morir en la
cruz por mis pecados, perdonarme y abrirme
las puertas a una nueva vida. Haz de mi la
persona que tú quieres que yo sea. Amén”
Si hizo esta oración, tengo tres
recomendaciones para usted:
1. lea la Biblia. Es un libro maravilloso en
el que aprenderá principios que le llevarán
al crecimiento personal y espiritual.
2. Ore cada día. Orar es hablar con Dios.
Desarrollar intimidad con el Señor. Y quien
está de la mano de Dios, mantiene a raya a
Satanás.
3. Comience a congregarse. Lo más apropiado
es reunirse con otros creyentes.