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Luchando con Dios

Si se acuerdan, la semana pasada les dije que si queríamos las bendiciones de Dios, entonces tenemos que estar dispuestos a alzar nuestras manos y arrebatarlas. Tenemos que estar dispuestos a luchar en contra de toda oposición y tomar lo que Dios tiene para nosotros. Frecuentemente el creyente deja de hacer esto, no lo hacemos porque dejamos que nuestro pasado influencie de la manera que pensamos, nos comportamos, y sentimos.

Es por esa razón que quiero que hoy examinemos un acontecimiento en la historia que nos demostrara que las bendiciones de Dios si están a nuestro alcance. Quiero que hoy examinemos un acontecimiento histórico que nos enseña, sin que quepa duda alguna, que Dios si nos quiere bendecir, sin importarle nuestro pasado, pero más importante que todo nos demuestra que si verdaderamente queremos la bendición tenemos que estar dispuestos a luchar por ella.

Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Génesis 32:24-30Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. 25 Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. 26 Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. 27 Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. 28 Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. 29 Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. 30 Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.

Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje, tenemos que repasar un poco de historia, así que con esto mente conozcamos un poco mejor a Jacob. Preguntémonos, ¿quién era Jacob? Cuando Isaac tomo por mujer a Rebeca, ello no podía engendrar, entonces Isaac oro y Dios le concedió su oración. Rebeca engendró dos varones, engendró a gemelos (Génesis 25:21; 25:24-26).

Ambos eran queridos por su padre, pero Esaú era el mayor y el preferido (Génesis 25:28), y tal como se acostumbraba, él seria el heredero de todos los bienes de su padre. Cuando su padre Isaac estaba ya debilitado y casi a punto de morir, Jacob y su madre Rebeca conspiraron en contra de Esaú, y le robaron la herencia a Esaú (Génesis 27:6-28). Debido a esto acto de robo, Esaú aborreció a su hermano y procuraba matarle (Génesis 27:41).

Una vez que este plan llego a los oído de su madre Rebeca, ella nuevamente le ayudo y Isaac escapó la ira y venganza que su hermano planeaba (Génesis 27:42-43). Isaac vivió por un tiempo con Lebán y fue bendecido grandemente por Dios, pero llego el día cuando Dios le dijo que era hora de regresar a su casa (Génesis 31:3). Jacob había enviado un mensaje a su hermano y le decía que regresaría a casa nuevamente (Génesis 32-3-5).

Le respuesta que él recibió no fue muy agradable, ya que le informaron que su hermano venia a recibirle acompañado de un ejercito, Esaú venia acompañado de 400 hombres; esto causo temor en Jacob porque el pensó que su hermano venia a destruirle (Génesis 32-7-8).

Jacob en ese momento pudo huir, en ese momento podía haber tomado todo o suyo y correr hacia otra tierra, pero no lo hizo así. Jacob había recibido promesa de Dios, y él ahora no contaría con su propia inteligencia y poder, sino que él ahora clamaba a Dios (Génesis 32:9-12).

Su oración no fue vanagloriosa, no fue pidiendo cosas par gastar en su deleite, no fue una para satisfacer sus deseos, su oración fue reconociendo que él no era merecedor de todas las bendiciones que Dios había derramado sobre él, y buscando Su bendición y protección.

Cuando le oramos al Padre tenemos que tener mucho cuidado con lo que le pedimos. Tenemos que tener mucho cuidado de no postrarnos ante su presencia pidiendo cosas que no necesitamos, pero que pensamos que las merecemos. Dios sabe exactamente lo que cada uno de nosotros necesita y merece. ¿Que es entonces una oración correcta?

Una oración correcta a Dios es una oración que pide solamente Su gloria y voluntad (1 Juan 5:14). Cuando queremos que Dios nos escuche tenemos que pedir que Él se glorifique en nosotros. Tenemos que glorificarle en todo momento.

En muchas ocasiones nosotros le pedimos al Padre con mucha insistencia. Le pedimos y pedimos, y le volvemos a pedir, pero no pedimos Su gloria sino hacemos oraciones que solo sirven para satisfacer nuestros deseos de la carne. Oraciones que solo sirven para satisfacer los deseos de este mundo, y a consecuencia no recibimos (Santiago 4:3). Pero este no fue el caso de Jacob.

Tenemos mucho que aprender de estos pasajes bíblicos, y de la historia de Jacob y Esaú. Preguntémonos, ¿al vernos enfrentados a situaciones que aparentan ser destructivas clamamos la bendición y protección de Dios? En otras palabras, ¿estamos dispuestos a luchar con Dios? Ahora, no me vayan a mal interpretar, fíjense bien que dije luchar con Dios y no en contra de Dios.

En estos versículos que hemos leído en el día de hoy vemos exactamente esto, vemos que Jacob lucho con Dios a través de la oración, el lucho para que Dios lo bendijera. Aquí en estos versículos encontramos exactamente como debemos ser, encontramos como nuestras oraciones deben ser.

Aquí leemos: “Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. 25 Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. 26 Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices”. ¿Contra quien lucho aquí Jacob? É

l lucho contra un ángel del Señor, y él no dejaría de luchar hasta que Dios le bendijera. Nosotros tenemos que hacer igual, nosotros no podemos dejar de perseverar en nuestras oraciones. Dios esta en busca a personas dispuestas a soportar, dispuestas a pase lo que pase mantenerse firmes en la fe. Hermanos, el demonio toma mucha satisfacción cuando puede destruir lo que Dios ha comenzado en nosotros. El demonio se satisface grandemente cuando puede apartarnos de la voluntad de Dios.

El demonio se satisface cuando caemos en su trampa, cuando caemos derrotados. Es por esta razón que les digo que tenemos que persistir en nuestras oraciones. Jacob quería la bendición de Dios, y él no soltaría al ángel, él no dejaría de luchar hasta recibir la bendición. ¿Quieres ser bendecido? Pero creo que la mejor pregunta seria, ¿estas dispuesto a luchar?

Tenemos que confiar que Dios nos escucha, tenemos que perseverar en todo momento. Hoy quiero que todos aquí nos demos cuenta que Dios nos ha ungido. Nosotros, el Cuerpo de Cristo, somos el pueblo ungido por Dios (Mateo 5:13-15). Quiero dirigirme a todas las cabezas de familia aquí en este día y a todos los que reciben estas predicas por el Internet.

Tenemos mucho que aprender de Jacob, tenemos que aprender que no podemos ser temerosos. Jacob temía que su hermano le hiciera el mal debido al mal que él le había hecho en el pasado. Las cosas a Jacob no le aparentaban estar muy buenas.

A nosotros nos pasa igual, las cosas pueden aparentar malas, quizás no le veamos la solución, pero recordemos que para Dios no hay nada imposible (Lucas 1:37). Jacob era la cabeza de esa familia, él era el responsable de todos ellos, y vemos que llevo a cabo esa responsabilidad con seriedad.

Como cabezas de familia tenemos que tomar esta responsabilidad en serio; recordemos que el ser cabeza de familia no es solo el trabajar y darles a nuestras familias las mejores vidas que podamos. Como cabezas de familias nosotros tenemos que dar el ejemplo, tenemos que combatir las fuerzas del enemigo que nos atacan a diario. Como cabezas de familias tenemos que hacer tal como hizo Jacob, no dejar de luchar por la bendición de Dios.

Continuando vemos que la perseverancia de Jacob produjo algo bien grande, aquí leemos: “Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. 28 Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. 29 Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. 30 Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.” Jacob antes de su experiencia con Dios, se llamaba “Engañador”, pero ahora se llamaría Israel “el que pelea con Dios”.

Acerca Jose Hernandez

Obispo José R. Hernández; educación cristiana: Maestría en Teología. El Obispo Hernández y su esposa nacieron en Cuba, y son ciudadanos de los Estados Unidos de América. El Obispo Hernández y su esposa conocieron a Jesucristo en el año 1994, se integraron a una iglesia cristiana, y fueron bautizados. En el año 1999 fundaron el ministerio El Nuevo Pacto e iniciaron la obra del Señor.

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