La venida de Cristo, Parte 1

Escrito por Wilson Miranda. Publicado en Sermones

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1 Corintios 15:51-58

Eran aquellos los días más obscuros de la segunda guerra mundial, las fuerzas japonesas habían invadido las islas filipinas en diciembre de 1941. Seguramente todos han visto la película Pearl Harbor y tienen una idea de este acontecimiento.

El general en Filipinas, Douglas McArthur, escogió las islas Bataan y Corregidor, pero la derrota de los filipinos y los norteamericanos eran inminente. Bataan cayó en abril de 1942, Corregidor cayó 27 días después. Inmediatamente, el general McArthur recibió la orden de salir de Filipinas. Dijo a los periodistas en su última entrevista: "El presidente de los E.U. me ha ordenado romper las filas japonesas, no se ha logrado todavía, pero volveré. Uno de los objetivos principales es la liberación de Filipinas, así que VOLVERÉ".

Esta sencilla afirmación dio un empuje extraordinario a la resistencia filipina. La expresión volveré parecía una promesa mágica para los filipinos. Encendió una llama que se convirtió en un símbolo que concentró la voluntad de la nación. La escribieron en la arena de las playas, en las paredes de las colonias, aparecía como sello en el correo y aun en las iglesias se repetía constantemente. Fue una expresión sencilla que se convirtió en un grito de esperanza para millones de personas. El octubre de 1944 el general McArthur cumplió su promesa y Filipinas fue liberada.

Otro personaje que vivió siglos antes que el general McArthur también prometió regresar y liberar a sus seguidores del pecado y de la muerte. Aquel personaje fue nada menos que Jesús de Nazaret. En Juan 14:3 dijo: "Si me fuere, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis". "Y así como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así también será la venida del Hijo del Hombre". (Mateo 24:27).

Entonces, el esperar a Jesús y la implantación de su reino milenial debe ser la influencia más poderosa en nuestra vida. ¿Desea usted la segunda venida de Cristo? ¿Se llena de entusiasmo o de miedo? Lamentablemente para la mayoría de personas las cosas de esta vida son más importantes que el reino de Dios o la segunda venida de Cristo, pero admitamos que no se trata de una mera especulación inventada por algún fanático religioso, sino de algo real basado en las revelaciones de la Palabra de Dios.

Por un momento hagamos un viaje imaginario al futuro. Imaginemos que estamos viviendo en el día del Señor, o sea en el día del juicio final, donde gran parte de la vegetación terrestre ha sido destruida, el agua está amarga o se ha convertido en sangre. Centenares de millones han muerto por causa de las guerras, hambres o enfermedades, otros por las erupciones de volcanes, huracanes o terremotos. Esta es la escalofriante profecía de los capítulos 8 y 9 de Apocalipsis.

Pero usted ha sobrevivido en un lugar especial, gracias a la protección de Dios. Ahora usted, junto con otros fieles creyentes espera ansiosamente el toque de la séptima trompeta, la cual anunciará el retorno de Jesucristo.

Entonces, ¡sucede! El toque de la séptima trompeta irrumpe en medio del caos de un mundo que se halla al borde del auto aniquilación, a causa del pecado, del terrorismo o simplemente del desafío en contra de Dios. Pero antes de que usted alcance siquiera a parpadear, con asombro ve que usted se ha transformado. El cuerpo de carne que conoció ha desaparecido y ahora tiene un cuerpo especial, indestructible y eterno. El cambio es extraordinario, los dolores, enfermedades han desaparecido. Se siente rebosar de energía y vitalidad. Su mente queda libre instantáneamente de tentaciones, culpabilidad o sentimientos malos, libre de impulsos negativos. Ahora abundan las sensaciones y los pensamientos positivos. Leamos 1 Corintios 15:51-58.

El gozo es indescriptible (1Tesalonisenses 4:16, 17). Libre de las restricciones de la gravedad, usted asciende a las nubes, se maravilla ante sus deslumbrantes ropas blancas. Mirando a su alrededor reconoce a otros miembros de su iglesia que también fueron transformados. Ellos, al igual que usted, irradian hermosura y felicidad. Se abrazan y se regocijan de estas inmensas bendiciones. Entonces ven a Jesucristo que regresa del cielo con sus huestes angelicales (Apocalipsis 19:11-16).

Mirando atónito, usted ve a Jesucristo, cara a cara, lleno de poder y gran gloria, descender con sus huestes angelicales y batallar con los humanos desafiantes que localmente se han vuelto contra él y no han querido creer en su existencia. Pronto los ejércitos del mundo quedan derrotados (Apocalipsis 19:17-21).

A más de ello, Satanás será atado, Cristo gobernará con autoridad absoluta durante mil años. Reflexione por un momento, ¿Cómo se sentirá cuando Jesucristo lo mire fijamente a sus ojos y le diga: Bien buen siervo y fiel, sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré, entra en el gozo de tu Señor? O si por el contrario no está cumpliendo sus demandas y le diga: "Apártate de mí, siervo malo y negligente, échenle a este siervo inútil en las tinieblas de afuera, donde será el lloro y el crujir de dientes".

Ojalá que todos podamos estar en el grupo de los siervos fieles y útiles. Cristo implantará su reino milenial, aplicará principios bíblicos que ya conocemos y usted recibirá autoridad en aquel gobierno.

Tendremos poderes increíbles porque con la transformación que tuvimos ya no habrá restricción de espacio y tiempo. Podremos aparecer y desaparecer, podremos viajar distancias astronómicas a velocidades increíbles, no a la velocidad del avión más rápido del mundo, ni siquiera a la velocidad de la luz, sino a la velocidad del pensamiento.

Por otro lado, comer y descansar ya no serán cosas necesarias sino opcionales. Gracias a los esfuerzos de cada uno, todos recibiremos bendiciones. Se construirán ciudades hermosas y sin contaminación, la tierra producirá cosechas abundantes, sin utilizar fertilizantes ni plaguicidas nocivos. Durante todo el milenio la vida mejorará constantemente. Cesarán las guerras, el hambre ya no existirá, la paz, la armonía y la felicidad irán cada vez en aumento.

Luego empezará la fase final, emocionante y grandiosa en el plan de Dios: la vida eterna junto a Jesucristo, por los siglos de los siglos, eternamente y para siempre, donde una luz deslumbrante irradia del Padre y de Jesucristo e inunda la ciudad. Una calle de oro puro conduce al árbol de la vida, el cual da frutas exquisitas de 12 tipos y del trono de Dios fluye un río de aguas cristalinas que saltan para vida eterna.

Esta ciudad espléndida será nuestro hogar. ¡Qué maravilloso! Las relaciones con los demás nos traerán gran satisfacción.

Éstas son las verdaderas delicias eternas que debemos experimentar, no emociones baratas y pasajeras que terminan en desilusión, frustración y muerte. Razón tenía Pablo al decir en Romanos 8:18: "Tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente, no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse".

¿Ansía la segunda venida de Jesucristo? ¿Está preparado para recibirle?

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