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La niña Tortillera que llegó a ser Policía

Devocionales Cristianos

Aquella niña, quien caminaba muchos kilómetros cada día para poder vaciar aquel canasto de tortillas y con su alegría en su rostro y al momento de venderle a doña Geno, la niña puso su recipiente lleno de aquellas ricas tortillas y con una bolsa en la mano empezó a sacar las ricas tortillas y Doña Geno le preguntó: oye, niña, véndeme 10 lempiras de tortillas, y dime como te llamas?

La niña muy sonriente le dijo: buenos días, me llamó Magaly Señora, aquí tiene mire, tortillas bien calientitas. ¿Niña y estás yendo a la escuela? Pues está es hora de ir a clases.

No, este año no pude entrar porque no había quien pudiera vender y así ayudarle a mi mamá, pues así hacemos algo de dinerito y estamos ahorrando para el otro año, y poder comprarme el uniforme y los cuadernos desde ahora.

Doña Geno, muy intrigada por aquella niña de aproximadamente doce años volvió a preguntarle. ¿Y qué te gustaría ser cuando seas grande? Quiero ser una mujer policía. La señora un poco asustada, ante una respuesta que no esperaba le vio a los ojos a la pequeña y le dijo: ay no hija, eso es muy peligroso, usted debería aprender costura o trabajar de dependienta. Además no creo que logres ser una mujer policía.

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La niña, poco triste ante la respuesta de la señora, empezó a envolver su canasto lleno aún de tortillas, y no dijo palabra alguna y sus lágrimas comenzaron a rodar, tomó el dinero de la compradora y se puso el canasto de nuevo en la cabeza protegida por un pequeño pañuelo para que el equilibrio del canasto sobre su cabeza pudiera calzar.

Las lágrimas comenzaron a rodar mientras ella empezaba a caminar. Doña Geno, pudo ver su imprudencia, al observar ese silencio que le estaba diciendo mucho. Cada mañana veía pasar aquella niña, quien le había revelado lo más profundo de su ser al decirle su gran anhelo de su vida, pero al ver sus sandalias de color verde en aquella niña, y sus pies polvosos dijo al comentarlo con su vecina Patricia mientras le compraban tortillas.

Mira Paty, está niña dice que quiere ser policía, ¿qué pensas vos? Paty, quien era más joven que doña Geno y lavaba ajeno dejó salir una risotada y dijo: ay mijita, ubíquese mamá, así como anda vendiendo se ve bien bonita y peinadita, las patas chorreadas no pueden aspirar a eso mamita. Doña Geno hizo la segunda al decir: si eso mismo le digo yo, que así como anda se ve bien y que puede entrar a la academia y aprender costura.

Doña Patricia dijo: mira hija, yo lavo ajeno y me ubique desde que tenía tu edad, y ahora hasta lavadora tengo en mi casa y así lavo ajeno, y me hago para las tortillas. La niña con lágrimas en sus ojos dirigiendo su mirada a ambas les dijo: si ustedes están felices así como están, son ustedes, pero yo quiero hacer mi felicidad, nadie me puede quitar eso que tengo en mi corazón, y yo sé que Dios un día me va a ayudar. Las señoras se rieron de aquella pequeña.

Las pláticas sobre el tema eran casi el plato del día cada vez qué pasaba aquella niña por allí, que parecía que más que comprarle tortillas, era para burlarse de la pequeña. Llegó un día que la niña no volvió a pasar por esa cuadra y perdió varias clientes, y comenzó a pasar por otros pasajes que antes no había pasado por terminar antes sus ricas tortillas.

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Magaly, siempre miraba para atrás y saber que no se encontraría a sus antiguas clientes burlonas, y mientras hacía eso se tropezó y sus tortillas volando salieron, y una señora de mediana edad le observó y le vio llorar allí sentada frente a sus tortillas esparcidas.

Ella salió y le ayudó a poner en una sola bolsa todas las tortillas que se salieron, las cuales eran la mayoría y le dijo: toma este billete, no tienes que llorar por esas tortillas. Magaly dejó de llorar y le dijo: muchas gracias señora.

Dime Doña Mati; siempre te veo pasar pero como aquí no hay comensales por eso no compro, pero de ahora en adelante te compraré aunque sea solo para mí. Pues mi hija está allá en Tegucigalpa y es oficial de la policía, y solo cuando ella viene le tengo tortillas y ella viene el otro fin de semana para mi cumpleaños, así que te pediré que pases vendiéndome el otro viernes.

La niña con sus ojos ahora encendidos le preguntó: ¿su hija es policía?

Doña Mati le dijo: si claro, te veo feliz al preguntarme.

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La niña le dijo: toda mi vida he querido ser una mujer policía. La señora le tocó su cabellera y le dijo, de esa misma edad mi hija me insistía que quería ser policía, y ella estudió y yo me siento muy orgullosa de ella, verla con aquel uniforme tan nítido y su porte y el respeto que se ha ganado, ella siempre quiso proteger a los demás y así fue en la escuela, ayudando a los demás.

¿Como te llamas? La niña muy feliz le dijo: Magaly me llamo. Sabes, si quieres puedes venir con tu mami a mi cumpleaños y me traes tortillas que te compraré para que lleve mi hija. Magaly muy feliz dijo: Solo Dios sabe que me siento muy feliz.

La niña terminaba de sacudirse cuando en eso una patrulla llegaba, y dejo a aquella joven elegante vestida de civil y su porte único, se despidió de sus compañeros de trabajo y ellos solo se bajaron a saludar a Doña Mati, y la niña estaba perpleja ver aquel cuadro de los uniformados.

La joven oficial abrazo a su madre y le dijo: Mamá, es un milagro que este aquí este fin de semana, así que estaré contigo todos estos días pues tenemos una misión, y me dieron libre estos días y mi auto está en el taller y no lo pudieron entregar.

Doña Mati mientras abrazaba a su hija le dijo: – ay hija, ahorita mismo estaba hablándole a la niña Magaly de ti. La oficial le tocó el cabello y le dijo: Hola, me llamó Rebeca, ¿vendes tortillas?

La niña asintió y dijo: un día seré como usted, se ve bien linda y ya me imagino con ese uniforme, ha de ser más bonita. La joven se sonrojó y le dijo, ven pasa aquí con nosotros. Entraron a la casa y la niña estaba viendo tantas condecoraciones que habían en esa pared de la sala.

La niña les dijo: solo voy a pasar un ratito porque mi mamá se va a preocupar. La niña fue atendida con un vaso de jugo puro de naranja y Rebeca se lo sirvió y le dijo: – ah estás viendo la pared llena de diplomas. Mi madre los pone allí, ella siempre ha sido así. La niña se sentó y admiraba aquella pared, y dijo en voz baja: – yo también seré una policía y voy a ayudar a mi mamá y ayudaré a las personas.

En ese momento Rebeca le traía unas galletas y la hizo sentirse especial y le preguntó: ¿estás en el colegio o la escuela? – tengo que ir a primer curso pero aún no podemos por los gastos, pero ya el otro año si voy a entrar, pues estamos ahorrando. Rebeca, al escuchar ese testimonio y ver esa niña que estaba admirándole como policía le preguntó: ¿en verdad quieres ser policía? ¿sabes qué significa esto?

No se todo, pero si, llegaré un día, pues siempre me arrodillo en la cama todos los días y le pido a Dios que me de ese deseo. Rebeca con sus ojos vidriosos, se sentó en el sofá y Doña Mati se sentó también. – Mamá, está niña solo me recuerda de mi niñez y mis sueños. La niña preguntó: ¿ha tenido que perseguir ladrones?

Ella asintió y le dijo: no solo ladrones hija, hay muchas personas malas y debemos hacer algo para proteger a la sociedad, debemos ser personas disciplinadas, debemos sujetarnos a la autoridad superior y así los que están debajo de nosotros también se sujetarán a nosotros, debemos ser muy sabias en las decisiones que hagamos, pues un mal plan y podemos morir en el intento.

La niña emocionada preguntó: ¿tiene compañeros que han muerto o no? Rebeca, le tomó la mano a ella y le dijo: si, dos compañeras de mi promoción ya están con Dios, ellas fueron las que me llevaron a la iglesia allá en Tegucigalpa y tenían un gran compromiso con Dios, ellas fueron de mis mejores amigas y hermanas en la fe. Una de ellas me salvó la vida a mi, por eso ella falleció, cuando un delincuente me quería disparar por la espalda y ella me protegió la espalda y fue la única forma. No hay forma, somos parte de la justicia y la ley y debemos hacerla prevalecer. No puedo hablar más de estas cosas, debes regresar con tu mamá, para que no se preocupe.

Rebeca saco un llavero de su bolsillo y se lo entregó a Magaly y le dijo: este llaverito será para que lo uses un día, son dos pistolas. La niña lo tomo y lo puso en la bolsa de la falda paletoneada que vestía. Se despidió y dijo: voy muy feliz.

Rebeca le expresó: que nadie te quite ese deseo de ser lo que sueñas ser. Está es una de las mejores carreras, donde das tu vida por otros, y Dios la protege mientras tengamos aún cosas por hacer para su Gloria. La niña salió casi corriendo de alegría y casi olvidaba el canasto vacío.

El tiempo transcurrió y Magaly quien estaba en el centro de Instrucción Policial en su segundo año, y sacó aquel llavero que le había regalado la oficial Rebeca. Y dijo: Dios todo poderoso, me apartaste de la gente que no quería mi bien y me pusiste en la cuadra de mi bendición, gracias por hacerme cambiar mi camino y dejar de escuchar las burlas de los malos e injustos y ahora luchar de frente contra el mal que impera en la Nación, pero mientras viva, mi vida será para proteger, y servir a los demás y motivar a aquellos que deseen a estas filas entrar.

Está niña vendedora de tortillas, quien sufrió el oprobio de su clase social, de sus iguales y aunque le vieron una niña jamás pensaron en su potencial, sino que solo vieron su desventaja y posteriormente se convirtió en una agente de la Policia que logró destacar.

¿Has sido tú objeto de burla solo porque eres joven o niño y te ven con desventaja?

Podría ser que esa burla, Dios la use como escalera para que un día logres llegar donde te has propuesto llegar con los ojos puestos en Jesús, el autor y consumador de la Fe, quien dio su vida en rescate por muchos y ahora nos dice: vengan a mí los que están trabajados y cargados y yo les haré descansar.

Aún Doña Geno y Doña Paty hacen exactamente lo mismo con muchos que si siguen sus consejos van a parar al fracaso y la frustración.

Ahora ellas ven pasar a Magaly en la patrulla y Magaly solo dice en voz baja: Ellas aún hacen lo mismo y son felices en su mundo, pobres los que escuchan sus voces y hacen caso de sus consejos. Quedarán en el atolladero mental de sus vidas.

La profesiones que cumplen ese mandato de ama a tu prójimo como a ti mismo, son bendecidas a lo sumo, y no dejan jamás de cosechar. Algunos se pueden ensoberbecer en sus carreras, pero de ellos se encarga Dios quien gobierna sobre ricos y pobres y sobre jefes y subalternos. El bien impera sobre el mal.

“…No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal…”. (Romanos 12:21)

Dios es Fiel.

© Dr. Mauricio Loredo. Todos los derechos reservados.

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Acerca Dr. Mauricio Loredo

Me convertí a Cristo en mi cuarto año de medicina. Decidí en ese año darle mi carrera al Señor todopoderoso. Soy otorrinolaringologo por la Gracia De Dios, y servimos con mi familia activamente en la actualidad en la iglesia Local Brigadas de Amor Cristiano Jesus de Otoro.

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Devocionales Cristianos... La vida profesional no consiste en llenarse las bolsas, consiste en servir, y así sus bolsas jamás serán vaciadas ni viciadas. Sino que serán rebosadas.

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