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Pautas para la interpretación de parábolas y alegorías

Estos mismos principios se pueden aplicar también a la alegoría de Jueces 9:8-15.

3. Enfocando la verdad central.

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Sin ambages tenemos que puntualizar en esta sección, que nos vamos a enfocar sólo en las parábolas ya que como dijimos en la sección anterior, las alegorías toman en cuenta todos los detalles y figuras presentadas en el relato pero en el desenlace obtenemos una o varias lecciones, según sea el caso. Por otro lado, eso no sucede con las parábolas, pues ellas pese a que muestran acciones y acontecimientos con personajes, lugares animales y otros detalles, su desenlace es una sola lección, verdad o enseñanza y no un conjunto de verdades. Después de haber determinado la ocasión que dio lugar a la parábola y de analizar cuidadosamente su contenido ya tenemos en nuestra mente la idea de a donde queremos llegar. Voy a presentar lo que venimos diciendo de este modo:

Un conjunto de ríos afluentes (los elementos de la parábola) alimentan el caudal de un solo río (el núcleo o desenlace) el cual desemboca en el mar (la verdad central). En el caso de la alegoría nuestro ejemplo sería: Un solo río principal (el contenido de la alegoría) que posee vertientes de ríos pequeños (las lecciones que se derivan de su interpretación).

Un ejemplo de una parábola rica en detalles, imágenes y acontecimientos es la muy conocida parábola del Sembrador en Mateo 13:1-9; Marcos 4:1-9; Lucas 8:4-8. A pesar de toda esta diversidad de elementos vertidos en esta parábola, la verdad y enseñanza central resulta inalterable, la propagación del reino de Dios. En la explicación que tenemos registrada de los labios de nuestro Señor vemos cuatro clases de terrenos y a su vez el resultado de la semilla depositada en los mismos. (véase Mateo 13:18-23; Marcos 4:13-20; Lucas 8:11-15) Estos son los corazones humanos que reciben la Palabra de Dios, de aquí se desprende el hecho del auditorio heterogéneo de personas que estaban con él. Así veamos lo que dice el doctor Ladd con respecto al mensaje central de la parábola:

“El mensaje de la parábola no quedaría afectado en lo más mínimo si hubiera sólo dos clases de terreno, o si hubieran tres o seis. Tampoco quedaría afectado el mensaje si los tres terrenos que no dan fruto fueran estériles por razones diferentes a las que se alegan. Los tiernos brotes de trigo pueden quedar aplastados bajo el pié de un caminante descuidado. Algunas semillas pueden ser devoradas por los roedores. Estos detalles no afectarían el mensaje bíblico…”20

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Igualmente, respecto a la parábola de los obreros y la viña, de Mateo 20:1-16 mencionada en líneas anteriores, M. S. Terry nos señala lo siguiente:

“…cuán erróneas son aquellas interpretaciones que hacen de “un denario al día” en punto principal. ¡Cuán innecesario e inaplicable es considerar las palabras del padre de familia (en los vs. 13-16) como equivalentes a la sentencia o condenación final, o el asignar significado especial a lo de estas ociosos!”21

Estas interesantes y oportunas intervenciones del doctor Ladd y M. S. Terry ayudarán mucho al lector a enfocar su estudio básicamente en el mensaje y no en los detalles observables. Debemos recordar al lector que los detalles no son la interpretación sino que ayudan a la interpretación, por lo cual, no deben constituirse en elementos de distracción de la verdad o enseñanza central de la parábola. Esto lo veremos en la siguiente sección.

4. Evitando los excesos.

Habíamos mencionado, líneas arriba, acerca de mantener un equilibrio hermenéutico al interpretar estas figuras del lenguaje pero lamentablemente, tanto predicadores como miembros de iglesia, cometen lo que yo llamo “excesos de interpretación” pues sin diferenciar entre parábolas y alegorías se zambullen ciegamente en un mar de ideas sin orden hermenéutico tratando de ver enseñanzas doctrinales, teológicas y hasta dispensacionales en los más mínimos detalles de las narraciones. Muchas personas sinceras en su fe, a veces “alegorizan las parábolas” y “parabolizan las alegorías” provocando alejarse diametralmente de la enseñanza y propósito de las mismas.

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Para que el lector pueda tener una idea de lo que venimos diciendo sobre los excesos de interpretación, veamos una porción del artículo de Manuel Cadenas Mujica el cual cita el libro de Gordon Fee y Douglas Stuart, titulado, “La lectura eficaz de la Biblia” que nos registra una interpretación sobre la parábola del Buen Samaritano, hecha por el teólogo más grande de la edad Media, Agustín de Hipona:

“-Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó: Adán.
– Jerusalén: la ciudad de paz celestial de la cual cayó Adán.
– Jericó: la luna, y por eso significa la mortalidad de Adán.
– Ladrones: el diablo y sus ángeles.
– Le despojaron: de su inmortalidad.
– Hiriéndole: al persuadirlo a pecar.
– Dejándole medio muerto: como hombre vive, pero murió espiritualmente, por eso está medio muerto.
– El sacerdote y el levita: el sacerdocio y ministerio del Antiguo Testamento.
– El Samaritano: se dice que significa ‘guardián’; por lo tanto se refiere a Cristo mismo.
– Vendó sus heridas: significa que vendó las limitaciones impuestas por el pecado.
– Aceite: el consuelo de la buena esperanza.
– Vino: una exhortación a caminar con espíritu ferviente.
– Cabalgadura: la carne de Cristo encarnado.
– Mesón: la Iglesia.
– Otro día: después de la resurrección.
– Dos denarios: promesa para esta vida y la venidera.
– Mesonero: Pablo”22

No existe interpretación que “maltrate” más las reglas de la hermenéutica que ésta. El lector notará que se ha tomado en cuenta todos los detalles de la parábola y se la ha convertido en una alegoría obviando su mensaje principal. Todo estudiante o estudioso serio de la Biblia debe ser muy reverente al momento de hacer una buena interpretación de la Palabra de Dios en este aspecto. Ahora podemos comprender como es que algunas parábolas resultan difíciles y obscuras para poder interpretarlas, y como es que al predicarlas muchos dan vueltas alrededor y nunca llegan al punto principal, debido a que muchos detalles que no pertenecen a la verdad central, han sido tomados en cuenta por los expositores cristianos. Tal y como el doctor G. Ladd vuelve a observar:

“Detalles como noventa y nueve ovejas (Lc. 15:4) y diez monedas (Lucas 15:8) no tienen ningún significado especial. En la parábola del buen samaritano, el significado alegórico de los ladrones, el sacerdote y el levita, el significado del aceite y el vino, la razón de que sean dos monedas, el significado de Jerusalén, Jericó y la posada no han de interpretarse con más significado del que se interpretaría la identidad del pollino. Debemos, por tanto, buscar en cada una de las parábolas del Reino una sola verdad básica.”23

Todas estas observaciones deberían ser tomadas en cuenta por todos los predicadores, maestros de la Palabra y otros aspirantes al púlpito, en fin todos aquellos que aman su Palabra y buscan su rostro. Ahora bien, entre otros excesos que se cometen al interpretar las parábolas, están también aquellos que forzando el texto bíblico, quieren hacer decir lo que la Biblia no dice por ningún lado. Estos inescrupulosos de la predicación han insertado sus propias ideas y pareceres al pasaje bíblico, desplazando su verdadero mensaje e imponiendo el suyo propio. Por tal razón el Rev. Kittim Silva, fervoroso predicador pentecostal y un maestro de la predicación homilética, advierte:

“Las parábolas nunca deben ser forzadas a decir o interpolar en ellas más de la verdad central que enfocan o enseñan…”24

Una de las parábolas más bellas, didácticas y rica en imágenes y que a su vez, es una de las que más ha sufrido la violencia de los predicadores, es la mal llamada, parábola del hijo pródigo. Digo mal llamada porque particularmente creo que no debería llamarse así. Tal vez el lector estará sorprendido por mi declaración, no obstante expongo mis razones. (1) Porque el nombre por sí solo no refleja el sentido de la enseñanza principal de la parábola, la cual se basa principalmente en el amor perdonador de Dios y no en el pecado del hijo. (2) Porque al decir “parábola del hijo pródigo” automáticamente nuestros pensamientos se desvían de la enseñanza central de la parábola y nos concentramos en estudiar más sobre la conducta desobediente del hijo y no sobre el perdón del padre.  También concuerda conmigo el prof. Roberto Fricke al señalar:

“Aunque el nombre “hijo pródigo” se ha hecho ley por la costumbre, hay quien opina que esto representa un trans-nombramiento, pues el punto de comparación no es con el comportamiento del hijo sino con el gozoso amor perdonador del padre…Ciertamente el padre de la parábola viene a ser el actor principal…El padre de la parábola es un padre humano, pero, eso sí, ilustra el amor de Dios.”25

Muchos predicadores, al verse invadidos por toda esta gama de imágenes, colores, acciones y reacciones, no pueden resistir la tentación de ir más allá de lo que Jesús trató de transmitir a sus oyentes. He visto las disputas que se han formado sobre la discusión de quién es, el hijo mayor o mejor dicho a quien representa. Unos opinan que representa a los fariseos otros creen que a todos los líderes religiosos judíos, tampoco faltan los que le ponen el ingrediente escatológico a la interpretación al decir que el hijo mayor representa a la nación de Israel que ha rechazado al Mesías y el menor a las naciones gentiles que se acercan a Dios. Todos estos, son simples “agregados” innecesarios a la parábola que no reflejan en nada su mensaje ni tampoco ayudan a captar la enseñanza o verdad central de la misma.

5. Consideraciones finales.

Acerca Edinson León Esquivel

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