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Guía para cuidadores

Estudios Biblicos – Predicas Cristianas

Hacer un lugar en nuestra casa y vidas para un familiar enfermo requiere un ajuste importante, pero recordemos que Dios es la imagen perfecta de la generosidad. Nuestros hijos aprenden a ser generosos viéndonos a nosotros ejercitar el amor de Dios y salir de nuestra zona de comodidad.

Al cuidar de un familiar enfermo tanto nosotros como los mas pequeños en el hogar pueden aprender el verdadero significado del amor, del servir y ayudar a otros y cumplir con un papel significativo en su familia. Aprenden también a manejar las tensiones y cambios de la vida de una manera edificante.

La viuda de Sarepta recibió en su casa a Elías en los tiempos en los cuales no llovió sobre la faz de la tierra por tres años, solo tenía harina y aceite, sin embargo, estuvo dispuesta a ser obediente al mandato de Dios de acoger a Elías y fue bendecida (1 Reyes 17) Dios nos da la oportunidad de modelar a Cristo al tomar bajo nuestro cuidado a un familiar enfermo.

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Meditemos en el mensaje de Filipenses 2:5-8:

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

Como cristianos no estamos exentos de sentir estrés por los cambios, exigencias y responsabilidades que estas nuevas circunstancias traen consigo, pero contamos con el poder de Dios para que puedan ser de bendición para nosotros. Sin embargo, debemos tener presente las muchas personas quienes se encuentran cuidando a un familiar, inclusive por muchos años, que padecen de estrés del cuidador.

Las estadísticas evidencian que es bastante común en España que las familias se encuentren cuidando a sus familiares mayores, muchos de ellos muy enfermos, al mismo tiempo que crían a sus hijos. Más de 850.000 españoles se encuentran en situación de incapacidad permanente, la mayor parte con más de 60 años. Sólo el 12 por ciento de los cuidados son cubiertos por los recursos públicos; el 88 por ciento recae sobre las familias. Estos datos son especialmente preocupantes cuando la mayor parte de la responsabilidad por el cuidado de la persona mayor lo realiza una sola persona.

El estrés del cuidador

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Los estudios realizados sobre la materia demuestran que más del 80 por ciento de los cuidadores reconocen que experimentan altos niveles de estrés, y casi la mitad admiten que sufren depresión. Algunos signos de estrés incluyen negatividad, agotamiento, irritabilidad, distanciamiento social, ansiedad, insomnio, falta de concentración y problemas de salud.

Esta manifestación de síntomas y signos, muchas veces bastante graves, surge cuando una persona debe afrontar una situación nueva que forzosamente cambia su rutina de vida, al tiempo que le exige un porcentaje importante de su tiempo, finanzas y energía. Demasiado estrés es dañino tato para el cuidador como para la persona bajo su cuidado, por lo que es vital aprender a detectar y reducir el estrés.

Sabemos que lo ideal es que las tareas y responsabilidades del cuidado del familiar anciano sean repartidas lo más equitativamente posible entre los familiares de la persona. Lamentablemente en la realidad pocas veces acontece así, siendo una persona generalmente la “designada” para ocupar dicho rol. Aunque la siguiente guía va dirigida principalmente al cuidador, es útil para todos aquellos que deseen colaborar y apoyar a la familia con una persona mayor a su cuidado.

Recomendaciones para el cuidador

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Conozca y utilice los recursos que hay en la comunidad y el realizado por el ministerio a los mayores de su iglesia.

Infórmese sobre la enfermedad que padece el anciano y técnicas de cuidados.

Vigile su dieta, haga ejercicio y procure descansar para reponer las fuerzas.

Controle su nivel de estrés meditando en la Palabra de Dios en oración, consultando al médico cuando lo precise y reuniéndose con otros para compartir y distraerse un rato.

Acepte los cambios que ocurran sin abrumarse, volverse negativo o pesimista.

Preocúpese de atender los aspectos legales y económicos que derivan del cuidado del familiar enfermo.

Valore los logros, no se culpabilice si pierde la paciencia o siente que no puede solo con toda la responsabilidad.

Sea realista en cuanto a lo que puede hacer. Pida ayuda a familiares, a la iglesia y amigos cuando lo necesite.

Planificación

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Al planificar actividades y tareas diarias para ayudar a organizar el día del familiar a su cuidado es importante tener en cuenta lo siguiente:

Organice la rutina familiar tomando en cuenta las responsabilidades, necesidades e intereses de todos los miembros de la familia.

Concuerde las actividades con las habilidades físicas y psíquicas del anciano

Motívele para que las actividades sean parte de su rutina diaria.

Enfatice en el disfrute, no en cuantas actividades logra hacer.

Determine que parte del día es mejor para la actividad.

Ofrezca apoyo y supervisión. Simplifique las instrucciones.

Sea paciente y flexible, respete el estado de animo del anciano.

Ayude a la persona a ser tan independiente como sea posible.

Cuide que las actividades sean seguras.

Cambie los ambientes para motivarlo a realizar las actividades.

Minimice los estímulos que puedan asustar o confundir a la persona

Cuando estructure el día, considere las siguientes actividades para que su familiar realice:

Lavarse, cepillarse los dientes y vestirse.

Ayudar a preparar las comidas, quitar y fregar los platos • Leer el correo y contestarlo

Discutir el periódico o recordar viejas fotos.

Escuchar música, leer un libro, hacer un crucigrama

Jugar a las cartas o ver una película

Dar un paseo

Encontrarse con amistades para compartir juntos

Visitar la biblioteca, los museos y participar de actos culturales de la comunidad

Como podemos colaborar

Podemos apoyar a los que cuidan a sus familiares enfermos de múltiples maneras al ofrecernos para:

Cuidar del familiar unas horas a la semana para dejar tiempo libre a los que cuidan del anciano regularmente.

Orar por la familia, sus necesidades, responsabilidades y por fortaleza y provisión.

Buscar información y recursos útiles acerca de la enfermedad del familiar y sobre sus cuidados.

Llevar a los niños al colegio, a una cita médica o a pasear un rato.

Hacer la compra del mercado semanal.

Llevar comidas preparadas especialmente para aliviar el tiempo dedicado a la preparación de los alimentos.

Hacer algunos mandados que roban de tiempo y sobrecargan al cuidador.

Escuchar sin enjuiciar, consolar y alentar cuando las fuerzas y ánimos decaen.

Invitar a la familia a actividades de recreación y descanso, planificando previamente el cuidado de la persona mayor durante ese tiempo.

Realizar estudios bíblicos y tener tiempos de oración en el hogar de la familia para edificación espiritual y compañerismo.

Que Dios nos use conforme a Su perfecta voluntad, de la manera que El considere necesaria y en el tiempo justo.

Los dejo con la promesa de nuestro hermano Pablo: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas lo suficiente, abundéis para toda buena obra” 2 Corintios 9:8

Acerca Patricia Fernández M

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