El Señorío de Cristo

Escrito por Wilson Miranda. Publicado en Sermones

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Juan 21:1-14

Quisiera llamar su atención a la palabra Señor, la cual aparece siete veces en este capítulo e innumerables veces en todo el Nuevo Testamento. Su traducción viene de la palabra griega kurios, que significa: dominio y autoridad con amor.

Los discípulos de Jesús usaban frecuentemente esta palabra. Pedro en Mateo 14:28 dice: "Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas". En otra ocasión dijo: "Señor, ¿A quien iremos? Tú tienes palabras de vida eterna" (Juan 6:68).

La gente común no lo llamaba Señor sino únicamente Maestro. El joven rico dijo: "Maestro, ¿Qué haré para obtener la vida eterna?". El ciego Bartimeo dijo: "Maestro quiero recobrar la vista". Nicodemo dijo: "Maestro sabemos que has venido de Dios...". Mientras que los discípulos sí reconocían el señorío de Jesucristo.

Con frecuencia nosotros también usamos esta palabra como prueba de nuestra lealtad a Jesucristo, lo importante es usarla correctamente y con mucha sinceridad.

1. LA RAZÓN DEL SEÑORÍO DE CRISTO.

Recordemos que Cristo es el verbo encarnado de Dios, por el cual fueron hechas todas las cosas y, es doblemente Señor, por habernos comprado con su sacrificio cruento en el Calvario.

•Anécdota de un niño quien construyó un barco pequeño y luego lo compró

Aquel niño muy contento dijo: "Barquito, ahora te quiero más que antes porque eres mío dos veces, una porque te construí y otra porque te compré". Nuestro caso viene a ser igual, Jesucristo nos creó y luego a su tiempo pudo decir "consumado es", es decir que murió para pagar el precio y podernos comprar. Pedro dijo: "Porque habéis sido comprados con la sangre preciosa de Cristo". Sí, él es nuestro Señor y debemos tratarlo como tal.

2. LA PÉRDIDA DE LA VISIÓN DEL SEÑORÍO DE CRISTO.

Según el pasaje que leímos, Jesús se presenta resucitado, por lo tanto, debía encontrar a sus discípulos ocupados en la Gran Comisión. Notemos los versículos 2, 3, ¿Qué sucedió? Tuvieron la tentación de volver a su antiguo oficio porque Cristo ya no estaba con ellos.

Así sucede también con nosotros, nos ocupamos en otras cosas y no cumplimos nuestro deber supremo como es el servir a nuestro Señor. A veces los mismos problemas y dificultades que atravesamos nos hacen perder la visión del señorío de Cristo.

3. JESÚS SALE AL ENCUENTRO DE LOS QUE PIERDEN LA VISIÓN DEL SEÑORÍO.

Notemos el versículo 4. Era necesario hacer reconocer a los discípulos que habían perdido su señorío; es decir, no fue casualidad el hecho de que no pudieran pescar nada, ésa fue la voluntad de Dios. Así sucede con nosotros, muchas veces las adversidades son para hacernos recobrar la visión de su señorío.

4. EL SEÑORÍO REANUDADO.

Notemos en los versículos 5, 6. Jesús les da una orden y tenían que obedecer lo que él estaba ordenando, aunque les parezca absurdo. Cuántas veces nosotros igualmente no queremos obedecer a Cristo porque nos pide algo difícil de comprender, no lo queremos reconocer como Señor. Sin embargo, fíjense en el versículo 7. Pedro toma una acción rápida y espontánea y se echa al mar, los discípulos le obedecen automáticamente (versículo 8).

Si nosotros reconociéramos a Jesús como nuestro Señor, eso se vería en la acción que tomemos, actuaríamos de inmediato en lo que él nos está demandando, haríamos obras que le agraden a él. Pero no siempre es así, decimos que le amamos pero no le obedecemos, no hay acción en nuestras vidas. Quizá haríamos algo grande si tuviéramos persecución, pero mientras tanto, tenemos muy poco dinamismo en orar, en leer su palabra, en servirle.

5. EL SEÑORÍO CONFIRMADO

Los discípulos reconocieron el señorío de Cristo. Más tarde pregunta a Pedro, al que se aventó al mar, ¿Me amas? En otras palabras, Jesús quiso oír de parte de Pedro por tres veces consecutivas que reconocía su señorío.

Cierta ocasión Martín Lutero viajaba a pie por algunos pueblos, pero al caer la tarde tuvo que alojarse en la casa de unos campesinos. Ellos, al enterarse que se trataba del famoso reformador, le trataron de lo mejor y le pidieron que escriba algo en la pared, para conservarlo como un recuerdo.

Lutero escribió domini jumus. Aquel campesino preguntó el significado de esas dos palabras, a lo que Lutero le respondió que en el latín tenía dos sentidos. Dijo que significa somos del Señor o que también puede significar somos señores, es decir, lo opuesto.

Entonces Lutero junto ambos sentidos y le dijo: somos del Señor porque él nos compró con su sangre y esto hace que ya no seamos esclavos sino señores.

Fue un magnífico lema para aquellos campesinos y yo creo que es un magnífico lema para escribirlo en nuestro corazón. Qué el Señor nos ayude a sentir siempre que él es nuestro Señor y que él merece nuestro más abnegado y fiel servicio.

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