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Los evangélicos y María

Estudios Biblicos… Predicas Cristianas

Como evangélico no tengo problema en reconocer que uno de los temas más ignorados entre las Iglesias Evangélicas es el de María. Pero esto tiene sus razones, y espero explicarlas. Casi todo lo que sabemos de María procede de lo que llamamos “religiosidad popular”.

Para nadie es un secreto que la “veneración” de María, como gusta decir la ICR, ocupa el lugar más privilegiado y preeminente en toda la devoción y piedad del pueblo católico. Basta entrar a cualquier templo católico para descubrir, por la cantidad y calidad dad de los altares, quien es el “centro” del templo. El sentimiento evangélico reacciona contra esto pensando que Jesucristo ha sido desplazado hacia la periferia de la fe y de la devoción.

En realidad, el católico común tiene dos imágenes básicas de Jesucristo: el bebito indefenso de la navidad, protegido por su madre (José casi ni aparece) y el Cristo agónico e impotente de la Semana Santa. Entre ambas imágenes, el católico ignora todo lo que está en el Evangelio entre la navidad y la Cruz. De las enseñanzas de Jesús sabe el Padre Nuestro porque lo recita de un modo mecánico, pero si le pidieran que explicara algo su respuesta sería: “pregúntenle al cura”. Un principio fundamental de la Reforma fue SOLO CRISTO.

Es decir, el pensamiento evangélico tiende por inclinación natural a ser “cristo céntrico”, así como el católico tiende a ser “mariano céntrico”. Esta centralidad del culto, sea como lo llamen es culto, a María es lo que explica que en las Iglesias Evangélicas casi no se la mencione, aunque reconozco que hay muchos motivos preciosos de enseñanza en la vida y ejemplo de María, a quien el único título que la Biblia le concede es “la madre del Señor”.

Espero explicar esto más adelante. Es casi imposible de negar que hay una decidida voluntad de la ICR de definirse como Iglesia Mariana, más que como cristiana. Hay mucho más mención a María que a Cristo en cualquier publicación católica popular. Recientemente, en un diario católico nacional aquí, de 16 páginas, aparecieron 14 imágenes de María y 6 artículos centrales, extensos sobre el papel de María en la ICR. NI UNO estaba dedicado a Jesucristo, de quien se hizo una sola mención en un artículo muy marginal. Frente a esto, es fácil comprender cualquier reacción que un cristiano evangélico, centrado en Jesucristo, pueda tener no frente a María, la madre del Señor, la que se encuentra en los Evangelios, sino frente a la “María de los Dogmas” y del culto popular.

Ahora, hay otro problema: para nosotros, los evangélicos la ÚNICA fuerte fidedigna y confiable de información sobre cualquier tema teológico es la Biblia (el NT es este caso). Cuando se discute o se intercambian ideas sobre estos temas, es muy importante tener esto en mente. Nada que no se sostenga sobre la base de una sana exégesis bíblica para nosotros es considerado como doctrina. Y el problema está en que, como no tiene ningún empacho en reconocerlo la ICR, hay muchísimas cosas en las enseñanzas marianas que no se pueden sostener por la Biblia y que la ICR defiende basada simplemente en lo que ella misma ha calificado como LA TRADICIÓN DEL MAGISTERIO ECLESIÁSTICO.

Una cosa sí es cierta: lo que el NT tiene que decir sobre María no es tan insignificante como muchos evangélicos creen o gustarían creer; pero tampoco tiene el alcance y la complejidad que la iglesia católica ha llegado a desarrollar mediante los llamados dogmas marianos. Antes de entrar en una elaboración dogmática (como por ejemplo, eso de llamarla “Madre de Dios”) se impone por la fuerza examinar lo que el NT dice sobre María. Y en este sentido, todos los pasajes sobre María se pueden agrupar en las siguientes categorías:

1. Los relatos de la infancia: Mat. caps. 1-2 y Lucas 1-2 2. María como esposa y madre: Mat. 1-2 y Lucas 1-2 3. Distanciamiento de María por parte de Jesús: Marcos 3:31-35; Mateo 12:46-50; Lucas 8:19-21 y 11:27-28 4. Aspecto simbólico de María: Juan 2:1-12 y 19:25-27 5. María como creyente y discípula de Cristo: Hechos 1:14 6. María en la referencia paulina al nacimiento de Cristo: Gálatas 4:4 (Nota: no incluyo la imagen de la mujer de Apc. 12, porque es una imagen mixta, compuesta de varios elementos tanto del AT como del NT, como suele ser el lenguaje apocalíptico).

MARÍA EN LOS RELATOS DE LA INFANCIA:

María es mencionada con mayor frecuencia en los relatos de la infancia; no menos del 75% de todas las referencias a ella en el NT. ¿Qué valor teológico tienen estos pasajes para la comprensión de María en relación con Jesús? La respuesta no es fácil. Los relatos de Mateo (Mt) y Lucas (Lc) tienen evidentes y grandes diferencias. Las más significativas son:

(1). En sus relatos de la infancia, Mateo menciona a María cinco veces, y casi siempre ella está en modo pasivo y subordinado:

Mt.1.16: María es aquella de la cual José era el marido.

Mt.1:18: María es “la desposada con José”

Mt 1.20: María es la mujer que debe ser recibida por José

Mt 2.11: Los magos “vieron al niño con su madre, María”. Es la única vez que Mateo asigna valor activo a María, pero inmediatamente desplaza su atención hacia el niño, pues los magos “… lo adoraron”.

En todos los demás pasajes, Mateo asigna el mismo valor pasivo: no se la menciona por nombre, nadie se rige a ella, nunca se habla de ella, nunca hace algo por su propia cuenta; siempre son otros los que hacen algo que la afecta. Ella está desposada cuando se descubre que está embarazada; su marido quiere divorciarse de ella, por mandato del ángel, José se la lleva a Egipto; después es José quien decide regresar a Nazaret. En todos estos casos, María es absolutamente pasiva.

(2). La situación cambia radicalmente en los relatos de Lucas, quien la menciona por nombre unas 12 veces. Realmente, María ocupa el centro de atención del relato de Lucas. En Mateo, el centro del relato el hecho mismo del nacimiento, sus circunstancias y su valor universal. En cambio, en Lucas el centro es María, la persona, no el acontecimiento.

Una cuidadosa comparación de ambos relatos revela que la importancia que Mateo atribuye a José, Lucas se la asigna a María. Mateo menciona a José por nombre siete veces; en Lucas solamente tres veces. En Mateo, José es la garantía de la descendencia davídica de Jesús; la concepción de Jesús por el Esp. Santo es anunciada a José y no a María; José tiene dos veces visión de ángel; es José, y no María, quien pone el nombre al niño, y es decisión de José el vivir en Nazaret. Ninguna de estas grandes responsabilidades dadas a José aparecen en el relato de Lucas.

Según Lucas, José ni siquiera es informado sobre el embarazo de María; María es quien da nombre al niño. Todo lo que en Mateo le confiere preeminencia a José es ignorado por Lucas o atribuido a María. Sin la menor duda, María es el centro de interés del relato de Lucas.

La prueba más evidente es que Lucas es el único en hacer una relato en paralelo del nacimiento de Jesús y el nacimiento de Juan Bautista. En esta historia, Elizabet, madre de Juan, y Juan desde el vientre de su madre, reconocen la superioridad de María sobre Elizabet y de Jesús sobre Juan.

Entonces, hay una pregunta: ¿Cómo podemos explicar estas notables diferencias? Podemos responder, en parte, diciendo que ambos evangelistas tenían diferentes fuentes de información, o tradiciones en torno al nacimiento de Jesús. En una fuente o tradición, José es la figura central; mientras que en otra fuente, lo era María. Pero, esto explicaría en parte la existencia de dos focos distintos de atención. Pero surge otra pregunta: ¿Qué fue lo que motivó a Lucas para destacar la importancia de María y disminuir el rol de José? ¿Por qué en el curso de unos pocos años pueden darse dos relatos tan diferentes de un mismo acontecimiento?

La respuesta debemos buscarla en la misma formación de los relatos de los evangelios. Marcos y Juan no contienen relatos de la infancia. Lo que demuestra que por un tiempo esto no fue necesario incluir porque no presentaba ningún conflicto. Para Marcos no era necesario relatar la infancia de Jesús para comprender su ministerio en el mundo. (ojo: el orden en que aparecen los 4 Evangelios no significa que se hayan sido escritos en ese mismo orden; la crítica bíblica es unánime en afirmar que Marcos es el primer evangelio escrito; Mateo y Lucas son posteriores) Los relatos de la infancia surgieron cuando en medio de las comunidades cristianas empezaron las dudas y las preguntas sobre la Encarnación del Hijo de Dios; cuando estos temas empezaron a preocupar a los cristianos surgieron los relatos o las tradiciones en torno al nacimiento del Señor. Por eso las diferencias entre Mateo y Lucas.

El evangelista Mateo utilizó una tradición sobre el nacimiento de Jesús en la que el protagonista era José, y no María, en correspondencia con la cultura bíblica y hebrea de que el hombre, y no la mujer, tenía que ocupar el centro de la historia. En cambio, Lucas dispuso de dos relatos o tradiciones ( recuerden que él mismo dice que investigó diligentemente): un relato estaba centrado en el nacimiento de Jesús. El otro se refería al nacimiento de Juan Bautista.

En el Evangelio de Lucas hay un evidente intento de correlacionar los relatos de ambos nacimientos en forma paralela. El propósito de Lucas era evidentemente unir a los seguidores de ambos. Por otros pasajes del NT sabemos que los discípulos de Juan formaron un movimiento religioso de cierta importancia y que estaban activos aun en tiempos de la Iglesia Apostólica (ver Juan 1:6-8, 15,19-27; Hechos 19:1-5).

Cuando Lucas decide incorporar el relato del nacimiento de Juan Bautista lo hace con la finalidad de demostrar en todo momento la superioridad de Jesús sobre Juan; en consecuencia, también tenía que mostrar la superioridad de María sobre Elizabet. Esto explicaría la enorme importancia que Lucas concede a María. Esta importancia dada a María no es producto de que los cristianos estuvieran adquiriendo conciencia de una creciente y mayor importancia de María en la historia de la salvación, como si en algunas comunidades cristianas se hubiera desarrollado una mayor conciencia de la importancia del papel de María y en otras iglesias no.

Tampoco puede pensarse que en el transcurso de los 10 años entre la publicación del evangelio de Mateo y el de Lucas, los cristianos hubieran empezado a concederle a María una creciente importancia en la historia de la Salvación. Que esto no es así queda demostrado en el hecho de que en el resto del Evangelio de Lucas, María desaparece. Sólo se le menciona un par de veces y siempre en modo negativo.

Podemos llegar a una conclusión: la preeminencia dada por Lucas a María tiene su razón de ser en el hecho de que Lucas narra en forma paralela las historias de Juan Bautista y la de Jesús. Todo lo que está en relación con Jesús es acentuado para señalar su superioridad sobre Juan y por eso se le concede mayor papel a la madre del Señor. No es por una importancia teológica de la persona de María, sino por una necesidad del evangelista para mostrar la superioridad de la fe cristiana sobre el movimiento religioso en torno a Juan el Bautista (compárese con la confrontación con el del mesianismo de Juan Bautista en el Evangelio de Juan, 1-3).

MARÍA COMO ESPOSA Y MADRE:

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