Don de Dios

Bosquejos Biblicos

Bosquejos Biblicos Texto Biblico: Mateo 8:5-17

Tema a tratar: La salud es un don de Dios

Introducción

El hombre tiene una naturaleza débil, sujeta a la enfermedad y el dolor. Cristo vino a mostrarnos que nada hay imposible para Dios, y que Él es misericordioso como para abandonarnos en el sufrimiento. Pero las enfermedades del cuerpo son un reflejo de las enfermedades del alma que vino a sanar Jesús. Confiemos en Él y en su poder para sanar nuestro cuerpo y nuestro espíritu.

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I. Debemos aceptar la voluntad de Dios (Mateo 8:5-10).

a. Cuando estamos enfermos muchas veces nos quejamos ante Dios. Pero la enfermedad es consecuencia de la naturaleza humana debilitada por el pecado. Dios saca lo bueno de lo malo, y de la enfermedad podemos salir fortalecidos en la fe si confiamos en Él. Porque del mismo modo que el centurión, tenemos que tener una confianza ilimitada en el poder de Dios (Mateo 8:8-10).

b. Cuando sufrimos la enfermedad nos damos cuenta que somos débiles, que necesitamos la gracia de Dios para subsistir. Si somos creyentes, encontraremos en la enfermedad un motivo para la humildad y para crecer en la confianza en Cristo. Podemos ver en la enfermedad un reflejo de nuestra alma herida por el pecado, y pedirle a Dios que sane ambos. Como sucedió con Pablo, el cual quedó ciego en Damasco como símbolo de su ceguera espiritual, y fue curado de ambas (Hechos 9:1-19).

c. Dios no envía la enfermedad, pero permite que suframos las consecuencias de tener una naturaleza corruptible, para que busquemos la vida incorruptible y no nos amoldemos a este mundo. La pérdida de la salud puede ocasionar dos cosas: nuestra rebelión ante el plan de Dios o la aceptación de su voluntad. Si pedimos con fe, el poder de Dios en infinito para concedernos la salud, pero principalmente debemos buscar la salud espiritual (3 Juan 1:2). 

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d. Si tenemos enfermedades en el alma, son más graves que las del cuerpo. Porque por ellas nos alejamos de Dios, en cambio las enfermedades nos pueden ayudar a aumentar nuestra fe. La angustia, la depresión, la ansiedad, son enfermedades espirituales que disminuyen nuestra confianza en Dios. Jesús puede sanarnos también de ellas, si oramos confiados y buscamos la alegría de la amistad con Él (Salmo 147:3).

II. Con la fe podemos alcanzar la salud del cuerpo (Mateo 8:11-17).

a. El centurión mostró una fe muy grande en el poder de la Palabra de Jesús. Así debemos ser nosotros también, alimentando nuestra fe en las Escrituras, para que no desfallezcamos en la enfermedad. Jesús alabó la fe del centurión, porque estaba reconociendo que tenía el poder de Dios para sanar a su siervo. Nosotros debemos tener mayor fe que el centurión, porque ya sabemos que Cristo es el Señor de todo, Hijo de Dios todopoderoso (verss. 11-13).

b. Podemos haber perdido las esperanzas en la ciencia, que tiene un límite. Pero no podemos poner un límite al poder de Dios. Siempre debemos confiar que si Él permite las cosas, también puede hacer que sean ocasión de mostrar su misericordia. Debemos pedir la salud, para poder servir mejor a Dios, pero siempre estando atentos a si es verdaderamente su voluntad.

c. La hemorroísa confió plenamente en el poder de Dios, cuando la ciencia no había podido hacer nada. Había perdido todos sus recursos materiales, y 12 años de su vida, intentando la salud. Pero creyó tan firmemente en Cristo, que confió que sólo con tocar su manto sanaría. El milagro fue de Dios, pero la fe para que ocurra fue de la mujer (Marcos 5:24-25).

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Conclusión
Dios no envía la enfermedad, no es querida por Él. Pero es una consecuencia de nuestra naturaleza herida por el pecado. Por eso la permite, pero saca de ella el mayor bien, el fortalecimiento de nuestra fe.
Debemos confiar en Él y en su poder, porque Cristo vino al mundo a mostrarnos que en la salud y en la enfermedad Él está para consolarnos. Sufrió nuestras dolencias, y cargó con nuestros pecados, para darnos la salud del alma y del cuerpo (Mateo 8:17).

La fe en la Palabra de Dios nos puede sanar de nuestras enfermedades espirituales y corporales. Debemos alimentarnos con ella para estar fortalecidos en el momento de la prueba. En el momento en que estamos más necesitados, es cuando más cerca tenemos que estar de Dios, confiando en su poder y en su amor (Mateo 9:12).

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Siervo de Jesucristo, y amante de la palabra de Dios.

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