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El porqué y para que del diluvio

Después de la muerte de Abel en manos de Caín, Adán y Eva tuvieron su tercer hijo al que la madre puso por nombre Set (señalado o compensación) “porque Dios” dijo ella, “me ha señalado (me ha compensado) con otro hijo en lugar de Abel, a quien Caín mató.

La descendencia de Set (Setitas), presentaban una característica que los diferenciaba de la de los descendientes de Caín. Esa marcada diferencia estaba dada por el apego a las cosas espirituales de estos que contrastaba con el pecado que reinaba entre los Cainitas. Esta diferencia es claramente perceptible en las palabras que inmediatamente siguen a la noticia del nacimiento de Enós (frágil): “Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová”.

Evidentemente aunque la adoración y la alabanza no eran desconocidas totalmente, si es cierto que se había convertido en práctica olvidada como consecuencia del pecado reinante. Por tanto, todo ello nos muestra que la diferencia principal que había existido todo el tiempo entre estas dos razas, se convertiría en una profesión abierta de su fe y de alabanza a Dios por parte de la descendencia del tercer hijo de Adán y Eva. Por lo que se hace perceptible a todas luces, que Dios se estaba propiciando un camino a través del cual se pudiera cumplir la promesa de Génesis 3:15: Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

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Esta diferencia entre los descendientes de Set y los de Caín fue borrada con los casamientos mixtos entre ellos, por motivos netamente sensuales. La Biblia nos da luz al respecto cuando leemos: Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios( Descendientes de Set) que las hijas de los hombres (Descendientes de Caín) eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas. (Gén 6:1-2)

Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho. (Gén 6:5-7)

Por tanto se puede concluir, que había un dominio universal del pecado abierto y atrevido, y de rebelión contra Dios, introducido cuando las diferencias entre los Cainitas y Setitas cesó. Con la única excepción de Noé, no había nadie en esa generación “que invocase el nombre de Jehová”, cuentan las escrituras que “había gigantes en la tierra en aquellos días” (en hebreo: nephilim). Estos nephilim eran hombres de violencia o tiranos como lo tradujo Lutero, porque la raíz de la palabra significa “caer sobre”.

Por lo que podemos resumir que era un período de violencia, de la fuerza contra el derecho, de rapiña, de concupiscencia y de incredulidad universal en la promesa. Con la extinción virtual de la fe y la adoración de los descendientes de Set no quedaba otra esperanza, y la generación tenía que ser totalmente raída en juicio.

A pesar de lo que puedan pensar los que se encargan de vituperar a Dios y que se erigen en sus detractores, la paciencia de Nuestro Señor esperó ciento veinte años, tiempo durante el cual el Justo de Noé, el único hallado fiel de aquella generación, fue pregonero de justicia, llamando a aquella generación pecadora al arrepentimiento. Tómese en cuenta que la construcción del Arca comenzó cuando Noé tenía cuatrocientos años y ninguno de sus hijos, Sem, Cam y Jafet había nacido.

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La historia del Diluvio debe enseñarle a las generaciones actuales que Dios odia el pecado, y si no ha venido aún por su Iglesia, es porque ama al pecador y le ha extendido su misericordia. Todos aquellos que hoy viven de espaldas a Dios, entregados a los placeres de la carne y haciendo caso omiso al llamado al arrepentimiento que hoy se les hace, deberían tomar en cuenta que las promesas hechas a sus fieles por Dios no han sido olvidadas, y más temprano que tarde el Rey de Gloria ha de venir por los redimidos por su sangre preciosa, y esa a mi juicio, debería ser la mayor enseñanza que saquemos del Diluvio.

El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pe 3:9)

Acerca Francisco Medina

Conocí al señor en el año 1986. Soy miembro de la Iglesia Liga Evangélica de Cuba, donde me desempeño como Decano Nacional del Instituto bíblico de dicha denominación. He sido pastor terrirorial , Presidente del departamento de caballeros de la Iglesia. Soy graduado del MINTS (Miami International seminary) como Master en teología y Master en educación Cristiana. Graduado como Doctor en Divinidades en teological university. Miami florida. H e escrito libros y soy escritor de árticulos que son publicados en una revista de circulación nacional. Maestro conferencista y miembro fundador de la Agencia Cubana de estudios teológicos.

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