La promesa de Dios

a. Promesa del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento (Ezequiel 37:14)

La promesa de su Espíritu fue para darnos esperanza. Cuando tomamos el tiempo de estudiar la palabra de Dios, no es difícil encontrar que cuando el Espíritu de Dios descendía sobre un profeta, este no necesariamente sabía a dónde iba, ni de dónde venía. Esto es algo que sucedía porque el Espíritu de Dios los llevaba a donde Él quería, y no donde el profeta quería ir.

Pero Dios prometió que derramaría de su Espíritu sobre toda carne, para que todos pudiéramos ser guiados por Él. Cuando el Espíritu Santo viene a nuestra vida, si le escuchamos y obedecemos, Él nos guía hacia la presencia de Dios en todo momento.

En otras palabras, el Espíritu Santo nos guía hacia la voluntad de Dios para con nosotros. Y cuando nos mantenemos en obediencia a Dios, entonces recibiremos abundantes bendiciones en nuestra vida (Deuteronomio 28:1-14).

b. Promesa del Espíritu Santo en el Nuevo Testamento (Juan 15:26)

Al cumplirse la promesa de Dios acerca del Mesías, la humanidad ahora tenía esperanza de llegar a la presencia de Dios. Pero lo que sucedió es que el mundo no le recibió (Juan 1:11). Esto fue algo que sucedió debido a que el pueblo de ese entonces no de dio cuenta de que el Mesías no había venido para liberarles de su esclavitud a Roma, sino que había venido para salvar sus almas.

El pueblo de ese entonces no esperaba que el Mesías tuviera partir de este mundo y les abandonara. Pero Jesús no nos ha abandonado, y nunca estamos solos. Él prometió que enviaría al consolador, y Su Espíritu ahora mora en nosotros.

Esta promesa promesa del Señor se cumplió el día de Pentecostés. En ese día maravilloso hubo un estruendo recio y muchos se sorprendieron cuando el Espíritu Santo tomó a los que estaban reunidos y cambió sus vidas (Hechos 2:1-13).

III. El fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23)

Cuando el Espíritu Santo llega a la vida de una persona, su vida cambia por completo (2 Corintios 5:17). Es por eso que los hermanos y hermanas en la iglesia cristiana primitiva tenían todas las cosas en común (Hechos 4:32). El Espíritu Santo es quien nos convence de pecado, y nos guía a la voluntad de Dios. El Espíritu Santo nos habla a través de la palabra, y nos guía a conducir una vida que agrade y honre a Dios.

Por medio del Espíritu de Dios la vida de un pescador fue transformada, y este hombre convirtió en un apóstol y predicador del mensaje de Jesucristo (Lucas 5:1-12). Así la vida de todas las personas que reciben la promesa está llena de amor, de gozo y de todo esos frutos descritos en su palabra.

Conclusión

En Hechos 2:39 el Señor nos dice que la promesa es para nosotros. En el versículo principal de esta predicación encontramos que el Señor no dice que derramará de su Espíritu sobre nuestra generación, y que derramara de Sus bendiciones sobre nosotros.

Son promesas para todo cristiano fiel. Son promesas que Él ha hecho a Su pueblo y que se cumplirán. Dios desea entregarnos lo mejor para nuestras vidas (Jeremías 29:11), pero no te obligara a que hagas Su voluntad.

Así que ahora solo queda una pregunta, ¿realmente deseas recibir las promesas de Dios para tu vida? Si deseas recibir las promesas de Dios para tu vida, arrepiéntete de tus pecados, acepta a Jesucristo como tu Rey y Salvador, y persevera en la santidad (Hebreos 12:14). Permite ser guiado por el Espíritu Santo, y pronto recibirás todas las promesas de Dios en tu vida.

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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Acerca Pastor Hernández

José R. Hernández; educación cristiana: Maestría en Teología. El Pastor Hernández y su esposa son ciudadanos de los Estados Unidos de América.

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