Cuatro aspectos relacionados con la fidelidad

Escrito por Héctor Favio Ortega. Publicado en Sermones



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Salmos 37:27-29

Introducción:

Hay una palabra antigua que casi no es usada en el lenguaje moderno, porque aun cuando sigue existiendo, pocos conocen su verdadero significado y su semántica. Es más, si esta palabra pudiera ser erradicada de los diccionarios, muchos se alegrarían. Esa palabra es Fidelidad.

Fidelidad significa ser recto, fiel, de una sola línea, vertical, sin doblez, leal. Lo mínimo que Dios espera de nosotros, es que seamos fieles en todo lo que nos concierne, tanto en lo secular como en lo espiritual. La más alta exigencia a la que se ve sometido un cristiano es que sea fiel a Dios, a los suyos y lo suyo.

La Biblia nos muestra que por lo menos hay cuatro aspectos en donde tenemos ser fieles si queremos gozar del favor y la bendición del Señor:

1. Fidelidad en nuestra conducta

Lucas 6:43-45

Dios— y las personas en general— esperan que nosotros seamos consecuentes entre lo que decimos creer y lo que hacemos. El mundo no tolera a uno que diga creer ciertas cosas y que viva de otra manera. Cuando no hay coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, somos tildados de hipócritas. La hipocresía consiste en querer mostrar lo que ni somos ni hacemos con respecto a lo que creemos. El Señor Jesús afirmó que cada árbol se reproduce conforme a su propia naturaleza, que por eso el árbol malo daba fruto malo, y el árbol bueno daba fruto bueno.

Note usted cuanto nos cuesta dar un testimonio creíble en razón de la falta de fidelidad. Lo triste es que muchos que se llaman cristianos se portan igual o peor que los no cristianos. Mienten, fomentan el chisme, las críticas acerbas, se malgenian con facilidad, son irascibles, no guardan las proporciones en su comportamiento, y cuando están bajo presión, reaccionan como si nunca hubieran conocido la gracia, el poder y la misericordia del Señor. Otros aún tienen cosas evidentes de su antigua vida cuando le servían al diablo y a sus interese egoístas y carnales, y les cuesta dar ejemplo por su conducta intolerante. Del joven Daniel se dice que "ningún vicio ni falta fue hallado en él, porque había en él un espíritu superior" (Daniel 6:3-4).

Es inconcebible un cristiano cuya conducta esté distante de lo que la Palabra de Dios señala. Nuestras acciones deben ser el reflejo de lo que Dios nos dice en su Palabra. Alguien afirmó con acertada precisión que "la Biblia de los mundanos, era la vida de los cristianos". El mundo está leyendo en nuestro comportamiento lo que supuestamente usted y yo leemos de las Escrituras. ¿Qué estará leyendo el mundo de nosotros? La biblia que el mundo lee es la clase de vida que viven los cristianos.

El Señor Jesucristo manifestó que la conducta que los suyos lleváramos delante del mundo, debía de ser de un orden superior a lo normal puesto que éramos la luz para ellos y la sal de la tierra (Mateo 5:13-16). Pero la entremezclanza de ciertas cosas propia de cuando uno era mundano y ciertas verdades bíblicas que no vivimos en plenitud, están dando como resultado un cristianismo irrelevante, caricaturesco y sin atractivo alguno para quienes nos ven comportándonos de forma inapropiada e incongruente. Falta fidelidad a la palabra de Dios en lo que a nuestra ejemplo se refiere. Falta testimonio y pulcritud vivencial. Falta compromiso y responsabilidad de conducta. Esto nos reporta credibilidad y buen nombre entre quienes nos ven y nos conocen. Por causa de nuestra manera responsable de vivir sabrán que tal vez no somos perfectos, pero que sí somos fieles.

2. Fidelidad conyugal

1 Pedro 3:1-7

El Señor establece que nos debemos a nuestra pareja. Y por el bien de los dos, debemos ser fieles el uno al otro. Note usted que el apóstol Pedro no está en desacuerdo en que una mujer se arregle o que no luzca atractiva o que no use maquillaje y que no se vista de forma elegante y esplendorosa. Lo que Pedro critica es que algunas están tan ocupadas en su apariencia externa, que terminan descuidando sus cualidades y virtudes internas. Podríamos decir que están tan ocupadas en el salón de belleza y en las casas de modas y diseños que terminan descuidando al esposo, a los hijos y al hogar en general. Hay otras que en lo único por lo que se interesan es estar al día con su apariencia física y externa, que no cultivan el área espiritual y las virtudes como la afabilidad, el amor, la sujeción y el respeto. Contra esta clase de comportamiento es que el apóstol discrepa. La mujer debe aprender a manejar su hogar son sensatez, sabiduría y orden espiritual. No puede descuidar su relación de pareja y su responsabilidad familiar por estar tan ocupada en lo que se pone y en como se ve. Sara, la esposa de Abraham el patriarca judío, es mostrada como ejemplo de una mujer fiel, respetuosa y sujeta a su esposo, sin que dejara de cuidar su apariencia externa, pues leemos que ella "era hermosa en gran manera" (Génesis 12:14b).

Lo uno no le hizo descuidar lo otro. Hermosa y elegante, pero sumisa y respetuosa de su marido.

Asimismo nos compete a los varones. No podemos estar coqueteando y flirteando con mujeres e irrespetando a nuestras parejas. No podemos estar dándonosla de "hombres bien machos" sosteniendo cierta coquetería con algunas chicas y faltándole así al señor y a nuestras esposas. Es imperdonable que algunos hombres tengan palabras de elogio para otras mujeres y no para la suya. A muchos les gusta admirar, elogiar, sonreírle y hasta apretarle la mano a otra mujer, pero como maltratan e irrespetan a la suya. Eso es un descaro y una sinvergüencería de altas proporciones.

La Biblia afirma que este tipo de conducta crea una barrera entre Dios y nosotros, al punto que nuestras oraciones no son escuchadas. Así como Dios demanda una alta fidelidad en nuestra conducta, la exige también para nuestra pareja. Tanto el hombre como la mujer deben serse fiel el uno al otro. Esta fidelidad conyugal nos reporta bienestar familiar, unidad al interior de la familia, seriedad y liderazgo entre los hijos que notan como somos consecuentes entre lo que profesamos y lo que hacemos, al tiempo que crecemos como parejas y como familia. Los cristianos nos guardamos para Dios y para nuestra pareja. No somos de los que adulteran, ni de los que fisuramos nuestra unidad familiar por estar detrás de ciertos "affaires". Nos debemos a Dios y a nuestra pareja.

3. Fidelidad laboral

Proverbios 22:29

Este es el tercer aspecto hacia donde apunta nuestra fidelidad. Fidelidad laboral. Con esto quiero señalar que mucha gente no ha aprendido a serle fiel a su empresa, a su negocio, a su trabajo, a su profesión y denigran, murmuran en contra de quienes están en autoridad sobre ellos, y lo que realizan, lo hacen de mala gana, de forma irresponsable, mascullando indignación y balbuceando maldiciones. Otros no tienen sentido de pertenencia con la empresa que los contrató y laboran de forma perezosa, son impuntuales, nunca cumplen sus citas a tiempo, son desordenados, desperdician potencial y gastan mucho tiempo en lo que no deberían hacerlo sin consideración alguna con sus empleadores. Olvidan que allí se les contrató para que rindieran, no para que malgastaran innecesariamente el tiempo como ellos lo hacen.

El texto de Proverbios afirma que los que son solícitos en sus trabajos, estarán con los más renombrados. Esta palabra "solícitos" implica responsabilidad, ganas, honestidad y talante laboral. Pero muchos laboran de forma mediocre e irresponsable y por ello, terminan perdiendo sus empleos o quebrando en sus negocios.

En el evangelio de Lucas Cristo Jesús nos dice que cuando alguien es fiel y responsable en lo poco (en su trabajo por ejemplo), está candidatizado a ser promovido a lo mucho (como ser dueño de su propia empresa). Leamos:

"El que es fiel en lo poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?" (Lucas 16:10-12).

Lo que el Señor está afirmando es que si en lo que no es nuestro no somos fieles, menos lo seremos cuando tengamos lo propio. Si manejando un carro ajeno no fuimos fieles y responsables, ¿Cómo será cuando manejemos el nuestro? Si como empleados no fuimos honestos, puntuales y responsables, ¿cómo será cuando la empresa o el negocio sea nuestro? Si no somos capaces de usar de forma honesta lo que nos fue conferido en calidad de administradores, ¿Cómo sería si fuera nuestro? De la manera como usemos lo de otros, se determina el uso que le demos a lo nuestro. Se llama fidelidad laboral.

Cuando a la mujer se le perdió su moneda, le puso ganas, empeño y solicitud en procura de recuperarla:

"¿O que mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?" (Lucas 15:8) Tres cosas se notan que ella hizo para mostrar su interés en hallar la moneda perdida:

1. Encendió la lámpara (Usó los medios que estaban a su alcance para realizar su empresa).

2. Barrió la casa (hizo a un lado lo que le impedía que su moneda fuera encontrada)

3. Buscó con diligencia hasta encontrarla (Fue solícita, responsable y cuidadosa de lo que tenía).

Si aplicamos estos mismos principios en el ejercicio de nuestra responsabilidad laboral, de seguro que nos evitaremos muchos inconvenientes y nos forjaremos un mejor destino financiero. En tenor con este pensamiento, Dios nos pide a los pastores y líderes que nuestro desempeño ministerial también lo hagamos con criterios de responsabilidad:

"Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas, y mira con cuidado por tus rebaños...los corderos son para tus vestidos...y la abundancia de leche de las cabras para tu mantenimiento..." (Proverbios 27:23-27).

Pastor, líder y ministro del Señor que no sea responsable en lo que realiza para Dios pudiera verse limitado y decepcionado por los pocos resultados que obtiene de su ministerio ya que no lo está realizando de forma como debería hacerlo.

4. Fidelidad financiera

2 Corintios 8:20-21

Note como el apóstol Pablo busca "curarse en salud"—como se dice— al estar dispuesto que el manejo de la ofrenda que él administraba, estuviera libre de cualquier censura o sospecha de mal uso. Los cristianos estamos llamados a ser pulcros hasta en el manejo que le demos a nuestras finanzas. Para este ínclito siervo de Dios, una buena administración del dinero es el resultado de hacer las cosas con honestidad y rectitud delante de Dios y de los hombres. Cuando nosotros aprendamos a hacer lo mismo, experimentaremos una gran libertad financiera con la que no solo honremos al Señor, sino también evitemos toda censura por su uso y manejo.

Un cristiano es fiel en lo financiero cuando sabe administrar lo que Dios pone en sus manos (Salmo 112:5-6), cuando Diezma y ofrenda (Proverbios 3:9-10), cuando invierte en lo que es productivo y rentable y procura una estabilidad económica para los suyos (Isaías 55:2-3).

Un cristiano que no le es fiel al Señor en lo financiero, experimentará ataduras económicas, limitaciones para adquirir lo básico y esencial, así como desempleo y endeudamiento.

Como quiera que Dios conoce nuestra inclinación a la mezquindad, nos exhorta desde su Palabra a ser generosos para que prosperemos:

"El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado" (Proverbios 11:25).

Sabemos que nuestra economía no está simplemente regulada por la economía del mundo, sino que Dios ha implementado su propio sistema financiero para sustento de los suyos. Este sistema financiero de Dios se compone básicamente de:

1. Diezmos (es la décima parte que damos al Señor y que nos hace comprender que todo lo que tenemos o recibimos proviene de Dios quien es dueño de todo cuanto existe. La dación del diezmo muestra nuestra obediencia y sujeción).

2. Ofrendas (Son las que damos al Señor de acuerdo al nivel de gratitud que pueda haber en nuestro corazón y están supeditadas a la generosidad que nos pueda caracterizar).

3. Primicias (Son los primeros frutos de las cosechas, las crías y los productos derivados de estos, y que se dan al Señor como evidencia de lo bien que nos irá por honrarle).

4. Pactos (Es la ofrenda con la establecemos una alianza financiera con Dios en donde nuestro nivel de fe se pone de manifiesto cuando la damos. La ofrenda de pacto busca acelerar el tiempo de la bendición y garantizar el cumplimiento de una promesa que el Señor nos haya dado. Esta ofrenda no busca comprar el favor de Dios, ni sus bendiciones, si no que revelan que tanto le creemos al Señor. La ofrenda de pacto es la ofrenda que más mide nuestro nivel de fe).

Someternos a este orden revelado por el Señor, es una garantía de ganancia y rentabilidad porque cuando le damos a Dios, él nos bendice en proporciones mayores puesto que Dios no es deudor de nadie. La fidelidad financiera nos reporta enormes satisfacciones y libra de ruina, miseria y escasez.

Conclusión:

Retomar el principio de la fidelidad es una urgencia en lo personal y en lo colectivo si queremos ver las manifestaciones de la bondad, el amor y la misericordia del Señor. Un cristiano fiel a Dios y a los suyos, es un arma poderosa en las manos del Señor. De nuestra fidelidad dependerá que tanto nos pueda bendecir y usar el Señor para su honra y gloria.

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