Cuando la gloria de Dios se va
La
pérdida de la gloria de Dios es la peor desgracia que
podía ocurrirle a Israel, y es la peor desgracia que
puede ocurrirle también a la Iglesia.
1
Samuel 4:17-22: "Y el mensajero respondió diciendo:
Israel huyó delante de los filisteos, y también fue
hecha gran mortandad en el pueblo; y también tus
dos hijos, Ofni y Finees, fueron muertos, y el arca
de Dios ha sido tomada. Y aconteció que cuando él
hizo mención del arca de Dios, Elí cayó hacia atrás
de la silla al lado de la puerta, y se desnucó y
murió; porque era hombre viejo y pesado. Y había
juzgado a Israel cuarenta años. Y su nuera la mujer
de Finees, que estaba encinta, cercana al alumbramiento,
oyendo el rumor que el arca de Dios había sido tomada,
y muertos su suegro y su marido, se inclinó y dio
a luz; porque le sobrevinieron sus dolores de repente.
Y al tiempo que moría, le decían las que estaban
junto a ella: No tengas temor, porque has dado a
luz un hijo. Mas ella no respondió, ni se dio por
entendida. Y llamó al niño Icabod (*esto es, "sin
gloria"), diciendo: ¡Traspasada es la gloria
de Israel! por haber sido tomada el arca de Dios,
y por la muerte de su suegro y de su marido. 22 Dijo,
pues: Traspasada es la gloria de Israel; porque ha
sido tomada el arca de Dios".
Este
pasaje que hemos leído se ambienta al final del período
de los jueces, un período oscuro en que juzgaron a
Israel jueces como Sansón, que no tuvieron la suficiente
revelación de Dios para conducir al pueblo por el camino
recto.
Al
final de este oscuro período encontramos a un hombre
que se llama Elí, que a esta sazón -en la lectura que
hemos hecho- era ya un hombre viejo. Poco más arriba
nos dice que tenía noventa y ocho años. Este era el
juez, la máxima autoridad de Israel. Pero en su vejez,
sus dos hijos, Ofni y Finees, se habían corrompido,
habían corrompido el sacerdocio, habían llegado a un
estado tal que Dios estaba cansado de soportarlos.
Y en ese instante Dios llama a Samuel, siendo todavía
un niño.
Quitada
es la gloria de Israel
Nosotros
conocemos toda esa historia. Sin embargo, antes que
Samuel comenzara su ministerio, encontramos es-te episodio.
Los filisteos han capturado el arca y esta noticia
provoca una serie de descalabros, entre ellos la muerte
del propio Elí. En la batalla habían muerto sus dos
hijos y he aquí la mujer de uno de ellos -que estaba
embarazada- da a luz. La mujer alcanza a exclamar una
palabra, que fue finalmente el nombre que llevó este
niño. Esta exclamación: "Icabod", refleja
muy bien lo que significaba para ellos la pérdida del
arca.
El
arca era el mueble en el cual estaba contenido el testimonio
de Dios. Había maná, estaba la vara de Aarón y estaban
las tablas de la Ley. Pero en realidad lo más importante
del arca no eran esos objetos que contenía, sino que
era que la gloria de Dios. La presencia de Dios descendía
sobre ese mueble, sobre el propiciatorio que era la
cubierta, porque en ese lugar cada vez que eran sacrificados
los animales una vez al año, Dios descendía, miraba
la sangre y se producía en ese momento, por esa sangre,
el perdón de los pecados del pueblo.
El
arca era el lugar donde Dios habitaba. Esa arca estaba
en un lugar en un ambiente muy santo, santísimo, construido
según las especificaciones que Dios había dado a Moisés
en la Ley. El arca era el símbolo de la presencia de
Dios y de la gloria de Dios.
Cada
vez que el pueblo tenía problemas, teniendo el arca,
ellos se sentían seguros, porque Dios estaba con ellos.
Cuando ellos tuvieron que atravesar el Jordán, las
instrucciones de Dios fueron precisas: el arca debía
estar sobre los hombros de los sacerdotes para que
el pueblo pasara en seco. Si el arca estaba allí, las
aguas se iban a detener. Fue el primer gran milagro
que presenció el pueblo de Israel con el arca.
Sin
embargo, los días habían pasado, los tiempos habían
cambiado. Israel comenzó a alejarse de Dios, se empezó a
llenar de pecados, de idolatría. Y aquí, cuando se
produce esta batalla contra los filisteos, ellos dijeron: "Traigamos
el arca. Si el arca está con nosotros en el campo de
batalla, los enemigos tendrán que huir. Es una victoria
asegurada para nosotros". Lo hicieron así. Sin
embargo, no ocurrió como ellos esperaban.
Aunque
cuando llegó el arca hubo una gran algarabía, tanto,
que la tierra tembló, y los filisteos se desconcertaron,
los filisteos derrotaron a los israelitas, tomaron
el arca y se la llevaron.
Esa
era la peor noticia que podía darse a un israelita,
y esa fue la noticia que provocó la muerte de Elí,
y el parto apresurado de esa mujer que dio a luz. No
les preocupaba tanto la muerte de Ofni y Finees, ni
a Elí ni a la mujer. El mayor impacto lo produjo la
pérdida del arca. ¡Quitada es la gloria de Israel!
¿Qué puede
hacer el pueblo de Dios cuando la presencia de Dios
le es quitada? Si Dios está en el centro, si él es
el motivo por el cual ese pueblo existe; si ese Dios
es el que lo guía, el que lo conduce, el que lo defiende,
el que lo asiste, ¿qué es de ese pueblo sin su Dios?
Por
causa de su pecado, de su apostasía, Israel perdió el
arca. Sin embargo, nosotros al leer los capítulos siguientes
encontramos que Dios mismo, en su gracia, en su misericordia, él
defendió su propio testimonio, y él atacó a los filisteos
con tumores cancerosos, con una intranquilidad muy
grande en su corazón, de tal manera que ellos se vieron
obligados a devolver el arca. Ninguna mano humana pudo
recuperarla: Dios mismo la hizo retornar. Eran los
días en que Dios todavía tenía misericordia de su pueblo
y él mismo sale en defensa de su testimonio. Él considera
que aún el pueblo de Israel todavía es digno de tener
su testimonio y su gloria en medio de ellos.
Otra época,
pero la misma pérdida
Sin
embargo, avanzamos más en las Escrituras, y llegamos
hasta el libro de Ezequiel. Les invito para que vayamos
a Ezequiel capítulo 10. Aquí encontramos al pueblo
de Israel en otra época, en otra circunstancia histórica.
Y aquí tenemos que el pueblo de Dios de nuevo ha perdido
la gloria, ha perdido la presencia de Dios.
El
título que aparece en este versión de la Biblia (la
Reina-Valera) dice: "La gloria de Dios abandona
el templo".
¿Qué puede
ocurrir, qué puede haber ocurrido para que la gloria
de Dios abandonase el templo, el lugar de su habitación,
ese lugar santo donde él había hecho morada, en ese
templo ubicado en medio de Jerusalén, la ciudad santa? ¿Qué habrá ocurrido
para que la gloria de Dios abandonara el templo? Después
de este capítulo 10 nosotros encontramos sólo desolación
y destrucción. Vinieron los babilonios, Nabucodonosor
y sus ejércitos, y luego que la gloria de Dios abandonó el
templo, el templo fue destruido y quemado. Llegó a
ser una ruina, el templo y la ciudad entera. Aquella
que en otro tiempo había sido alabada por todas las
naciones, la ciudad admirada llegó a ser un lugar de
oprobio y de vergüenza.
Las
causas de la pérdida
Las
causas de esto las encontramos en el capítulo 8. Ezequiel
recibió, estando cautivo en Babilonia, en el sexto
año de estar allí... Dice que estaba en su casa, con
los ancianos de Judá, también cautivos, y entonces
el Señor lo tomó y lo llevó en visión a Jerusalén para
mostrarle cuál era la razón, la causa de por qué Dios
había decidido retirar su gloria, de ese lugar; por
qué causa Dios había decidido traer juicio sobre Jerusalén
y sobre Israel -sobre Judá, específicamente-. Dice
que tomó a Ezequiel y lo trajo, como dice en el versículo
3, a Jerusalén, "a la entrada de la puerta de
adentro que mira hacia el norte, donde estaba la habitación
de la imagen del celo, la que provoca a celos".
Un ídolo
en la entrada
Aquí encontramos
la primera razón de la molestia del Señor, de la ira,
de su desagrado: a la entrada misma, por el norte,
había un ídolo. ¡Un ídolo a la propia entrada del templo
en Jerusalén! Una imagen, y que, naturalmente, provocaba
a celos al Señor. ¿No les había dicho él en la Ley,
en Éxodo 20 que no se debían ni crear imágenes de cosa
alguna bajo el cielo, ni menos inclinarse ante ellas
y adorarlas? Era el mandamiento tal vez más importante
porque era la mayor ofensa que se podía hacer hacia
el Dios invisible, crear un ídolo y ponerlo en el propio
lugar donde Dios había querido habitar.
El
verso 4 dice: "Y he aquí, allí estaba la gloria
del Dios de Israel, como la visión que yo había visto
en el campo". Todavía está la gloria aquí. A pesar
de que está esa imagen, todavía la paciencia de Dios
ha esperado hasta este momento. Continuamos leyendo
en el verso 5, y dice: "Y me dijo: Hijo de hombre,
alza ahora tus ojos hacia el lado del norte. Y alcé mis
ojos hacia el norte, y he aquí al norte, junto a la
puerta del altar, aquella imagen del celo en la entrada.
Me dijo entonces: Hijo de hombre, ¿no ves lo que éstos
hacen, las grandes abominaciones que la casa de Israel
hace aquí para alejarme de mi santuario?"
Le
pregunta el Señor a Ezequiel: "¿No ves lo que
ellos han hecho? Han construido esa abominación para
alejarme de mi santuario". No es Dios que se quiere
ir. Es que ellos le están alejando, es que ellos le
están provocando a celos, le están ofendiendo en lo
más íntimo.
El
pecado de los ancianos
"Pero
vuélvete aún, y verás abominaciones mayores. Y me llevó a
la entrada del atrio, y miré, y he aquí en la pared
un agujero. Y me dijo: Hijo de hombre, cava ahora en
la pared. Y cavé en la pared, y he aquí una puerta.
Me dijo luego: Entra, y ve las malvadas abominaciones
que éstos hacen allí. Entré, pues, y miré; y he aquí toda
forma de reptiles y bestias abominables, y todos los ídolos
de la casa de Israel, que estaban pintados en la pared
por todo alrededor. Y delante de ellos estaban setenta
varones de los ancianos de la casa de Israel, y Jaazanías
hijo de Safán en medio de ellos, cada uno con su incensario
en su mano; y subía una nube espesa de incienso. Y
me dijo: Hijo de hombre, ¿has visto las cosas que los
ancianos de la casa de Israel hacen en tinieblas, cada
uno en sus cámaras pintadas de imágenes? Porque dicen
ellos: No nos ve Jehová; Jehová ha abandonado la tierra".
He
aquí la segunda causa de por qué Dios había decidido
alejarse de su santuario y quitar de allí su gloria.
Setenta ancianos... Los ancianos representaban la autoridad
en Israel, eran los hombres respetables, los más sabios.
Ellos, en un número de setenta, estaban contemplando
esa pared llena de imágenes de ídolos, de figuras de
repti-les y bestias abominables.
A
Ezequiel le sorprende mucho que entre esos setenta
estuviera uno llamado Jaazanías hijo de Safán. Safán,
treinta años antes, aproximadamente, había sido uno
de los que había participado del hallazgo del libro
de la Ley. Cuando se produjo ese hallazgo en la casa
de Dios, le llevaron el libro al rey Josías, y Josías,
al leer el libro, se humilla, se arrepiente, y se produce
una restauración del culto y de la gloria de Dios en
Israel. Ese había sido Safán.
Y
ahora está su propio hijo aquí, Jaazanías, dirigiendo
esa visión idolátrica de esos ídolos pintados en las
paredes. ¿Se puede entender cómo, después de treinta
años apenas, de que Israel había vivido todo un avivamiento
de la fe, una recuperación de la Palabra, ahora estaban
en esta apostasía? Parece difícil de aceptar y de creer.
Ellos estaban en tinieblas, en lo oscuro, cada uno
en sus cámaras secretas pintadas de imágenes. Noten
ustedes lo que ellos decían: "No nos ve Jehová,
Jehová ha abandonado la tierra".
Cuando
el pueblo de Dios llega a esa condición de decir: "No
nos ve Jehová, Jehová se ha ido, no está; podemos hacer
lo que nosotros queramos, estamos aquí escondidos en
esta cámara, nadie nos ve, Jehová tampoco nos ve"...
Cuando se ha llegado a ese estado de inconsciencia
de la presencia de Dios, cuando se niega que él pueda
contemplarlo todo y juzgarlo todo, se pierde el temor. "Dios
está lejos, nosotros estamos acá. Nadie nos observa." Esta
es una de las señales de la apostasía.
El
pecado de las mujeres
Sin
embargo, no era todo, era el comienzo. Porque el Señor
le dice en el versículo 13: "Me dijo después:
Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que hacen éstos.
Y me llevó a la entrada de la puerta de la casa de
Jehová, que está al norte; y he aquí mujeres que estaban
allí sentadas endechando a Tamuz".
Tamuz
era un ídolo procedente de Babilonia. Tamuz aparecía
representado en las figuras de los babilonios como
un niño en brazos de su madre. Según las fábulas paganas
de Babilonia, Nimrod - el creador de la torre de Babel
y de esas ciudades babilónicas allá en Génesis - fue
constituido en dios; y cuando Nimrod murió, renació o
se manifestó de nuevo en un hijo suyo, y ese hijo se
llamaba precisamente Tamuz. La madre de ese niño se
llamaba Astarot. En realidad, ese nombre, Astarot o
Astarté, es uno de los muchos nombres que esa mujer
adoptó. En casi todas las culturas, en casi todos los
pueblos del mundo, se encuentran vestigios de este ídolo
Tamuz, de su madre y del padre, Nimrod, cuyo nombre
después fue transformado en Baal.
Según
Astarot, ese niño había nacido en forma sobrenatural,
era como una personificación de Nimrod. Pero en realidad
más allá de eso, los babilonios creían que ese Tamuz
era el salvador del mundo, conforme a la promesa que
Dios había hecho en Génesis capítulo 3 a Eva, y que
de ella saldría el Salvador, de su descendencia, de
su simiente. Entonces, el diablo, que siembra la mentira,
que corrompe la verdad, que trata siempre de imitar
las cosas de Dios para engañar a los hombres, habían
creado toda una teología pagana en la cual Tamuz era
el hijo supuestamente inmortal nacido en forma milagrosa
y que él merecía por tanto la adoración de su pueblo.
Esta
teología pagana que surgió en Babilonia se había infiltrado
también en Israel. En muchos pueblos antiguos también
aparecen estas figuras bajo otros nombres. Esa Diana
de los efesios que aparece en Hechos, y que los efesios
defendían en los tiempos de Pablo, era una personificación
también de esta mujer, la supuesta esposa de Baal,
Astarot.
Y
aquí están estas mujeres judías, israelitas, estas
mujeres santas, estas mujeres llamadas, convocadas
a adorar al único Dios vivo y verdadero, están aquí endechando
a Tamuz dentro de la propia área del templo santo.
Las mujeres de Israel estaban endechando a Tamuz, estaban
llorando por él. ¿Qué historias se contarían respecto
de él que producían en estas mujeres el dolor, la misericordia,
la emoción? ¿Qué historias se habrían inventado para
ganar el favor, el corazón de las mujeres en el mundo
entero?
El
cristianismo hoy también ha sido infiltrado con esta
teología diabólica. Hoy también está la figura de una
mujer con un niño en brazos en los altares de un vasto
sector de la cristiandad.
El
pecado de los ministros
"Luego
me dijo: ¿No ves, hijo de hombre? Vuélvete aún, verás
abominaciones mayores que estas. Y me llevó al atrio
de adentro de la casa de Jehová; y he aquí junto a
la entrada del templo de Jehová, entre la entrada y
el altar, como veinticinco varones, sus espaldas vueltas
al templo de Jehová y sus rostros hacia el oriente,
y adoraban al sol, postrándose hacia el oriente".
Veinticinco
varones... En las Escrituras nosotros encontramos que
cuando se ordenó el servicio levítico en la casa de
Dios, se determinó veinticuatro turnos para que los
levitas sirvieran en la casa. Por lo tanto, aquí encontramos
en estos veinticinco varones un representante de cada
uno de esos turnos levíticos, más el sumo sacerdote.
Estos veinticinco varones son representativos entonces
de aquellos varones santos que tenían que acercarse
para ministrar delante de Dios. Pero, ¿en qué condiciones
están aquí? Ellos están vueltos de espaldas hacia el
templo y mirando hacia el sol, postrándose ante el
oriente.
Adorando
al sol... ¡Qué estupidez! Cuando nosotros miramos un
poco la historia de los incas aquí, en el Perú, encontramos
que una de sus deidades era el sol. Pero, sin duda,
el pecado de los incas era mucho más pequeño que el
pecado de los israelitas, que conociendo al Dios vivo
y verdadero, adoraban al sol. Habiendo recibido la
Ley, una Ley para un pueblo santo, apartado, ellos
habían caído en la adoración idolátrica del sol, un
objeto de la creación del Dios vivo y verdadero. Es
una aberración, es algo que no lo podemos entender.
"Y
me dijo: ¿No has visto, hijo de hombre? ¿Es cosa liviana
para la casa de Judá hacer las abominaciones que hacen
aquí? Después que han llenado de maldad la tierra,
se volvieron a mí para irritarme... Pues también yo
procederé con furor; no perdonará mi ojo, ni tendré misericordia;
y gritarán a mis oídos con gran voz, y no los oiré".
Una
aplicación
Permítanme
hacer una aplicación de estas tres abominaciones que
vio Ezequiel en el templo de Jerusalén a nuestra realidad.
Por supuesto, lo que voy a decir es una aplicación.
Usted recíbalo, o déjelo. Pero creo que hay un mensaje
aquí para nosotros, para esta generación.
La
primera visión que tuvo Ezequiel cuando atravesó esa
pared fue la de esos hombres, esos setenta ancianos,
contemplando la pared pintada con imágenes diversas,
formas de animales, bestias abominables, ídolos pintados
en la pared.
Quisiera
aplicarlo de esta manera: Hasta el siglo XX, es decir,
desde la historia pasada, desde lo más recóndito de
la historia hasta el siglo XX de nuestra era, la civilización,
las civilizaciones se habían desarrollado en torno
a la palabra, como dicen los estudiosos. Sin embargo,
desde el siglo XX en adelante, la civilización (y nosotros
también estamos en ella) es una civilización centrada
más y más en torno a la imagen. Desde los días en que
el cine se inventó, a fines del XIX, la forma de comunicación
más influyente ya no se produce tanto con el vehículo
de la palabra, sino con el de la imagen. "Una
buena imagen -dicen los publicistas- habla más que
mil palabras".
Aquí tenemos
hombres contemplando imágenes. ¿Qué cosas habría allí dibujadas?
No se nos especifica, pero dice que eran abominables, ídolos.
Sin duda esos ídolos, esas figuras, estaban tomadas
de los pueblos que habitaban en los alrededores de
Israel. ¿Qué formas de depravaciones, qué pecados estarían
figurados allí?
Cuando
nosotros leemos en Levítico dice por ejemplo y nos
llama la atención que lo diga: "No te ayuntarás
con animal". ¿Qué significa eso? ¿Qué clase de
pecado es ése? Si Dios le da el mandamiento, por algo
era, porque ellos iban a llegar a tomar la tierra y
a ser vecinos de pueblos que tenían las peores costumbres,
que practicaban las mayores aberraciones de todo tipo.
Cuando
se habla en las Escrituras de culto idolátrico, de
fornicación, de idolatría, la idolatría no era solamente
tener un ídolo ahí e inclinarse ante él: era desarrollar
ciertas conductas orgiásticas, depravadas, en honor
de ese ídolo. No entraré en mayores detalles, porque
ustedes entienden. Es la prostitución llevada al extremo.
Los ídolos tenían sus sacerdotisas. ¿Creen ustedes
que ellas sólo atendían los lugares 'santos' para limpiar
y ordenar? Las sacerdotisas estaban allí para realizar,
con los que acudían a postrarse ante esos ídolos, una
forma de culto con toda forma de depravaciones sexuales.
Nosotros
estamos inmersos en la cultura de la imagen. Imaginémonos
un niño de hace trescientos años atrás. ¿Cuándo él
podía ver una escena de subido tono? ¿Cuándo podía
ver la imagen de una mujer desnuda en actitudes poco
decentes? Hace trescientos años atrás, nunca hubiera
sido posible eso. En ese tiempo, lo único que había
eran esas novelas románticas.
Hoy
día, ¿se dan cuenta la diferencia? Hoy día es al revés:
sin que nadie haya leído jamás una novela romántica,
ya lo sabe todo respecto a las relaciones sexuales. ¿Cuándo
comenzó eso? ¿Cómo comenzó todo eso? Comenzó con el
cine, y luego con la televisión se masificó. Por tanto,
esta forma de abominación nos habla a nosotros, a mi
modo de ver -y esto es una aplicación, es una interpretación
que estoy haciendo-, del moderno culto a la imagen
a través del cine y le televisión.
El
bestialismo, por ejemplo, es un pecado que está siendo
divulgado ahora mismo por algunas cadenas privadas
de televisión en Europa. A las tres, cuatro de la mañana,
cualquier persona que tenga TV cable puede encender
su televisor y ver las peores escenas. "Toda forma
de reptiles y bestias abominables, y todos los ídolos
de la casa de Israel, que estaban pintados en la pared
por todo alrededor".
La
depravación, se sabe cómo comienza, pero no se sabe
dónde termina. Cuando el corazón del hombre se ha depravado,
no le basta tener relación sexual un hombre con una
mujer o con muchas mujeres, porque ya se pue-de cansar
de las muchas mujeres. Entonces, en su hastío, en su
cansancio, buscará hombres a ver si se sacia, y no
hallándose satisfecho, a lo mejor llegará hasta los
animales.
Es
fuerte lo que estoy diciendo. No debiera decirse desde
un púlpito. Pero aquí encontramos en las Escrituras
una advertencia para los hombres y mujeres de este
día. A nosotros nos da la impresión de que este Libro
santo no debería contaminarse haciendo alusión a estas
depravaciones. Sin embargo, lo que aquí aparece es
un reflejo del pecado del hombre, de la apostasía del
hombre. Y esto que estamos diciendo no ocurría en un
pueblo pagano, sino que estaba ocurriendo en Israel,
el pueblo escogido.
Creo
que esto es una advertencia para los cristianos que
hoy les gusta mirar en la pared este tipo de imágenes.
El cumplimiento de estas cosas será literal cuando,
dentro de pocos años, seguramente, usted va a poder
colgar su televisor. Ya no va a necesitar ponerlo sobre
un mueble, va a poner un clavo bien firme y lo va a
colgar en la pared como un cuadro. Y si tiene dinero
podrá comprar uno gigantesco que cubra toda la pared.
Lo único que faltará será traerlo y ponerlo en medio
de los ambientes cristianos.
Segunda
aplicación
Luego,
permítanme avanzar con la segunda de estas abominaciones.
Las mujeres que lloran a Tamuz. Esto tiene que ver
con la idolatría.
Discúlpenme
los católicos que pudiera haber aquí, pero cuando el
catolicismo por allá por el siglo IV quiso recibir
a todo el mundo, entonces adaptó su teología a las
teologías paganas y permitió que muchas de las cosas
que provenían de las tradiciones y de las religiones
de los pueblos paganos se introdujeran en el cristianismo.
La figura de María con el niño Jesús en brazos no está tomada
de las Escrituras, sino que es herencia del paganismo
babilónico.
Aunque
no lo quieran reconocer, los católicos tienen en María
y el niño en brazos, un ídolo al cual no sólo veneran,
como dicen, sino también adoran. Yo he visto imágenes
-y usted también las ha visto- con muchas velas encendidas,
y muchas flores. He visto la gente que se acerca y
se arrodilla frente a ellas. ¿Qué es eso? ¿Es veneración
solamente? ¡Eso es idolatría! Idolatría es la palabra;
ese es el nombre, es el pecado.
"Mujeres
sentadas... endechando a Tamuz". ¿Cuánto de la
cultura del mundo, cuánto de Babilonia, se ha infiltrado
allí? ¿Cuántas de sus tradiciones?
Hay
un libro que se llama "Babilonia, misterio religioso",
de Ralph Woodrow. En este libro se muestra cómo Babilonia
está presente en todas las falsas religiones y también
en algunos sectores de la cristiandad, introduciendo
figuras, símbolos, celebraciones. Incluso las vestimentas
de algunos personeros de esta 'Babilonia la grande'
de hoy están también tipificados, dibujados, elementos
del paganismo babilónico. En la forma como hacen sus
templos...
Por
ejemplo, que alguien explique el significado que tiene
el obelisco que hay en la plaza de Roma. ¿Qué significa
el obelisco, así como el que hay en la Plaza de Mayo
en Argentina? Un obelisco, que es un monumento así recto,
de veinte o treinta metros de alto que va disminuyendo
hacia arriba. ¡Lo que eso significa, hermanos, es aberrante!
Es un signo de la masculinidad. Porque los paganos
acostumbraban idolatrar a la mujer por su fertilidad
y al hombre también por la capacidad de engendrar.
"La
reina del cielo"
En
cierta ocasión, cuando se produjo el cautiverio del
pueblo de Israel, hubo un remanente que huyó a Egipto
para escapar de los castigos de Nabucodonosor, y el
profeta Jeremías fue obligado a ir con ese remanente
a Egipto. Y Jeremías, como hombre de Dios, llamó al
pueblo allí en Egipto a volverse a Dios.
Y
vean la respuesta que le dieron en aquella ocasión
las mujeres: "La palabra que nos has hablado en
nombre de Jehová no la oiremos de ti, si-no que ciertamente
pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra
boca, para ofrecer incienso a la reina del cielo -'la
reina del cielo', noten esa expresión-, derramándole
libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres,
nuestros reyes y nuestros príncipes en las ciudades
de Judá y en las plazas de Jerusalén, y tuvimos abundancia
de pan y estuvimos alegres y no vimos mal alguno; mas,
desde que dejamos de ofrecer incienso a la reina del
cielo y de derramar libaciones, nos falta todo y de
espada y de hambre somos consumidos. Y cuando ofrecimos
incienso a la reina del cielo -están hablando las mujeres-
y derramamos libación, ¿acaso le hicimos nosotras tortas
para tributarle culto y le derramamos libaciones sin
consentimiento de nuestros maridos?" (Jeremías
45:16-19).
Hay
un ídolo hoy día en el mundo cristiano a la cual le
dicen 'reina del cielo'. Es el nombre que tenía, es
uno de los muchos títulos que tenía Astarot, esta deidad
babilónica, la madre de Tamuz. ¡Qué descaro, decirle
a Jeremías: "Estos males que nos han venido, nos
han venido porque hemos dejado de ofrecerle incienso
a la reina del cielo. Cuando lo hacíamos, estábamos
bien. ¡No nos vengas tú a hablar del Señor Dios!".
Puede
llegar a tal extremo la desfachatez, la dureza de corazón,
el extravío, la locura, que se puede defender un ídolo
en contra de Dios. Yo creo que si a una mujer católica
(piadosa según su forma de piedad), tú le tocas su ídolo
que tiene ese niño en brazos, lo más probable es que
se haga enemiga de ti, y que defienda su ídolo diciendo: "Gracias
a él (o ella en este caso) yo estoy bien". La
idolatría es terrible, porque se va metiendo en forma
disi-mulada, hasta que atrapa el corazón y lo encadena.
La
tercera aplicación
Veamos
ahora la tercera abominación, y a hacer la aplicación
a nuestros días.
Esos
veinticinco varones estaban vueltos hacia el oriente,
postrados ante el sol, adorándolo. Cuando nosotros
leemos a Ezequiel, encontramos que, de los cuatro puntos
cardinales, el oriente era el lugar desde donde el
cual Dios se manifestaba. Por eso, por ejemplo, la
entrada al tabernáculo en el desierto quedaba vuelto
hacia el oriente. Sin embargo, aquí ellos estaban vueltos
hacia el oriente no para adorar a Dios o para recibir
algo de Dios, sino para adorar al sol.
Permítame
aplicarlo de esta manera: Hoy, el mundo entero está siendo
invadido desde el oriente por filosofías vanas, sutilezas
huecas. Las filosofías de oriente están atrapando al
mundo occidental. Por ejemplo, la Nueva Era está teñida
por las filosofías orientales.
¿En
qué consisten las filosofías orientales? Las muchas
filosofías tienen algo en común. ¿Qué es eso? Ellos
sostienen que el hombre puede llegar a ser dios. Si
se perfecciona a sí mismo, si se somete a ciertas prácticas
y disciplinas, el hombre puede llegar a ser dios. Sostienen
que el hombre puede llegar a conocer por sí mismo la
verdad, puede llegar a perfeccionarse tanto que llegue
a ser una deidad. Ese es en el fondo el resumen de
las filosofías orientales.
Y, ¿saben,
amados hermanos?, esta filosofía se está infiltrando
también en la cristiandad apóstata. A través de Internet,
uno puede enterarse de los cientos y miles de mensajes
que los cristianos se mandan unos a otros a través
de los correos electrónicos. Algunos de esos mensajes
están bien, se centran en el Señor Jesucristo, pero
la gran mayoría de ellos son mensajes de auto-perfeccionamiento,
son mensajes que apelan a los cristianos para que ellos
se miren a sí mismos y vean que pueden ser mejores: "Mira
lo que está en ti, dentro de ti está todo el potencial,
déjalo fluir, déjalo salir. No busques fuera, busca
dentro de ti". No como diciendo "Dentro de
ti está el Señor", sino "Mírate a ti y ve
que tú eres capaz si te perfeccionas, si te disciplinas".
Creo
que esto va a ir en aumento.
Hace
poco tiempo atrás, salió una noticia (y parece que
está en la revista "Aguas Vivas" Nº 15),
en que se decía que los religiosos, y entre ellos los
católicos, están preocupados porque las Naciones Unidas
están intentando formar una nueva religión, una religión
que tiene elementos de ecología, de humanismo y, sobre
todo, de filosofías orientales. Hay preocupación en
el mundo cristiano, sobre todo en aquellos que tienen
el poder, porque esto amenaza su posición. Creo que
los cristianos en los días que vienen van a ser tentados
más y más por estas filosofías.
Hay
muchos libros en el velador de muchos cristianos. Libros
sobre autoayuda, libros de personajes tan aparentemente
inofensivos como Lobsang Rampa, Og Mandino, como Pablo
Coelho, y toda esa generación de escritores que escriben
tan bonito, que parece que a uno lo elevan. Pero, ¡cuidado,
es una víbora! ¡Esa es una víbora que muerde fuerte!
Los
juicios caen
Cuando
esto ocurre, entonces Dios decide retirar su gloria.
Después del capítulo 8 de Ezequiel está el capítulo
9. Mire lo que dice:
"Clamó en
mis oídos con gran voz, diciendo: Los verdugos de la
ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento
para destruir. Y he aquí que seis varones venían del
camino de la puerta de arriba que mira hacia el norte,
y cada uno traía en su mano su instrumento para destruir.
Y entre ellos había un varón vestido de lino, el cual
traía a su cintura un tintero de escribano; y entrados,
se pararon junto al altar de bronce.
"Y
la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del
querubín, sobre el cual había estado, al umbral de
la casa; y llamó Jehová al varón vestido de lino, que
tenía a su cintura el tintero de escribano, y le dijo
Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio
de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los
hombres que gimen y que claman a causa de todas las
abominaciones que se hacen en medio de ella. Y a los
otros dijo, oyéndolo yo: Pasad por la ciudad en pos
de él, y matad; no perdone vuestro ojo, ni tengáis
misericordia. Matad a viejos, jóvenes y vírgenes, niños
y mujeres, hasta que no quede ninguno; pero a todo
aquel sobre el cual hubiere señal, no os acercaréis;
y comenzaréis por mi santuario".
"Comenzad
a matar por mi santuario..." ¡Cuánto le habrá dolido
al Señor decir esa frase!: "El santuario, el lugar
santo donde yo habito, ¡empiecen por ahí, maten desde
allí!".
"Comenzaron,
pues, desde los varones ancianos que estaban delante
del templo. Y les dijo: Contaminad la casa, y llenad
los atrios de muertos; salid. Y salieron, y mataron
en la ciudad".
Noten
ustedes la fuerza que tiene este capítulo 9 de Ezequiel.
Ese varón que iba con el tintero de escribano iba marcando. Él
sabía a quiénes debía marcar: iba marcando a todos
aquellos que no habían participado de los pecados,
a todos aquellos que gemían y clamaban, que buscaban
a Dios por las abominaciones que se hacían en medio
de Jerusalén. Esos que estaban con la señal, ésos no
podían ser tocados. Ellos constituían el remanente.
Y
en el verso 8 Ezequiel dice: "Aconteció que cuando
ellos iban matando y quedé yo solo, me postré sobre
mi rostro, y clamé y dije: ¡Ah, Señor Jehová! ¿destruirás
a todo el remanente de Israel derramando tu furor sobre
Jerusalén?
"Y
me dijo: La maldad de la casa de Israel y de Judá es
grande sobremanera, pues la tierra está llena de sangre,
y la ciudad está llena de perversidad; porque han dicho:
Ha abandonado Jehová la tierra, y Jehová no ve. Así,
pues, haré yo; mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia;
haré recaer el camino de ellos sobre sus propias cabezas".
Los
juicios de Dios van a caer sobre esta humanidad, y
no sobre la humanidad incrédula, que ya tiene su castigo
preparado, sino también sobre la cristiandad apóstata,
sobre los cristianos acomodados al mundo, los cristianos
que alguna vez oyeron hablar del Señor, levantaron
su mano, recibieron la salvación y pensaron que eso
era todo, que ahora ellos podían hacer su propia vida,
y se han entregado a los placeres y a la concupiscencia.
Ellos no están marcados. Son marcados solamente los
que gimen, los que claman al ver el pecado que los
rodea.
En
estos días, en nuestro país, han entrado señales de
que la perversión viene. Una mujer se pasea desnuda
por la calle. "Arte", dicen. Los canales
de televisión han dedicado sus espacios a hablar de
eso. ¿No hay nada más importante que hablar en Chile?
Una hora en televisión, treinta minutos... ¿Cuánto
costaría para tener un programa en que se predique
el evangelio? ¡No podríamos pagar eso! ¡Pero hay horas
y horas dedicadas al pecado y a la exacerbación de
la maldad y a la justificación de lo injustificable!
Un
país vecino que está caído en la ruina nos está compartiendo
su inmundicia. Creo que la ruina de los pueblos no
viene sólo porque los gobernantes no saben gobernar
o porque hay corrupción a nivel de políticos. Creo
que la ruina de los pueblos también viene por la conducta
de toda la nación. Hay conductas perversas, abominables.
Dios tenga misericordia de los hijos de Dios que están
en esa nación hermana.
El
Señor nos haga a nosotros verdadera sal de la tierra,
que podamos interceder, orar, gemir, como aquí se dice,
para que estas abominaciones no caigan sobre nosotros
en nuestros días, para que el Señor cuide de los hombres
de este país, de las mujeres, para que nos evite caer
en pecados abominables.
La
gloria del Señor abandona el templo
El
capítulo 10 de Ezequiel muestra cómo el Señor se va.
Tal vez el arca todavía estaba allí. Tal vez todavía
estaba allí el propiciatorio, todavía estaban adentro
del arca los objetos sagrados; sin embargo, el Señor
se va. Dice que sobre unos querubines preciosos se
posó la gloria de Dios y se fue moviendo y alejándose,
hasta posarse en un cerro cercano a Jerusalén. Y dice
Ezequiel: "Desde allí, desapareció". No sólo
abandonó el templo, sino también ¡abandonó la ciudad!
Es que ya no había ningún lugar que mereciera tener
su gloria.
¿Saben?,
esto también me trae al corazón lo siguiente: Cuando
el arca fue robada en los días de Elí, Dios se vindicó a
sí mismo y trajo él de vuelta el arca. Sin embargo,
aquí encontramos algo tal vez peor que eso: el arca
está ahí, pero Dios no está allí. La gloria se fue.
Ved
lo que hay hoy en la cristiandad: el arca está allí,
pero la gloria no está. Porque el arca nos habla de
Cristo. Para los judíos el arca era su gloria; para
nosotros, Cristo es nuestra gloria. Él es nuestra arca.
Hay algunos que perdieron el arca. Otros que la tienen,
perdieron la gloria.
Oh,
amados hermanos, ¡no dejemos que la gloria de Dios
nos abandone nunca! Como dice aquí, él no quiere irse. "Son
ellos que hacen estas abominaciones para alejarme de
mi santuario", dice el Señor. (8:6). ¡Nosotros
le podemos alejar! ¡No lo alejemos! Guardemos la santidad
en el temor de Dios, librémonos de estas contaminaciones
y abominaciones, guardemos nuestra conducta pública
y privada, tengamos paz en nuestras casas, tengamos
paz unos con otros, amémonos, bendigámonos, no nos
juzguemos, no nos condenemos unos a otros. Bendigámonos,
estemos juntos para tener comunión.
Dios
muestra su plan futuro
Ezequiel
capítulo 40: "En el año veinticinco de nuestro
cautiverio..." Habían pasado como veinte años
desde las visiones anteriores que tuvo Ezequiel. Aquí estamos
como veinte años más adelante, y de nuevo Ezequiel
tiene una visión. Versículo 2: "En visiones de
Dios me llevó a la tierra de Israel, y me puso sobre
un monte muy alto, sobre el cual había un edificio
parecido a una gran ciudad, hacia la parte sur".
Es
una visión. No es que esto esté en la realidad. En
la realidad lo que hay a esa altura es una ciudad destruida,
es un templo quemado. De esa ciudad no queda nada,
pero en la visión Ezequiel ve una ciudad en otro monte,
al sur, no en donde estaba Jerusalén. Es una visión
gloriosa de un nuevo templo. Esa visión está en los
capítulos 40, 41 y 42.
Y
miremos el primer versículo del capítulo 43: "Me
llevó luego a la puerta, a la puerta que mira hacia
el oriente; y he aquí la gloria del Dios de Israel,
que venía del oriente; y su sonido era como el sonido
de muchas aguas, y la tierra resplandecía a causa de
su gloria. Y el aspecto de lo que vi era como una visión,
como aquella visión que vi cuando vine para destruir
la ciudad; y las visiones eran como la visión que vi
junto al río Quebar; y me postré sobre mi rostro. Y
la gloria de Jehová entró en la casa por la vía de
la puerta que daba al oriente. Y me alzó el Espíritu
y me llevó al atrio interior; y he aquí que la gloria
de Jehová llenó la casa".
Dios
tuvo que desechar una ciudad contaminada y corrupta.
Dios tuvo que aceptar que el templo sagrado lo quemaran,
pero Dios no se quedó así. Él le mostró a Ezequiel
lo que habría de ocurrir en los tiempos futuros: él
se habría de conseguir una nueva ciudad, él iba a tener
un nuevo templo, un nuevo santuario. ¿Cuál creen ustedes
que es ese santuario? ¿Cuál creen ustedes? Creyentes,
cristianos, ¿cuál es ese santuario? ¡Es la iglesia!
Versículos
6 y 7: "Y oí uno que me hablaba desde la casa;
y un varón estaba junto a mí, y me dijo: Hijo de hombre,
este es el lugar de mi trono, el lugar donde posaré las
plantas de mis pies, en el cual habitaré entre los
hijos de Israel para siempre".
¿Cuánto
tiempo...? ¡Para... siempre!. ¡Hay un lugar donde Dios
habitará para siempre! ¡Hay un lugar del cual Dios
no se irá nunca! ¡Hay un lugar santo, que es santo
como Dios es santo!
"¡No
me iré nunca de allí!"... La primera Jerusalén
fracasó, aquel santuario terrenal fracasó. Pero, he
aquí, ¡hay un santuario celestial que no fracasará! ¡Dios
habitará en ella para siempre! Yo no sé si lo creen
o no. Parece que no lo están creyendo mucho, porque
esto es para alegrarse. Los judíos pueden pensar que
este templo descrito aquí en Ezequiel es un templo
que hay que construir ahora. De hecho así lo creen.
Ellos han tomado estas indicaciones para hacer los
planos y van a levantar un nuevo templo en Jerusalén. ¡Puede
tener esa aplicación, ya, puede tenerlo, lo otorgamos!
Pero nosotros hablamos de una Jerusalén celestial,
hablamos de un santuario celestial, no hecho de manos.
¡Aleluya,
bendito es el Señor! ¡La gloria nunca más se irá de
nosotros! ¡Él habitará en medio nuestro para siempre! ¡Pueblo
santo, Dios habita en su santuario, Dios habita en
vuestro medio! ¡Aleluya, bendito es su nombre! ¡Aleluya,
aleluya! (En Apocalipsis 21:22 dice que en la eternidad
no habrá templo alguno).
Las
aguas vivas
¿Cómo
podemos saber que la iglesia es este santuario, este
nuevo templo no hecho de manos? Ezequiel capítulo 47
dice: "Me hizo volver luego a la entrada de la
casa; y he aquí aguas que salían de debajo del umbral
de la casa hacia el oriente". Aguas desde el umbral
de la casa... esas aguas se transforman en un río.
Ezequiel es introducido en ese río, hasta los tobillos
primero, hasta las rodillas después, hasta los lomos.
Finalmente, perdió pie y tuvo que nadar en ese río.
El versículo 8 dice: "Y me dijo: Estas aguas salen
a la región del oriente, y descenderán al Arabá, y
entrarán en el mar; y entradas en el mar, recibirán
sanidad las aguas. Y toda alma viviente que nadare
por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá;
y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas
aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare
en este río".
¿Cuál
es el templo del cual fluyen las aguas vivas? ¿Cuál
es el lugar donde hallan saciedad, reposo y paz todo
hombre? Recibe sanidad el que entrare en este río.
Este no es un edificio hecho de manos, este es un edificio
espiritual. Nosotros hemos sido saciados con esta agua.
Estas son las aguas salutíferas. ¿Ha sido saciada tu
sed en esta agua? Esta es la iglesia del Dios Viviente,
columna y baluarte de la verdad.
Nuestra
honra presente
En
este día nos limpiamos, aborrecemos toda contaminación,
todas esas abominables idolatrías. Nos declaramos un
pueblo santo, un pueblo justo, un pueblo piadoso, un
pueblo que teme a Dios, que sabe que Dios está.
Nunca
podremos decir. "Él ya no está, él se ha ido".
No, no se ha ido, él está, ¡y la gloria de Dios está aquí! ¿En
qué consiste la gloria de Dios? ¿Consistirá en luces,
en llamarazos? ¿Consistirá en una humareda grande?
Oh, la gloria de Dios, a veces, hermanos, es como un
viento suave y apacible, es como una cosa delicada
que se va transmitiendo cuando uno da testimonio, cuando
otro ora, cuando adoramos, cuando alabamos. No es algo
visible. La gloria es sentir que Dios está. Cuando
Dios está, allí está la gloria de Dios.
Hermano, ¿crees
tú que la gloria de Dios está entre nosotros? ¿o se
fue? Hoy día hemos adorado al Señor, hoy día hemos
tocado al Señor. ¡La gloria de Dios está! ¡Aleluya! ¡Bendito
es el Señor!
La
gloria de Dios es algo sencillo, que nos cautiva por
dentro, es una atracción, es un gozo, es un deseo de
estar ante su presencia, es sentir sus caricias, es
saber que él está cuidándonos, que su mano nos protege,
de saber que nada nos falta, porque estamos en él y
porque él está en nosotros, de saber que sus cuidados
no se han apartado. ¡Esa es la gloria de Jehová!
No
la alejemos nunca. No pretendamos imitarla tampoco.
No es necesario que hagamos esfuerzos: la gloria está,
simplemente, porque Dios ha decidido que ésta sea su
habitación. ¡Aleluya!