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La ofrenda de otro… pero no mía

Estudios Biblicos – Predicas Cristianas

Introducción:

En el Departamento Federal de la provincia de Entre Ríos, a 155 Km. al norte de la Ciudad de Paraná, existe una estación del Ferrocarril General Urquiza y su población, denominada “Conscripto Bernardi”, en homenaje al conscripto “Anacleto Bernardi” de la Armada Argentina, que murió heroicamente el 25 de octubre de 1927, en el naufragio del barco “Principessa Mafalda”, en las costas de Brasil.

Esta tragedia que conmovió al mundo de ese entonces, tuvo un total de 380 personas desaparecidas; sin embargo, fueron muchos los que salvaron sus vidas por causa del Conscripto Bernardi, que dedicado con su superior el Suboficial de la AA., a la labor de evacuar desde el “Mafalda” hacia los buques auxiliares la mayor cantidad posible de pasajeros, no abandonó su puesto a tiempo, pereciendo cuando el infortunado trasatlántico desapareció sobre las aguas. Uno de los sobrevivientes se llamó José Borghetti, un inmigrante italiano que vino finalmente a radicarse a Reconquista, para trabajar y formar su hogar, cosa que logró casándose y teniendo un comercio de ramos generales en calle Rivadavia, entre Amenábar e H. Yrigoyen, con la que obtuvo una buena posición económica. (Libro: Recordando “Recuerdo de una vida” de Julio Manuel Lupis, que cuenta anécdotas, tradiciones e historia de nuestro pasado cultural.)

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Y traje a luz esta ilustración de un hecho real, que significó la ofrenda voluntaria de un soldado de la marina, que sacrificó su vida por el bien de muchos, entre ellos, este hombre, que radicado aquí, con su descendencia, hoy forman parte de nuestra sociedad.

Y hoy voy a hablarte de otro hecho real que a diferencia del “Conscripto Bernardi”, no se trató de una ofrenda voluntaria sino, todo lo opuesto, de una involuntaria, y que tuvo por protagonista a Isaac. En esta historia Isaac no terminó héroe, sino sólo termino sobreviviente de una experiencia grotesca donde fue probado su padre.

Te invito a leer en Génesis 22: 1-14. He titulado mi mensaje esta noche: “La ofrenda de otro… pero no mía”… esperando que el Señor añada a tu vida una enseñanza espiritual fuerte para tu crecimiento en la fe….

Núcleo:

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Quiero tratar este relato, no desde la perspectiva de Abraham, de la que tantas veces se ha hablado y predicado, sino desde la perspectiva de Isaac.

Isaac, el hijo de la promesa, del cual Dios había dicho que en él le sería dada descendencia a Abraham, ante una demanda de Dios, se transforma de “hijo de la alegría” en “ofrenda”.

Para esta altura, Isaac era un muchacho y en más de una ocasión habría acompañado a su padre a dar ofrenda y adorar a Dios.

Los teólogos piensan que Isaac tendría aquí como unos 20 años; un joven con suficiente fuerza y agilidad como para llevar una carga de madera hacia arriba de una montaña suficiente para consumir un cuerpo humano. En referencia a ello leemos en Génesis 22:6 que “…tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos…” Hasta ese momento, pienso que habrá sido agradable para Isaac verlo al “viejo” preparar ofrenda y dedicársela al Señor. Más de seguro que cuando él se vio en la realidad de ser una “ofrenda en persona”, la cosa cambió.

No puedo imaginarme el desconcierto de este joven, al ver la intención de su propio padre de matarlo en sacrificio a Dios, y pienso en la férrea resistencia que opuso. Isaac, no era una ofrenda voluntaria, en donde estuviera participando su decisión, ó sumisamente de propia determinación. Isaac estaba allí constituido en la ofrenda voluntaria de otro. La Biblia no menciona nada respecto a oposición u/o resistencia de Isaac, pero podemos deducirlo de lo que se lee en: Génesis 22:9 “… cuando llegaron al lugar donde Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y acomodando la leña, “ató” a su hijo Isaac, para luego ponerlo en el altar sobre la leña…» ¿Por qué debió atar Abraham a su hijo? Sino excepto para inmovilizarlo, dejándole incapaz de poder defenderse o salir corriendo.

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Tengo dos muchachos, uno joven el otro adolescente, y me tengo que poner fiero y cabrero muchas veces. Luchando voluntad contra voluntad hasta lograr que obedezcan, ni me quiero imaginar decirles: Arielito, Andresito: vengan que los voy a “achurar” en el altar, en honor al Señor.

Piensen por un momento en Isaac. Les invito que se metan su piel por unos instantes, en el momento que se apercibió que la ofrenda que iba a dar su padre, iba a tener un enorme precio para él, pues costaría su propia existencia. Puedo escuchar a Isaac diciéndole a Abraham: Bien papá, ¡te felicito por tu devoción! Por algo te dicen “amigo de Dios a vos” eh? ¡Bravo, bravo! Pero con permisito… yo tengo una vida que vivir…. ¡conmigo: ol-vi-da-te! ¡Yo me voy de acá huyendo!

Pensemos ahora en nosotros.

Nos deleita ver a hombres y mujeres usados por Dios. Quedamos fascinados con historias de mártires de la fe, que dieron sus vidas por la causa del evangelio, gustamos de su unción, nos valemos de lo que hablan, nos inspiran en la fe, pero que no nos toque constituirnos en su lugar. Porque una cosa es ser espectador, pero otra cosa más seria es entregarnos en ofrenda voluntaria al Servicio del Señor, y en la flor de la vida, como Jesús, presentarse ante Juan el Bautista para ser bautizado y entregarse desde allí por entero a un ministerio, que pagará con su vida a favor de otros. Tiene otro color la cosa,

El plantearnos decidirnos servir a Cristo, poniendo la causa del Señor por sobre encima de cualquier otra prioridad válida: familiar, laboral, social es otro cantar, que muy pocos están dispuestos a sufrir. Isaac, el que iba a ser heredero de la promesa de Dios, estaba por terminar sus días como ofrenda- de su padre – a Dios.

Nosotros hoy aquí, herederos de la vida eterna, ¿estaríamos dispuestos a terminar nuestros días como ofrenda a Dios, por ej. por causa de la VISIÓN que nos fue dada como Iglesia? ¿Seríamos voluntarios de dar nuestras vidas por causa de Cristo a dónde él nos lleve? ¿Decididos por convencimiento propio de darlo-dejarlo todo por servirle a él? ¿Ó deberá el Señor atarnos para que le seamos útiles? Interesante que “atar” bíblicamente, es prohibir.

¿Tendrá el Señor que llegar al extremo de prohibirnos ciertas actividades o “que se nos seque el arroyo de Querit” como Elías para movilizarnos en ofrenda a él? Quiera Dios que no sea así, y nos evitemos el sufrimiento innecesario de estar contradiciendo al Señor. Que no seamos como Jonás de La Biblia, que debiendo ir a Nínive tomó el camino contrario y sufrió mucho – e hizo sufrir mucho a su entorno – hasta volverse a la voluntad del Señor y obedecerle.

Sigamos con el relato bíblico.

Pasa el episodio del Monte Moriah. Sobrenaturalmente, milagrosamente, el ángel del Señor le grita a Abraham que detenga su mano, aparece el carnero para que tome el lugar de Isaac, y el capítulo 22 termina con un tremendo elogio de Dios, que le bendice por haber obedecido a su voz. Pero, ¿qué pasó con Isaac? ¿Qué elogio tuvo? ¿Cómo quedaron sus emociones y sentimientos? La Biblia no dice nada al respecto. Y nada se hablará de Isaac hasta su vida adulta.

El vers. 19 del cap. 22 dice: “…Y volvió Abraham a sus siervos, y se levantaron y se fueron juntos a Beerseba; y habitó Abraham en Beerseba…” Como les dije, tengo dos hijos varones jóvenes, y haciendo volar mi imaginación me gusta pensar en otro escenario. Abraham volviendo con sus criados de regreso a casa, Isaac 100/150 metros adelante, enojado con el “viejo”, y llegados dándole el informe a Sara: – Mamá, mamá! papá se volvió loco! Me quiso degollar en sacrificio a Dios!

Sara diciendo: -¿cómo!!????

Isaac: -¡sí, si, mamá… me trató de ofrenda! ¿Qué se cree!?

Sara, saliendo de la carpa, increpándolo a Abraham: -¿pero qué hiciste Abraham? ¿Acaso te volviste loco!!??

Abraham: – Déjame explicarte Sara… es que Dios me dijo….

Sara: – ¡Cómo que Dios te dijo! ¡¡Cómo que Dios te dijo!!

Acerca Pastor Daniel

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