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Me llenó de vida

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-Se ve que resolviste el problema hijo, porque traes una sonrisa de oreja a oreja –le decía esto un padre a su hijo al verlo venir sonriente con mucha alegría.

-Pues sí, claro que lo resolví, y para siempre papá –respondía el hijo con determinación.

-Ahora podemos comenzar la ampliación de la casa sin pérdida de tiempo –concluyó el padre.

-No papá, para eso necesitamos el permiso de ampliación, y no lo tenemos aún.

-No entiendo –replicó el padre -¿Entonces qué problema resolviste para venir con tanta alegría?

-Te lo explicaré todo: Me negaron el permiso porque tenemos algunas cosas que justificarle a las autoridades de la ciudad, antes que ellas expidan cualquier concesión. Esto me hizo sentir muy triste, porque sé cuánto tiempo va tardar este proyecto que tanto deseamos. Salí de allí cabizbajo y pensativo, como si algo sin solución me acortara la vida. Con una desesperanza que me consumía, introduje la mano en el bolsillo y saqué la llave para abrir la puerta del carro, y no sé qué fuerza tan extraña me hizo que volviera la cabeza hacia atrás. Desde la ventanilla de un van aparcado no muy lejos de mí, una mano femenina exhibía un cartel que decía: “Si quieres vida en abundancia, acércate aquí”. Como yo venía sin vida, precisamente, entendí oportuno llegarme hasta ella.

-¿Y entonces qué pasó al llegar allí? –preguntó inquieto el padre.

-No te apures papá, que hasta esto, aprendí hoy, quiero decir, a tener calma. Pues bien, llegué al van, y grande fue mi sorpresa cuando pude ver, que la joven que promocionaba vida, estaba sentada sobre una silla de ruedas porque le faltaban las dos piernas. No tuve que preguntar, ella comprendió la interrogación reflejada en mi rostro.

-Entiendo que te sorprendas –dijo ella aplomadamente y continuó –piensas que es bastante irónico que alguien que no puede valerse por sí misma, sea la que te llama a levantar el ánimo. Pero no te apenes, has pensado rectamente porque no soy yo justamente quien pueda darle vida a alguien que viene muerto como tú. Ahora una pregunta quiero hacerte: No te fijes en lo que me falta, sino en lo que me sobra, ¿ves en mi cara señales de vida?

-Mucha, tanta que se desborda –contesté comprendiendo lo excesivo de su gozo.

-Bueno, cuando perdí mis piernas sentí que se me iba la vida con ellas, no quería seguir viviendo, y pedía la muerte a gritos. Entonces me presentaron al dador de vida y me llenó tanto, que he decidido presentarlo hasta que me vaya con él.

-¿Pero quién es y adónde te vas con él? –le pregunté muy intrigado.

Él es el que dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”. Juan 11:25.

-Y me presentó a Cristo, papá, y me llené de vida en una fracción de segundo. Rápidamente comprendí, que yo me aturdía por un problema que tarde o temprano tendría solución, y que nunca sería comparado con el suyo que le imposibilitaba caminar. No obstante, a ella le había dado la vida y la alegría suficientes para ayudar a muertos en vida como lo era yo.

© Antonio J. Fernández. Todos los derechos reservados.

Acerca Antonio J. Fernández

Mi nombre es Antonio Fernandez, soy profesor universitario de matemática, y hace más de 20 años que sirvo al Señor. Mi esposa y yo asumimos el compromiso de serle fiel cada día de nuestras vidas, y de predicar Su palabra para cumplir con la misión que Él nos entrego.

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