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Lo que en verdad contamina

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Don Álvaro, señor de pocos amigos, y de porte muy serio y de mucho dinero, quien tenía un cargo en la congregación de su comunidad y era el encargado de la parte administrativa de esa congregación.

Tenía mucho cuidado con los gastos y nunca se excedía, casi siempre hacía falta en alguna actividad, ya que él calculaba mejor en su conveniencia. Un día pasó lo siguiente:

El Pastor de ese lugar le dijo: Hermano Álvaro, buen día, he estado pensando en plantearle un problemita de uno de los hermanos de la iglesia, que ellos como familia están pasando un mal momento y en este momento no tienen ni para sus alimentos, por lo que necesitamos hacerles llegar una ayuda a ellos.

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¿Sabe cuánto hay en las arcas de la iglesia?

Don Álvaro le dijo: Mire hermanito Pastor, eso sí está poco difícil, pues tenemos muchos egresos de la caja chica y en la cuenta tenemos unos pesos por allí pero, recuerde que está el proyecto del muro de la iglesia, y el cambio de la fachada y eso nos tiene cortos. Yo lo que puedo plantearle hermano, es que los hermanos se saquen un ofrenda especial por los hermanos y así darles algo.

El pastor le dijo: bueno, mire que me parece buena idea, vamos a levantar esos fondos.

Llegó el día de reunirse, y se solicitó la colaboración para hermanos en riesgo, y al finalizar el conteo de la ofrenda se llegó recaudar siete mil lempiras entre el efectivo y lo que prometieron algunos.

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Don Álvaro al hacer el conteo de aquel dinero le llamo aparte al pastor y le dijo: mire hermano, se recolectaron casi siete mil lempiras, pero lo que estaba pensando es que mejor solo se le diera a la familia unos dos míl lempiras, y el resto que vaya para los gastos de la iglesia.

El Pastor lo vio extrañado y le dijo: pero hermano, esas no fueron sus palabras. No quisiera que las ofrendas en pro de los necesitados se vertiera en otras cosas que no sean para lo que se dijo.

Don Álvaro, con su toque y porte de adinerado le dijo al Pastor: bueno Pastor y al que no le guste que se vaya, mire si la vida no es fácil, hay que sufrir un poco y de todos modos el cielo está lleno de riquezas.

El pastor le dijo: mire yo creo que usted lo que está haciendo es contaminarme la congregación, pues ni disfruta ayudando usted, ni hace disfrutar a los demás, pues creo que el mundo se me está metiendo en la iglesia con su forma de actuar.

Bien dice Eclesiastés 6:2 y 3 “...El del hombre a quien Dios da riquezas y bienes y honra, y nada le falta de todo lo que su alma desea; pero Dios no le da facultad de disfrutar de ello, sino que lo disfrutan los extraños. Esto es vanidad, y mal doloroso. Aunque el hombre engendrare cien hijos, y viviere muchos años, y los días de su edad fueren numerosos; si su alma no se sació del bien, y también careció de sepultura, yo digo que un abortivo es mejor que él…”

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Don Álvaro extrañado le dijo: me está insultando Pastor, si quiere que me vaya de la iglesia no lo logrará diciéndome esas cosas, pues aquí estoy para administrar los bienes del Señor.

El pastor indignado le dijo: Mire Álvaro, mejor hablaré con los hermanos para cambiar de tesorería, y así evitarle muchas cargas a usted cargar, pues por personas así como usted, es que el mundo o los inconversos no se arrepienten y desaniman a los de adentro, y si no suplimos para los nuestros entonces ¿qué estamos aquí haciendo?

Estos casos pasan a diario en la iglesia universal, por personas con características de administradoras del mundo, pero sin corazón para los Siervos del Señor y sus necesidades al haber dificultades, es aquí donde el nombre de Cristo es vituperado.

Para un administrador escoger sin las características de Judas iscariotes se debe más que orar, ayunar y así un par de siervos a la par de él estar para que su corazón no se vaya a dañar.

Esto parece que fuera un cuento de hadas, pero desafortunadamente pasa en los caminos terrenales de personas que no han dado buenas señales de haber nacido de nuevo, pues la misericordia y compasión son producto de esa resurrección y regeneración.

Si no encuentras estos elementos en tu hermano, entonces pon en duda que lo sea, y debes más que orar por él, ayunar y apartarte de él, vea y no seas tú también contaminado.

© Dr. Mauricio Loredo. Todos los derechos reservados.

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Acerca Dr. Mauricio Loredo

Me convertí a Cristo en mi cuarto año de medicina. Decidí en ese año darle mi carrera al Señor todopoderoso. Soy otorrinolaringologo por la Gracia De Dios, y servimos con mi familia activamente en la actualidad en la iglesia Local Betania.

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