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Amor ágape

La obediencia a Dios es producto de un corazón regenerado.

Lo primero, pues, en lo que debemos fijarnos si queremos obedecer a Dios es en el hecho de que no podemos obedecerlo, a menos que hayamos nacido de nuevo. Es una verdad esencial.

El nuevo nacimiento es el acto de la gracia de Dios por medio del cual cambia los afectos, los hábitos, los pensamientos y la voluntad del hombre, pues estos desde su nacimiento están llenos de pecado.

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Por esto, la obediencia a Dios es producto de ese corazón nuevo al cual Dios le ha inyectado Su Gracia Redentora, tal como dice la Palabra en Ezequiel 36:26,27. “Os daré un corazón nuevo y pondré un Espíritu nuevo dentro de vosotros. Quitaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos y que guardéis mis preceptos y los pongáis por obra.

Entonces, demostramos nuestro amor por Dios a través de la obediencia, y a su vez, el deseo de obedecer Su Palabra es producto de un nuevo nacimiento. Por esto, en primera medida, es necesario nacer de nuevo.

La obediencia a Dios no es una carga.

En segundo lugar, la obediencia no es una carga, es un deleite de un corazón que alguna vez estuvo muerto en pecado, y que ahora vive para Cristo. Y, al no ser una carga, la obediencia ha de ser pronta, completa, voluntaria, sometida y completamente alegre, en agradecimiento al favor inmerecido que nos dio nuestro Señor. Tal como expresó Philip Lancaster: “La obediencia no es hacer lo que se me dice cuando siento que ya no puedo seguirla evadiendo. No es hacer la mayor parte de lo que se me dice. No es hacer lo que se me ha dicho con un espíritu quejumbroso y abatido. La obediencia es hacer lo que mi autoridad me dice que haga, y hacerlo prontamente, completamente y alegremente. Cualquier otra cosa es rebelión”.

Los mandamientos de Dios son para nuestro bien.

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En tercer lugar podemos ver que lo que nos dice: Romanos 8:29. “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo…”

Y, entonces, ¿para qué crees que es esa lluvia de preceptos y mandatos, sino para conformar más a los creyentes a la imagen de Jesús? ¿Para qué crees que Dios ha dado libre acceso a través de Cristo a Su Trono de Gracia, sino es para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro? ¿Para qué crees que Dios ha dejado Su Espíritu Santo sino es para que tengamos la fuerza de obedecerlo y así crezcamos más en santidad? ¿Para qué crees que Jesús es nuestro intercesor, sino para que Su Iglesia sea hecha gloriosa sin arruga y sin cosa semejante, sino que sea santa y sin mancha?

Por eso cada ley, cada mandato, cada precepto, cada ordenanza y cualquier otra cosa que en Su bendita Providencia el Señor tenga para nosotros, es ultimadamente para Su gloria y también (aunque en menor grado) para el beneficio espiritual de los suyos, esto es, para asemejarnos más a Cristo, en quien Dios tiene total agrado y complacencia.

3. EL AMOR AUTO SACRIFICANTE QUE CADA SER HUMANO DEBE SENTIR POR LOS DEMÁS.

Antes de Su arresto, juicio y crucifixión, el Señor Jesús pasó una última noche con Sus discípulos. Usó ese tiempo para consolarles e instruirles. Dio también a Sus discípulos este mandamiento: “Amaos los unos a los otros”. El Señor Jesús dijo en Juan 13:34Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros“.

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Sorprendentemente, este amor ágape es el mismo amor que Jesús mandó que nos tuviéramos unos a otros. Jesús dijo: Juan 15:12. “Este es mi mandamiento: Que os améis (ágape) unos a otros, como yo os he amado”.

Este mandamiento se encuentra en muchas partes de la Biblia, como por ejemplo:

  • Gálatas 5:14. “Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
  • 1 Juan 3:11. “Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros”.
  • 1 Juan 4:21. “Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano”.
  • 1 Pedro 4:8. “Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados”.

Este mandamiento de amarnos unos a otros tiene una importancia especial dada por el Señor Jesús mismo. Jesús dijo que obedecerle sería la característica que identificaría a Sus discípulos. Él dijo en Juan 13:35En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”.

Según nos instruyo Jesús, el mandamiento mas grande, mas importante, de Dios es: Amarlo a El sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Primero, debemos amar a Dios, si amamos a Dios es mas fácil amarnos porque estamos hechos a su semejanza; luego será mas fácil amar al prójimo porque es un ser igual que nosotros.

Consideramos como amamos a Dios, la manifestación mas concreta de nuestro amor a Dios es nuestra obediencia a Dios. Si obedecemos a Dios cumpliremos según nuestra capacidad Sus preceptos y directrices.

Uno de los elementos mas critico del amor es la generosidad. El amor se manifiesta mas dando que recibiendo. Mientras mas damos mas mostramos la medida de nuestro amor. Cuando nuestro dar llega a ser un sacrificio de nuestra parte, mas sublime es nuestro amor. Cuando sacrificamos implica que nos privamos de algo valioso, de algo muy querido que poseemos o que podíamos tener.

¿Que consideramos mas valioso de todas nuestras posesiones? No es nuestra vida misma? Si nuestra vida es lo mas valioso que tenemos y lo entregamos a Dios, no crees que es un sacrificio que vale la pena? Si entregamos nuestra vida a Dios eso quiere decir que el yo es desplazado y reemplazado por Dios en nuestra vida.

Si obedecemos a Dios también tenemos que amar a nosotros mismos y a nuestro prójimo.

El amor requiere sacrificio por su naturaleza, si hacemos sacrificios para lo que queremos, para el yo, también el amor al prójimo requerirá en su momento algún sacrificio.

El Yo es sacrificado en beneficio del ser amado. Por eso cuando una persona le dice a otra persona que lo ama y no están dispuesto a ser el sacrificio requerido para complacer o ayudar a esa persona que presuntamente ama, es muy cuestionable la existencia de amor. Si yo amo a una persona voy a estar dispuesto a sacrificar mi gusto por el gusto de la persona amada y vice-versa.

Entendamos esto: Cuando amo a Dios sobre todas las cosas se me hace mas fácil amar a otros porque el amor de Dios esta en mi y me nace sacrificar por la persona amada, por muy trivial o consecuente que fuera el sacrificio.

Aprendamos del amor sacrificado de nuestro modelo por excelencia… DIOS.

Juan 3:16. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

© Moreiba Cabrera. Todos los derechos reservados.

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Acerca Moreiba Cabrera

Moreiba Cabrera, pastora principal de la iglesia Nueva Vida de Madrid. Directora de la extensión de Madrid del Centro de Estudios Superioriores de Teología de Asambleas de Dios CSTAD.

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2 comentarios

  1. LUIS RAMON BONILLA ALTAMIRANO

    Dios los bendiga, que nuestro padre JEHOVA, les siga dando esa sabiduria, bonito mensaje sobre el amor, Agape.

  2. El amor agape va mas aya de los sentimientos. Jesus amo a sus enemigos,mas murió por ellos. Esto es amor agape

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