La Palabra de Dios

Bosquejos Biblicos

Bosquejos Biblicos Texto Bíblico: Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón.” (Proverbios 4:20-21)

Tema: La palabra de Dios debe ser escuchada y puesta en práctica 

Introducción

En la palabra de Dios tenemos las enseñanzas que quiso revelarnos para nuestra salvación. Si la escuchamos con fe, tendremos lo necesario para cambiar nuestra vida de acuerdo al plan de Dios. Pero es necesario no solamente escucharla, sino ponerla en práctica para que produzca verdadero fruto.

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I. Dios nos habló para que lo escuchemos (vers. 20)

a. Hemos recibido de parte de Dios la revelación de su Palabra. Nos ha hablado, mostrándonos cuál es su voluntad para nuestra vida y dándonos en su ley el camino a la eternidad. Queda en nosotros no hacer oídos sordos a este llamado y responder con prontitud. Porque debemos poner en práctica lo que nos ha sido dado para nuestra salvación (vers. 20).

b. El primer paso para la salvación es escuchar la palabra de Dios. Con ella recibimos el anuncio del perdón de nuestros pecados y un llamado al arrepentimiento. También tenemos en ella el consuelo para nuestro dolor y la alegría de conocer el amor de Dios hacia nosotros.

Cuando escuchamos la palabra de Dios recibimos todo esto como un don de lo alto que exige gratitud de nuestra parte (Lucas 11:28).

c. El segundo paso para la salvación de nuestra alma es poner en práctica aquello que escuchamos. Cuando éramos niños y nuestros padres nos indicaban algo, los escuchábamos. Pero no los obedecíamos realmente hasta que hacíamos aquello que nos habían dicho. Del mismo modo, no completamos la escucha a la palabra de Dios hasta que la ponemos en práctica con todo lo que ello implica para nuestra vida (Santiago 1:25).

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d. Dios quiere que sus enseñanzas sean puestas por obra. Pero no lo desea porque sea un bien para Él, sino que es un bien para nosotros. La vida de la virtud practicada según la palabra de Dios es lo que nos abrirá las puertas del cielo. Nuestra fe no estará completa hasta que vivamos de acuerdo con lo que creemos (Filipenses 4:9).

II. Si escuchamos a Dios, Él también escuchará nuestra súplica (Proverbios 4:21)

a. Cuando cumplimos la palabra de Dios escuchada, poniéndola en acción, es cuando la guardamos en nuestro corazón. El corazón es lo más íntimo de la persona, donde se alojan las intenciones y deseos más profundos. Allí debemos alojar la palabra de Dios, para que nos sirva de escudo frente al mal y nos aleje del pecado que ofende al Padre. Si obramos de acuerdo a las enseñanzas de Cristo, hacemos nuestro corazón más semejante al suyo (vers. 21).

b. El Señor está cerca de los que lo aman. Debemos confiar en que así como lo escuchamos a Él, Dios escuchará nuestras súplicas cuando se las presentemos. Él es un padre amoroso que está cerca de sus hijos, y que nos dará lo que sea mejor para nosotros. Por eso debemos pedir con confianza, sabiendo que no es echar al vacío la oración elevada al Señor (Salmo 116:1-2).

c. Es el deseo de Dios que nos acerquemos a Él con la confianza de un hijo con su padre. De esta manera recibiremos el mayor beneficio que es la amistad con Dios. Él está cerca de sus hijos, pero somos nosotros los que nos alejamos de su protección. Por eso debemos pedir crecer en la fe, para que cada día nos entreguemos más al amparo del Todopoderoso (1 Juan 5:14).

Conclusión

En la palabra de Dios tenemos las enseñanzas que nos conducirán hacia una vida dichosa en el Espíritu Santo. Debemos escucharla con atención, poniendo todas nuestras potencias en que se graben en nuestra memoria.

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Éste es el primer paso para la salvación de nuestro espíritu, el seguir la senda marcada por Dios. Y en las Escrituras hallamos todo lo que necesitamos, si sabemos escucharlas (Romanos 10:17).

Pero no sirve solamente escuchar la Palabra. Si no la ponemos por obra, se vuelve vacía y no produce fruto. Es como la semilla que no llega a brotar, porque no tiene la profundidad necesaria o porque la comen las aves del camino.

Para producir frutos de vida eterna, debemos transformar nuestra vida de acuerdo a las enseñanzas de Dios en Su palabra (Mateo 7:24).

Si escuchamos la palabra de Dios y la ponemos en práctica, estaremos en amistad con Él. Y Él atenderá también a nuestras súplicas y nos escuchará. Nos dará lo que sea mejor para nosotros, siempre y cuando no obstaculice nuestra salvación. Pidamos con confianza de hijos y busquemos refugio en el amor del Padre (Jeremías 29:12).

© Pedro Blanco. Todos los derechos reservados.

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Acerca Pastor Hernández

José R. Hernández; educación cristiana: Maestría en Teología. El Pastor Hernández y su esposa son ciudadanos de los Estados Unidos de América.

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2 comentarios

  1. Felipe Alberto Peña Pupo

    Gracias a Dios por usted pastor me alegra saber que es cubano yo también soy cubano, soy miembro de la Iglesia El Calvario.En La Habana.Que Dios le bendiga mucho.

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