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Pautas para la interpretación de parábolas y alegorías

Al estar en conformidad con la opinión de los autores citados, procedemos a observar algunas ejemplos sencillos y prácticos dentro de las Escrituras para comprobar cuanto ayuda al lector determinar la ocasión en que sucedieron los eventos, los cuales dieron a luz las narraciones tanto alegóricas como parabólicas.

En Juan 10:1-6 tenemos el registro de una alegoría 14 pronunciada por Jesús acerca de la obra del pastor aunque explícitamente no dice que Jesús sea el pastor, implícitamente queda claro por el contexto de todo el pasaje. Lo que tenemos que señalar aquí es, qué fue lo que ocasionó el relato de este pasaje.

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En primer lugar, hay que precisar sobre los acontecimientos donde Jesús contempla la conducta hipócrita de los fariseos que expulsaron de la sinagoga a un ciego que fue sanado, cuando Jesús encuentra a este hombre, cuyo corazón se abrió a la verdad, se declaró como el Hijo de Dios y éste le adoró. En segundo lugar, podemos ver una lección en dos aspectos sobre la ceguera espiritual. La de aquellos, como los fariseos que decían ver y eran ciegos y aquel que siendo ciego pudo ver la Verdad de Dios. Aquí surge la pregunta, ¿Cómo un ciego puede guiar a la luz a otro ciego? ¿Cómo puede alguien vivir en la mentira y conducir a otros a la verdad?. Estas preguntas dan a luz la existencia de esta alegoría. Vemos en Cristo al Pastor verdadero de su pueblo, al que va delante de las ovejas y estas le siguen. Robertson observa lo mismo al decir:

“Los fariseos habían dado por supuesto anteriormente…que solo ellos eran los conductores autorizados del pueblo…Por ello Jesús tiene una palabra directa hacia ellos. Así, Jesús comienza esta alegoría de una forma característica. Juan no emplea la palabra parabolé, sino paroimia (versículo 6), y realmente es una alegoría que se explica a sí misma…”15

Si aplicamos esta pauta, a la parábola de los obreros de la viña en Mateo 20:1-16 que por su contenido y detalles ha sido considerada como “complicada” podremos descubrir que no lo es, siempre y cuando podamos identificar la ocasión que la produjo.

Veamos que en los pasajes anteriores Jesús estaba dialogando con el joven rico, (véase Mateo 19:16-22). Este se justificaba así mismo alegando que guardaba todo lo que Cristo le mencionó en los mandamientos v. 20. Pero cuando el Señor le dijo que vendiera todas sus posesiones para dárselas a los pobres, se fue triste porque tenía muchas posesiones y las amaba. Al ver esto Jesús, se vuelve a sus discípulos y les habla sobre la imposibilidad de que un rico, como ese joven, entrara en el reino de los cielos, v. 23. Debido a que no quiso dejar sus riquezas. Al ver los discípulos que una persona tan íntegra y moral, con una conducta irreprochable como aquel joven, no era partícipe del reino de los cielos, se llenaron de incertidumbre, v. 25.

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Sin embargo, Jesús amorosamente disipa toda inseguridad apelando al poder de Dios, v. 26. No contento con eso, el impetuoso Pedro hace una pregunta mucho más que interesante, es una pregunta clave. “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿Qué pues tendremos?. Parafraseando esa pregunta sería, “Señor, nosotros sí lo hemos dejado todo y fielmente te hemos seguido, ¿No crees que merecemos una gran recompensa?”. Pedro se arrogaba el derecho que por mérito propio creía pertenecerle. Después de enterarse de las magníficas glorias en el futuro, v. 28. Jesús no negó las recompensas por seguirle, v. 29 si cumplían las condiciones mencionadas, como tampoco negó que habrían distinciones entre las recompensas, con la frase clave del v. 30. “Pero muchos primeros serán postreros, y postreros primeros”. Tomando en cuenta esta declaración, que resultó de la pregunta de Pedro podemos determinar que esa pregunta ocasionó la respuesta de Jesús y la posterior narración de esta parábola que se constituía una amonestación para ellos y para nosotros también. Tanto M. S. Terry, como Roberto Fricke y aún Alexander B. Bruce, concuerdan en señalar el espíritu interesado de los doce y de alguna manera el del auditorio presente. Veamos lo que dice el doctor Terry:

“No es el más elevado de los espíritus el que pregunta: “¿Qué me darán a mí?”, mejor es preguntar, ¿Qué haré yo? Quien sigue a Cristo y por él se sacrifica en toda forma, confiando que todo irá bien, es más noble que el que se detiene a hacer convenios. Aún más, quien ingresa a trabajar en la viña de su Señor, sin hacer preguntas tocante a salarios, es todavía más noble y de espíritu más elevado.”16

De igual modo el prof. Fricke hace referencia a la errónea actitud de los discípulos al creerse merecedores de los favores de Dios al declarar:

“Para algunos judíos, inclusive, sus obras meritorias ponían a Dios en tal situación que éste se sentía obligado a recompensarles por sus buenas obras. En cierto sentido, por su obediencia a la ley, “manejaban” a Dios, coartando así su libertad. Sin darse, cuenta los judíos hacían exactamente lo mismo que los paganos al “controlar” a sus dioses por medio de sus sacrificios idolátricos. Desde luego, ni los líderes religiosos judíos ni los discípulos de Jesús se daban cuenta del error de esta actitud nociva que se había posesionado de ellos.”17

Asimismo Alexander B. Bruce comenta:

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“El propósito de la parábola de Jesús en Perea es enfatizar esta verdad, e insistir en la necesidad de motivos y emociones correctas en relación con el trabajo y los sacrificios. Enseña que poco trabajo hecho en el espíritu correcto es de mayor valor que mucho trabajo en el espíritu equivocado, no importa con cuanto celo se haya realizado. El trabajo de una hora realizado por quienes no han negociado es de mayor valor que doce horas de trabajo por hombres que han soportado el calor y la carga del día, pero que contemplan sus acciones con autocomplacencia.”18

Si tomamos en cuenta los detalles y puntos expuestos en esta parte tendremos mayor iluminación al momento de interpretar ésta y otras parábolas de la Biblia.

2. Análisis exhaustivo.

Otra pauta no menos importante dentro de la interpretación de parábolas y alegorías es analizar exhaustiva y detalladamente el contenido de la parábola y/o alegoría que se desea comprender. Para que podamos hacer un buen análisis debemos en primer lugar hacer una buena lectura del pasaje. Aunque tal vez parezca superfluo e innecesario indicar al lector la importancia de una lectura cuidadosa o minuciosa pero no es así; muchas veces no leemos correctamente y cuando lo hacemos, nos falta una dosis de espíritu analítico para ir asimilando y captando el contenido de la lectura. Sería bueno preguntar, ¿Cuantos de nosotros al momento de leer una parábola o alegoría, vamos tomando en cuenta la ocasión en que fue dicha y mentalmente ya estamos tomando nota de los personajes que aparecen en el relato?. Esto resulta imprescindible sobre todo en las narraciones más extensas donde se mencionan lugares, objetos, personas y hasta animales.

En el caso de las alegorías, para poder interpretar bien su contenido debemos tomar en cuenta cada detalle ya que cada uno representa un significado, enseñanza o lección moral. Cuando se trata de analizar las parábolas hay que tomar en cuenta el personaje o personajes principales y secundarios, lo que Manuel Cadenas Mujica llama “contenido esencial” y añade:

“Es decir, la parábola en sí misma, los protagonistas, la acción (inicio, núcleo y desenlace), palabras o frases que se repiten con insistencia.”19

Al hacer nuestro examen también debemos considerar las acciones buenas o malas de los personajes según sea el caso y encaminarlas si se trata de las parábolas, a buscar la verdad central. En cuanto a las alegorías, tomarse la molestia de analizar detalladamente tanto el contexto que dio lugar a su narración con los distintos elementos de su contenido. P. ej. en la pasaje de 2 Reyes 14:9 encontramos una interesante alegoría que sería muy difícil de interpretar sino fuera por los acontecimientos que le dieron lugar y por hacer un análisis detallado de los elementos, veamos:

Primeramente, los acontecimientos que giran alrededor de esta figura son, (1) La disputa de dos reyes rivales, Joás de Israel y Amasías de Judá. (2) La venganza de Amasías al matar a los asesinos de su padre y asegurar su permanencia en el trono, vv. 5, 6. (3) La altivez de Amasías quien después de vencer y aplastar a Edom bajo su poderío, se vanagloría desafiando a Joás a verse las caras, vv. 7, 8. (4) La respuesta de Joás en forma alegórica y su posterior advertencia. vv. 9, 10.

Ahora nos toca relacionar todo esto con los detalles de la alegoría:

(1) “El cardo (planta espinosa e inservible) que está en el Líbano”, es decir Amasías y su pueblo. (2) “Envió a decir al cedro (árbol fuerte cuya madera es muy cotizada y útil) que está en el Líbano”, referencia a Joás mismo y a su pueblo. (3) “Da tu hija por mujer a mi hijo”, referencia a la pretensión y orgullo de Amasías. (4) “Y pasaron las fieras que están en el Líbano”, es decir, el ejército de Joás. (5) “Y hollaron el cardo”, se refiere a la derrota de Amasías por parte de Joás en Bet-semes.

Acerca Edinson León Esquivel

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