¿Qué pasa después de la muerte?

Así que debemos estar conscientes que la idea que el Señor nos ha dado a través de Su Palabra es que Él no es Dios de muertos, sino de vivos, que para Dios nadie muere definitivamente (como lo expresa, categóricamente, la ley de la termodinámica), y que inevitablemente resuena la voz del Dios a través del apóstol: «Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza» (1 Tesalonicenses 4:13). Dios le bendiga.

¿Qué debe decir la Promesa en Lucas 23:46?

Un texto muy usado para referirse a la vida inmediata después de la muerte es la promesa contenida en Lucas 23:46. En este pasaje se nos narra que mientras el Señor Jesús estaba siendo crucificado junto a dos ladrones, uno de ellos le pidió, en un valeroso e intrépido salto de fe, que se acordara de él cuando viniera en su Reino. La respuesta del Señor no se hizo esperar de la manera más solemne, diciéndole: «Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso

Mucho se ha dicho acerca de esta promesa. Pero hay quienes no la creen tal y como nos ha sido legado este texto a través de generaciones. Los testigos de Jehová, por ejemplo, han modificado este texto para hacerlo coincidir con sus doctrinas, y algunos grupos sectarios, aunque no modifican directamente sus escrituras, lo interpretan y enseñan tal y como lo dice la Biblia de los testigos de Jehová, que ha vertido el pasaje de la siguiente manera: «Y él le dijo: Verdaderamente te digo hoy: Estarás conmigo en el Paraíso».

La razón que admiten los que traducen o están de acuerdo con esta traducción, es que en el griego de la Biblia no existían los signos de puntuación, y que la coma debe ser rodada para que el texto diga que simplemente el hoy no se refiere al cumplimiento de la promesa, sino al momento en que fue dicha la promesa. ¿Debemos tomar esto así? ¿Qué dicen los conocedores del griego bíblico?

No hay duda acerca de que el diccionario de Vine es una referencia obligada en cuanto al conocimiento del griego bíblico, y que puede explicarnos substancialmente la realidad sobre este asunto. Cuando consultamos acerca del término «Hoy», Vine nos dice:

«La cláusula que contiene semeron se introduce en ocasiones con la conjunción joti: «que» (p.ej., Marcos 14:30; Lucas 4:21; 19:9); algunas veces sin la conjunción (p.ej., Lucas 22:34; 23:43, donde «hoy» tiene que ser relacionado con «estarás conmigo»); no hay razón gramatical alguna para la insistencia de que deba ser conectado con la afirmación «de cierto te digo», ni tampoco esta idea está demandada por ejemplos ni de la lxx ni del NT; la estructura de la oración dada en la Versión Reina-Valera es la correcta.»[iv]

Por si fuera poco, este mismo autor nos presenta otro comentario de igual valía acerca de lo tratado, pues cuando consultamos el concepto del término «Paraíso», Vine lo define, e inmediatamente pasa a relacionarlo con nuestro texto de estudio, y explica:

En Lucas 23:43, la promesa del Señor al ladrón arrepentido se cumplió en el mismo día; Cristo, en su muerte, habiendo encomendado su espíritu al Padre, fue de inmediato en espíritu al cielo mismo, la morada de Dios (la mención del Señor de aquel lugar como paraíso debe haber sido un gran aliento para el malhechor; para la mente oriental expresaba la suma total de bendición).

Allá fue que el apóstol Pablo fue arrebatado (2 Corintios 12:4), y le da el nombre de «el tercer cielo» (el vers. 3 no introduce una visión diferente), más allá de los cielos de la creación natural; véase Hebreos 4:14, con referencia a la ascensión. Esta misma región es mencionada en Apocalipsis 2:7, donde el «árbol de vida», el antitipo figurativo del que estuvo en Edén, ofrecido al vencedor, es mencionado como estando en «el paraíso de Dios»; cf. Génesis 2:8

Al cristiano verdadero, estas palabras para explicar este hecho no le son necesarias, pues cree simple y llanamente a lo que dice la Biblia: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso», sin recurrir a ningún artefugio para desvirtuar el texto o alterar la traducción. Pero hay quienes aún así prefieren confiar en el engaño de que el texto debería decir: «te digo Hoy: estarás conmigo…», y para ello, Eugenio Danyans, teólogo y escritor bíblico, nos ofrece un interesante comentario:

«Cristo no usa tan absurda redundancia en ninguna otra ocasión. La expresión «de cierto te digo» se encuentra más de ochenta veces en los cuatro Evangelios y es una de las más características de Jesús. En cada caso sigue inmediatamente el mensaje solemnemente anunciado. En ninguna ocasión hay un adverbio antes de la sentencia. No le oímos decir al Señor: «De cierto os digo hoy, el que cree en mí tiene vida eterna»; o bien: «Os digo hoy: antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.»[v]

Para Danyans la cuestión es obvia: Si se traduce como lo hacen los testigos de Jehová, entonces el término «Hoy» estaría de más, y simplemente no haría falta, pues Cristo no sería capaz de cometer un error de tal magnitud en su discurso, y mucho menos cuando sabemos que no lo hizo después de haberse expresado más de ochenta veces con la misma forma gramatical. Para agregar, Nelson aporta su grano de arena a la verdad, y en una de sus muchas obras, el Diccionario Ilustrado de la Biblia, afirma al definir el Paraíso:

«Los judíos asociaban la palabra paraíso con el huerto del Edén. Luego llegaron a creer que los justos al morir iban a un lugar similar al paraíso. Ya en el rabinismo desarrollado el paraíso podría significar: (1) el huerto original del Edén; (2) la morada temporal de los justos muertos entretanto llega la resurrección, o 3) el huerto, morada eterna de los justos. Por otro lado, los rabinos creían que la gehenna era la morada de los injustos (Seol).

La palabra paraíso aparece solamente tres veces en el Nuevo Testamento. En Lucas 23.43, Jesús promete al ladrón arrepentido que irá al paraíso ese mismo día, indicando así que es el lugar al que iban provisionalmente los justos al morir. El mismo concepto se halla en la parábola del rico y Lázaro, pero se vale de la figura del «Seno de Abraham» (Lucas 16.23). En 2 Corintios 12.2ss, Pablo identifica el tercer Cielo con el paraíso. Luego, en los últimos capítulos de Apocalipsis es prominente la idea de un hermoso huerto eterno para los justos, pero no se usa la palabra paraíso.»[vi]

William Barclay, erudito del griego bíblico y profesor de la Universidad de Glasgow, en una de sus muchas obras traduce el texto de la siguiente forma: «-Te doy mi palabra –le contestó Jesús- que hoy estarás conmigo en el Paraíso.» Y luego, pasa a comentar el texto no interviniendo en su forma gramatical sino en su valor, afirmando:

«La palabra Paraíso viene del persa, y quiere decir «un jardín amurallado». Cuando el rey persa quería hacerle un gran honor a alguno de sus servidores, le nombraba su acompañante en el paraíso, para que paseara y conversara con el rey en aquel lugar delicioso. Fue más que la inmortalidad lo que Jesús le prometió al ladrón arrepentido: le prometió el honor de gozar de su compañía en el jardín de la corte celestial.»[vii]

Hay quienes discrepan de esto debido a que Cristo, cuando resucitó, dijo que aún no había subido al Padre, y que como el Padre está en el Cielo al igual que el Paraíso, entonces el ladrón no pudo haber obtenido el cumplimiento de su promesa. Pero pensar así es pensar irresponsablemente, ya que «queda a nuestra interpretación» el lugar de Dios o el Cielo.

¿Los Muertos nada saben?

La Biblia dice en Eclesiastés 9:5: «Porque los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada ni esperan nada, pues su memoria cae en el olvido«. (Nueva Versión Internacional). Con este texto, muchos intentan decir que la muerte es algo inconsciente. ¿Dice eso? No.

En los escritos del Nuevo Testamento hay una forma hebrea de explicar las cosas denominada «paralelismo», que consiste en ampliar la información de algo con un comentario posterior; esto funciona mucho en los salmos y libros sapiensales, y este texto de Eclesiastés es un ejemplo de ello. Para ampliar lo que queremos saber acerca del verso 5, debemos ir ahora al 6, que dice: «Sus amores, odios y pasiones llegan a su fin, y nunca más vuelven a tener parte en nada de lo que se hace en esta vida«.

Aquí tenemos lo que quiere decir el autor, y no es precisamente acerca de la inconsciencia del alma o del que muere, sino a su falta de conocimiento sobre las cosas terrenales, pues dice: «y nunca más vuelven a tener parte en nada de lo que se hace en esta vida».

Observe claramente que el autor está comparando las cosas que se hace en esta vida, y dice que tales ya no se tendrán después que morimos, que nuestros amores, nuestras pasiones y odios ya no las podremos disfrutar. Ahora bien, ¿Dónde dice el texto que estaremos inconscientes después de muertos? Obviamente no lo dice, y sería irresponsable de nuestra parte admitir tal cosa. Un autor nos dice acerca del texto:

Acerca Juan Pablo Valles

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