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Las profecías del Apocalipsis Capítulo 2 – Estudios Biblicos

Estudios Biblicos – Predicas Cristianas

Las cartas de Jesús a las Iglesias

Mensajes a las siete iglesias

En el primer capítulo, el profeta bosquejó el tema de las siete iglesias y su ministerio, representadas las primeras por los siete candeleros y el último por las siete estrellas. Ahora considera a cada iglesia en particular, y escribe el mensaje que le está destinado, dirigiendo en cada caso la epístola al ángel de la iglesia, o sea su ministerio.

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El mensaje a Efeso

Vers. 1-7: Escribe al ángel de la iglesia en Efeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el cual anda en medio de los siete candeleros de oro, dice estas cosas: Yo sé tus obras, y tu trabajo y paciencia; y que tú no puedes sufrir los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado por mi nombre, y no has desfallecido. Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Recuerda por tanto de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré presto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. Mas tienes esto, que aborreces los hechos de los Nicolaítas; los cuales yo también aborrezco. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.

La iglesia de Efeso. En las observaciones referentes a Apocalipsis 1:4, se han presentado algunas de las razones por las cuales los mensajes dirigidos a las siete iglesias deben considerarse como proféticos y aplicables a siete períodos distintos que abarcan la era cristiana. Puede añadirse aquí que esta opinión no es nueva. Tomás Newton dice: “Muchos contienden, y entre ellos hombres tan sabios como Moro y Vitringa, que las siete epístolas son proféticas de otros tantos períodos sucesivos y estados de la iglesia desde el comienzo hasta la conclusión de todo.” 1

Tomás Scott dice: “Muchos expositores se han imaginado que estas epístolas dirigidas a las siete iglesias eran profecías bíblicas de siete períodos distintos, en los cuales se iba a dividir todo el plazo desde el tiempo de los apóstoles hasta el fin del mundo.” 2

Aunque ni Newton ni Scott apoyan esta opinión, su testimonio demuestra que la habían albergado muchos expositores. Dos de ellos dicen:

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“El más antiguo comentador del Apocalipsis cuya obra haya llegado hasta nosotros, fue Victorino, obispo de Pettau, o Petavio, que sufrió el martirio en el año 303. Era contemporáneo de Ireneo, y hombre de piedad y diligencia en la presentación de las enseñanzas de las Escrituras, y vigoroso en su percepción del significado de los escritores sagrados. Con excepción de algunos fragmentos, la mayor parte de sus escritos se ha perdido. Sobreviven sus comentarios del Apocalipsis, en un texto menos puro de lo que podríamos desear, pero bastan para darnos el resumen de sus opiniones. En su Scholia in Apocalypsin, dice que lo que Juan dirige a una iglesia lo dirige a todas; que Pablo fue el primero en enseñar que hay siete Iglesias en el mundo entero, y que las siete Iglesias nombradas y que Juan, a fin de observar el mismo método, no se había excedido del número de siete.

“Lo que Victorino quiere decir es que Pablo, al escribir a siete Iglesias, y solamente a siete, quería dar a entender que todas las iglesias de todos los tiempos quedan abarcadas en las siete; y que, de la misma manera, las siete Iglesias del Apocalipsis están destinadas a abarcar todas las iglesias del mundo. Tal era también la opinión de Ticonio, en el siglo IV; de Aretas de Capadocia y Primasio de Adrumeto, en el VI; y de Vitringa, Mede, Moro, Girdlestone y muchos otros teólogos de épocas ulteriores.” 3

“Mede expuso las Siete Epístolas como proféticas de las Siete Edades de la Iglesia, en forma tal que todo lo bueno se hallase allí profetizado acerca de ella y todo lo malo acerca de Roma (véase Trench, loc. cit., pág. 228). Más tarde aún, Vitringa expuso las epístolas según el mismo principio; y escribe (págs. 32-36): ‘Existimo Spiritum S. sub typo et emblemate Septem Ecclesiarum Asiae nobis . . . voluisse depingere septem vanantes status Ecclesiae Christianae . . . usque ad Adventum Domini’; añadiendo ‘demonstratur illas Prophetice non Dogmatice esse exponendas.’

“Mede (en sus ‘Obras,’ Advert, cap. 10, pág. 905) presenta más ampliamente su opinión como sigue: ‘Si consideramos que su número es siete, que es un número de revolución de veces, o si consideramos la elección del Espíritu Santo que no abarca todas las iglesias ni siquiera las más famosas del mundo, como Antioquía, Alejandría, Roma, . . . si se consideran bien estas cosas, ¿no puede verse que estas siete iglesias, además de su aspecto literal, estaban destinadas a ser como modelos y figuras de las diversas edades de la iglesia católica desde el principio hasta el fin? De manera que estas siete iglesias serían para nosotros muestras proféticas de siete temperamentos y estados sucesivos de toda la iglesia visible según sus diversas edades. . . . Y si esto se concede . . . entonces ciertamente la Primera Iglesia (o sea el estado efesio) debe ser la primera, y la última será la postrera. . . . La mención de los falsos judíos y la sinagoga de Satanás (en Apocalipsis 2) al hablar a las cinco iglesias del medio, indica que pertenecen a los tiempos de la Bestia y Babilonia. Y en cuanto a la sexta en especial tenemos un carácter adecuado donde situarla; a saber, parcialmente hacia el tiempo en que la Bestia cae, y parcialmente después de su destrucción, cuando viene la Nueva Jerusalén.’ “4

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De los autores citados se desprende que lo que indujo a los comentadores de tiempos más modernos a descartar la opinión que atribuía una naturaleza profética a los mensajes de las siete iglesias, es la doctrina comparativamente reciente y antibíblica del milenario temporal. La última condición de la iglesia, según se describe en Apocalipsis 3:15-17, se considera incompatible con el estado glorioso de cosas que ha de existir en esta tierra durante mil años, cuando todo el mundo se haya convertido a Dios. En este caso, como en muchos otros, se procura que la opinión bíblica se adapte a otra más agradable. Como en los tiempos antiguos, los corazones humanos siguen amando las cosas lisonjeras, y sus oídos se mantienen siempre abiertos favorablemente para los que predicen la paz.

La primera iglesia nombrada es Efeso. Según la interpretación que damos aquí, este símbolo abarcaría el primer período de la iglesia, o sea el apostólico. La definición de la palabra “Efeso” es “deseable,” palabra que describe fielmente el carácter y la condición de la iglesia durante su primera etapa. Los cristianos primitivos habían recibido la doctrina de Cristo en toda su pureza. Disfrutaban los beneficios de los dones del Espíritu Santo. Se distinguían por sus obras, labores y paciencia. Fieles a los principios puros enseñados por Cristo, no podían soportar a los que obraban mal, y probaban a los falsos apóstoles, descubrían cuál era su verdadero carácter y los hallaban mentirosos. No tenemos evidencia de que la iglesia literal de Efeso hiciese esto en mayor escala que otras iglesias de aquel tiempo. No lo da a entender el apóstol Pablo en la epístola que dirige a esa iglesia. Era una obra que toda la iglesia cristiana realizaba en aquel tiempo; y era muy propio que lo hiciese. (Véase Hechos 15:2; 2 Corintios 11:13.)

El ángel de la iglesia El ángel de una iglesia debe representar un mensajero o ministro de aquella iglesia. Como cada iglesia abarca cierto plazo, el ángel de cada iglesia debe representar al ministerio, o sea a todos los verdaderos ministros de Cristo durante el período abarcado por esa iglesia. Por el hecho de que los diferentes mensajes iban dirigidos a los ministros, no deben entenderse como aplicables a ellos solos, sino que se dirigen apropiadamente a la iglesia por su intermedio.

Una causa de queja “Tengo contra ti–dice Cristo–que has dejado tu primer amor.” “El abandono del primer amor es tan merecedor de una amonestación como el apartarse de una doctrina fundamental o de la moralidad bíblica. No se acusa aquí a la iglesia de haber caído de la gracia, ni de haber dejado que se extinguiese su amor, sino de que éste disminuyó. No hay celo ni sufrimiento que pueda expiar la falta del primer amor.” 5 Nunca debe llegar en la experiencia del cristiano la ocasión en que, si se le interroga acerca de cuál es el momento de su mayor amor hacia Cristo, no pueda decir: “El actual.” Pero si llega una ocasión tal, entonces debe recordar de dónde cayó, meditar en ello, evocar cuidadosamente el estado de su anterior aceptación con Dios, y apresurarse a arrepentirse y desandar sus pasos hasta llegar a aquella posición deseable. El amor, como la fe, se manifiesta por las obras; y el primer amor, cuando se alcance, producirá siempre sus correspondientes obras.

La amonestación “Vendré presto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.” La venida mencionada aquí debe ser una venida figurativa. Significa juicio o castigo, por cuanto es condicional. El quitamiento del candelero significa que se privará a la iglesia de la luz y las ventajas del Evangelio para confiarlas a otras manos, a menos que ella desempeñe mejor las responsabilidades de su cometido. Significa que Cristo rechaza a sus miembros como representantes suyos que han de llevar la luz de su verdad y Evangelio ante el mundo. Esta amenaza se aplica tanto a los miembros individuales como a la iglesia en conjunto. No sabemos cuántos de los que profesaban el cristianismo durante ese período fueron deficientes y rechazados, pero indudablemente fueron muchos. Así fueron siguiendo las cosas, permaneciendo algunos firmes, apostatando otros, y dejando de transmitir luz al mundo; pero nuevos conversos llenaban mientras tanto las vacantes dejadas por la muerte y la apostasía, hasta que la iglesia alcanzó en su experiencia una nueva era, señalada por otro período de su historia, y abarcada por otro mensaje.

Los nicolaítas ¡Cuán dispuesto está Cristo a elogiar a su pueblo por cualesquiera buenas cualidades que posean! Si hay algo que él aprueba, lo menciona primero. En este mensaje a la iglesia de Efeso, después de mencionar primero sus características elogiosas, y luego sus fracasos, como si no quisiera pasar por alto ninguna de sus buenas cualidades, dice que sus miembros aborrecían las acciones de los nicolaítas, que él también aborrecía. Las doctrinas de los mismos se condenan en el vers. 15. Parece que eran personas cuyas acciones y doctrinas eran abominación para el cielo. Su origen es en cierto modo dudoso. Algunos dicen que provenían de Nicolás de Antioquía, uno de los siete diáconos, (Hechos 6:5); otros aseguran que le atribuían a él el origen de sus doctrinas para tener el prestigio de su nombre, mientras que una tercera opinión es que la secta recibió su nombre de cierto Nicolás de fecha ulterior. La última teoría es probablemente la más correcta. En cuanto a sus doctrinas y prácticas, parecería que preconizaban la comunidad de esposas, consideraban con indiferencia el adulterio y la fornicación, y permitían que se comiesen cosas ofrecidas a los ídolos. (Véanse Clarke, Kitto, y otros comentadores.)

La invitación a prestar atención “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.” Esta es una manera solemne de atraer la atención universal a lo que es de importancia general y portentosa. Se dirige el mismo lenguaje a cada una de las siete iglesias. Cristo, cuando estuvo en la tierra, empleó la misma forma de hablar al llamar la atención de la gente a las más importantes de sus enseñanzas. La usó con referencia a la misión de Juan (Mateo 11:15), la parábola del sembrador (Mateo 13:9), y la parábola de la cizaña, que recalcaba el fin del mundo (Mateo 13:43). También se usa en relación con el cumplimiento de una profecía importante en Apocalipsis 13:9.

La promesa hecha al vencedor Al vencedor se le promete que comerá del árbol de la vida que crece en medio del paraíso, o huerto de Dios. ¿Dónde está ese paraíso? Está en el tercer ciclo. Pablo escribe, en 2 Corintios 12:2, que conocía a un hombre (se refería a sí mismo) que fue arrebatado al tercer cielo. En el vers. 4 dice que fue arrebatado al “Paraíso,” lo cual nos permite sacar una sola conclusión, a saber que el Paraíso se halla en el tercer cielo. Parece que en ese Paraíso está el árbol de la vida. La Biblia presenta un solo árbol de la vida. Lo menciona seis veces; tres en Génesis, y otras tres en el Apocalipsis; pero cada vez el nombre va acompañado del artículo definido “el.” Es el árbol de la vida en el primer libro de la Biblia, el árbol de la vida en el último; el árbol de la vida en el “Paraíso” (término usado por “huerto” en la traducción griega de Génesis), en el Edén en el principio, el árbol de la vida en el Paraíso celestial del cual habla ahora Juan. Si hay solamente un árbol, y estaba al principio en la tierra, se puede preguntar cómo es que ahora está en el cielo. La respuesta es que debe haber sido llevado al Paraíso celestial. La única manera en que un mismo cuerpo antes situado en un lugar pueda situarse en otro, consiste en que se lo transporte allí. Hay buenas razonas para creer que el árbol de la vida y el Paraíso fueron trasladados de la tierra al cielo. Un comentador observa al respecto:

“El acto de Dios al colocar querubines ‘para guardar el camino del árbol de la vida” (Génesis 3:24) en el huerto de Edén, no tiene solamente su aspecto de severidad judicial, sino que es también, en cierto sentido, una promesa llena de consuelo. La morada bienaventurada de la cual se expulsó al hombre, no es aniquilada ni abandonada a la desolación y la ruina, sino retirada de la tierra y del hombre, y consignada al cuidado de los seres más perfectos de Dios, a fin de que pueda ser devuelta finalmente al hombre cuando haya sido redimido. (Apocalipsis 22:2.) E huerto, como existió antes que Dios lo plantara y adornara, cayó bajo la maldición, como el resto de la tierra, pero el aditamento celestial y paradisíaco fue eximido y confiado a los querubines. El Paraíso verdadero (ideal) ha sido trasladado al mundo invisible. Por lo menos una copia simbólica de él, establecida en el lugar santísimo del tabernáculo, fue concedida al pueblo de Israel, de acuerdo con el modelo que Moisés vio en el monte (Éxodo 25:9, 40); y el original mismo, como renovada habitación del hombre redimido, bajará finalmente a la tierra. (Apocalipsis 21:10.)”‘6

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Al vencedor se le promete, pues, una restauración que incluirá más de lo que Adán perdió. Esta promesa se dirige no solamente a los vencedores de aquel período de la iglesia, sino a todos los vencedores de todas las épocas, porque las grandes recompensas del cielo no tienen restricciones. Esfuérzate, lector, por ser vencedor, porque el que obtiene acceso al árbol de la vida en medio del Paraíso de Dios, no morirá más.

El plazo de la iglesia El plazo abarcado por la primera iglesia puede considerarse como el transcurrido desde la resurrección de Cristo hasta el final del primer siglo, o hasta la muerte del último de los apóstoles.

1 Tomás Newton, “Dissertations on the Prophecies,” tomo 2, pág. 167.
2 Tomás Scott, “Commentary,” tomo 2, pág. 754, nota sobre Apocalipsis 2:1.
3 José A. Seiss, “The Apocalypse,” tomo 1, págs. 128, 129.
4 F C. Cook, “The Bible Commentary, New Testament,” tomo 4, págs. 530, 531.
5 Augusto C. Thompson, “Morning Hours in Patmos,” págs. 122, 123.
6 Juan H. Kurtz, “Manual of Sacred History,” pág. 50.

13.1 Éfeso (2:1-7)

(Ap. 2:1) Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: {2} Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; {3} y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. {4} Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. {5} Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. {6} Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco. {7} El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.

Frase clave: Has dejado tu primer amor

Hay mucha información en la Biblia sobre la iglesia en Éfeso. La iglesia en Éfeso fue fundada por Pablo donde razonó con los judíos. Él dejó a Priscila y Aquila aquí (Hechos 18:19). Pablo volvió a Éfeso y encontró a algunos discípulos que no habían recibido el Espíritu Santo; sólo habían sido bautizados en el bautismo de Juan. Cuando fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús el Espíritu Santo vino sobre ellos (Hechos 19:1-7). Pablo habló en la sinagoga por tres meses (Hechos 19:8) y luego en la escuela de Tirano durante 2 años (Hechos 19:9-10). Luego hubo un alboroto sobre la diosa de fertilidad Artemisa que les traía a los efesios riqueza a través de la fabricación de imágenes de plata de ella (Hechos 19:23). Tenían miedo de que, como resultado de la predicación de Pablo, ellos pudieran perder el negocio. Pablo dejó a Timoteo en Éfeso (1 Tim. 1:3). Le dijo adiós a los ancianos de Éfeso en Mileto antes de ir a Jerusalén (Hechos 20:17-38) donde les advirtió acerca de los lobos rapaces que entrarían en medio de ellos (Hechos 20:29).

También les escribió a los efesios una larga carta de donde surge que era una iglesia madura. Se piensa también que el apóstol Juan y María, la madre de Jesús, se establecieron en Éfeso. Unos dos siglos y medio después que Pablo hubiera predicado en Éfeso, el ayuntamiento fue convertido en una iglesia y utilizado más adelante para el Concilio de Éfeso que en 431 d.C. aceptó formalmente la enseñanza de que Jesús era a la vez plenamente humano y plenamente divino (Hill).

Éfeso era la ciudad más importante de la Asia proconsular. Situada en la boca del río Cayster en un golfo del Mar Egeo, floreció como un importante centro comercial y de exportación para Asia. Para el tiempo del Nuevo Testamento había crecido hasta tener al menos 250.000 personas (Mounce)

v. 1 – Escribe al ángel de la iglesia en Efeso – Probablemente el ángel de la iglesia significa al espíritu de la iglesia, es decir simbolizando a las iglesias. También podría significar un ángel guardián o un anciano. Debemos notar aquí que es Jesús mismo el que está dictando las cartas a las siete iglesias; Juan es el amanuense. Así como con el Apocalipsis mismo (ver 1:1) las cartas reclaman una autoría divina directa más que la inspiración divina de un escritor humano. Es apropiado que la última carta a la iglesia que la sostendría a través de las pruebas y la tribulación a lo largo de los siglos venideros venga con la autoridad más alta. Es la propia evaluación de Cristo y su descripción de la condición de las iglesias, junto con Su remedio para cualquier defecto.

v. 1 – El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: – Esta es una repetición de su auto-designación de 1:13 y 1:16. Una referencia a su auto-designación es repetida para cada una de las siete iglesias. Él sostiene las siete estrellas en su diestra. Las siete estrellas son los siete ángeles de la iglesia y esto probablemente signifique que Él determina el destino de las iglesias. Él anda en medio de las siete iglesias y por lo tanto las conoce íntimamente.

v. 2 – Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y perseverancia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos – “Yo conozco tus obras” va con un elogio, común a todas las iglesias excepto Esmirna (Conozco tu tribulación y tu pobreza) y Pérgamo (Conozco dónde moras, donde está el trono de Satanás). Jesús es quien conoce nuestra condición porque Él camina entre los siete candeleros. Ellos tenían arduo trabajo (kopos) y perseverancia. Pablo felicitó a los tesalonicenses por la obra de su fe, el trabajo (kopos) de su amor (agapao) y su constancia en la esperanza de nuestro Señor Jesucristo (1 Tes. 1:3). La iglesia en Tiatira es felicitada por su amor, su fe, su servicio y su paciencia (2:19). Habían hecho caso de la advertencia de Pablo cuando dejó a los ancianos que falsos profetas surgirían en medio de ellos (Hechos 20:28, 2 Cor. 11:12). Estos hombres serían como lobos rapaces en una manada de ovejas; distorsionarían la verdad para atraer hacia sí a los discípulos. Pablo les advirtió que estuvieran en guardia contra tales falsos profetas. Los efesios habían probado la doctrina y las vidas de estos hombres y habían encontrado que eran falsas. Jesús nos dice que reconoceríamos a los profetas por su fruto, es decir sus vidas y los resultados de su doctrina. En 1 Tes. 5:21 dice que debemos probar todo y retener lo bueno; en 1 Cor. 14:29 cuando dos o tres profetas hablan los otros deben pesar cuidadosamente lo que se dice. 1 Juan 4:1 nos advierte que probemos los espíritus para ver si son de Dios. 2 Pedro 2 y Judas dan descripciones de estas personas: introducen herejías destructivas, explotan a la gente con historias que han fabricado, tienen modos vergonzosos, siguen sus propios caminos pecaminosos y desprecian la autoridad, son osados y arrogantes. Cambian la gracia de Dios por un licencia para la inmoralidad. Estos hombres son quejosos y buscadores de faltas; siguen sus propios malos deseos; hacen alarde de sí mismos y adulan a otros para su propio beneficio. Particularmente son ambiciosos del dinero.

v. 3 – y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre – Un elogio, y repite nuevamente el versículo anterior; han soportado por su nombre aunque no por amor sino por deber. Compare “sufrido” (kopiao) con “arduo trabajo” (kopos) en v. 2. En griego, kopiao es un derivado de kopos.

v. 4 – Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor – Reprimenda: tenían obras pero no el amor entre ellos y por Jesús como al principio. La palabra usada para amor es agape, una forma más fuerte que phileo, que es amor fraternal. Agape caracteriza más que nada el amor que Cristo tiene por nosotros, un amor profundamente comprometido y que depende más de la naturaleza del dador que del atractivo del que es amado (cf. eros, el amor entre amantes). Debemos amarnos unos a otros como Cristo nos amó a nosotros (Juan 13:34); amor agape y no sólo amor fraternal. Es probable que hubieran perdido su amor inicial por Cristo, lo cual daba como resultado la falta de amor entre sí. Esta es la gran prueba para los santos, si se aman entre sí (1 Cor. 13:3, Juan 13:35). El probar a cada uno para ver si eran falsos apóstoles o hermanos había creado una atmósfera de falta de confianza en la que el amor no podía crecer (Mounce).

v. 5 – Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras – Jesús da ahora tres pasos para la recuperación:

1. Recuerda tu condición primera (detente y recuerda tu amor en el pasado, date cuenta de tu posición actual y compárala con cómo solías ser)
2. Arrepiéntete (cambia tu dirección, deja de hacer lo negativo)
3. Haz las cosas que hacías al principio (haz lo positivo; el arrepentimiento no es sólo alejarse del mal sino también hacer el bien)

El arrepentimiento no involucra sólo dejar de hacer cosas malas sino aprender a hacer las cosas buenas (Is. 1:16-17). Debemos producir fruto de acuerdo con el arrepentimiento (Mt. 3:8). “Haz las primeras obras” – su amor debía ser práctico (1 Juan 3:16-18), Stg. 2:14-17). La cosa positiva es amarse cada uno como Cristo nos amó (Juan 13:34-35, Rom. 13:8, 1 Pedro 1:22, 1 Juan 3:11 ff.). Una inspección del término “unos a otros” en el NT indica que en la práctica esto significa: estar de acuerdo unos con otros, perdonarse unos a otros como Dios nos perdonó a nosotros; ser pacientes unos con otros; alentarse unos a otros; alentarse unos a otros hacia el amor y las buenas obras; no juzgarse ni calumniarse unos a otros; ofrecerse hospitalidad unos a otros.

v. 5 – si no [te arrepientes] vendré pronto a ti, y te quitaré tu candelero de su lugar – Advertencia que la iglesia morirá si no se arrepiente. No hay iglesia en Éfeso hoy.

v. 6 – Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco – Un elogio. Nicolaítas: seguidores de Nicolás de Antioquía. No se conoce mucho de él fuera del libro mismo (ver también Ap. 2:15). Los nicolaítas y “los que retienen la doctrina de Balaam” (2:14) y los seguidores de la mujer Jezabel (2:20) representan el mismo grupo de herejes. Hay un juego de palabras acá porque el nombre Nicolaus puede derivarse de dos palabras griegas, nikan (conquistar) y laos (pueblo). Balaam puede derivarse de dos palabras hebreas, bela (conquistar) y ha’am (pueblo). Los dos nombres, entonces, son los mismos y ambos pueden describir un maestro malvado que ha ganado una victoria sobre la gente y la ha subyugado a la herejía venenosa (Barclay). Así como Satanás usa la bestia para conquistar (nikao) a los santos desde afuera (11:7, 13:7) así él usa a los falsos profetas para conquistar a la iglesia desde adentro (ver también la referencia a los nicolaítas en la carta a Pérgamo, 2:15). Es probable que tomaban una visión más relajada de la sociedad pagana que Jesucristo, permitiendo que se comiera la comida ofrecida a los ídolos y la inmoralidad sexual (2:14 y 2:20); transigían con el mundo.

v. 7 – El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a la iglesia – Un desafío personal para los miembros de las iglesias y una invitación general a los individuos que oyen las palabras de este libro, para que guarden el mensaje (Ap. 1:3, Mt. 13:15-16). Una frase similar es usada por Jesús en los evangelios (Mt. 11:15, Mr. 4:9, Lc. 8:8). La frase “el que tiene oído” es repetida en Ap. 13:9. Note que es lo que el Espíritu le dice a las iglesias; este mensaje es para nosotros hoy. Este libro tiene varios autores: Dios, Jesucristo, Juan y aquí, el Espíritu (ver 1:1-2,11). El libro debe ser interpretado espiritualmente. Debemos discernir lo que el Espíritu le está diciendo a las iglesias. Para la participación del Espíritu en el libro, ver también 1:4, 3:1, 4:2, 4:5, 5:6, 14:13, 17:3, 21:10, 22:17

v. 7 – Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios – Una vez más este es un desafío personal más que corporativo. En la carta a cada iglesia hay una promesa para el que vence, significando el que conquista (Rom. 8:37). De los contenidos de esta carta, la persona que vence es la que se arrepiente de su falta de amor y encuentra de nuevo su primer amor. Las cartas a las siete iglesias armonizan mucho con el resto del libro. Las promesas a los que vencen siempre se refieren en las siete cartas a algo que se menciona más adelante en el libro. Por ejemplo, el árbol de la vida (22:2). En 22:14 los que lavan sus ropas tienen derecho al libro de la vida y a entrar en la ciudad. Y en 22:19 si alguno quita palabras del Apocalipsis Dios le quitará su parte en el árbol de la vida y en la ciudad santa. El paraíso de Dios también se menciona en Lc. 23:43, 2 Cor. 12:2. En 22:2 el árbol de la vida está a cada lado del río de vida que fluye del trono de Dios y el Cordero, por el medio de la gran calle de la ciudad que es la Nueva Jerusalén. La Nueva Jerusalén es, por tanto, el paraíso de Dios. El árbol de vida toma su agua del río de vida cuya fuente es Cristo. El fruto del árbol de vida confiere vida eterna a aquellos que la comen (Gn. 3:22).

Las recompensas son parte de los propósitos de Dios para motivar a su pueblo, y en Apocalipsis vemos las recompensas para los vencedores y las recompensas para los cobardes: una, conduce a la vida eterna; la otra, a la muerte segunda. Lang comenta que Éfeso había trabajo y había tenido paciencia y, en cuanto al cuerpo de sus labores, sus esfuerzos externos, no se habían cansado. Pero la vida interior había sentido la presión; en el afecto del corazón para con Cristo habían flaqueado y caído. La vida interior necesitaba renovación. Aquél que se arrepentía y encontraba nuevamente este amor interno vigorizante para con Cristo venciendo personalmente la derrota general, debía ser bendecido consecuentemente en el día de la recompensa – debería hallar una fuerza y una satisfacción permanente en el fruto del árbol de la vida

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Un comentario

  1. gracias por el estudio de la palabra de Dios ya que me fortalece mi fe,y de la misma manera compartir con mis amigos que todavia no entienden mucho del libro de Apoc.que Dios les bendiga.

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