Epístola a los Hebreos – Parte XII

CAPÍTULO 12: (Estudio 12B) Los Que Rechazan la Gracia de Dios

Así nos dice el autor en esta parte final del capítulo 12:

12 “Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas;” 13 “y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado”. 14 “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”.

El autor de este libro pareciera siempre estar pulsando el ánimo de sus lectores. Da la impresión de que además de escritor de esta obra, también fuera el pastor de la iglesia. Él sabía que había situaciones en las que al creyente le hacían decaer sus manos, y hasta paralizaba su andar con el Señor.

Así que, en medio de todo esto anima a sus hermanos a renovar sus fuerzas; pero además, les exhorta para que se levanten cualquier estado de desaliento y que hagan “sendas derechas” para sus pies.

El autor tiene la meta de hacer que todo lo torcido en la vida deba enderezarse. Pero sin duda que el asunto más serio de estos textos se presenta en el v. 14. Hay dos cosas que el cristiano tiene que seguir en su vida: Una, es la paz para vivir bien con sus hermanos; y la otra, la santidad para ver a Dios. De esas dos cosas pareciera depender la real felicidad de todo hijo de Dios.

Y el autor sigue con su exhortación y llamado de atención a sus lectores, diciendo:

15 “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;” 16 “no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura”. 17 “Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas”.

Mis amados, a continuación el autor presenta un asunto sumamente serio; la raíz de amargura pudiera ser la causa para que alguien dejara de alcanzar la gracia de Dios. Dejar que en el corazón se incube y crezca esta deformación del carácter tiene terribles consecuencias, en la pérdida de la herencia que Dios tiene preparada.

Tan serio es esto, que el autor recuerda el ejemplo del profano Esaú quien inicialmente no le importó aquella primogenitura, y la vendió por un plato de lentejas. En Deuteronomio 29:18, se habla de un apóstata del antiguo pacto que es llamado: “raíz que produzca hiel y ajenjo”.

Quien esto hace, es un profano de la gracia con tales consecuencias. Con esto, el autor advierte a sus lectores para que no se dejaran llevar por las presiones transitorias para poder alcanzar su herencia. El ejemplo de Esaú nos dice que después él trató de buscar otra vez la herencia pero ya no se podía, por lo que lloró amargamente; pero ya era demasiado tarde para ello. Debo nuevamente decir que estos ejemplos tienen que ver con la llamada apostasía, de la cual el autor ya nos ha hablado. Recordemos que una cosa es perder la herencia, y otra, es perder la salvación.

El autor nos trae a otro ejemplo, cuando dice:

18 “Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad,” 19 “al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más,” 20 “porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo;” 21 “y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando;” 22 “sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,” 23 “a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,” 24 “a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel”.

Mis hermanos, observemos como el autor, hablando de lo que significa el acercamiento a Dios hace la salvedad, de que nosotros no nos acercamos a aquel monte del Sinaí, donde fue dado el antiguo pacto y se describe su pasmosa y aterradora naturaleza (cf. Éx. 19:9–23; Dt. 9:8–19), sino que nos hemos acercado al monte de Sion, a la ciudad de Dios.

¿Cuál es la diferencia entre esos dos montes? Que uno es del antiguo pacto, el de la ley, y el otro es el de la  gracia, del nuevo pacto. Mis amados nos hemos acercado a: “Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles…”.

¿Sabe usted lo que esto significa?

Que nuestra entrega al Salvador nos hizo participes de los beneficios celestiales, los cuales incluyen: a la congregación de los primogénitos inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos y a los espíritus de los justos hechos perfectos.

Pero mi bella gente, como si a esto le faltara algo, el autor nos dice que nos hemos acercado “a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel”. Yo sé, cómo todos ustedes saben que el cielo es un lugar de sorpresas, y dónde nos esperan todas las cosas arriba mencionadas; pero yo no podré pensar en una cosa mejor que, el saber que allí está el Mediador de nuestras vidas. Aquel que intercede delante del Padre siempre, de modo que aun cuando yo merecía la condenación eterna por mis pecados, Él murió por mí y ahora intercede por mí. ¡Esa es la bendición mayor!

Por lo tanto, en función de todo por lo que el autor nos está amonestando, y también asegurándonos semejantes promesas, nos dice finalmente:

28 “Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia;” 29 “porque nuestro Dios es fuego consumidor”.

Mis amados, este capítulo no podía terminar en una mejor forma. Si bien es cierto, que el autor ha hablado sobre aquellos que pueden desarrollar una raíz de amargura con la cual profanan la gracia de Dios, o aquellos que puedan llegar hasta el colmo de ser apóstatas, negando su fe en el Señor; lo que es cierto y prevalece, es que nosotros hemos recibido “un reino inconmovible”.

Eso significa que nada ni nadie lo podrá derribar ni acabar. La promesa de que será nuestro Señor Jesucristo, el Rey de tal reino nos da esa seguridad, por lo tanto, el llamado es para que “tengamos gratitud” y que a través de ella, “sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia”.

Hermanos míos hagamos esto, pues como ha comentado alguien: “Un creyente que se aparta de sus magníficos privilegios está invitando la retribución de Dios”. Por esto es que el autor afirma que: Él esfuego consumidor”.

Mi preciosa gente, que frente a tantos privilegios divinos, por habernos acercado, no al monte de Sinaí sino al de Sion que está rodeado de la gracia en lugar de fuego aterrador, decidamos vivir para Aquel que lo hizo todo por nosotros.

Que la gracia que ahora nos asiste por los méritos de Cristo, sea nuestra fortaleza para mantener nuestra herencia y seguridad de la fe dada a los santos, la cual nos conducirá a la patria celestial. Amen.

© Julio Ruiz. Todos los derechos reservados.

Central de Sermones… Estudios Bíblicos

© Julio Ruiz. Todos los derechos reservados.

Central de Sermones… Estudios Bíblicos

Epístola a los Hebreos – Parte XI

Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

También Revise

Estudios Biblicos - El Misterio de Dios en Tres Personas

El Misterio de Dios en Tres Personas

Estudios Biblicos - Dios subsiste en tres personas, aun siendo verdad revelada no podemos penetrar en su profundo significado.

Un comentario

  1. Ricardo Cornelio Cornelio

    Bendiciones

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *