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Errores, horrores y honores

Devocionales Cristianos… Reflexiones Cristianas

Los espacios recorridos, las ideas generadas y hasta los errores cometidos; todos ellos pueden ser vueltos atrás, si el hombre se lo propone. Sin embargo, el tiempo que transcurre no se puede detener y mucho menos regresar; porque es indetenible e irreversible.

A menos que una persona pueda nacer de nuevo y esto física y naturalmente es imposible.

David es un joven que a la edad de diecisiete años decidió casarse con Julieta que sólo contaba entonces dieciséis años. El matrimonio no funcionó y de la unión le sobrevinieron a él, errores, horrores y honores.

ERRORES

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La decisión de David de ir al matrimonio con Julieta no fue producto del convencimiento firme de ambos, por amor y mutua comprensión; sino por un momento emocional porque dos de sus mejores amigos se habían casado y él no quería estar fuera de grupo.

Aún cuando se comprometieron el uno para el otro ante lo civil y también ante Dios; pronto David se cansó de obligaciones que no tenía costumbre y que tampoco estaba listo para enfrentarlas. Las parrandas, los bailes y las salidas sin regreso a casa por varios días, no se echaron a un lado y, aunque afortunadamente todo lo hacía con su compañera, esto fue deteriorando la vida de David y poco a poco se fue quedando sin significado su existencia, abandonando cosas esenciales en su personalidad como: interés por sí mismo, amor y lealtad a la familia. Además acababa de graduarse de bachillerato y se negó a continuar los estudios universitarios.

Yo no podría decir que el principal error de David fue casarse tan joven porque no estaría haciendo un juicio, sino simplemente dando una opinión. Sólo puedo agregar a esto que algunos matrimonios jóvenes han funcionado. De manera que en este caso el error no consistió en unirse en una prematura juventud; más bien en llegar en convertirse marido y mujer sin estar preparados cuando, a esas edades, lo normal es no estarlo todavía.

HORRORES

Cada día David se adaptaba menos al matrimonio, no así Julieta quien fue estable; y la idea de salir juntos, que ya le resultaba aburrida, se le fue volviendo un verdadero tormento.

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Comenzó a inventar historias raras para conseguir las salidas sin la compañía de su esposa y aunque ella no se tragaba lo que él fabricaba, simulaba entender, aferrada a conservar su condición marital que había comenzado mal y se ponía cada vez peor.

Viendo David que esa unión no funcionaba, por las ansias de libertad que lo dominaba y reconociendo finalmente que su matrimonio había sido un juego de emociones y nada serio; tomó la decisión de divorciarse y lo llevó a cabo sin importarle que su esposa ya tenía cuatro meses de embarazo.

Después del divorcio, David llevó una vida muy independiente, incluso se aisló de su familia por las continuas críticas que le hacían referente a su actitud y al comportamiento con su esposa.

A la llegada de su hijo, tuvo que buscar dinero para la manutención y como no trabajaba, lo conseguía por medios incorrectos e ilegales. Al cabo de dos años; David poseía una fuente de ingresos tan grande que le permitía la custodia de su hijo, y mucho más, dándose todos los gustos que siempre aspiró y convirtiéndose en alguien muy popular entre los amigos. Pero como todo esto venía de lugares indignos y fuera de la ley, no tardó en ser descubierto, arrestado y posteriormente encarcelado para cumplir una condena de tres años por tratar de enriquecerse ilícitamente.

HONORES

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En la cárcel, David encontró que tenía que compartir su celda con un señor bien mayor, de mirada penetrante como un águila y el cabello blanqueado por los años en prisión y que leía un libro que, en aquel momento, él no pudo precisar de qué trataba. El anciano, al ver el huésped que le haría compañía, le dijo poniendo el libro a un lado: -Bienvenido a ésta, tu nueva casa. Pareces muy joven, ¿qué edad tienes?.

-Acabo de cumplir veinte años- respondió David con sequedad.

-¡Oh muy bien!, somos de la misma edad.

-¿Qué dice usted, señor?- replicó David con cara de pocos amigos -Usted debe tener como setenta años.

-Yo cuento mis años a partir del día que nací de nuevo; los anteriores, no me interesan- respondió el anciano con firmeza.

-Sí, entonces enséñame esa fórmula mágica que tiene usted para nacer de nuevo- respondió David de manera burlona y escéptica.

-Aquí está, en este libro.

-¿Y qué libro es ése- preguntó David.

-La Biblia, la palabra de Dios.

-Mire señor- interrumpió David -Estoy muy cansado y quiero dormir, buenas noches- Se dejó caer en su cama y cerró los ojos.

A la mañana siguiente, cuando se dio la orden de levantarse, David abrió los ojos y, para su sorpresa, el anciano ya estaba despierto mucho antes. De rodillas y con la cabeza recostada sobre el borde de la cama, oraba. El joven lo interrumpió comentándole en alta voz: -A la verdad que me ha tocado un loco por compañero.

-Joven, permítame presentarme. Mi nombre es Arturo: pero quiero hacerte una pregunta, ¿has leído la novela “El Conde de Montecristo”.

-No, la verdad es que no he leído mucho?.

-Bueno, en ella, un joven como tú llegó a la cárcel y un anciano como yo, que fue su compañero, le dio una fortuna enorme, que salió inmensamente rico. Tanto como que hasta pudo tener un título de conde, de ahí viene el nombre de la novela. Cuando tú salgas de aquí, te irás más rico que él, porque la fortuna que yo te daré, será mucho mayor. Pero eso te lo explicaré cuando volvamos, porque ahora vamos por el desayuno.

El anciano Arturo se encargó de ministrar la palabra de Dios a David. A educarlo y a prepararlo para el ministerio, en los tres años que éste permaneció encerrado. Y el día que le llegó la libertad, el anciano le dijo: -Hijo mío; ya tú eres un maestro de la palabra, vete a diseminarla. Mi misión es permanecer aquí, como la araña, atrapando almas en su tela; pero a diferencia de ella, en vez de devorarlas, le doy el alimento espiritual.

-Mi querido hermano Arturo- dijo David -Entré a esta prisión con muchos errores cometidos, y hasta con muchos horrores, ¿por qué no decirlo?; pero me voy con el honor de llevarme la sabiduría que Dios, a través de ti, me dio. Pero además cuando llegué teníamos la misma edad porque tú cuentas los años a partir de tu segundo nacimiento. Bueno hoy, sabiendo que sólo Dios puede hacer regresar el irreversible tiempo, me voy con tres años de edad, porque como tú, contaré los años a partir del día que recibí a Jesucristo como mi Señor.

A la salida de la prisión, David se encontró con Julieta y su hijo de más de tres años que lo esperaban. Puso en las manos de ella una Biblia que Arturo le había regalado y tomando a cada uno por la mano y con la vista hacia delante, él caminaba por la calle, dispuesto a cumplir su cometido.

Mi querido amigo lector, hay una sola persona capaz de hacer que lo imposible sea posible. Su nombre, Jesús. Y Él dijo: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo“. Mateo 28:19.

No hay error ni deuda, por grandes que sean, que Jesucristo no pueda saldar. No permitas que te esclavicen por una culpa que él pudo y quiso pagar; y que sólo te cobrará a cambio, que hagas lo mismo: mostrarle a los demás donde está el pagador de nuestros pecados.

© Antonio Fernandez. Todos los derechos reservados.

Acerca Antonio J. Fernández

Mi nombre es Antonio Fernandez, soy profesor universitario de matemática, y hace más de 20 años que sirvo al Señor. Mi esposa y yo asumimos el compromiso de serle fiel cada día de nuestras vidas, y de predicar Su palabra para cumplir con la misión que Él nos entrego.

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