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El prestamista

Devocionales Cristianos – Mensajes Cristianos

Don Víctor, quien desde su juventud había tenido que trabajar halando bultos en el mercado, todos lo conocían, sus músculos desarrollados por dicho trabajo y una fuerza descomunal.

Pasaba el tiempo y Don Victor tuvo esos “golpes de suerte” que dicen las personas, y en un día arduo de trabajo encontró un fajo de billetes con numeración de 100 dólares. Aunque no habia tenido una educación formal, pero conocía esos papeles a la perfección. Los llevo a la casa y en su habitación hizo un pequeño agujero y puso la mayoría del dinero, y sobre ese agujero le puso una cerámica movible y una planta en su habitación, aunque él odiaba las plantas y siempre era gravoso para su mujer cuando él se quejaba de ella por estar regándolas en el patio escaso que tenían. Ahora era muy inusual que a Don Victor se le viera cuidando tanto una planta de anturios color blanco.

Cuando su señora le pregunto: ¿y esa planta tan bella donde la encontraste Victor? Él respondió: mira uno de viejo con los años como que las plantas lo van convenciendo de la naturaleza y hay que cuidar las plantas.

Ella muy extrañada le dijo: ¿pero por qué no cuidas las que están afuera también mi amor? El muy molesto le dijo: mira no tengo tiempo para las demás. Ella conociendo su carácter explosivo hizo silencio.

Don Víctor compro una carreta tirada por caballo y ahora los bultos podía halarlos con más facilidad, y podía llevar aun más bultos que antes. Poco a poco compro una moto taxi, y todos quedaron con la boca abierta viendo a Don Victor el señor de los bultos en mototaxi para halar bultos de un mercado a otro. Esto hizo que su trabajo fuera más efectivo y aparente más próspero.

Poco a poco se convirtió en un prestamista del mercado, y con el paso de los años llegó a tener varias propiedades en su poder hipotecadas. Tenía un problema, nunca respetaba el tiempo de la hipoteca y eso hacia que muchas personas perdieran sus bienes en manos de Don Victor.

Llego a ser arrendador de varias casas en diferentes lugares de la ciudad, y aun él seguía vistiéndose como lo hacia al halar los bultos en el mercado. Todos veían en su falsa humildad un hombre que con su gran esfuerzo había llegado a ser tan próspero y era un ejemplo de un sacrificio.

Lo que la gran mayoría no sabía era su forma de proceder con las cosas materiales de otros, lo cual era producto de un trabajo que no lo había sabido ganar, y por eso tenía ese corazón.

Cierto día Doña Licha, la vecina de enfrente hizo un comentario así: yo conozco a Don Victor y viendo y oyendo lo que esta haciendo se nota que no hay honestidad en él, y desde aquí puedo ver que a la falta de tan grande virtud como lo es la honestidad y la cual se aprende del honesto trabajo y dignidad, veo que aquí algo alteró el proceso de su aparente prosperidad. Posible no le dure mucho tiempo.

Don Víctor cada vez que llegaba a un establecimiento a comprar era uno de esos llorones y regateadores de los precios, y lo primero que decía era: con mi dinero puedo comprar donde yo quiera, bájele ese precio y si puede un poquito más. Esa era la forma de comprar en cualquier lado, por eso nunca iba a los supermercados ni a lugares de precios estándares.

Le fascinaba irse donde aquellos pequeños vendedores y pequeños productores, y los hacia que le dieran los productos de un gran sacrificio a precio de gallo muerto o sea muy bajísimos.

En las cuentas bancarias llego a acumular gran cantidad de dinero, se hizo amigo del gerente del banco, y aun sabiendo quien era Don Victor, le ofrecía una taza de café y se sentaban en la oficina a platicar de negocios y su éxito en ese campo.

Un día Don Victor llego a la casa que una viuda le estaba alquilando y le dijo: señora buenos días, aquí vengo por la renta del mes, hasta dos días más le he dado. La viuda toda timorata desde que perdió a su esposo que había sido vendedor de naranjas en el mercado y Don Víctor llego a conocerlo muy bien, le dijo: Don Victor discúlpeme pero aun no tengo para la mensualidad, le ruego que me de una semana para conseguirle los 1,500 lempiras, es que no pudimos vender algunas cositas que tenemos que eran de mi esposo. Don Víctor con un rubor en su rostro y con su ceño fruncido y con su dedo índice frente a la viuda le dijo: mire señora ya usted me tiene harto, siempre que vengo me tiene una excusa, quiero que me abandone la casa para el fin de este otro mes.

La viuda se le arrodilló al viejo y le imploró: por favor Don Victor, yo sé que usted conoció a mi marido, le suplico que no me saque de aquí, tengo 4 hijitos que mantener y no ha sido nada fácil. En eso él la interrumpió y le dijo. Mire señora a mi no me venga con esos cuentos baratos, póngase viva y si quiere dinero puede ir a la calle a buscarlo, allí tres o cuatro clientes le pueden dar la mensualidad. Solo tiene un mes.

Don Víctor un hombre que se había tornado aún mas miserable de lo que ya era.

No habían pasado ni 3 días cuando un grupo de ladrones se introdujeron a su vivienda, y lo asesinaron mientras forcejeaba con ellos, y le llevaron el dinero que acumulaba en su escondite secreto, su esposa vivió para contarlo.

Estos son los típicos casos de personas miserables que sin Dios como factor y poder transformador en la vida de cada ser humano sería la misma historia siempre.

El dinero en la sociedad actual es lo único más visible al momento de hacer cosas desgraciadamente; sin embargo para tener y mantener dinero se debe hacer algo más que solo retenerlo, y es entregándolo al Dios todopoderoso quien nos permite realmente disfrutar de él, y no creer que somos los dueños del dinero, ya que tenemos el tiempo prestado como denominador común a todos y por eso dice la Biblia: “…Más vale perro vivo que León Muerto…” (Eclesiastés 9:4). No importa que usted como millonario la sociedad lo tenga en eminencia por su dinero, y muera sin Cristo y alguien pobre con vida y tenga el tiempo para poder encontrar al hacedor de la vida.

Este es el típico caso así como Don Victor, que muchos cruzan este mundo sin ni siquiera disfrutar aquí, ni tampoco donde van al otro lado por tener su corazón en el lugar equivocado de sus riquezas que no fueron aprovechadas para hacer buenas obras al menos, y así de repente tocar el corazón de Dios para darnos el tiempo y poder conocerle de corazón.

Acerca Dr. Rubén Barreto

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