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El Consejo de Doña Moncha

Devocionales Cristianos – Mensajes Cristianos

Eran las tres de la tarde y Jacinto, quien estaba en sus clases a mitad de universidad, y se había enamorado de una joven que era divorciada, y Jacinto le había propuesto matrimonio a pesar que tenía sus cuatro hijitos, Jacinto quien hacía un gran esfuerzo y terminar ingeniería, al exponerle a doña Moncha sobre los planes que tenía y le preguntó a ella: – Doña Moncha, ¿qué le parece la muchacha, verdad que es bonita? ¿Qué le parece para mí?

Doña Moncha asintiendo con su cabeza positivamente le dijo: si muy bonita la joven, yo no veo ningún problema, lo único que usted debe empezar trabajando el doble Jacinto, ya que hay cuatro adelante.

Esas fueron las únicas palabras que profirió aquella sabía señora llamada Doña Moncha.

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Jacinto se fue de allí con su “novia” muy alegre, pero una palabra pasaba siempre por su mente: “Solo que debe trabajar el Doble.”

Finalmente Jacinto comprendió que él, aún joven, tenía derecho a tener su propia historia y no empezar ya con un largo millaje en todo aspecto para la estatura de él; pues se puso a pensar en Don Manuel que ya él era divorciado y tenía hijos y también se casó de nuevo con Doña Cosme, que también tenía sus hijos, eso era estar en igualdad, pero veía los problemas que tuvo don Manuel con el antiguo esposo de Doña Cosme, que fue de casi toda la vida, más cuando el anterior esposo le decía a don Manuel: mire, ninguno de ellos es suyo, son mis hijos, yo fui él que empezó.

Don Manuel tuvo que soportar muchos años esos reclamos por su propio gusto. Pero para Jacinto todo eso era nuevo. Finalmente esas palabras de la viejita sabía, y sin malos deseos para ello, hicieron efecto.

La señora divorciada al saber de Jacinto sobre el cambio de planes se molestó y le preguntó: ¿y tú ahora que mosca te pico? Si estábamos de lo mejor. Mira cómo se van a poner los niños de tristes de no verte, si tú eres el que los llenas de vida y eres alguien han especial.

Jacinto estaba en un punto de quiebra pensando en si en verdad amaba a esta joven divorciada o solo era un sentimiento.

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Pero volvían las palabras de la viejecita que retumbaban, no se preocupe, “solo debe trabajar el doble”, él pudo entender que trabajar el doble era un exceso de fuerza a su condición, era como forzar un vehículo de agencia en tratar de remolcar un vehículo más pesado y sacarlo de donde está, en vez de solo disfrutar del vehículo y hacer los cambios pertinentes de su mantenimiento y responsabilizarse del millaje recorrido.

Jacinto finalmente habló de frente con su prometida y le explico todo y le dijo: Simplemente no puede ser, tú tuviste también tu primera oportunidad y te casaste y ahora te divorciaste, y estás buscando tu segunda oportunidad lo cual es muy válido, pero yo también debo encontrar esa primera oportunidad, si me equivoco ya será producto de mi debilidad, pero debo intentarlo, lo siento debo dejarte y que puedas ser feliz con alguien más maduro que yo.

Mi juventud e inexperiencia me hacen ser más débil y estar en desventaja, debes buscar otro hombre más fuerte que yo.

Fue así que Jacinto pudo después de mucha oración y perseverancia, encontrar una bella joven, con quien sí pudo empezar de cero teniendo un hogar con los únicos problemas y alegrías que le daban los suyos. Y solo podía recordar aquella frase sabía que decía: “solo tendrá que trabajar el doble.”

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No era un mal consejo, era algo que implicaba estar dispuesto a hacer un sacrificio mayor para lo cual posible no estaba diseñado a esa altura de su vida.

Los consejos a tiempo, si los pedimos y los analizamos, entonces nos evitaremos repetir la historia dos veces.

Cada persona es libre de hacer lo que quiere hacer, esto solo es un pequeño testimonio de Jacinto, quien con alegría en su rostro nos compartía muy felizmente con su esposa y sus tres hijos

Si pedimos un consejo es porque nos interesa. De lo contrario trabajaremos el doble desde el inicio. Aunque las cosas comienzan de poco a poco allí, no hay forma de eso.

La Biblia le llama a eso:

“…no sea que se sacien los extraños de tus bienes, y tu esfuerzo vaya a casa del extranjero…”Proverbios 5: 10

© Dr. Mauricio Loredo. Todos los derechos reservados. 

Acerca Dr. Mauricio Loredo

Me convertí a Cristo en mi cuarto año de medicina. Decidí en ese año darle mi carrera al Señor todopoderoso. Soy otorrinolaringologo por la Gracia De Dios, y servimos con mi familia activamente en la actualidad en la iglesia Local Betania.

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