Consejos prácticos para vencer la ira
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En su enojo, Raquel lanzó el teléfono
celular contra la pared. El impacto destruyó
en mil fragmentos el aparato que se
desperdigó en toda la habitación y minutos
después sería el más vivo testimonio de las
consecuencias desatadas por la ira de la
joven mujer. |
--No puedo contenerme. Cuando me lleno de
ira, es como si mi mente se nublara—le
explicó a una amiga, horas después del
incidente.
Las dos rememoraron el incidente, repasando
segundo a segundo, lo que había ocurrido. Su
profunda rabia, que la dominó por completo,
comenzó cuando llegaron las dos de la tarde
y Juan Carlos—su esposo—no la había llamado.
--No puedo concebir que no se tome siquiera
aun minuto para hablar conmigo—se
justificó--. Imagínate, Laura: me salió con
el cuento de que había estado trabajando en
una junta de selección y calidad en su
empresa.—
Ahora estaba sin teléfono y, peor aún,
comprobó que su marido estaba diciendo la
verdad.
--Reconozco que debo controlar mi ira,
porque me hace la vida imposible y,
sinceramente, creo que mi esposo llegará a
aburrirse--, admitió con un dejo de
preocupación en la voz.
El de Raquel no es el primer caso ni será el
último. Diariamente recibo decenas de
correos electrónicos de lectores en todo el
mundo que manifiestan su preocupación por
las terribles consecuencias que desata la
ira en sus vidas.
Conocí el caso de una mujer que arrojó el
televisor por la ventana. Era su forma—muy
particular por ciento—de pretender evitar
que su esposo pasara los domingos viendo
partidos de fútbol. Reponer el aparato llevó
a que se endeudaran.
¿Qué es y qué produce la ira? Un tema que le
invito a que consideremos, primero a la luz
de la ciencia y, después, con el fundamento
que debe guiarnos: la Biblia. En ella
aprenderemos unos consejos que resultarán
útiles en nuestro crecimiento espiritual, y
en procura de afianzar y mejorar nuestras
relaciones interpersonales, rotas muchas
veces por accesos de ira.
Un estallido de ira a la menor provocación
El sufrimiento está ligado a los
sentimientos que acompañan a quienes se
dejan arrastrar por la ira. Quienes hacen
gala de su mal carácter, e incluso, llegan a
justificarlo, sufren debido a su conducta.
En su criterio les resulta más fácil
discutir que dialogar, lo que—analizando el
asunto cuidadosamente—es un tremendo error.
Quien se ampara en actitudes airadas como
forma de controlar, manipular o intimidad,
se enfrentan a la postre a un arma de doble
filo. Quienes los rodean terminan
apartándose de ellos y llegan incluso a
demostrarles rechazo. La persona misma se
siente inmersa en un laberinto,
realimentando su comportamiento hostil, al
tiempo que se va aislando de los demás.
Una de las razones más frecuentes para
reaccionar y dejarse arrastrar por la ira,
radica en interpretar como ataque lo que
dicen o hacen los demás. No tomar el tiempo
suficiente para analizar cada situación,
resulta lamentable. Hiere a los demás y de
paso, causa zozobra y crisis de conciencia
al iracundo.
Identifique los factores desencadenantes
Si tenemos conciencia de que la ira nos
arrastra en su corriente impetuosa, es
necesario aprender a identificar qué
despierta esa emoción descontrolada. Es
esencial mantenernos alerta. Si logramos
descubrir que nos lleva a actuar de manera
impulsiva, habremos dado un gran paso.
También resulta útil estudiar qué de lo que
nos dicen o hacen quienes tienen trato
frecuente con nosotros, nos provoca ira. Sin
duda descubriremos que muchas veces no hay
motivo para enojarse, pero el orgullo nos
domina.
Dos recomendaciones iniciales: estudiar cada
escena antes de responder, y la segunda,
hablar despacio, midiendo cada reacción y
palabra. Es aconsejable alejarse de lo que
produce el estado de tensión.
Reconozca que usted, con ayuda de Dios y
decisión, puede controlar sus impulsos. Si
evita una reacción impulsiva, habrá ganado
una batalla en la vida. Medítelo así, y
habrá dado un segundo paso de victoria.
Siete fundamentos para evitar la ira
Es natural enojarnos; está ligado al
comportamiento humano. No obstante, lo que
recomienda Dios en Su Palabra es que no nos
dejemos gobernar por esos sentimientos
descontrolados. El apóstol Pablo escribió:
“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol
sobre vuestro enojo, ni deis lugar al
diablo.”(Efesios 4:26, 27)
Con fundamento en la Biblia, que es nuestra
brújula y la voz de Dios para guiarnos en
cada circunstancia de la vida, deseo
compartir con usted siete recomendaciones
que le resultarán muy útiles para vencer la
ira:
1. No se desgaste en cosas triviales
Si toma unos pocos segundos de su
cotidianidad, descubrirá que muchas veces se
enoja por asuntos sin trascendencia. Cada
circunstancia debe ser medida en su
verdadera magnitud, y constituye ayuda para
vencer el problema, tal como recomiendan las
Escrituras: “No aprovecharán las riquezas en
el día de la ira; mas la justicia librará de
muerte.”(Proverbios 11:4)
Recuerdo el caso de una amable señora que se
llenaba de ira cada vez que se fundía un
bombillo. Acusaba a sus hijos de ser
culpables, por estar encendiendo y apagando
las lámparas. ¿Tenía sentido iracundizarse?
Sin duda que no, porque toda bujía tiene su
período de vida útil. Nadie era culpable.
2. Aprenda a controlar sus emociones
Un joven cristiano iba en su moto cuando un
auto le cerró el paso. Afortunadamente el
muchacho no iba a alta velocidad, pero
obviamente cayó y se produjo unas lesiones
leves. Preso de la ira, se levantó y con el
casco protección, arremetió contra el
vehículo. ¿Resultado? No solo tuvo que pagar
los daños sino que, además, debió
disculparse con el otro conductor.
El apóstol Pablo recomendó que no nos
dejemos arrastrar por las emociones:
“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol
sobre vuestro enojo, ni deis lugar al
diablo.”(Efesios 4:26, 27)
Sólo con ayuda de Dios y con una clara
conciencia de que debemos revisar nuestras
actitudes, podemos superar la ira y sus
consecuencias. Las emociones no deben
gobernarnos, somos nosotros quienes las
gobernamos.
3. Responda con aplomo
La ira nos lleva a reaccionar, generalmente
sin medir el alcance de las palabras. Por
esa razón, el rey Salomón recomendó: “La
blanda respuesta quita la ira; mas la
palabra áspera hace subir el
furor.”(Proverbios 15.1)
Sea que otro lo ataque verbalmente preso de
la ira o que sea usted quien se encuentre en
esa situación, mida cuidadosamente lo que
dice. Evitará herir a los demás y de paso,
se evitará dolores de cabeza.
4. Pase por alto las ofensas
¿Sabía usted que generalmente dimensionamos
las cosas sin razón de ser? Le pongo un
ejemplo: soy amigo de caminar al mediodía
por la Plaza de Caycedo, un lugar céntrico y
hermoso de mí amada santiago de Cali. Muy
concurrido, además. En cierta ocasión
tropecé y caí. Muy dentro pensaba que todos,
absolutamente todos, tenían su mirada fija
en mí. ¡Tremendo error! Cada quien siguió en
lo suyo. Igual con todo lo que ocurre: a
veces le damos más importancia de lo que
debería.
Lo aconsejable, si alguien nos ofende o
busca provocarnos, es pasar por alto sus
palabras: “El necio al punto da a conocer su
ira; mas el que no hace caso de la injuria
es prudente.”(Proverbios 12:16; 16:14;
19:12)
De seguro, si no nos ofendemos por lo que
nos dicen, evitaríamos dolores de cabeza y
además, pasar malos ratos por cuenta de
quienes nos rodean. Ellos siguen contentos y
usted y yo enojados. ¿Tiene sentido? Por
supuesto que no…
5. Evite problemas
En un centro comercial alguien gritaba,
fuera de casillas: “¿Por qué me miras de esa
forma? Dímelo. ¿Quieres problemas?”. El
interlocutor respondió con calma: “Disculpe
si lo molesté, señor, pero es que tengo
estrabismo en los ojos”. El autor del
escándalo quedó en ridículo. Se agenció
problemas sin razón: “El hombre iracundo
promueve contiendas; Mas el que tarda en
airarse apacigua la rencilla.”(Proverbios
15:18; 19:19)
Usted es el que debe dominar las
circunstancias, las circunstancias no deben
dominarlo. Los factores externos ejercerán
influencia sobre nosotros sólo si lo
permitimos.
6. No asuma como propios los problemas de
otros
Es bueno ser sensible al dolor ajeno, pero
no el meternos en problemas de otros porque
terminamos involucrados, peleando sin razón:
“El que pasando se deja llevar de la ira en
pleito ajeno Es como el que toma al perro
por las orejas.”(Proverbios 26:17)
Un joven solía parcializarse hacia su madre
cada vez que discutía ella con su esposo. El
chico terminaba en problemas con su padre, y
ella se reconciliaba con él. Aunque debía
asumir una actitud neutral, tomaba partido y
se involucraba en problemas ajenos.
7. No asuma el comportamiento intolerante de
otros
“Soy iracundo porque mi padre era así”, me
dijo una señora tras descubrir—en una
consejería—que su mayor problema eran las
reacciones airadas. Hablamos un buen rato y
descubrió, que asumir el comportamiento
intolerante de su padre, no hacía otra cosa
que traerle problemas. Este tema lo abordó
el proverbista cuando escribió: “No te
entremetas con el iracundo, Ni te acompañes
con el hombre de enojos...”(Proverbios
22:24)
Usted tiene su propia personalidad. Asúmala.
Sepa que usted y nadie más que usted es
responsable por lo que dice o hace.
Es tiempo de cambiar
Con ayuda de Dios podemos cambiar. Nada
determina que la ira sea el comportamiento
que gobierne nuestros pensamientos y
acciones. Es posible, no en nuestras fuerzas
sino en las del Señor.
El paso más grande para avanzar hacia la
victoria en nuestro comportamiento radica en
recibir a Jesucristo como Señor y Salvador
de nuestras vidas. Puede hacerlo ahora
mismo, con solo decirle: “Señor Jesucristo,
reconozco que he pecado. Gracias por darme
la victoria sobre el la ira descontrolada
mediante la fuerza de tu Espíritu Santo.
Gracias por morir en la cruz por mis pecados
y abrirme las puertas a una nueva vida. Hoy
te recibo en mi corazón como su único y
suficiente Salvador. Haz de mi la persona
que tú quieres que yo sea. Inscríbeme en el
Libro de la Vida. Amén”
Si hizo esta oración, lo felicito. Su
existencia será renovada. Comienza hoy un
nuevo capítulo en su existencia. Ahora tengo
tres recomendaciones:
1. Lea la Biblia. Es un libro maravilloso en
el que aprenderá principios que le llevarán
al crecimiento personal y espiritual.
2. Ore cada día. Orar es hablar con Dios.
Nos permite tener intimidad con Él.
3. Comience a congregarse en una iglesia
cristiana.