Epístola a los Hebreos – Parte XIII

“Aunque algunos de sus ministros estaban muertos, otros moribundos, aun así la gran Cabeza, y Sumo Sacerdote de la Iglesia, el Obispo de sus almas, vive siempre y siempre es el mismo. Cristo es el mismo de la época del Antiguo Testamento y del evangelio, y siempre será así para su pueblo: igualmente misericordioso, poderoso y absolutamente suficiente.

Él aún llena al hambriento, alienta al tembloroso y da la bienvenida a los pecadores arrepentidos; aún rechaza al soberbio y al de la justicia propia, aborrece la pura confesión y enseña a todos los que salva, a amar la justicia y a odiar la iniquidad”.

Y ante la eternidad de nuestro Señor, y en virtud de lo que ahora somos y tenemos en Cristo, el autor nos deja esta otra Palabra:

9 “No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón con la gracia, no con viandas, que nunca aprovecharon a los que se han ocupado de ellas”.

Mis amados, el versículo anterior nos conecta con éste, en el sentido de que Cristo es permanente y no cambia, por lo tanto nosotros tampoco debemos cambiar dejándonos llevar “de doctrinas diversas”. De manera que, en lugar de lo anterior debemos “afirmar el corazón con la gracia” de Dios.

El creyente debe estar apercibido de las “corrientes doctrinales” que aparecen continuamente.

Reconocemos como dice la Palabra que vendrán tiempos donde la gente tendrá comezón de querer oír cosas distintas, sin importarles la fe “una vez dada a los santos”; eso es, aquella doctrina prístina enseñada y trasmitida como apostólica, que no es otra sino la que Cristo nos ha dejado. Judas dice que por esa doctrina debemos combatir ardientemente.

Mi amada gente, que frente al gran desafío de “otro evangelio”, nosotros nos mantengamos firmes en lo que hemos creído. Que nadie nos mueva de nuestras creencias que nos han dado consistencia, seguridad eterna y esperanza en la patria de la que hemos hablado acá. Y que en medio de nuestra postura doctrinal, que el amor fraternal entre nosotros, sea lo que nos distinga como hijos de Dios.

Que cumplamos con todos los deberes acá asignados, pero que no falte el amor entre nosotros. Eso fue lo que dijeron de los primeros creyentes, que lo sigan diciendo de nosotros ahora: “Mirad cuánto se aman”. Amén.

(Nota del Pr. Julio Ruiz: Gracias por la pregunta acerca del autor de la epístola. Hasta el siglo XVI había cierta unanimidad de los padres de la iglesia, de que Pablo fuera el autor de la epístola, tanto así que las primeras versiones en su encabezado decía: «Epístola a los Hebreos según San Pablo». Pero estudios posteriores dejaron de llamarla así porque sí bien es cierto que hay mucho de Pablo en la carta, no hay algo concluyente pues en la misma también entran otros estilos literarios que sugieren la paternidad de otro autor.

Es por eso que algunos hablan de Apolo, Bernabé y hasta Pedro como posibles autores. Hay una fuerte inclinación por Apolo debido a que era un apologeta de su tiempo, y también por ser un prominente judío era muy conocedor de la ley que tan vehementemente habla, haciendo alusión a ella en su cumplimiento en la persona de Cristo. En lo personal yo me inclino por Apolo. Pero otra vez, esto no es concluyente de modo que el autor del libro sigue siendo un interesante misterio. Así las cosas.)

Llevemos los Vituperios de Cristo

Siguiendo con el aspecto de los deberes cristianos, el autor nos lleva a estos versículos finales:

10 “Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al tabernáculo”. 11 “Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento”. 12 “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta”. 13 “Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio;”

Mis hermanos, el contexto de este pasaje se deriva de nuestro último texto ya analizado, el v. 9. Bien se puede decir, que aquellos que estaban impulsando “doctrinas diversas y extrañas”, podían estar retrotrayendo las experiencias del culto de Israel en el desierto en su tabernáculo.

Es probable que estuvieran impulsando una mezcla del culto, con el fin de “judaizar” a los creyentes; pero frente a esto, el autor va a destacar un asunto muy especial. De una manera extraordinaria nos dice que el cristiano también tiene ya su propio altar, lo cual podía ser una referencia al sacrificio de Cristo, y es de allí, de dónde él obtiene su sustento espiritual.

El autor, pues, nos lleva a ese cuadro comparativo y superior, como lo ha venido haciendo en todo el libro. Para ahora decirnos que quienes sigan en esa condición sirviendo en el tabernáculo bajo el régimen antiguo, no tienen derecho de lo que ahora disfrutan los cristianos, pues para eso tendrían que experimentar una transformación total. En esto hay un error muy grave, y es lo que acá se señala, cuando se quiere regresar al judaísmo con las mismas prácticas de ese culto.

Contrario a esto, se nos dice que Cristo padeció fuera de la puerta. De esta manera se recuerda que el día de la expiación, como tipo de Cristo, cuando se quemaban los sacrificios fuera del campamento (Lv 4:12, 21), anticipaba la muerte propiciatoria de Cristo siendo crucificado fuera de Jerusalén (Mt 27:32–33; Jn 19:17).

Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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