Virtud de la piedad

PIEDAD EN HEBREO: HESED. MISERICORDIA.

En hebreo, existen, fundamentalmente, cuatro palabras para expresar lo que, en sentido bíblico, se entiende por misericordia. Son tres palabras clásicas, cuyas raíces etimológicas nos revelan una gran riqueza de contenido con numerosas connotaciones humanas y espirituales.

Las 4 palabras son:

  • 1. Hen.
  • 2. Hanan.
  • 3. Hesed.
  • 4. Rahamim.

Estas palabras se encuentran por este mismo orden en el primer versículo del Salmo 51, conocido con el nombre de “miserere”.

1. HEN, significa inclinarse. Y expresa la actitud de una persona, supuestamente mayor y más fuerte, que se inclina con bondad y cariño sobre otra -normalmente, más pequeña y más débil-, para protegerla y ayudarla. Implica un profundo sentimiento de benevolencia, de amor personal y gratuito, y un sincero deseo de prestar ayuda y protección eficaz.

Es la actitud de la mamá, que con indecible cariño, se inclina sobre su bebé para manifestarle su ternura y su solicitud maternal, haciéndole sentir su cercanía y presencia, para defenderle de cualquier peligro, ampararle del frío y alentarle con su propio aliento.

2. HANAN, expresa también la idea de mirar con amor: Fijar los ojos en alguien con gran cariño y, al mismo tiempo, con singular complacencia. Y, para traducir, por parte de la persona que descubre esa mirada amorosa y complacida, que se posa dulcemente sobre ella, esta maravillosa experiencia, hay una expresión bíblica original: Hallar gracia delante de uno. Noé ante Dios (Genesis 6:8); Esther ante el rey Asuero (Esther 5:8); el humilde ante Dios (Santiago 5:6); y, María ante el Señor (Lucas 1: 30).

3. HESED, es la que más normalmente traducen los LXX y la Vulgata por misericordia. Se encuentra repetidamente en la Biblia; sobre todo, en los Salmos. Esta palabra «designa la totalidad de deberes que incumben a quienes se hallan unidos por el vínculo de la sangre, de la parentela, de la amistad, de la hospitalidad, de la alianza.

El hesed lleva consigo la asistencia, la fidelidad, la lealtad, la solidaridad, el amor que se deben entre sí miembros de una comunidad». P. Van Imschoot, Teología del Antiguo Testamento, Madrid, 1969, p. 102.

El hesed no es sólo un sentimiento; es también, y sobre todo, acción, bondad activa, comportamiento eficaz. Resume y condensa el conjunto de relaciones y actitudes que constituyen y definen, por ejemplo, una verdadera amistad, como la confianza recíproca, la mutua transparencia, la fidelidad a la palabra dada y al secreto, la disponibilidad incondicional, el espíritu de servicio, el amor entrañable, la total gratuidad.

Es la relación que une a dos seres e implica fidelidad. Con esto recibe la misericordia una base sólida: no es ya únicamente el eco de un instinto de bondad, sino una bondad consciente, voluntaria; es incluso respuesta a un deber interior, fidelidad con uno mismo.

4. RAHAMIM, es el plural del sustantivo raham, que significa exactamente seno materno. La traducción literal sería entrañas maternales. Pone de relieve esta palabra el carácter ‘entrañable’, ‘maternal’ y hasta ‘femenino’ del amor misericordioso de Dios. ¿No se ha comparado él mismo a una madre, que lleva a su hijo en las entrañas? (Isaías 49: 15).

Expresa el apego instintivo de un ser a otro. Según los semitas, este sentimiento tiene su asiento en el seno materno (leer 1 Reyes 3:26), en las entrañas (rahamim) — nosotros diríamos: el corazón— de un padre Jeremías 31:20, Salmo 103:13, o de un hermano Génesis 43:30: es el cariño o la ternura; inmediatamente se traduce por actos: en compasión con ocasión de una situación trágica Salmo 106:45, o en perdón de las ofensas Daniel 9:9.

Es necesario aclarar que este don no solo se identifica con tener compasión hacia alguien, hacia el prójimo, sino que indica nuestra pertenencia a Dios y nuestro vínculo profundo con Él, un vínculo que da sentido a toda nuestra vida y que nos mantiene firmes, en comunión con Él, también en los momentos más difíciles y preocupantes.

Este vínculo con el Señor no se entiende como un deber o una imposición. Es un vínculo que viene de dentro. Se trata, sin embargo, de una relación vivida con el corazón: es nuestra amistad con Dios, donada desde Jesús, una amistad que cambia nuestra vida y nos colma de entusiasmo, de alegría.

Por esto, el don de la piedad suscita en nosotros, sobre todo, la gratitud y la alabanza. Es el motivo y el sentido más auténtico de nuestro culto y de nuestra adoración.

Cuando el Espíritu Santo nos hace percibir la presencia del Señor y todo su amor por nosotros, nos conforta el corazón y nos mueve casi de forma natural a la oración y a la celebración.

© Moreiba Cabrera

Acerca Moreiba Cabrera

Moreiba Cabrera, Misionera, Pastora principal de la iglesia Nueva Vida de Madrid. Directora de la extensión de Madrid del Centro de Estudios Superiores de Teología de Asambleas de Dios CSTAD.

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