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El chisme bien elaborado

Devocionales Cristianos – Mensajes Cristianos

Juan, quien era un hombre humilde, trabajador y sencillo, no le interesaba la materia como cosa a que aferrarse, vivía si es posible por debajo de su nivel social por sus creencias y valores en la forma en que los aprendió.

Como suele suceder, Juan tuvo la oportunidad de poder evaluar a un buen trabajo a través de su amigo Serafín, quien le tenía mucho aprecio y creía que está era una buena racha u oportunidad para Juan.

Juan, como era tan sencillo y usaba de su propia sabiduría en la mayoría de veces, le consultó a cierto labriego sobre esa gran oportunidad de empleo que le ofrecían, este labriego le dijo: Mire le daré un consejo jovencito, esa compañía está viciada, conozco al dueño de esa compañía y es un hombre muy cruel y duro, no vaya a cometer usted ese error.

Lo que no le comentó el labriego era que la posición que ahora el tenia en el campo y con los otros jornaleros había sido peticionada por su antiguo jefe de aquella compañía.

El labriego conocía de la bondad personal que tenía aquel patrón, pero decidió no darle toda la información adecuada al supuesto nuevo empleado, quien buscaba consejo.

El labriego pensó: si ese dueño de esa compañía llega a emplear a Juan, quien se ve un tipo especial, creo que puede llegar más allá de donde yo pude llegar en esa compañía, pero con ese temor que le infundí a ese joven, no creo que quiera llegar a trabajar allí.

Serafín llamaba en varias ocasiones a su amigo Juan y le decía: -Juan, ¿ya lo analizaste como me dijiste? ¿Te vas a venir a la compañía de este señor a trabajar? Todo está listo, un buen puesto, pero con salario normal para ti. Recuerda que tú tienes hijitos y ellos merecen un futuro mejor, esta sería una buena oportunidad para ustedes, pues he visto su gran esfuerzo y sé que Dios les quiere bendecir aún más, y ni mi egoísmo puede interponerse en su superación!

Juan quien había sido ya afectado por el comentario del labriego a quien no conocía a fondo, solo lo conoció por referencias, y creyó en aquellas palabras que las hizo suyas y fueron estas: Mire joven, no vaya a trabajar con ese señor, él es un déspota, no quiere a sus empleados, los maltrata y aún más les quita lo poco que tiene. Usted mejor busque otro lugar, pues allí no irá a ninguna parte.

Serafín aún le preguntaba en varias ocasiones a su amigo Juan: – ¿ya te decidiste al trabajo de la compañía?

Juan contestaba: Mira Serafín, estamos aún con mi esposa decidiendo esa etapa de nuestras vidas, y la dirección de Dios es importante.

Serafín le interpeló y le dijo: Dios usa los verdaderos amigos para aquellos verdaderos y grandes retos que esconden bendición tras ellos. Las bendiciones no las veras de este lado, las veras después de recorrer unas cuantas millas de tu vida.

Lo que Juan no sabía, es que Serafín había planeado con su esposa pagar la escuela privada de los hijos de Juan y alquiler de su casa, todo eso producto de un corazón agradecido a Dios y la amistad que imperaba con Juan y su familia.

El labriego no sabía esta parte, ni conocía a Serafín, era una lucha entre el buen consejo y el mal consejo vestido de buen consejo.

Juan al fin de todo, había dicho que estaba pidiendo la dirección de Dios, sin embargo no pudo analizar si Dios estaba en verdad usando a un buen amigo para un buen empleo o a un total desconocido para confiar en la palabra y creer dicho consejo.

Finalmente Juan se armó de valor y fue a la entrevista con el dueño de la empresa, y Juan le dijo: Mire Señor Empresario, he sabido de usted que es un hombre muy duro, además tiene un carácter fuerte y a sus empleados los trata muy mal! Entonces el empresario sorprendido que en su misma compañía le dijera eso en su rostro le preguntó: – pero Juan, ¿quien ha vertido esa gran falsedad? Juan dijo: ¡Aquel labriego de aquella comunidad!

El empresario le dijo a Juan: Mire Señor Juan, he tenido las mejores referencias suyas de su amigo Serafín, por eso le estoy ofreciendo el trabajo, no porque yo le conozca a usted, de hecho no sé quién es usted realmente, pero Serafín le tiene mucho amor y estima con toda su familia, y eso toca mi corazón.

Le diré algo Juan, ese labriego ocupa una posición especial, ha comido en mi casa, yo le recomendé para que ocupe el puesto que tiene en aquella comunidad. Si usted piensa que hablaré mal de ese labriego se equivoca, nunca tal yo haga, si cree que el diablo quiere hacerme perder mi paz usando personas que son especiales a mi vida y que han comido en mi casa y les he dado presentes no es así! no se preocupe Juan, le doy aún chance para que tome este trabajo, no lo hago por usted, lo hago por su amigo y esa amistad noble que le tiene! Sin embargo está en usted la última palabra si creerme a mí o al labriego. Yo en mi posición no tengo porque darle explicaciones a un simple peón pero se las he dado, para que vea mi honorabilidad y deseo de ayudar a Serafín y a ustedes.

Juan se fue a casa y habló con su amada esposa con la que nunca había tenido ninguna disputa, eran un matrimonio ejemplar.

Finalmente Juan llamó a su amigo Serafín y le dijo: hemos decidido no tomar ese empleo, pues no sentimos que sea algo que viene de Dios.

Serafín le dijo: – ¿Juan estás seguro de lo que dices? ¿Tú sabes cuánto te amamos y lo que pudiésemos hacer juntos en esa gran empresa? Este es el mejor momento de hacer grandes proyectos en la vida, y que mejor oportunidad que usar tus talentos unidos a los nuestros y de todos en la empresa.

Pero si, tienes razón, tú tienes un gran potencial que debes usar en la dirección que te dicte tu corazón, pero muchas veces el corazón nos engaña y podemos pensar que es Dios que nos habla. Siempre debes escoger el lugar que tiene mayores dificultades aparentemente, pues es el lugar que esconde las mayores bendiciones y riquezas ocultas a nuestra vista, pero solo el poder de la decisión puede quitar ese velo.

Finalmente Juan decidió tomar su decisión de decir no a aquella gran empresa y se quedó con el consejo de aquel labriego que en su ser más profundo decía: esta es la forma en que yo protejo a aquel gran empresario que conozco por su gran corazón que tiene, y la única forma de correrle algún mal empleado es dándole un chisme, sin embargo ya el empresario sabía de ese juego que el labriego hacia, para así cuidar sus espaldas, pero por eso aquel empresario siempre entrevistaba a las personas para solo así estar seguro que contaría con las mejores personas que no se valían de un chisme dado o mal consejo, ya que la empresa era tan valiosa que no había tiempo para trabajar con chismosos o que fueran víctimas de chismes.

Luego el labriego y el empresario hablaron y llegaron a la conclusión que no era este el hombre indicado.

Serafín le dijo a su jefe: debo cancelar el contrato por 1 año que hice 2 meses atrás con el dueño de la casa y con la escuela para no incurrir en gastos mayores, pues todo estaba listo para aquel buen amigo y toda su familia. Todo era una sorpresa de haber tomado su elección a la empresa sin esperar nada a cambio.

Muchas veces pasa esto en nuestras vidas, creemos aquello de lo que huimos y no sabiendo que eso será lo que nos lleve a la verdadera excelencia de la vida.

Los malos consejos o chismes nos alejan de las personas especiales en nuestras vidas, quedando al descubierto lo que en verdad tenemos dentro de nuestro corazón el temor a lo desconocido y al consejo oportuno y todo por un chisme.

Versículos de reflexión:

“…Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado…” Salmos 1:1

“…El que anda en chismes descubre el secreto; No te entremetas, pues, con el suelto de lengua…” Proverbios 20:19

© Dr. Mauricio Loredo. Todos los derechos reservados. 

Acerca Dr. Mauricio Loredo

Me convertí a Cristo en mi cuarto año de medicina. Decidí en ese año darle mi carrera al Señor todopoderoso. Soy otorrinolaringologo por la Gracia De Dios, y servimos con mi familia activamente en la actualidad en la iglesia Local Betania.

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