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Un encuentro personal

Bosquejos Biblicos – Bosquejos para Predicar

Base Bíblica: “…Además, el Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso va y vende todo lo que tiene y compra aquel campo…” (Mateo 13:44)

Introducción:

El Reino de los Cielos no es meramente una idea, ni una visión. No es algo abstracto o teórico. Según esta parábola: “El Reino de los Cielos es un encuentro personal con Dios.” Cuando decimos “encuentro”, queremos decir: confrontamiento de todo nuestro ser con Dios, quien es la fuente y origen de la vida. Es una entrega del hombre en alma, cuerpo y espíritu ante su Señor, sin más requisito que un grande anhelo de poseerlo, sin más argumento que amor para amarle. Aquí en esta parábola no se nos habla de la parábola de un árbol en cuyas ramas las aves del cielo hacen sus nidos; ni la de la levadura que leuda toda la masa; ni del hijo prodigo que vuelve donde su padre, ni el de la mujer que pide el parabién porque encontró la dracma que se le había perdido. No.

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Aquí lo que se encuentra nunca antes se había perdido. Pero todo hombre lo tiene que buscar por si mismo para hacerlo suyo. Dios siempre ha sido y el hombre es el que tiene que encontrarlo. El personaje de esta parábola es el hombre. El campo es el mundo. El tesoro es Dios. Es muy interesante señalar que el encuentro con el tesoro no se debió a una búsqueda profesional de tesoros escondidos. No; este hombre era un aficionado, un “amateur” de la vida. Pero un día tropezó con él. Su destino cambió. El Reino de los Cielos no es para los expertos nada más. Ni para los especialistas; ni para los preparados; ni para los religiosos exclusivamente; tampoco para los incrédulos. El Reino de los Cielos es para todo aquel que se tope con él en el campo de la vida.

Cuerpo del Mensaje:

A. Hombres con un encuentro personal

1. Abraham que partió de Ur de los caldeos hacia una tierra desconocida creyendo en “Esperanza contra esperanza” y su fe le fue contada como justicia.

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2. El profeta Isaías, en el año que murió el Rey Uzías, encontró a Dios.

a. Tras ese encuentro hubo un ofrecimiento de parte del profeta: “heme aquí, envíame a mí”. De ahí en adelante su vida cambió. Inesperadamente Dios le salió a su encuentro. (Isaías 6:1)

3. Moíses le encontró en una zarza ardiendo. (Exodo 3: 1-12)
4. Jacob luchó la bendición de Dios con un Angel. (Gen. 32:22-32)

a. Dios después del encuentro no le llamó mas Jacob sino Israel.

5. Todos estos ejemplos encontraron a Dios si estarlo buscando, pero lo interesante de todo esto es que cuando lo encontraron no lo soltaron y siguieron con el hasta el final de sus vidas.

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B. ¿Qué hacer para tener un encuentro con Dios?

1. Buscar a Dios profundamente

a. Esta parábola dice que el tesoro hallado estaba escondido. Lo cual sugiere que los valores eternos no se dan en la superficie; que lo valioso está en lo profundo.
b. Sólo lo barato se da en la orilla. Las semillas que caen en camino arenoso, vienen las aves del cielo y se las tragan.  Es menester arar profundo para encontrar lo escondido.

2. Estar siempre ocupado en la obra del Señor

a. Que este hombre no buscaba tesoro, es claro; pero quizás lo encontró porque no estaba ocioso.

b. Tal vez él había arrendado aquel campo para cultivo o para habitarlo, o simplemente lo usó como un atrecho para ir a su casa. El caso de todo esto es que el hombre estaba ocupado. Algo buscaba, pero encontró una cosa superior. Encontró un tesoro.

3. Renunciar a todo lo que le quita el primado a Dios

a. Inmediatamente se decide a comprar el campo. Lo iba a arriesgar todo. Se decidió renunciar a todo para concentrarse en el hallazgo de su vida. Se despojó de todo para apropiarse del tesoro. Su vida normal se hizo interesante. Encontró significado y se llenó de gozo.

b. Para ese hombre el tesoro vino a ser más valioso que el campo. Y el campo es el mundo. Porque nosotros somos de Cristo. Pablo decía: «Porque para mí, el vivir es Cristo».

4. Si has tenido un encuentro personal con Dios, No lo dejes.

a. Habiendo el hombre encontrado el tesoro, volvió y lo escondió de nuevo. Ante el encuentro maravilloso con ese tesoro el hombre vuelve y lo esconde bien profundo.

i. El dice “No lo quiero perder”.
ii. Una vez encuentras a Dios no te lo dejes arrebatar.
iii. Una vez hallado Dios, es nuestro. Nada te lo puede arrancar de la entretelas del alma, ni las doctrinas falsas, ni el lobo vestido de cordero, ni la prueba sentimental que nos asalta.

Conclusión:

Grita a los cuatro vientos y desde tus entrañas, “YO NO TE DEJARÉ”.

Acerca Gamalier Ortiz Collazo

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Un comentario

  1. Me gustaría saber más sobre la palabra de Dios; gracias por esta enseñanza Dios les bendiga.

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