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El Especialista que sacó a Dios de la sala de operaciones

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Wilson quién era Un famoso medico especialista, siempre tenía una frase en sus labios cada vez que sus pacientes decían las palabras “Gracias a Dios ” el científico decía: no le puede dar Gracias a Dios, debe dármelas a mi, solo a mí, Dios no estuvo allí, quien hizo la cirugía fui yo, quien hizo que usted volviera a caminar fui yo!

Un día mientras este famoso galeno caminaba por el parque dándose un relax, vio una joven sentada y una muleta a su lado. El famoso vio el rostro de la joven y le dijo: me parece conocerle a Ud. ¿o me equivoco ?

La joven le sonrió y no dijo ni una sola palabra.

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El insistente le volvió a decir; ¿creo que nos hemos conocido en otro lugar verdad ?

Ella asintió en esta vez y le dijo: Si, usted me operó de mi pierna y quedé peor que por lo que fui. El galeno herido en su ego le dijo: eso no puede ser, en mi récord no tengo aún ningún daño registrado, todos mis pacientes están bien y eso se lo puedo asegurar.

Ella dijo con mucha seguridad: doctor Wilson, yo recuerdo bien ese día cuando le dije: Doctor, gracias a Dios y a usted estoy mejor, pero ese día recuerdo a la perfección que usted me dijo: Dios no ha intervenido en nada, yo soy quien te operó, nunca puedo sacar esas palabras de mi mente, pues recuerdo que 2 semanas después, mi cirugía se infectó tuve fiebre y dolor terrible en mi operación, y cuando fuimos a buscarlo, usted estaba de viaje.

Por lo que fuimos a buscar otro medico que me atendiera y me intervino y extrajo mucha pus, y lo que pasaba era que había quedado una pequeña torunda o gasa redonda en mi cuerpo, y toda mi cadera se infectó, y el medico lucho tanto con esa infección producida y la osteomilietis fue tanta que prácticamente estuve confinada 2 meses en el hospital con debridamientos y finalmente aquí me tiene, definitivamente que Dios no estuvo en esa cirugía señor Doctor, usted se encargó de sacar a Dios del salón de sala de operaciones y ahora yo soy una de sus casos que no tiene registrado.

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El medico estaba escuchando pálido y avergonzado dicha narración de su antigua paciente y dijo: -es Imposible lo que usted me está diciendo señorita.

Ella se acomodo con su muleta y se alejó de aquel lugar y no sin antes decir: Doctor, su mucho orgullo necesita a Dios y sus muchas palabras de envanecimiento, que giran, o quieren que giren a su alrededor, lo están ahogando más en ese mundo ficticio que usted está y ha estado viviendo.

Ella se alejó y aquel galeno se sentía aún incrédulo.

El dolido en su interior investigó quien había operado a la joven, y había tramado esas palabras contra él o inventado esa historia de la gasa.

Finalmente conoció a su colega que la había operado y era su antiguo profesor de cirugía ortopédica quien la había intervenido, y se dirigió a él y le dijo: Distinguido e ilustrísimo profesor y maestro de generaciones, usted.

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En ese momento su antiguo maestro levantó su mano y le dijo: por favor, no me traigas ese alimento de perros.

El famoso Wilson le preguntó: pero profesor, ¿qué significa esa palabra ? “Alimento de perros “

Eso es lisonja, solo se le da a los perros para tenerlos engañados, o al menos hacerles creer que eso es cierto. Ellos no pueden diferenciar el tono de las voces, pero yo sí puedo, y no soy digno que me llames maestro, pues me da vergüenza tu actitud ante las personas que brindas tus servicios, pues tienes un problema mental de enajenación.

No pensé que yo tendría que atender tus casos que tu complicas, y me he quedado callado, esperando si alguna vez te dignaras en venir, ya llevo más de una docena de tus casos que debo resolverlos yo.

Y déjame decirte que ni siquiera el saludo te he dado pues no es bueno lo que haces, ahora solo te daré un consejo: permítele a Dios no sólo entrar en tu salón de operaciones, permítele entrar en tu vida, y veras las suciedades que va a sacar de allí! Empezando de ese ego del cual veo que estás muy engrosado hasta la coronilla.

Ese es mi consejo, yo ya estoy viejo, y este es el tiempo de estar más empezando a descansar que otra cosa, pero veo que es como volver a empezar viendo tus casos que por cosas del destino o mejor dicho para Dios dejar constancia me caen a mi.

Sé que te gusta el dinero, de eso no me queda la menor duda, pero eso contamina tu vida y la elevación de tu ego viene por tus inseguridades de tu infancia o adolescencia, y lastima que en los entrenamientos de las diferentes especialidades no es algo que podamos luchar contra ello, pues eso va brotando de día en día a causa de atiborrarse solo del conocimiento sin ir al que te da o regala ese conocimiento.

Mientras aquel experimentado y viejo especialista hablaba, sus lágrimas se desbordaban y finalizó diciendo. Una cosa más te diré, en mis años, más de cuarenta y cinco años de realizar la cirugía ortopédica he llegado a una conclusión, Dios siempre ha sido el invitado número uno en mi sala de operaciones, en mi consultorio, en mi andar a diario, Él es quien hace que las cosas sucedan exitosamente, y Él quiere que nosotros tengamos exaltación, pero Él quiere saber que haces con esa exaltación o en otras veces lisonja que puedas tu recibir.

Él quiere que tú se la entregues de inmediato, si te quedas de esa gloria impregnado vas a dañar tu ser, y cuando es lisonja las que recibes las cuales serán a montones, y te quedas con ellas también te trastornará tu ser interior.

En nuestro gremio hablando de nosotros es algo que muchos aún no se saben limpiar y por eso han dejado afectar su personalidad, la cual puede ser en verdad grandiosa, pero sino sabe el origen de ese talento, quien se lo ha dado, me temo que sucumbirá tarde o temprano, así que por favor no sigas operando tú solo, invita a Dios a tu sala de operaciones y que todos sepan que lo has invitado.

El Especialista Wilson, con su rostro demudado preguntó: ¿pero como pueden saber los demás que lo estoy invitando?

No te avergüences de orar con tus pacientes antes de someterlos a cualquier intervención, eso no es debilidad, eso es gratitud y lealtad a quien te ha dado los dones y talentos que posees y veras que muchos que a tu alrededor te admiran, empezarán a admirar más a Dios que a ti y eso es lo que debes empezar a hacer.

Aquel joven galeno dijo: perdóneme Doctor y Maestro mío, sus palabras las tomaré muy en cuenta, sabiendo que vienen de alguien con tanta experiencia y sabiduría y ahora sé de dónde viene la verdadera sabiduría y usted es alguien que la vive en su vida.

Se abrazaron y el viejo medico palmeo la espalda de su antiguo alumno y le dijo: tienes tiempo aún de hacerlo.

Acerca Dr. Mauricio Loredo

Me convertí a Cristo en mi cuarto año de medicina. Decidí en ese año darle mi carrera al Señor todopoderoso. Soy otorrinolaringologo por la Gracia De Dios, y servimos con mi familia activamente en la actualidad en la iglesia Local Betania.

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