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Pautas para la interpretación de parábolas y alegorías

Ahora podemos definir la alegoría, como un relato ficticio que representa una realidad concreta, y que a su vez se mantiene oculta. Esa realidad está “vestida” con adornos de lenguaje figurado, (p. ej. cuando los árboles y otros objetos inanimados hablan y expresan sentimientos) para dar belleza a la expresión sin perder la relación de semejanza entre lo uno y lo otro. (es decir, entre lo ficticio y la realidad que se desea expresar).

3. Diferencias entre parábola y alegoría.

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Existen algunas diferencias interesantes entre una parábola y una alegoría, ambas pertenecen a uno de los métodos de enseñanza usados por nuestro Señor Jesucristo en sus discursos. Sin embargo para que el lector pueda notar la diferencia entre ambas, sin caer en dogmatismos vamos a proceder así: (1) La parábola contiene relatos tanto verídicos como imaginarios pero que no escapan de la realidad, es decir, no traspasan los límites de lo posible, por el contrario la alegoría siempre es ficticia o fantasiosa. (2) La parábola comunica una sola enseñanza o verdad espiritual en su contenido esencial, sin negar que existen analogías que se desprenden de las mismas; la alegoría puede transmitir muchas enseñanzas e ilustraciones en su contenido esencial. Así lo explica George E. Ladd, ex catedrático y profesor de Nuevo Testamento en el Seminario Teológico Fuller:

“Como los detalles de una alegoría están bajo el control del autor, se puede estructurar de forma que cada uno de ellos contenga un significado importante y distintivo…Una parábola es un relato tomado de la vida diaria…Como el autor no crea el relato y, en consecuencia, no tiene control total de los detalles, estos tienen a menudo poco importancia para la verdad transmitida. La parábola tiene como fin transmitir fundamentalmente una sola verdad y no un conjunto de verdades.”7

(3) La parábola en muchos casos introduce comparaciones textuales como p. ej. “el reino de los cielos es semejante a…” señalando así su punto de partida y haciendo una mención descriptiva de aquello que se desea comparar, mientras que la alegoría evita por todos lados describir y dar a conocer el objeto de su comparación. (4) La parábola por su forma y expresión tiene su interpretación fuera del relato, no obstante la alegoría tiene su interpretación dentro del mismo relato, tal como lo aclara el Doctor Terry:

“La parábola es esencialmente una comparación formal y obliga al intérprete, a fin de hallar su significado, a ir más allá de la narración que ella hace; en tanto que la alegoría es una metáfora extendida y dentro de sí misma contiene su interpretación.”8

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4. Semejanzas entre parábola y alegoría.

Hemos visto algunas diferencias entre la parábola y la alegoría, ahora nos corresponde observar aquellas características que las identifica. Si el lector novel pasa por alto estos detalles, fácilmente puede confundirse al momento de toparse con cualquiera de estas figuras en sus estudios de la Biblia. Por consiguiente, veamos dos semejanzas clave. (1) Tanto la parábola como la alegoría son dadas para transmitir alguna lección o enseñanza. Así también lo dice un artículo publicado en Internet sobre parábolas y alegorías:

“Tanto las parábolas como las alegorías han considerado generalmente como formas de enseñanza que presentan al oyente ilustraciones interesantes, de las que pueden obtenerse lecciones morales y religiosas…”9

(2) Ambas mantienen la cualidad intrínseca de comparar dos cosas o más. véase p. ej. la claúsula que aparece en Lucas 13:18; “Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de los cielos y con qué lo compararé?…” con la alegoría de la vid y los pámpanos en Juan 15:1; “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.”10

Nótese claramente que la forma de ambas expresiones es distinta, la primera incluye textualmente el objeto de la comparación, es decir, el reino de los cielos; mientras que la segunda, no contiene frases comparativas, sino, como si fueran afirmativas, es decir, “Yo soy…” o “mi Padre es…” no obstante, ambas frases tienen por objeto hacer comparaciones.

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II. Segunda Parte:

B. Pautas hermenéuticas.

En esta segunda parte analizaremos, cuales son los pasos a seguir, en la interpretación de parábolas y alegorías, no es la intención del autor ser dogmático en este punto, tampoco descuidar las normas de una sana hermenéutica. Por lo cual, vamos a partir desde el punto de vista del doctor Terry:

“Habiendo establecido la parábola y la alegoría y demostrado que la alegoría es, en esencia, una metáfora extendida, no necesitamos reglas separadas y especiales para la interpretación de las porciones alegóricas de las Escrituras. Los mismos principios generales que se aplican a la interpretación de metáforas y parábolas se aplican también a las alegorías.”11

Habiendo comprendido ya el lector, que la parábola es al símil como la metáfora es a la alegoría, no tendrá problemas en dedicarse a interpretar cualquiera sea el caso. El factor predominante, como se dijo al principio es mantener un sano equilibrio hermenéutico. De manera que vamos a proceder según la recomendación del doctor Terry en párrafo anterior.

1. Lo que provoca el relato.

Tanto en las parábolas como en las alegorías y muchas otras figuras del lenguaje, debemos tomar en cuenta esta pauta. Es lo que Manuel Cadenas Mujica en su muy bien documentado artículo llama a este punto, “ocasión” y citando a José M. Martínez dice:

“La situación particular que motiva la parábola es siempre iluminadora”…Podemos hacernos las preguntas de rigor ¿qué, quién, cuándo, cómo, dónde y por qué? A menudo, encontraremos respuesta en los propios evangelios, sea explícita o implícitamente. En otros casos, cuando evidentemente el material parabólico ha sido contextualizado de otra manera por el evangelista, es preferible conformarnos con una de aquellas opciones…”12

Aunque no estoy de acuerdo con Manuel Cadenas al ubicar en segundo lugar la ocasión de la parábola considero muy importante su aportación. Ya que ayuda mucho a descubrir datos dentro de los pasajes bíblicos. Asimismo, Bruce también llama la atención sobre la importancia de señalar la ocasión que provoca el relato de la parábola en los labios del Maestro para su mejor comprensión:

De las treinta parábolas registradas en los evangelios, la mayoría fueron ocasionales, y se entienden mejor cuando se consideran en relación con las circunstancias que las provocaron.“13

Acerca Edinson León Esquivel

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