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El Taxi de lujo

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El mejor taxi de prueba que se tenía, el objetivo era ver cómo se sentían las personas al ir cómodamente en un taxi de lujo en una ciudad donde solo se usaban autos de menor categoría y en mal estados de sus amortiguadores, y sus modelos estándares.

El mal tiempo hacía que las calles estuvieran lodosas. Hicieron ese día realidad, y el conductor debía vestir su traje y corbata y su gorro especial.

El taxista, quien nunca se había vestido de dicha vestimenta y cuando se subió a dicho auto que tenía toda la tecnología a la mano, lo que ocurría es lo síguiente: mientras el taxista iba disfrutando el auto de lujo y las pantallas y toda aquella elegancia, se le olvidaba que ese auto de lujo era para el servicio público y después que se adaptó a la tecnología sofisticada, bajó los vidrios y deseaba que todos lo vieran en aquel auto deportivo, y observaba cuando las personas le quedaban viendo su maravilloso auto, ya que nadie podía creer que ese era un taxi.

Al inicio al taxista José se le olvidó el propósito de andar en ese auto, por lo que había pasado todo el día y no había subido ningun pasajero para no enlodar las alfombras, en ese momento recibió una llamada telefónica de su jefe que le dijo: no olvide que el auto que usted maneja es para darle servicio a las demás personas.

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En ese momento que el conductor hizo consciente ese hecho, empezó a hacer paradas en dicho vehículo y a decirles a las personas que si deseaban ir a algún lugar, debían solamente subirse a tan flamante auto.

Las personas, por el hecho de estar ya acostumbrados a subirse a autos viejos y saltones. Todos pensaban que era una broma de ir guiados por un taxista con sacó y corbata.

José, el taxista se bajaba del vehículo y abría la puerta del auto y le invitaba a la gente que pasara, que se subieran pero nadie le creía que eso podía ser cierto, pues más parecía un servicio de limusina que un taxi.

Los dueños del auto empezaron a analizar el por qué las personas no se subian a su nuevo taxi que habían puesto a circular, y descubrieron lo siguiente al hacer una encuesta: las personas pensaban que el pasaje sería mayor por ser un auto sofisticado y de una marca superior, y otra era que ellos no andaban con su ropa adecuada y sus zapatos lodosos para subirse y enlodar un auto de tanto lujo.

Además pensaban que el conductor era para servirles a los adinerados solamente por la vestimenta. El punto es que todas las personas sabían que algo que demostraba ser de más lujo debían tener un costo mayor, y ellos por su formación mental no estaban preparados para poder disfrutar de algo sofisticado por el mismo bajo precio.

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Pero con la publicidad que los dueños hicieron del nuevo vehículo, pudieron hacer entender a las personas que ellos también podrían gozar de algo que solo era antes para los ricos, también otros estratos sociales podrían hacerlo.

El conductor cada vez que se montaba en el vehículo ya era consciente que el automáticamente gozaba de un privilegio tan alto con el simple hecho de ser un servidor que andaba en ese taxi, y gozaba de los privilegios de la empresa y del dueño.

El evangelio de Jesús es parecido a ese auto lujoso, nos pone en otra posición, pues se viene a ser ciudadano del cielo pero trabajando en la tierra, y el invitar a otros a subirse a dicho auto o gozar del evangelio de Jesús aunque ya estén acostumbrados a un sistema que les trate de baja categoría, como ser las reglas sociales que se trata bien al que tiene y se trata mal al que poco o nada tiene, pero se les invita a ser tratados con categoría superior con el propósito que lo sepan en primer lugar el mismo viajero, que cambie su forma de pensar como dice Romanos 12:2 “…No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta…”

Los conductores somos los que debemos predicar ese evangelio especial, y nos acomodamos tanto por vivir de una manera ya sin culpa del pecado, y con una vida eterna garantizada al confiar en Jesucristo como señor y salvador, que se nos olvida la verdadera razón del vehículo del evangelio, es para descargar a otros de sus cargas pero se nos insta a hacer que las personas puedan probar del evangelio para la transformación de sus vidas y sus maneras de pensar.

El evangelio cambia vidas, tanto internamente como externamente, y ese cambio viene por alguien que nos invito a subirnos a ese auto sofisticado como lo es ese evangelio especial, después de andar caminando en lodo y fango, para ahora caminar más rápido y llevando esa semilla rápidamente a otros que la necesitan escuchar.

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Cada persona en el trabajo que hace a diario está obligada, si realmente tiene a Cristo, a mostrar ese amor y pasión de lo que le fue dado a hacer.

No se nos olvide usted tiene su traje de conductor, y el vehículo especial del evangelio, simplemente invitemos a otros a poder gozar de ese privilegio, que ya nosotros tenemos para llegar a la eternidad sanos y salvos por la gracia del dador de la vida Jesucristo.

© Dr Mauricio Loredo

Acerca Dr. Mauricio Loredo

Me convertí a Cristo en mi cuarto año de medicina. Decidí en ese año darle mi carrera al Señor todopoderoso. Soy otorrinolaringologo por la Gracia De Dios, y servimos con mi familia activamente en la actualidad en la iglesia Local Brigadas de Amor Cristiano Jesus de Otoro.

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