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Fe poderosa – Estudio Bíblico

Debemos considerar tres grandes obstáculos antes de explorar el fabuloso tema del lenguaje de la fe:

Primero: El lenguaje de la fe no trata de crear una falsa realidad. A veces los que escuchan la palabra «fe» piensan que esta es una manera de negar la realidad. Lo que no es verdad. Por ejemplo, el lenguaje de la fe no niega la existencia de la enfermedad, ni ninguna otra cosa como la bajeza humana o la maldición que ha caído sobre el hombre como consecuencia del primer pecado. No es un lenguaje de «pretensiones», como si sólo pronunciando ciertas palabras, pudiéramos salir de la pobreza, la enfermedad, o cualquier otro problema que enfrentamos. La fe verdadera no se trata de eso. ¡No! Pero hay una manera especial de responder en fe a la realidad. Cuando lo hace, ¡hablará de cierta manera! Su lenguaje empleará palabras de fe. En vez de rendirse a la realidad de la circunstancia, la fe hablará de la voluntad del Señor para ese momento. En vez de ahondar en los síntomas de la realidad, la fe meditará en las promesas de Dios. En vez de someterse a la derrota o al desánimo, la fe dará alabanza a Dios por su bondad. Hablar en fe no es practicar el arte de hacer caso omiso a la realidad, sino expresar con confianza lo que Dios ha prometido hacer con nuestra realidad.

Segundo: El lenguaje de la fe no se puede reducir a la simpleza de hablar positivamente. Podemos mostrar que el negativismo es la causa de muchos fracasos, pero hablar positivamente no es lo mismo que hablar en «fe». El lenguaje de la fe, sea positivo o negativo, habla la Palabra de Dios. Hablar en fe es utilizar las promesas de Dios, no sólo las buenas intenciones del hombre. Hablar positivamente es muy bueno, pero el lenguaje de la fe accede al trono de Dios. Hablar positivamente puede mover a muchos, pero no mueve la mano de Dios.

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Tercero: Aunque esta lección busca identificar el sonido cierto de la fe, es peligroso pensar que una vez reconocido se puede practicar separado de la obra energizante del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el Espíritu de fe y de gracia. Él da fe viva, dinámica. No hay nada más superficial que una apariencia de fe sin la sustancia dada por el Espíritu Santo. Cuando se trata del lenguaje dé la fe, cada uno de nosotros necesita un tratamiento profundo del Espíritu, para que de la abundancia del corazón, hablemos palabras de fe (Mateo 12.34).

Leamos Proverbios 18.21 para responder las siguientes preguntas:

1. ¿Qué tiene la lengua bajo su poder? La muerte y la vida 2. ¿Qué hace la lengua para producir el fruto de la muerte y de la vida? (20) Llena el vientre (corazón) del hombre y se sacia del fruto de sus labios.

Proverbios 16.24 revela lo que la sabiduría divina (su Palabra) enseña a nuestros corazones: verdades y promesas que deben reflejarse en nuestra conversación y transmitir esas enseñanzas de nuestros labios. La Palabra en nuestros corazones debe influir sobre nuestra conducta y conversación. La «dulzura» y la «medicina» que tales palabras promueven son deseables, ya sea para nuestras relaciones humanas o para la recepción de la gracia divina en nuestro diario vivir. Llevan al creyente a una vida victoriosa a través del reconocimiento del poder y la fortaleza de Dios, tanto con nuestras acciones como con nuestros labios.

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«El creer puede tomar formas opuestas. Puede ser fe o duda. Cuando crees que Dios existe, que te ama y que está atento a tus necesidades, entonces nace la fe en el corazón.» «De la misma manera la duda es igualmente real. Al contrario de la fe, la duda te dice que Dios no existe, o que no te ama y no se preocupa de tus necesidades. La duda hace que el temor aparezca, lo que acarrea tormento, no paz. En realidad el temor te impide recibir las cosas buenas que Dios desea enviarte. Apodérate de esta verdad: Duda, y no recibirás nada; ten fe, y recibirás. Durante muchos años he dicho: ¡Espera un milagro!»

«Tales expectativas abrirán tu vida a Dios y lo pondrán en condiciones de recibir salvación, gozo, salud, ayuda económica y también paz mental; en pocas palabras, todas las cosas buenas que tu corazón desea, ¡y mucho más!»

Pat Robertson respondió así a la pregunta « ¿Cómo orar para que ocurra un milagro?»: «Cuando enfrentemos una gran necesidad, ya sea nuestra o ajena, debemos humildemente buscar la voluntad de Dios en el asunto: “Padre, ¿qué te propones hacer en esta situación?” Jesús dijo: “Mi padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5.17). Escuchó la voz del Padre, y le puso atención. Cuida de no comenzar o terminar oración alguna diciendo torpemente: “Si es tu voluntad”. En lugar de ello, debes tratar de conocer la voluntad de Dios en cada situación particular y basar en ella tu oración. Orar por un milagro constituye una invitación al Espíritu Santo para que se manifieste. Cuando ese es su propósito, Él te lo hará saber. Entonces puedes pedirle el milagro que ya sabes que El desea llevar a cabo.

»Las palabras de Jesús fueron: “Cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11.23). ¡Cree en tu corazón que ya ha sido hecho! Proclámalo con la fe que Dios da. Pero recuerda, los milagros nacen de la fe en el poder de Dios, no de un ritual, fórmula o fuerza de la voluntad humana»

En última instancia, nuestro lenguaje de la fe depende del conocimiento de la misma verdad que conoció Pablo. Es la vida del Señor Jesús que da sentido a la confesión de fe. Recuerde lo que dijo Salomón:

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«La muerte y la vida están en poder de la lengua» (Proverbios 18.21). Como sabemos que Jesucristo está vivo, y que como Resucitado está listo para administrarnos su poder vivificante ¡inmediatamente!— en todas las circunstancias presentes, podemos elegir expresarnos desde el punto de vista de la vida y no de la muerte. Nuestras palabras de fe pueden acoger y cooperar confiadamente con la voluntad de Dios, tal como lo ha revelado en su Palabra. Hoy y todos los días podemos disfrutar el vocabulario de fe, ¡hasta que vuelva el Señor!

Lección 9 – La fe y la restauración

¿Qué es lo que Dios va a restaurar que se ha perdido? ¿Hay algo que Dios no restaurará? ¿Cómo puedo cooperar con el plan divino de restauración? Estudiaremos en esta lección: (1) Las promesas y el programa de restauración de Dios de los cuales tenemos un registro histórico; (2) los conceptos bíblicos de restauración; y (3) las promesas de Dios de restauración para su vida.

La fe alcanza su mayor exponente cuando usted y yo cooperamos con el plan eterno de Dios y nos unimos a Él en su búsqueda, en vez de exigirle que se una al nuestro.

La restauración implica que se ha perdido algo. Nadie puede vivir en un planeta caído, tratar con la naturaleza propia caída y enfrentar la naturaleza caída de los demás sin sufrir pérdidas. Si aprender a vivir por fe, podrá evitar que el fracaso sea algo normal, aunque no desaparecerá por completo. Cuando ocurra, como usted se ha comprometido a estar en el programa de Dios, sentirá la gracia y el poder de los ministerios de restauración de Dios.

EJEMPLOS HISTÓRICOS DEL PODER DE RESTAURACIÓN DE DIOS

Zacarías y Hageo son dos de los profetas que pertenecieron al período de restauración. Generalmente se cree que este período vino después de que gran parte de la población de Israel fuera deportada a Babilonia. Israel fue entonces repoblado por los babilonios, y más tarde por el imperio persa. Aun antes de que comenzara la deportación, después de años de derrotas humillantes a mano de los asirios, Dios habló a través de sus profetas e indicó que Israel sería restaurada en sus tierras. Al comenzar dicha restauración, tal como Dios había dicho, Zacarías y Hageo fueron usados para hacerle recordar al pueblo el plan de Dios.

HAGEO

Hageo profetizó durante los esfuerzos de Esdras y su pueblo por reconstruir el templo de Salomón que había sido demolido. La fecha del ministerio de Hageo data aproximadamente desde el año 520 a.C. y se registra en el libro del Antiguo Testamento que lleva su nombre. El difunto Sam Middlebrook escribió lo siguiente del ministerio de Hageo: «El libro de Hageo aborda tres problemas comunes a todos los pueblos en todas las épocas, y ofrece tres inspiradoras soluciones a estos problemas. El primero de los problemas es el desinterés (1.1–15). El pueblo había retornado del exilio con el propósito de reconstruir el templo de Jerusalén (Esdras 1.2–4) y había comenzado la tarea asignada; pero surgió la oposición y la obra se detuvo. La gente se interesó más en construir sus propias casas, quizás para olvidar el tiempo vivido en tierra extraña (1.4). Dios les habló en dos ocasiones para despertarlos de su apatía. Primero debían reconocer que su vida era infructuosa (1.5, 6), porque habían desestimado la casa de Dios para ocuparse de sus propias casas (1.7, 9). Los esfuerzos por construir su propio reino no podrían jamás producir frutos permanentes. Después de tomar conciencia de sus problemas, el pueblo debía comprender que Dios aceptaría la obra que pudieran hacer, lo glorificarían con solo dedicarle lo que tenían (1.8).

»El segundo problema es el desaliento (2.1–9). Algunos los mayores dentro del grupo de los exilados que retornaron habían visto el templo de Salomón cuando eran niños; así que ningún edificio, por hermoso que haya sido, podía compararse con la gloria del templo anterior (2.3). El desaliento de los mayores pronto influyó en los jóvenes, y a sólo un mes de iniciada la obra cesó la edificación del templo. Pero, de nuevo Hageo trae un mensaje dirigido a enfrentarse enérgicamente al desaliento del pueblo. La solución consta de dos partes: una trata del problema inmediato, la otra ofrece una solución a largo plazo. Por el momento, es suficiente que el pueblo se esfuerce… se esfuerce… y trabaje (2.4). La otra clave para superar el desaliento es hacer saber a los constructores que están edificando un templo para que Dios lo llene con su gloria, de tal manera, que sobrepase la antigua gloria del templo de Salomón (2.9).

»El último problema que Hageo enfrenta es el de la insatisfacción (2.10–23). Ahora que pueblo está trabajando espera recuperar rápidamente los años de inactividad. Entonces el profeta se presenta ante los sacerdotes con una pregunta (2.12, 13) sobre las cosas limpias e inmundas y su influencia recíproca. La respuesta de los sacerdotes es que la inmundicia se contagia, mientras que la santidad no. La lección es obvia: no esperes que la obra de tres meses compense dieciséis años de negligencia. El siguiente mensaje de Dios para el pueblo constituye una sorpresa: Mas desde este día os bendeciré”(2.19). La gente debía comprender que la bendición de Dios no podía ser comprada, sino que era una dádiva gratuita del Dios misericordioso. Dios escogió a Zorobabel como una señal (2.23), es decir, como representante de la naturaleza del siervo, la cual tuvo su máxima expresión en el más grande hijo de Zorobabel, Jesús. Nótese el nombre de Zorobabel en las dos listas genealógicas que aparecen en los Evangelios (Mateo 1; Lucas 3), lo que indica que la más alta y definitiva bendición de Dios se encarna en una persona, la de su Hijo Jesucristo»

ZACARÍAS

El ministerio profético de Zacarías se dirige al mismo pueblo pero en un proyecto de construcción diferente. Mientras Hageo se dedica a la construcción del templo, Zacarías se ocupa de la reconstrucción de los muros y de las puertas de Jerusalén. Tal como el libro de Esdras da el respaldo histórico para el ministerio profético de Hageo, el libro de Nehemías lo hace para con las profecías de Zacarías. El lineamiento del libro de Zacarías varía drásticamente con respecto a lo que acaba de ver en Hageo. Contiene una serie de visiones y la presentación de estas al pueblo, acompañadas de mensajes proféticos.

La palabra fuerza se traduce como «riqueza», «valor», «virtud» (carácter), «un ejército». Aquí se refiere a la dependencia. ¿Qué motiva la fe en usted a la restauración que anhela? Aunque estas cosas son importantes para el programa de restauración, no debe depender de los recursos humanos, del valor, de los números o de la fuerza. ¡En última instancia, ¡la restauración verdadera es imposible sin Dios! La palabra poder se refiere casi exclusivamente a un mensaje de fuerza y así se traduce. Tal como los profetas y poetas hebreos, esta unión entre la fuerza y el poder es una herramienta literaria y polémica. Una palabra está edificada sobre la otra, para que cuando se combinan, podamos tener un cuadro más completo. ¡Aquí el profeta insiste en que la restauración es imposible a través de la fuerza y el poder humanos!

Hacer restitución, En forma figurada, ser o estar (completar; por insinuación, ser amigable; por extensión, corresponder). Se traduce como «desagraviar», «terminar», «llenar», «hacer el bien», «restaurar», «restituir». Da la idea de devolver algo a su propietario, o de enmendar, en el sentido de intentar devolver algo a su sitio original.

Restablecer, Devolver en forma práctica o figurada (no necesariamente con la idea de que sea a su punto de origen). Esta palabra trae la connotación de un nuevo comienzo. El regreso al punto de partida podría ser imposible en términos geográficos o de tiempo. Sin embargo, en este sentido, «restablecer» hace posible un nuevo comienzo.

CONCEPTOS BÍBLICOS DE LA RESTAURACIÓN

El concepto de la restauración comienza con la Ley. A modo de ejemplo, Éxodo 22. Los primeros versículos tratan con el restablecimiento y la restitución de algo que ha sido robado. Si la ley demanda una restitución que repone más de lo que se ha perdido, es lógico asumir que el Señor, quien es el autor de esa ley, haga lo mismo. Esto es precisamente lo que vemos de la restauración del templo: Él dijo que la gloria de la casa venidera sería mucho mayor que la de la primera. Cuando Él restaura, su obra produce algo de mejor calidad que lo que originalmente se perdió. En Zacarías 4.10, la profecía parece reprender al pueblo por pensar que las paredes reconstruidas serían muy bajas Leamos Job 42.12. ¿Qué dice acerca de la condición en que se encontraba Job al final de su vida con respecto a la que llevaba antes de vivir semejante tragedia? Aunque Job se utiliza a menudo como un ejemplo de lo que uno no quisiera ser, la bendición del Señor sobre este hombre, que confió en Él a través de la adversidad, es poderosa. En Isaías 42.22, ¿cuál es la condición en que se encuentra el pueblo? Al leer sobre su circunstancia de abuso, vea lo que el profeta les dice que no tienen la capacidad de hacer. ¡Se han convertido en tales víctimas que ni pueden pedir restauración! Tristemente, esto es frecuente con quienes se han convertido en víctimas. Ya sea real o imaginario, la víctima no puede concebir que algún día llegue a ser como era, mucho menos, que podría ser mejor.

«¿Cómo puedo creer en la restauración de mi matrimonio?» o, «¿cómo puedo tener fe en que mis emociones serán restauradas?» la restauración será posible sólo cuando usted crea que es posible. La Palabra de Dios lo motiva a creer en la posibilidad de la restauración.

¿EXISTE ALGO QUE NO SE PUEDE RESTAURAR?

Acerca Ricardo Ulloa Vargas

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6 comentarios

  1. Excelente trabajo, me ha servido de mucha ayuda, Dios le siga Bendiciendo y llenando cada día más de
    Sabiduría y conocimientos…..

  2. Gracias por este estudio. Realmente me ayuda a aumentar mi fe en Dios pues como esta escrito la fe viene por oir la palabra de de Dios, pero en este caso la estoy leyendo y equivale a oir.

  3. Gracias por el estudio bíblico es de gran edificacion muchas bendiciones.

  4. Es un estudio biblico muy claro de entender y muy provechoso para aplicar en nuestras vidas diarias.
    Agradezco a Dios y los que han sido puente en este estudio. Bendiciones.

  5. ruth bastos valerio

    me edifico mucho esta enseñanza ha sido de bendicion para mi

  6. Ha sido de mucha bendicion, por favor sigan adelante subiendo enseñanzas como este. Dios les bendiga mucho

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