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Es tiempo de perdonar

Estudios Biblicos – Predicas Cristianas

Cualquier día es propicio para compartir el amor de Dios, las buenas nuevas de salvación, dar testimonio de lo que Dios ha hecho en nuestra vida y muy especialmente para dedicar nuestro esfuerzo y tiempo en restaurar las relaciones dañadas. El mensaje de Cristo es precisamente el que nos muestra la Biblia en Juan 3:16: “Por que de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en el cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

Gracias a Su Amor hemos sido perdonados y justificados, Jesús pagó nuestra deuda y ahora, no solo, tenemos la salvación, sino también regeneración. ¿Realmente nos damos cuenta a diario, en cada momento de lo que Dios ha hecho por nosotros? ¿Somos realmente agradecidos por ser libres y poder tener la opción de amar, perdonar, hacer lo bueno y tener paz y gozo?

El núcleo de la amargura es el amor propio herido

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La Palabra de Dios nos amonesta a quitar de nosotros toda amargura (Efesios 4:31), por muchas razones:

1.Porque así bendeciremos y no maldeciremos (Romanos 3:14)

2.Para no desfallecer y perder las fuerzas. El cuerpo se enferma cuando el alma sufre de amargura (en otro momento estudiaremos sobre las enfermedades psicosomáticas desde la perspectiva cristiana)

3. No nos estancaremos en nuestro crecimiento espiritual (1 Corintios 3:3)

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4. El Espíritu Santo podrá obrar en nosotros con su poder y podremos ejercer la autoridad que como hijos de Dios tenemos para luchar contra las artimañas del enemigo. 5. Seremos libres para perdonar.

Ahora como cristianos, tenemos la libertad para decidir como responder a una situación. Ya no somos esclavos del pecado. En libro de Gálatas se nos recomienda a permanecer firmes en la libertad con la cual Cristo nos hizo libres y no caer otra vez en yugo de esclavitud. Creemos que tenemos derecho a amargarnos y no perdonar cuando tratan de destruir nuestros sueños y esperanzas o hieren nuestro amor propio al tratarnos injustamente. Si estamos muertos en Cristo, ya nuestra esperanza esta en Él, nuestros deseos son los de Él.

Lamentablemente cuando no estamos dispuestos a escuchar la voz de Dios porque lo que tiene que decirnos nos duele o porque simplemente no estamos dispuestos a cambiar, hay consecuencias desagradables para nosotros. Comenzamos a sentir como nos fatigamos y somos más vulnerables a perder nuestra paciencia y control. Los ataques del enemigo hacen mella en nosotros y a la larga ya no somos instrumentos útiles para Dios, porque estamos apartados de su santidad. En Hebreos 12:15 se nos exhorta a no dejar que crezca en nosotros la raíz de amargura porque contamina a otros e inclusive nos previene que no sea que por eso dejemos de alcanzar la gracia de Dios.

He visto a hermanos con muchos años de haber conocido al Señor en los que no se manifiesta genuinamente el fruto del Espíritu, que es el amor de Dios (Gálatas 5:22,23) Sabemos que Cristo gobierna en nuestro corazón cuando se manifiesta el amor de Dios en nosotros, no la amargura, sino gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza que son las distintas caras de Su amor. El señor nos esta diciendo, desde el momento que nos entregamos a él, que se compromete a transformar nuestras vidas. ¿Esta dispuesto a dejarle hacer eso? No es fácil, el estándar de Dios es alto. “Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amaras a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37,39) Es el amor de Dios que nos constriñe y nos persuade a hacer lo bueno.

Transformarnos

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Tal vez, al examinarnos nos demos cuenta que tenemos pensamientos y sentimientos que nos avergüenza confesar y que nuestras acciones son equivocadas, y muchas veces herimos a otros con nuestras palabras y hechos, para sentirnos culpables después. No entendemos porque actuamos así cuando somos nuevas criaturas. Lo intentamos un día y al siguiente volvemos a caer en lo mismo. Si analizamos más profundamente nuestra situación, y somos honestos, encontraremos que nuestra vida de oración, meditación en la Palabra de Dios, alabanza y consagración a Dios están fallas. El resultado es que tenemos pensamientos negativos, críticos y acusadores hacia las personas y situaciones que embargan nuestra mente e influyen en como nos sentimos, y expresamos. Santiago nos advertía de esto al decir que de una misma fuente no puede salir agua dulce y amarga (Sant. 3:11)

Los pensamientos negativos que tenemos nos bloquean para servir y amar a otros. Nuestros pensamientos reflejan, e influyen al mismo tiempo, en los sentimientos y acciones. Dios nos invita a renovar nuestra mente y no conformarnos a este siglo (Romanos 12:2) De ahí la importancia de estudiar, memorizar y aplicar la Palabra de Dios en nuestra vida. Pablo habla de esto en la carta a los Corintios: “Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, refutando argumentos, y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (Cor. 10:4-5)

Debemos, entonces, enderezar nuestras sendas y ver como Él nos guía al mostrarnos “Este es el camino, andad por el” (Isaías 30:21) Esta guianza llega en el día a día, a veces mientras leemos la Biblia, oramos, o estamos en el servicio cristiano o conversando con alguien. Lamentablemente, el diablo también nos habla a diario para guiarnos por mal camino. El enemigo nos acusa y nos incita a albergar en nosotros sentimientos y pensamientos dañinos, mientras que el Espíritu Santo desea que crezcamos en amor y perdonemos. A quien escucharas y a quien seguirás dependerá de como has decidido vivir tu vida.

¿Por qué es necesario perdonar?

Porque el perdón es la clave de la bendición. El perdón y el arrepentimiento abren nuestros corazones y permiten que el río del amor y poder de Dios fluya en nosotros. Necesitamos permitirle al Espíritu Santo revelarnos aquellas cosas que están por resolver en nosotros. Solo en oración sincera y humilde, derramando nuestro corazón delante de Dios podremos comprender mejor como están nuestros sentimientos, si hay amargura en nuestro corazón, si necesitamos perdonarnos y perdonar.

Pasos para Perdonar:

1. Identifique el agravio: que motivó el sentimiento de amargura y tristeza que tiene ahora.

2. Reconozca que no perdonar es pecado, no importa de quien sea la culpa (Efes. 4:30-32; Romanos 14:23)

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3. Confiese a Dios que ha pecado al no perdonar (1 Juan 1:9)

4. Pida a Dios que le ayude a demostrar su amor, dar y recibir perdón y crecer espiritual y emocionalmente (1 Juan 5:14,15)

5. Puede serle mas fácil llevar ese amor a la acción, el escribir una carta a la persona que la agravió, contándole como se sintió en ese momento, que ha pasado con usted desde entonces y perdonándole (no entregue esa carta, rómpala, es solo para ayudarle a organizar sus ideas, aclarar sus sentimientos y expresarlos) Cuando crea que puede hablar con la persona sin roces, para edificación, hágalo.

6. Perdone, quite de usted todo el rencor y la amargura (es una decisión) Hágalo independientemente de que el otro no pida perdón o no le perdone.

7. Busque andar en el Espíritu y meditar en la Palabra de Dios cada día, para continuar creciendo y renovando su mente y corazón (Efesios 5:18-20)

8. Alabe a Dios cada día, cultive un corazón agradecido Efesios 5:19)

9. Actúe conforme a la decisión que ha tomado y no se deje engañar por las acusaciones de Satanás que tratará de hacerle recordar el pasado o que confíe en sus sentimientos y no en el poder de la sangre de Cristo que nos limpia de todo pecado.

Cuando nos quejamos estamos enjuiciando y cuestionando la voluntad de Dios. Somos hijos de Dios y como tales, nuestra palabra tiene autoridad, usémosla con sabiduría para bendecir. Tengamos la certeza que Dios esta en control, tal como le hemos pedido que este control de nuestra vida, familia, trabajo, hijos y todo lo que tenemos. Cuando viene la prueba, no temas porque el Señor tu Dios esta contigo y te sostendrá y te dará, si se lo pides, el valor, el amor y la fortaleza que necesites para salir mas que vencedor de esa situación. Tenemos una nube de testigos observando el testimonio que damos. ¿Qué tal es el tuyo? ¿Necesitas perdonarte o perdonar a alguien? Hoy es el día, no esperes más.

Recuerde que el ENOJO rompe la comunicación y nos distancia de los demás, pero el PERDÓN construye puentes.

Acerca Patricia Fernández M

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