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La aseadora y el corbatudo

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Llego el Jefe en su corbata color marrón a la oficina, y mientras la aseadora del edificio le limpiaba la oficina, él le dijo: oiga y es que no tiene ojos, mire que aquí hay polvo en esta silla todavía, mejor debería buscar otro lugar para trabajar.

Ella bajo la cabeza y le dijo: perdone señor, yo…..

A mi no me venga con papadas, usted ubíquese, respéteme y además usted solo es una aseadora que casi nada puede hacer.

Etelvina, quien hacía 6 meses trabajaba en la compañía de aseo, y que era el único trabajo que le había dado la oportunidad de ganar algo de dinero para sustentar su hogar. Ella bajo su cabeza y de inmediato limpió el area con escaso polvo, que aquel pulcro hombre de corbata y que nunca le fallaba.

En ese instante Etelvina iba saliendo de la puerta, cuando él se empezó a ver en el espejo y ajustar su corbata, y en ese preciso y crucial momento, cuando el apretó ambos lados de la corbata en su cuello entonces se vio desplomarse aquel hombre con muchas libras extras, y Etelvina se regresó corriendo al escuchar el gran estruendo, y de inmediato le aflojó la corbata y le puso agua en la frente y le puso a oler desinfectante en la nariz con un pedazo de su manta que andaba limpia.

En ese momento aquel hombre se levantó todo avergonzado y le preguntó en ese momento, cuando ya estaban los demás empleados alrededor de él y dijo: ¿qué me pasó?

Etelvina le dijo: yo vi que se desmayó y lo único que hice fue aflojarle la corbata señor.

El aún sentado en el piso le dijo a ella: mire, quiero que me perdone por haberla insultado, realmente no sé que me pasó.

Ella le contestó: está bien.

El le dijo: sabe, me gustaría que usted pudiera sacar un curso de enfermera y creo que tiene dotes para ello, pues me ha salvado la vida, perdone, que la ofendí en verdad perdóneme.

Ella con su rostro sonrosado le dijo: no, creo que a mis treinta ya no puedo ser una enfermera, que fue lo que siempre quise ser para ayudar.

Etelvina inicio su curso de enfermería, y dos años más tarde era la enfermera que estaba en la oficina de ese mismo edificio.

El jefe puso un rótulo en su puerta que tenía dibujada una corbata y un cuello y decía: “El Corbatudo Necesitado “

Todos veian ese rótulo y les caía en gracia, y además se llevaban el mensaje a sus vidas, que aunque estés en las alturas, siempre necesitaras ayuda, y muchas veces de los que menos pienses en la vida.

El jefe tuvo un cambio de actitud, ese es el mejor cambio que debemos de tener al ser humillados por Dios, y cambiar nuestra mala perspectiva de los más “pequeños” que en determinado momento se hacen gigantes, y nosotros enanos y podrían aplastarnos.

Como dice Mateo 23:12:

Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido“.

© Dr Mauricio Loredo

Acerca Dr. Mauricio Loredo

Me convertí a Cristo en mi cuarto año de medicina. Decidí en ese año darle mi carrera al Señor todopoderoso. Soy otorrinolaringologo por la Gracia De Dios, y servimos con mi familia activamente en la actualidad en la iglesia Local Brigadas de Amor Cristiano Jesus de Otoro.

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