Cubiertos con la sangre
Sin duda, la sangre de
Jesucristo es lo más precioso que nuestro
Padre Celestial le ha dado a su iglesia, sin
embargo, son pocos los cristianos que
entienden su valor, muchas veces los
cristianos cantan sobre el poder de la
sangre, pero la mayoría de los creyentes
rara vez entran en el poder de esa sangre, y
no lo hacen sencillamente porque no
comprenden el gran significado de ella, y
son pocos los cristianos que pueden explicar
sus beneficios.
La doctrina de la sangre debe
meditarse, esto es para digerir aquello con lo
que nos alimentamos y llevar realidades a
nuestra vida, pues el conocimiento sin
aplicación es vanidad, mientras que aplicar el
conocimiento es obediencia y esto demuestra el
amor a Dios y al prójimo, de manera que el
conocimiento debe entrar a la mente y bajar de
la cabeza al corazón y del corazón a los pies,
para caminar de acuerdo al Evangelio.
Leamos la Palabra de Dios en
1 Corintios 10:14-22
“Por
tanto, amados míos, huid de la idolatría.
Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros
lo que digo. La copa de bendición que
bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de
Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión
del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo
el pan, nosotros, con ser muchos, somos un
cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo
pan. Mirad a Israel según la carne;
los que comen de los sacrificios, ¿no son
partícipes del altar? ¿Qué digo,
pues? ¿Que el ídolo es algo, o que sea algo lo
que se sacrifica a los ídolos? Antes
digo que lo que los gentiles sacrifican, a los
demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero
que vosotros os hagáis partícipes con los
demonios. No podéis beber la copa del
Señor, y la copa de los demonios; no podéis
participar de la mesa del Señor, y de la mesa de
los demonios. ¿O provocaremos a celos
al Señor? ¿Somos más fuertes que él?”.
Fuimos elegidos para obedecer a
Jesucristo, “elegidos
según la presciencia de Dios Padre en
santificación del Espíritu, para obedecer y ser
rociados con la sangre de Jesucristo”
1
Pedro 1:2, por otra
parte, obedecer es prestar atención, oír
atentamente, y es la evidencia de la fe
invisible a los ojos humanos, pero preciosa a
los ojos de Dios, obediencia que si puede ser
observada por el hombre, da el único testimonio
posible de creer en Dios.
Se empiezan a obedecen los
mandamientos del Señor, y luego se reciben el
rociamiento de la sangre de Cristo por la fe, de
donde vemos que la clave del rociamiento de la
sangre de Cristo es la obediencia.
Pero necesitamos tener un
entendimiento mayor acerca de la preciosidad de
la sangre de Jesús y los cambios que puede hacer
en nuestra vida, pues en la Biblia existen dos
referencias acerca de la sangre, habla de la
sangre derramada y de la sangre rociada, aunque
la mayoría de los cristianos tienen conocimiento
acerca de la sangre que Jesús derramo por
nosotros y lo recordamos cada Santa Cena al
decir: “Esta
copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por
vosotros se derrama”
Lucas 22:20,
y muchas veces ese es el límite del conocimiento
que los cristianos tienen acerca de la sangre de
Jesús, y esto es solo acerca de la sangre
derramada.
Pero en
Éxodo 12:22 leemos una orden de Dios dada
a los israelitas: “Tomad
un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que
estará en un lebrillo, y untad el dintel y los
dos postes con la sangre que estará en el
lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las
puertas de su casa hasta la mañana”,
debían rociar la sangre en el dintel de la
puerta y cuando el ángel de la muerte llegara y
viera la sangre en la puerta, el pasaría sobre
esa casa.
Es decir que mientras la sangre
estaba en el envase, no tenia efecto, pero al
ser derramada, la sangre tiene poder para
salvar, y solo cuando fue sacada del envase y
rociada adquiere poder para salvar; de otra
manera simplemente hubieran dejado el envase con
sangre en la puerta y listo, pero la sangre
tenía que ser sacada del envase y rociada sobre
la puerta para que cumpliera el propósito de
protección.
Cuando somos rociados, estamos
bajo la protección de la sangre de Cristo contra
todos los poderes de Satanás, el problema es que
hay muchos cristianos que tienen la sangre en el
envase y creen que con eso ya es suficiente; el
conocer de memoria la Biblia, el asistir como un
acto religioso a la iglesia, o cumplir por
obligación con los mandatos del Señor no
garantiza la protección, eso es mantener la
sangre en el envase, y los cristianos tenemos
que hacer que salpique nuestra vida para recibir
la protección.
En Éxodo
24:6-8 leemos que “Moisés
tomó la mitad de la sangre, y la puso en
tazones, y esparció la otra mitad de la sangre
sobre el altar. Y tomó el libro del
pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual
dijo: Haremos todas las cosas que Jehová ha
dicho, y obedeceremos. Entonces
Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo, y
dijo: He aquí la sangre del pacto que Jehová ha
hecho con vosotros sobre todas estas cosas”,
es claro además, que el rociamiento de sangre
les brindaba a los israelitas pleno acceso a
Dios, y hoy estamos en un pacto nuevo con
Jesucristo, un pacto sellado con su propia
sangre, y de igual forma, cuando su preciosa
sangre es rociada en nuestra vida, es cuando
podemos tener comunión y purificación; es allí
cuando tenemos acceso a Él, sin que el pecado
nos condene.
Es lamentable que tantos
creyentes no disfruten del poder de la sangre de
Jesús porque a pesar de los conocimientos no la
sacan del envase, y es por eso que la Biblia
aclara que es importante que nosotros sepamos
que la sangre es rociada en nuestros corazones
por el Espíritu Santo que mora en nosotros,
cuando por fe recibimos la obra del Calvario; es
una transacción legal y espiritual donde en
respuesta a nuestra fe, la sangre produce efecto
en nuestra vida.
Es por esto que Pablo nos
advierte contra tomar la copa indignamente, y
esto no significa simplemente participar de la
Santa Cena después que hayamos fallado en alguna
manera, sino que sabemos que si nos arrepentimos
de nuestros pecados, Jesús nos perdona y nos
limpia de toda iniquidad, y nos acercarnos a la
mesa del Señor, tomando la copa que simboliza su
sangre, pero sin creer en el poder de esa
sangre, y esto trae como consecuencia el
mantenerse en condenación; están débiles porque
no creen en la victoria total que se encuentra
en la sangre de Cristo.
Escuchamos a muchos cristianos
suplicando a la sangre y con esta actitud
pareciera que están mendigando o rogando por una
ayuda del cielo o como una forma de defensa,
pero como cristianos conocedores del significado
y valor de la sangre, nuestra actitud debe ser
más fuerte, con más autoridad, ya que somos
guerreros comprados con la sangre, salvados por
la sangre, y más que vencedores en Cristo Jesús
gracias a Su sangre.
Los cristianos no estamos en la
corte con el diablo suplicando ayuda por nuestro
caso, ya somos vencedores pues Jesús gano la
victoria para nosotros; su sangre ha vencido, y
como tales, nuestro grito de guerra debe ser:
Proclamo la victoria de la sangre de Jesús, fui
lavado en la sangre, comprado por sangre,
justificado por sangre, salvo por sangre, y
redimido por sangre.
Hay cristianos que no saben o no
asumen que su pecado ha sido cubierto y
totalmente pagado por Cristo en la cruz, y
tenemos que ingresar a ese conocimiento por fe
para recibir el beneficio de la paz con Dios,
entendiendo que la sangre de Jesús ha comprado
toda la iglesia de Dios y esta es una obra
continua del Espíritu Santo en la vida de cada
cristiano, y “ahora
en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo
estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por
la sangre de Cristo. Porque él es
nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno,
derribando la pared intermedia de separación,
aboliendo en su carne las enemistades, la
ley de los mandamientos expresados en
ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un
solo y nuevo hombre, haciendo la paz,
y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos
en un solo cuerpo, matando en ella las
enemistades”.
Hoy, la sangre que ha sido
rociada sobre nosotros no es de becerros ni de
machos cabríos sino de Cristo, el Cordero de
Dios, y sin embargo, muchos cristianos tienen
más dudas y más temor que los israelitas que
acompañaban a Moisés; es una ofensa absoluta a
Dios, que andemos en temor, culpabilidad y
condenación diciendo: La Biblia dice que por fe
soy limpio, justificado y protegido del poder de
Satanás, pero no puedo creer que algo tan
glorioso sea posible.
Es necesario ser rociados con la
sangre de Cristo por la fe, y participar de la
comunión en la Santa Cena pues eso va a darnos
nueva genética, nueva vida, “teniendo
libertad para entrar en el Lugar Santísimo por
la sangre de Jesucristo”
Hebreos 10:19, lo cual no
está hablando acerca de nuestra salvación, sino
de una intimidad, una comunión hecha posible por
la sangre, y hasta que la sangre sea salpicada
en nuestra vida, no podemos ver a Dios, sentir a
Dios, oír a Dios, hablar con Dios o conocer a
Dios íntimamente; antes que el velo fuera
rasgado, los del Antiguo Testamento sabían que
sus pecados eran perdonados por el testimonio
del sumo sacerdote pero ahora todos los
creyentes pueden saberlo personalmente por el
testimonio del Espíritu Santo.