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Las contradicciones de Sansón

Predicas Cristianas – Predicaciones Cristianas

Sansón no es sólo una figura bíblica con valor histórico, sino que es una metáfora de la suerte que puede correr un cristiano -y la iglesia -cuando confía en sus dones y se hace amigo del mundo. De sus contradicciones y fracasos, de su liviandad y sensualidad, podemos extraer valiosas lecciones para nosotros.

Vamos a tener la Biblia abierta en el libro de Jueces, desde el capítulo 13 en adelante. Nuestra meditación esta mañana se va a centrar en la figura de Sansón, el juez de Israel. Esperamos obtener de esta palabra algunas enseñanzas útiles para todos nosotros. Desde el capítulo 13 al capítulo 16 está resumida la vida de este hombre, que gobernó durante 20 años en Israel.

Un hombre carismático

Sansón nació en un hogar piadoso. Y unas de las primeras cosas que el ángel de Dios le dijo a la madre, es que el niño que habría de nacer sería un varón apartado para Dios. Lo que se conoce en las Escrituras como un nazareo. Él no debería beber nunca vino ni sidra, ni debía comer ninguna cosa inmunda. De tal manera que desde antes de su nacimiento ya se sabía qué clase de persona debía ser Sansón: un hombre consagrado para Dios.

En Jueces 14:24-25 dice que la mujer finalmente dio a luz al niño, y le puso por nombre Sansón. “Y el niño creció y Jehová lo bendijo. Y el Espíritu de Jehová comenzó a manifestarse en él”. Esta frase “el Espíritu de Jehová comenzó a manifestarse en él” es una constante, porque muchas veces en la vida de Sansón encontramos que en los momentos difíciles, él invocaba al Señor, y el Señor hacía descender su Espíritu sobre él, y le socorría gloriosamente.

Aquí encontramos a un hombre poderoso en su fuerza, un hombre que era capaz de matar un león como se mata a un chivito, que era capaz, con la quijada de un animal, de matar a muchos hombres. Era capaz de tomar las puertas de una ciudad – que eran muy fuertes y pesadas – y echárselas al hombro y caminar como 70 kilómetros con ellas, y más encima subiendo cuestas. Era un hombre tan dotado, que aunque a él lo amarraran con cuerdas, con mimbres verdes -como en cierta ocasión lo hicieron- bastaba que él hiciera un pequeño esfuerzo y eso se rompía. Ninguna cosa podía menguar su poder, porque tenía un don de Dios.

Sansón era un hombre carismático. “Carisma” significa “don”. Era un hombre carismático. Él nació con esa bienaventuranza. Él no hizo un curso para llegar a tener mucha fuerza. Él no fue un físico-culturista. Sansón era un hombre que estaba dotado por Dios para ser un hombre fuerte.

Así ocurre cuando Dios da sus dones. Él los da gratuitamente a quien él quiere. Él no mira la clase de persona que uno es para darle sus dones. Él lo hace porque quiere; porque es bueno, porque a Él le parece bien.

¡A Dios le ha parecido bien darnos a Jesucristo, que es el Don inefable de Dios! Nosotros alabamos su gracia, y declaramos que el mayor don que hemos recibido es Jesucristo. Nosotros somos más bienaventurados que Sansón; tenemos más fuerzas que él; tenemos una mayor gloria que él. Tenemos a Jesús el Hijo de Dios.

Un mal administrador de los dones

Sansón, sin embargo, no fue un buen administrador de los dones que Dios le había dado. En toda su vida, vemos en él a un hombre muy caprichoso, un hombre solitario, un hombre muy sensual. Un hombre que hacía mal uso del don que tenía. Él se burlaba de sus enemigos, él usaba su fuerza para bien, y también para mal. Era un hombre que no consultaba al Señor acerca de cómo hacer un buen uso de los dones que Dios le había dado. De tal manera que muchas veces se equivocó. Muchas veces él usó la fuerza para su propio provecho. Y fue caminando este hombre de Dios por un camino bastante torcido, bastante equivocado. Muchas veces le vemos cometer errores, cometer pecados, pero como era un hombre talentoso de parte de Dios, él seguía venciendo a los enemigos y seguía librándose de los peligros en que se metía.

Una metáfora

Era un hombre solitario; era un hombre caprichoso. Sansón nos representa como en metáfora; como en una figura o alegoría, lo que es la situación de muchos otros hombres de Dios. Sansón no sólo existió en aquellos días de los jueces. Desde allí hasta acá en la historia ha habido siempre muchos Sansones. Siempre ha habido hombres como él -hombres de Dios, me refiero- que han tenido mucha fuerza, una capacidad que deslumbra a los demás. Sin embargo, a la hora de administrar los recursos que Dios les ha dado, no han sido sabios.

Por lo tanto, veremos que Sansón no es sólo una figura histórica; es también una figura representativa, y tal vez nosotros conozcamos a algunos de ellos hoy, y tal algunos de nosotros mismos estemos permanentemente en peligro de convertirnos en un Sansón más. De tal manera que esta palabra no exculpa a nadie. No libra a nadie. Nosotros tenemos que mirar atentamente el caminar de este hombre y obtener las lecciones que el Señor quiere darnos.

No se sujetó al Dador

Una de las cosas que llama la atención al observar a Sansón es que él muchas veces hizo uso de su don, pero nunca le vemos preguntarle al Dador de ese don acerca de cómo debía usar su don. Ese es un problema. El estaba tan contento con lo que tenía, él vivía su vida con tanto despilfarro, pero no le vemos nunca consultarle a Dios, y decir: “Señor, tú me diste esto que es algo maravilloso, que es algo para mantener a tu pueblo libre de sus enemigos, ¿qué debo hacer con él? ¿Cuál es la mejor forma de administrarlo?” Nunca le vemos orar de esa manera. Él vivía muy confiado en sí mismo. No tenía una actitud sujeta a Dios. Ese es el primer problema de este hombre.

Un líder carismático, fuerte, poderoso, pero con algunos problemas en su forma de conducirse, en su forma de vivir, en su forma de administrar los recursos que tenía.

Un hombre sensual

Además de todo eso, Sansón tenía una gran debilidad. Era un hombre muy sensual. Era un hombre muy “tentado”. Fue seducido una y otra vez por lo deseos de la carne, o – como dice la Escritura – “por los deseos de los ojos”. Cierta vez – era un joven – fue a una ciudad filistea. (A la sazón los filisteos eran el pueblo que tenía subyugado a Israel). En esa ciudad encontró a una mujer que le agradó, así que fue donde sus padres, y les dijo: “Yo he visto en Timnat una mujer de las hijas de los filisteos. Os ruego que me la toméis por mujer”. ¡Primer problema en la vida de Sansón! Encuentra una mujer, la ve, le agrada, se enamora de ella, y conforme a la tradición de sus padres, les pidió que ellos hiciesen los trámites correspondientes.

Él miró a una mujer de un pueblo enemigo y se enamoró de ella. Como si dijéramos “a una mujer del mundo”. A una mujer incrédula. En ese momento los padres le dijeron a Sansón: “¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo nuestro pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos incircuncisos?” (14:3).

Los padres llamaron la atención de este joven. Ellos tenían una razón poderosa para detener esa decisión alocada, irreflexiva, de su hijo. Si Sansón hubiese sido sabio, él hubiese atendido el consejo de sus padres. Sin embargo, él respondió así a su padre: “Tómame ésta por mujer, porque ella me agrada”.

Esa fue su respuesta y fue una respuesta categórica: “Me agrada”. No dijo: “Dios la escogió para mí”. No dijo: “Dios me ha dicho que debe ser mi esposa”. Simplemente dijo: “Ella me agrada”. Los padres se vieron impotentes. Sabían que su hijo era un escogido por Dios, entonces ellos descansaron en la decisión que su hijo estaba tomando. Sin embargo, de aquí en adelante comienza un descenso, comienza la catástrofe en la vida de este varón de Dios.

¡Fueron tantas las complicaciones que tuvo con esta mujer con la cual quiso casarse! Se vio enredado en un enigma que les propuso a los filisteos. Ellos presionaron a su novia; su novia convenció a Sansón a los siete días de estar insistiendo. Finalmente él le dio a conocer el enigma. Para poder cumplir su palabra, Sansón tuvo que matar una cierta cantidad de filisteos. El padre de la novia también tuvo problemas con Sansón. Finalmente – la historia es bastante larga, no voy a entrar en detalles -, él no pudo consumar su matrimonio.

Acerca Eliseo Apablaza F.

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