Epístola a los Hebreos – Parte X

Por lo tanto, también resisten al Espíritu Santo, quien nos ha dado el mensaje del evangelio a través de su Palabra. Eso se llama apostasía. ¡Y para quien incurre en esto, ya no hay más sacrifico que valga!

De esta manera, mi querida gente, el versículo siguiente está ampliamente justificado, porque aquel que ha llegado a apostatar de su fe, queda expuesto al juicio divino, y a sufrir la misma condenación de los adversarios. El autor de Hebreos conocía de casos puntuales de algunos apóstatas. La lucha del autor era por hacer ver lo sagrado y sublime que es la sangre de Cristo. De allí que llega a tocar un asunto tan serio.

“¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (verss. 28-30)

Observemos queridos hermanos como el autor, conocedor a fondo del antiguo pacto, comparado ahora con el nuevo, hace referencia a los dictámenes de la ley que era tan severa en el castigo del culpable, hasta llegar a la pena capital; para luego decirnos que hay un castigo aún mayor que la muerte, para aquellos que menosprecian al Hijo de Dios y tuvieren por inmunda la sangre de Cristo.

Imaginémonos qué tipo de castigo será dado para aquellos que después de tener conocimiento de la verdad, se convierten en apóstatas. Esto no es nuevo hoy, ya que también existen los llamados: “hechos de los apóstatas”.

Mis hermanos, la reprimenda y castigo seguro para los que incurran en semejante desviación y en tan aberrante descarrío son puntualizados por el autor, quien trayendo a la memoria de sus lectores, les recuerda las sagradas Escrituras que anticipadamente habían dicho: “Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo”.

¡La apostasía es cosa muy seria! Y por si faltara algo más para dejar claro las consecuencias de tal desvío, el autor dice: “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!“ Y así es, es un asunto muy serio caer en las manos de un Dios vivo, que juzga al pecado en su justa dimensión.

Una esperanza segura (verss. 32-33)

Ahora el autor a través de los próximos versículos, trae una esperanza segura para todos aquellos que reteniendo su profesión, siguen adelante en su esperanza eterna.

Mi amada gente, los apóstatas siempre son minoría en las filas del Señor, pero los que prevalecen en Él se cuentan por decenas de millares. Es por eso que el autor destaca en estos textos a los auténticos hijos de Dios. Aquellos a quienes él llama “iluminados”; aquellos que por amor al Señor y defender su fe, sostienen gran combate de padecimientos.

Pero aún más, aquellos que pasan por tribulaciones y llegan a ser verdaderos compañeros de los que pasan por lo mismo. Todos ellos jamás apostatarán de su fe, porque son verdaderos creyentes. Por lo tanto, y en virtud a lo que somos realmente en Cristo, el autor termina con estos textos llenos de gran esperanza y gran promesa para un hijo de Dios:

35 “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón;” 36 “porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa”. 37 “Porque aún un poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará”. 38 “Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma”. 39 “Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma”.

Mis amados hermanos, así es como las Escrituras nos conducen a través de ellas para ver la belleza que nos revelan sus páginas. Por un lado se nos invita a no perder nuestra esperanza. Ciertamente, hay muchas cosas que pareciera inducirnos a perder la esperanza en esta vida, pero veamos que hay “grande galardón” para el que la mantiene. Por otro lado, el creyente sabe que su esperanza es viva, pues al final sabe “que el que ha de venir vendrá, y no tardará”. Amén y amén, por esto.

Bendita promesa para los que aguardamos su segunda venida. Quienes esto hacen son los que viven por fe, pues el que ha sido justificado, vive por ella. Y esa fe es la que no nos deja retroceder, ni caer en el grave pecado de negar al Señor.

Y la razón es muy simple, pues “nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma”. Esta es la conclusión a la que llega un hijo de Dios. ¡Nuestra fe no es temporal sino una “para preservación del alma”! Que Dios nos preserve en su gracia y nos mantenga firmes hasta el final. ¡Hay más razones para avanzar, que para retroceder! ¡Avancemos en fe! Amén.

© Julio Ruiz. Todos los derechos reservados.

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Epístola a los Hebreos – Parte IX

Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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