El lugar de la música en la Biblia – Parte I

Estudios Bíblicos

Prédica de Hoy: El lugar de la música en la Biblia – Parte I

Estudios Bíblicos Texto Bíblico: Salmo 150

Introducción

La música es una de las expresiones estéticas más antiguas del ser humano. Algunos estudiosos han intentado señalar que es tan antigua como el lenguaje mismo. En todas las civilizaciones de la antigüedad, según muestran muchas investigaciones, la música siempre tuvo asegurado un lugar.  

La Biblia, por ejemplo, nos da información interesante sobre el valor de la música en la historia del pueblo judío. También nos habla de su importancia en nuestra misión como evangelizadores, como divulgadores del mensaje de Cristo. Por eso, en esta prédica hablaremos sobre el lugar que la música ocupa en la Biblia. 

I. Jubal: el comienzo de una tradición musical

El primer ‘músico’ del que la Biblia nos hace mención es un hombre llamado Jubal (Cf. Génesis 4:21). El Génesis nos habla de él después de que Jehová maldice y condena a Caín a ser errante en la tierra. Según la cronología bíblica, Jubal perteneció a la séptima generación que comenzó a poblar la faz de la tierra a partir de Caín. En otras palabras y permitiéndonos cierta licencia terminológica, era el tataranieto del tataranieto de Caín.  

La referencia a Jubal es, sin embargo, un poco ambigua. Se le describe como padre de todos aquellos que interpretaban el arpa y la flauta. Partiendo únicamente de esta información, se podría pensar que fue solo el padre de un linaje de músicos. Pero también se podría inferir que tenía la música por oficio. En todo caso, su nombre es el primero que, en perspectiva histórica, la Biblia asocia a la música.  

II. La música en la vida cotidiana

La música hacía parte de varios tipos de rituales en la antigüedad o, más precisamente, ella hacía de ciertos hechos rituales. Vemos, entonces, que Labán amonesta a Jacob por haber abandonado su casa sin despedirse. No se trataba, sin embargo, de una despedida sin más; por el contrario, cantos, percusión y arpa eran parte de ella (Cf. Génesis 31:27).  

Podemos percatarnos, pues, de que la música dotaba de importancia – o la realzaba – un acto tal como lo es despedirse de alguien.  

El Nuevo Testamento, sin embargo, nos habla de la música en la situación contraria: como parte de un festejo celebrado por la llegada de alguien. La parábola del hijo pródigo es un claro ejemplo de ello. En cierto punto de esta historia, Jesús señala que el regreso a casa del hijo pródigo fue motivo de celebración para su padre. En concreto, su retorno fue acompañado con música y, además, con danzas (Cf. Lucas 15:24-25). 

 III. La música en las cortes 

La coronación de un rey constituía un acontecimiento cuya solemnidad la música tenía el poder de confirmar. El primer libro de Reyes relata que una vez David proclamó rey a su hijo Salomón, sonaron trompetas (Cf. 1 Reyes 1:39-40). De este modo, la música, con sonido de trompetas, anunciaba el inicio del reinado del hombre más sabio que, según nos dice la Biblia, ha pisado la faz de la tierra: Salomón.  

La investidura de Joás como rey de Judá ilustra otro escenario relacionado con la trascendencia de la música en este tipo de ceremonias. Abatido su padre, Joás fue escondido a lo largo de seis años para asegurar su ascenso al poder. Entretanto, Atalía, su abuela, gobernaba en el reino usurpando el trono. Llegado el momento oportuno, Joás fue coronado rey de Judá y su corte lo celebró sonando bocinas y entonando cantos en su nombre (Cf. 2 Crónicas 23:13). 

IV. La música como instrumento de adoración a Dios

Cuando las aguas del Mar Rojo, divididas por Jehová, se abalanzaron sobre el ejército del Faraón, Moisés y el pueblo de Israel celebraron. Pero la Biblia es muy clara sobre la forma en que expresaron su regocijo: elevaron un cántico a Jehová (Cf. Éxodo 15:1). A través de él, Moisés y los israelitas alabaron la imponente gesta del Altísimo por haberlos liberado de la opresión de los egipcios.  

Podría decirse que tanto Moisés como el pueblo de Israel, emocionados por el inicio de la liberación, compusieron una oda a Jehová. Enaltecen, por ejemplo, su omnipotencia y su amor para poner fin a tantos años de esclavitud.  

Por su parte, David advierte el valor que la música tiene como medio de alabanza al Creador.  Al inicio de uno de sus salmos, destaca el poder de expresión que el canto y la interpretación instrumental adquieren al servicio de Dios (Cf. Salmos 33:2). Es interesante aquí la sugerencia hecha por David cuando anima a entonar ‘cánticos nuevos’ para enaltecer a Jehová.  

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