El peligro de criticar al siervo de Dios
¿Solamente por
Moisés ha hablado el SEÑOR? ¿No ha hablado también por
nosotros? (Números 12:1-16)
INTRODUCCIÓN:
Un espíritu de
crítica y queja está barriendo la tierra hoy. Casi todos
somos tomados por ese espíritu. Un espíritu crítico ha
infiltrado la actitud y el hablar de la mayoría de las
personas. Las personas están criticando, quejándose y murmurando
contra: el patrón, el empleado, el vecino, el esposo(a),
los padres, la escuela, los negocios, los amigos, el dinero,
los miembros de la familia, los políticos, el gobierno,
los impuestos, los maestros, la salud, los medios de comunicación.
La lista podría continuar. Pero hay una persona que es
criticada casi tanto como cualquier otra: el ministro de
Dios. En verdad, el ministerio es una profesión que normalmente
es sometida a una norma más alta que la mayoría de las
otras profesiones. Pero hay algo más detrás de la crítica:
hay una guerra espiritual lanzada contra el ministro debido
a su llamado a servir a Dios y Su pueblo. De hecho, una
de las mayores estrategias del diablo es despertar críticas
y quejas contra el ministro de Dios. A veces la crítica
incluso es lanzada por un miembro de la familia. Éste es
el asunto del presente pasaje. Encontramos aquí:
- La
crítica y cuestionamiento del siervo de Dios (v.1-3)
- El castigo y juicio de Dios (v.4-12)
- La
gran misericordia y compasión de Dios (v.13-16)
I.
LA CRÍTICA Y CUESTIONAMIENTO
DEL SIERVO DE DIOS (12:1-3)
Lo que pasó fue doloroso.
Los mismos hermanos de Moisés se pararon contra él, desafiando
su liderazgo. Tengamos presente por lo que Moisés había
pasado. El pueblo había comenzado su marcha a la tierra
prometida, hacía sólo una semana. Pero en tres días:
el pueblo se había quejado de sus penas, tanto que Dios
se vio obligado a castigarlos y juzgarlos (Números 11:1-3);
el pueblo se había quejado de no tener suficiente variedad
en su comida -carne o verduras frescas- quejándose tanto
que Dios fue forzado una segunda vez a castigarlos (Números
11:4-35) Recuerde: Moisés estaba profundamente descorazonado
por la crítica y quejas constantes del pueblo. La queja
y murmuración tomaron a Moisés. Él estaba profundamente
atribulado, estresado, al punto que quiso que Dios lo
removiera y sacara de esa situación. Sólo quería que
Dios lo llevara a casa, es decir, morir (Números 11:10-15)
Ahora, aparentemente, unos días después, los mismos hermanos
de Moisés comenzaron
a criticarlo y atacarlo. ¡Doloroso! ¡Estresante! ¡Desanimante!
Estos eran sus propios hermanos y estaban atacándolo
inmediatamente después de una de sus más penosas experiencias
con el pueblo.
1.1. Lo criticaron
debido a su esposa: Al parecer porque
era de una raza diferente (Números 12:1) Parece que María
tomó la batuta en el ataque. La colocación de su nombre
parece indicar esto. Pero está claro que Aarón estuvo
de acuerdo con la crítica. La gravedad de este ataque
contra el siervo de Dios es vista claramente recordando
quiénes
eran María y Aarón: Ambos eran líderes entre el pueblo
de Dios. María era una profetisa; era el líder entre
las mujeres de Israel (Éxodo 15:20-22) Y Aarón era el
Sumo Sacerdote, el líder religioso supremo de Israel
al lado de Moisés. Lo que estaba pasando era incomprensible,
totalmente irresponsable. Aquí estaban criticando al
siervo de Dios, interrumpiéndolo y disminuyéndolo en
su ministerio porque se había casado con una Cusita,
una mujer que no era de Israel. ¿Quién era esta mujer? ¿Era
esta una referencia a Séfora, la esposa de Moisés? (Éxodo
2:15-22) La esposa de Moisés era de Madián que a veces
se identifica como Cus o Cusán (Habacuc 3:7; Éxodo 2:16f) ¿La
piel de Séfora
era, de alguna forma, diferente de la piel de los israelitas?
O ¿Séfora había muerto, y Moisés se casó con otra mujer
de Cus? El pasaje parece indicar que Moisés se había
casado con otra mujer, un Cusita. El punto es que María
y Aarón
estaban destrozando el corazón de su hermano, el siervo
de Dios. Estaban distrayéndolo e interrumpiendo su ministerio,
rompiendo su enfoque de pensamiento, preocupándolo y
apenando su corazón y mente. Moisés estaba como cualquiera
de nosotros: acongojado, apenado, profundamente preocupado
emocional
y mentalmente, porque sus propios hermanos estaban criticándolo
y murmurando contra él.
1.2. María y Aarón también cuestionaron
el llamado y la misión de Moisés (Números 12:2) Para
ellos, Moisés no era el único líder o portavoz escogido
por Dios. Dios también les había escogido y había hablado
a través
de ellos. No estaban criticando el derecho de Moisés
de ser un líder ni estaban refunfuñando contra su posición
de dirección. Estaban refunfuñando por su llamado y posición.
Querían su posición y su llamado para ser más reconocidos
y honrados entre las personas.
1.3. El SEÑOR oyó su
queja (Números 12:2) El SEÑOR oye todo. Nada de lo que
se dice o hace en la tierra pasa de Su vista. Él oye
toda crítica
y ataque, cada queja y murmuración. Él vio a María y
a Moisés, Su amado siervo. La idea es que Dios estaba
listo para defender y ejecutar justicia en nombre de
Su siervo.
1.4. Notemos
la respuesta de Moisés (Números 12:3) No
fue reaccionario ni combativo, sino humilde. No dijo
nada, no contestó a sus detractores. Permaneció callado.
Notemos por qué: era manso y humilde, tanto más que nadie
en la tierra (Números 12:3) Recordemos: Moisés no era
elocuente: era torpe en su discurso y de lengua. No era
hábil con
las palabras. No hablaba con facilidad (Éxodo 4:10-12)
Quizás esto es lo que estaba pasando aquí: estaba callado,
no sabiendo qué decir a estos dos líderes excelentes.
Sabía
que estaban equivocados, pero no sabía cómo enfrentarlos,
qué decirle. Notemos esto también: hay la posibilidad
normal y lógica de que Moisés no quiso defenderse de
sus hermanos. Una discusión podría haber desunido la
relación que tenían
entre si. A pesar del orgullo de ellos, Moisés no quiso
herirlos ni degradarlos ante los otros líderes que podrían
haber estado presente. Moisés era un hombre muy manso
y humilde.
II.
DIOS CONTROLÓ LA SITUACIÓN INMEDIATAMENTE
(12:4-12)
Las palabras
y lo oyó Jehová significan que
el Señor habló antes que cualquiera, aún antes de que
tuvieran tiempo de pensar sobre lo que estaba pasando.
2.1. Dios
convocó a Moisés, Aarón, y María en el Tabernáculo (Números
12:4-5) Fijémonos en lo que pasó cuando llegaron al Tabernáculo:
la nube de la Shekinah (la Gloria, la misma presencia
de Dios) descendió, no para mostrar misericordia, sino
ira. Dios estaba a la entrada del Tabernáculo para ejercer
el juicio. Con temor y temblor, María y Aarón caminaron
ante Dios.
2.2. Dios los
reprendió fuertemente y defendió a
Su único llamado, a Su amado siervo (Números 12:6-8)
Lo primero que Dios dijo fue: Escuchen mis palabras.
Oigan,
presten atención a lo que yo digo (v.6); Dios hablaba
a Sus profetas a través de visiones y sueños, pero no
así con
Moisés. Dios había llamado a Moisés para ministrar a
toda la casa de Dios, a todo el pueblo de Dios (v.7);
María
y Aarón debieron haber temido el cuestionar la misión
del siervo de Dios.
2.3. La ira
de Dios se inflamó contra
María y Aarón y los castigó (v.9-12) Dios los dejó: la
nube de Su presencia se alzó abruptamente del Tabernáculo
(v.10); María, como fue la autora del ataque, fue afligida
inmediatamente con lepra (v.10); Había cometido un pecado
terrible; por consiguiente, fue afligida con la misma
enfermedad que simbolizaba la naturaleza pecadora de
hombre. Aarón
fue herido con un terrible temor (v.10-12) Cuando se
volvió,
vio la horrible enfermedad que había cubierto el cuerpo
de María. Con horror, clamó a Moisés por misericordia,
confesando su pecado y el de María contra él (v.11) Pidió por
la sanidad de María (v.12)
III.
LA MISERICORDIA Y COMPASIÓN
DE DIOS (12:13-16)
3.1. Moisés intercedió, clamó desde
lo profundo de su corazón a Dios por su hermana María:
Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora (v.13) El castigo
o la aflicción habían herido inmediatamente a María.
La necesidad era desesperada. María estaba sufriendo,
aparentemente condenada a una vida de separación y muerte,
a menos que Dios tuviera misericordia de ella. Moisés
estaba impotente de hacer algo, excepto por la oración.
Por lo tanto, Moisés
clamó, Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora.
3.2. Dios
actuó: Él la sanó. Pero debía ser disciplinada (v.14)
Había
cometido una seria ofensa; así que necesitaba aprender
que una persona cosecha lo que siembra, que no debe criticar
y ser orgullosa, sino mansa y humilde. Así que Dios insistió que
sufriera el período de espera para el ceremonialmente
inmundo. Durante siete días, tuvo que ser sacada del
campamento, cortada del pueblo de Dios (Levítico 13:4-6,21,26-27,31-33)
Recordemos que la lepra era un símbolo del pecado. Por
tanto, la disciplina de María, de ser removida del pueblo
de Dios, es un cuadro de la iglesia que ejerce la disciplina
cuando los miembros cometen un pecado serio.
3.3. Notemos
la desbordante misericordia de Dios (v.15,16) Dios llevó a
Su pueblo a esperar hasta que ella volviera y pudiera
reunirse con el grupo hacia la tierra prometida (v.15)
Notamos la
solidaridad que debe existir en el cuerpo de Cristo cuando
un miembro sufre (Romanos 12:15); Dios llevó a Su pueblo
al Desierto de Parán, que iba a ser el área estratégica
para entrar a la tierra prometida (v.16), no les abandonó,
continuó con ellos, a pesar de todos los errores cometidos.
CONCLUSIÓN:
Podemos terminar diciendo que:
- Dios juzga a Su pueblo. Cuando pecamos, Dios nos
disciplina y corrige (Juan 15:2; 1 Corintios 11:32; Hebreos
12:5-6;
Deuteronomio 8:5; Salmo 94:12; Proverbios 3:11-12)
- Aarón temió la ira y el juicio de Dios. Nosotros,
también,
debemos temerlos. Dios va a juzgar todo lo que hacemos,
nuestras obras. No importa lo que las personas piensen
o digan, ésta es una declaración fuerte de la Escritura
(Mateo 16:27; 2 Corintios 5:10; 1 Pedro 1:17; Apocalipsis
22:12; Salmo 62:12; Jeremías 17:10)
- Dios
llama y da dones a los creyentes de forma diferente.
Cada creyente es llamado a un servicio distinto,
específico.
Moisés fue llamado a un ministerio particular; María
y Aarón al suyo. Así es con todos los creyentes.
Dios llama a cada uno de nosotros para servirle
y servirle
fielmente
en el ministerio que nos ha dado (Romanos 12:6-8;
Efesios 4:7,11-13; 1 Corintios 12:4-11; 4:2)
- Notemos
dos lecciones fuertes para toda generación:
- Dios
oye la oración. Si un creyente clama al Señor de la
profundidad de su corazón, Dios oye y contesta (Mateo
7:7; 26:41; Lucas 11:9; Juan 15:7; 16:24; 1 Juan 5:14-15;
Salmo 91:15;
Isaías
58:9; 65:24);
- Dios
es misericordioso y compasivo. Perdonó el
pecado de María y satisfizo su necesidad. Él perdonará nuestros
pecados y nos limpiará si sólo le invocamos a Él (Efesios
1:7; 1 Juan 1:9; 2:1-2; Salmo 78:38; 86:15; Jeremías
12:15; Lamentaciones 3:22,32; Oseas 11:4;
Joel 2:13; Miqueas 7:18-19)