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Aconsejando como líder

Dificultades que interfieren con la efectividad del grupo a su cargo. Debemos cortar de raíz con esto que causa daño a la moral o motivación del grupo.

¿A Quién Acuden los que Necesitan Consejo?

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La consejería cristiana se hace más efectiva cuando es iniciada por la persona que la necesita, y de aquí surge la pregunta ¿qué factores determinan la elección de una persona como consejera y no otra?’ He aquí algunos factores:

Cuánto conocen a una persona.

Cuánto respeto se tiene a una persona. El respeto puede ser ganado cuando aquellos a quienes lideramos, reciben de nosotros aprobación por las cosas buenas que hacen; disciplina cuando hacen mal, en la medida que se necesite; atención a sus problemas y cargas, y ayuda al respecto; ánimo y apoyo en la toma de decisiones para su propio beneficio; confianza y compromiso con ellos y la obra, etc.

Cuánta experiencia tiene la persona en el área donde se necesita la consejería.

Cuán bien se llevan con una persona.

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Cuán amigable, cálida y acogedora es la persona. Podemos necesitar ser más formales en público con una persona que trabaja para nosotros, pero en una consejería, debemos ser más informales y amistosos.

Podemos lograr esto con profesionalismo, relajándonos, hablando de manera entendible, y empezando la conversación con temas de interés mutuo que le permitan a la persona relajarse, etc.

Cuán dispuesta está la persona a dar consejo y cuán disponibles están. Esto se puede calcular por la cantidad de tiempo que la persona está dispuesta a apartar, su reacción a las dificultades en la consejería, cuántos inconvenientes están dispuestos a sufrir, cuánta paciencia tienen, etc.

  • Cuanto conocen a Dios. Esto se puede apreciar por su estilo de vida, acciones, y semejanza a Cristo.
  • Cuán exitosas o efectivas han sido sus sesiones previas de consejería.
  • Si es que pueden dar la ‘palabra’ del Señor a la persona que necesita el consejo.
  • Cuán discreta es la persona. Debe guardar las confidencias.
  • Si todo queda en teoría y no en práctica.
  • Si tiene y se percibe un amor real por los que aconseja.

El Lugar del Amor

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Jesús dijo que teníamos que amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22:39). Esto es especialmente importante en la consejería.

Si las personas a quienes aconsejamos saben que les amamos y nos preocupamos por ellos, estarán más dispuestos a contarnos sus confidencias.

Recordemos que ‘El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta’ (1 Corintios 13:4–8).

Los líderes tienen que ver a la gente que viene por consejo como personas que necesitan cuidado y amor, no como simples miembros de una congregación que vienen a cumplir con su cita (2 Corintios 7:3; Filipenses 1:7-8).

Cuando hay amor, incluso podemos disciplinar para corregir al que está andando mal, porque el amor nos impulsa a buscar su bien; lo contrario ocurre cuando se obra y se aconseja sin amor.

El amor de Dios es derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo (Romanos 5:5), por lo tanto debemos abrirnos a su amor para que sea una realidad en nosotros.

El Ejemplo Divino

“Del tronco de Isaí brotará un retoño; un vástago nacerá de sus raíces. El Espíritu del Señor reposará sobre él: espíritu de sabiduría y de entendimiento, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor. Él se deleitará en el temor del Señor; no juzgará según las apariencias, ni decidirá por lo que oiga decir”
(Isaías 11:1–3)

Jesús es el mejor ejemplo de cómo Dios quiere que aconsejemos.

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Él en su ministerio operó en diferentes áreas que lo capacitaron para aconsejar con efectividad. Éstas son:

  • Sabiduría/talento: Él tenía el poder para saber qué era lo correcto.
  • Entendimiento/Reflexión: Él percibía el problema real.
  • Consejo: Él siempre compartía la palabra de Dios.
  • Poder/autoridad: Sus palabras y acciones siempre estuvieron revestidas de su divino poder.
  • Conocimiento: Él conocía la verdad del problema y siempre sabía cómo llegar al fondo del asunto.
  • Temor/reverencia: Él siempre fue consciente de que estaba bajo la mano de Dios.

Como líderes ungidos de Dios, tenemos que seguir el ejemplo de Jesús, y operar en todas estas áreas cuando aconsejamos a la gente.

© Salvador Cruz. Todos los derechos reservados.

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Acerca Salvador Cruz

Pastor/Misionero Maestro en Misionologia INSTITUTO TEOLOGICO

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Un comentario

  1. estamos en la congregación tratando el tema de la consejería pastoral, este trabajo es muy interesante y lo vamos a utilizar me gustaria leer otros mas de ustedes del mismo tema

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