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La Vida mas Alla del Sol

Predicas Cristianas | Estudios Biblicos

Texto Biblico: Apocalipsis 21:1-27

INTRODUCCIÓN:

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¿Se ha puesto a pensar cuán grande es el poder de Dios? ¿Quiere tener una idea de lo que él puede hacer con tan solo una palabra? En Apocalipsis 20:11 se nos dice que la tierra y los cielos huyeron delante del que estaba sentado en el trono. Lea bien el texto. La tierra y los cielos del Génesis, huyeron delante del Señor Jesucristo que en seis días los creo. ¿Quién es ese Dios que con el soplo de su aliento crea y luego hace desaparecer los cielos donde yacen millones y millones de galaxias, soles, astros y millones de incontables estrellas?

Pero ahora observe este hecho que nos registra Apocalipsis 21:1, donde Juan vio “un cielo nuevo y una nueva tierra”, pues de la primera creación ya no había memoria. ¿Quién es ese Dios capaz de envolver al viejo universo, como una cortina en desuso, y echarla fuera de su presencia para luego crear todo, absolutamente todo nuevo? Hermanos, no tenemos idea de cuán grande y poderoso es nuestro Dios. La palabra “viejo” no existe para aquel que solo se mueve en una eternidad donde todo será nuevo. ¡Qué declaración tan significativa para alentar nuestras vidas! Cuando él dice, “he aquí, yo haga nueva todas las cosas”, entramos en una de las más grandes promesas divinas. ¿Por qué decimos esto?

Cuando usted sienta que su vida no tiene valor ni sentido, recuerde que Dios hace “nueva todas las cosas”. Cuando ve que todo en usted es un continuo fracaso, agarre la promesa de hoy: “He aquí, yo hago nueva todas las cosas”. Cuando siente que todo le falta, recuerde que Dios “hace nueva todas las cosas”. Y frente a este viejo mundo deteriorado por el pecado, corrompido por la obra del diablo, el Señor nos dice: “He aquí, yo hago nueva todas las cosas”. La visión de “la vida más allá del sol” será nuestro tema para hoy. Ninguna esperanza supera lo que Dios ha preparado para los que le aman. ¿Qué es lo que nuestros ojos verán y nuestros oídos oirán al final de esta historia?

I. LA VIDA MÁS ALLÁ DEL SOL SE DESARROLLARÁ EN EL TERCER CIELO

1. “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva…” v. 1-3.

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El cielo es tan real como lo es la tierra donde hoy vivimos. Conocemos ahora por el testimonio de Pablo que hay un tercer cielo. ¿Cuáles son esos cielos? El primero es ese lugar abierto al aire, las nubes y el bello azul que es como una capa que nos protege. El segundo cielo es donde están las estrellas y los planetas. Allí donde existe ese mundo inexplorable de galaxias y estrellas tan lejanas. Y el tercer cielo, o sea, el lugar donde vive Dios. Es el lugar de la casa del Padre como dijo Cristo. El lugar más anhelado por cada creyente. Dos grandes hombres de Dios tuvieron el privilegio de ver y oír ese lugar llamado cielo antes de vivir allí eternamente. Juan dice que vio “un cielo nuevo y una tierra”. Mientras que Pablo, quien al parecer hizo un “Round Trip”, viaje de ida y vuelta (2 Cor. 12:2-4), “oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar…” v. 4. Tan cierto es el cielo que cuando Cristo iba a morir vinieron de ese lugar dos excelentes embajadores (Elías y Moisés) para consolar al que moriría por nuestros pecados. El “cielo nuevo y la tierra” pertenecen a un genuino lugar. Jesucristo se fue a prepararlo.

2. “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos…” v. 4.

La mejor noticia acerca de la realidad de ese cielo se describe en este texto. Hay un solo lugar para viajar que está ausente de lágrimas, llanto, clamor, dolor y muerte. Por supuesto que ese lugar no está acá. Entonces, ¿dónde está? Pues no podría ser otro que el “tercer cielo”: la morada de Dios. Solemos ir de viaje para descansar, pero a donde quiera que vamos nos acompañan los males de esta vida. Usted se toma unas merecidas vacaciones para un necesario descanso y tiene que llevar consigo sus medicinas para calmar algún dolor para pasarla bien. Sin embardo, cuando lleguemos al cielo, disfrutaremos del real descanso. Hay noticias tan alentadoras acerca del cielo. Por ejemplo, allí no habrá hospitales, porque no habrá ningún tipo de enfermedad. Ningún clase de cáncer aparecerá en nuestro cuerpo glorificado. La otra buena noticia es que no habrá funerarias porque la muerte no existirá jamás. Ese negocio quebrará. En el cielo no habrá enemistades, ni corazones rotos, ni decepciones, ni despedidas… En todo caso, lo que si habrá en el cielo será una eterna expectación de gozo y felicidad, pues allí no habrá nada que cause mi llanto.

3. “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres…” v. 3.

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En el tabernáculo antiguo solo pocos hombres (los sacerdotes) entraban al lugar santo y al santísimo. La presencia del Señor era manifiesta a esos hombres consagrados para tal tarea. En la visión del cielo de Dios, los hombres y mujeres participarán de la gloria eterna del Señor. La gloria que venía con cierta frecuencia ahora es permanente. La presencia de Dios con su pueblo en el cielo no será interrumpida como lo fue en la tierra, porque él habitará con ellos continuamente. La figura del tabernáculo y Dios viviendo en medio de ellos nos alienta profundamente. Pone de manifiesto el agrado divino de encontrarse con sus criaturas, los hombres y los ángeles juntos.

Al principio el pecado acabó con aquella relación íntima del hombre con su Creador, a quien hizo a su imagen para que viviera con su compañía eterna. Así que la muerte de Cristo fue necesaria para restaurar esa relación. Por ahora el Espíritu Santo en nosotros es la primicia de esa eternidad de unión y comunión con Dios. Que dicha vivir con Dios en comunión eterna y nosotros siendo su pueblo.

II. LA VIDA MÁS ALLÁ DEL SOL SERÁ DE UNA GLORIA EXCELSA

1. La gloria de su belleza física v. 5,11.

Nunca ha habido una ciudad como la que se le dio a conocer a Juan. No hay adjetivos humanos que describan semejante belleza física. Con razón Pablo dijo que nuestros ojos y nuestros oídos todavía no han visto, ni han oído lo que está por suceder (1 Cor. 2:9). Si vemos en el versículo 5 la frase “yo hago nueva todas las cosas”, concluiremos que Dios hará la más excelsa obra de arquitectura divina, por decirlo de alguna manera. Nada será semejante. Ya la ciudad está hecha y amoblada para nuestra habitación celestial. La ciudad tiene el sello de Dios. Ninguna “empresa” ganó un concurso para construirla. La ciudad simplemente refleja la gloria excelsa de su Diseñador. Así que la belleza, la gloria, la riqueza y su suntuosidad pertenecen a Dios. La gloria de la ciudad no solo es vista por su diseño, sino también por su tamaño y duración (v. 15-17). Ahora observe el material del que está construido (v. 19-21). La ciudad es de oro puro (v.18b) y el resto es de perlas preciosas. Esta ciudad es mucho más gloriosa que cualquier cosa que la mente humana puede aspirar a comprender. Todos los servicios públicos funcionarán perfectamente, sin pagar ninguno de ellos.

2. La gloria del “Señor todopoderoso” v. 22, 23.

En la nueva Jerusalén se habla de un tabernáculo abierto para todos los hombres, donde Dios andará en medio de ellos. ¡Nada podrá ser más glorioso que ver al Señor caminando en medio de los redimidos! Por otro lado, Juan nos dice que la ciudad no tendrá templo. ¡Tremenda sorpresa! Pero, ¿para qué tener un templo que albergaba la gloria de Dios cuando el mismo Señor está allí presente? La ciudad tampoco tendrá necesidad del sol y la luna,“porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera…”. ¿Quién pone en duda que Dios podía haber creado un sol y una luna, especialmente para que iluminaran la nueva Jerusalén? Pero, ¿para qué hacerlo si la gloria de Dios a quien Juan llama “el Señor todopoderoso” estará allí para alumbrarla eternamente? El mundo en el que vivimos sería muy lúgubre si no contáramos con la luz del sol. Imagínese la luz que habrá en el cielo, que no será necesario de este fiel acompañante. Cuán excelsa será la gloria de Dios que iluminará la ciudad y la luz que saldrá del Cordero, que no habrá necesidad de otras lumbreras. Ya Jesucristo había dicho: “Yo soy la luz del mundo”. No hay luz como la suya.

III. LA VIDA MÁS ALLÁ DEL SOL SERÁ UN LUGAR DE TOTAL SANTIDAD

1. Un lugar exclusivo para los vencedores v. 7, 8.

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El cielo es un lugar exclusivo para un grupo de personas. Y con esto no estamos fomentando una preferencia de clase social. No hay lugar para esto en la Biblia, pues todos los hombres tienen la posibilidad de ir allá. El deseo de Dios sigue siendo el mismo, porque él “no quiere que nadie perezca”. Sin embargo, la condición que el Señor nos ha dejado no puede ser alterada: “El que no naciere de nuevo, no puede entrar al reino de los cielos”. Sólo aquellos con las credenciales adecuadas se les permitirán entrar por las puertas de la ciudad. De modo, pues, que el cielo es un lugar para los vencedores. Y esto no podía ser de otra manera. La vida cristiana es de una continua lucha. Hay tentaciones que vencer. Hay un desánimo que hay que vencer.

El pecado y la carne son enemigos a vencer continuamente. ¿Cuál es la promesa para los vencedores? “ El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo”. Pero si este versículo está lleno de una esperanza gloriosa, tiene que saber que el 8 es todo lo opuesto a esta promesa, pues los que hacen y practican estas cosas quedaran fuera de esa vida celestial. Usted tiene que ser un vencedor.

2. Un lugar exclusivo separado de todo lo terrenal v. 1, 4.

Observe todas las cosas que no habrá en el cielo. No habrá mar v. 1. El mar ha sido siempre un espacio que divide y separa a los hombres. Pero el mar también ha servido como agente de preservación de la tierra por ser agua salada. Si no fuera por eso ya la tierra se hubiera destruida más rápidamente. Así que el mar no será necesario. Pero tampoco habrá lágrimas en ese lugar v. 4. ¡Qué buena noticia! Eso significa que no habrá tristeza. Tampoco habrá más muerte v. 4b.

La sola ausencia de estos males terrenales nos plantea un lugar exclusivo para una dicha eterna. ¿Qué hace exclusivo al cielo? Lo primero es que el cielo es la habitación del Señor y él nos ha invitado para conocer su morada y quedarnos a vivir con él por un “periodo” llamado eternidad. Es la reunión con el Salvador Jesucristo. ¡Pasaremos solamente la eternidad con él! Pero lo otro que hace al cielo un lugar exclusivo son sus habitantes. ¿Se imagina conocer al arcángel Miguel y Gabriel? ¿Qué tal una reunión con los “cuatro seres vivientes?”. Se imagina un grupo de alabanza compuesto por los redimidos, los serafines y los querubines. Pero lo más exclusivo del cielo será no ver Satanás.

3. Un lugar exclusivo donde no entrará el pecado v. 8, 27.

Esta es la mejor noticia por el que cielo se hace exclusivo. Si bien es cierto que el pecado entró en el Edén de Adán y Eva, no entrará en el Edén del Señor Jesucristo. Observe cómo el versículo 8 presenta una lista de los excluidos del cielo y cómo el 27 nos refiere a la palabra “jamás”, como una clara referencia que el cielo es un lugar de absoluta santidad y que nada impuro, abominable y que haga mentira, podrá entrar allí.

Esta lista de pecados y de pecadores que estarán ausentes es un llamado elocuente que confirma por qué muchos hombres se enfrentarán al juicio del “gran trono blanco”. El cielo será un lugar libre de la contaminación del pecado. El pecado ha hecho estragos desde que Eva y Adán cedieron a sus demandas, sin que hayan visto el cumplimiento a sus promesas. Y si se permitiera la entrada de un solo pecador al cielo, todo ese lugar se corrompería; de allí que el cielo será un lugar para la santidad, pues “ninguna cosa inmunda” entrará allí. Todos los habitantes del cielo son perfeccionados en santidad. Imagínese un lugar donde el pecado no reine, sino el amado Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN:

Una historia cuenta de una niña ciega que fue sometida a una operación. Así que llegó el día cuando las vendas le fueron quitadas. La enfermera movió la cama del hospital hacia la ventana y afuera había un bello jardín de rosas como de la hermosa primavera. Lenta y suavemente el doctor quitó las vendas. La operación fue todo un éxito. Ahora, por primera vez, la pequeña podía ver.

Llena de excitación la niña se volvió a su madre y le dijo: “Mamá, ¿por qué no me dijiste que era tan lindo?”. Su madre le respondió: “Querida, yo traté, pero sencillamente no podía”.

Amados, cuando lleguemos al cielo, eso mismo ocurrirá. A lo mejor le preguntaremos a los que escribieron la Biblia: “¿por qué no nos dijeron que era tan hermoso?” Y la respuesta de ellos será la misma: “Tratamos de responderles pero sencillamente no pudimos. La realidad era superior a nuestras palabras”. La vida “más allá del sol” supera toda nuestra imaginación. Pero lo que si podemos hacer ahora es prepararnos para ir a verlo. ¿Serás parte de la esposa que se ha ataviado para su marido v.2?

(571) 251-6590

Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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